10 títulos clave para entender el found footage

Repasamos algunas de las películas del género de terror más barato (y abusado) del momento

El found footage es sin duda alguna terreno un tanto conflictivo, dado que suele dividir irremediablemente a una crítica más bien escéptica y un público receptivo. Para algunos amantes del cine más ortodoxo, no es más que una moda pasajera, aprovechada con picardía por una legión de realizadores con pocos medios, que buscan el shock-value que tantos dividendos genera en taquilla, en lugar de construir una película de calidad al ahorrarse un guión bien estructurado, valores de producción y el paso por la sala de montaje. Para otros, entre los que me incluyo, gran parte de lo dicho anteriormente es cierto, pero la conclusión final no es tan negativa.

¿Hay hordas de realizadores mediocres aprovechando el tirón? Sí. ¿Nos llegan cintas patéticas que son más una obra de marketing que un producto decente? Of course. ¿Se trata de una burbuja a punto de explotar, o nos encontramos en la edad dorada de la tendencia? Si pudiera predecir el futuro, me encontraría ahora mismo en una mansión limpiándome los zapatos con plumaje de cóndor, y no escribiendo en una web de cine. Así que dejémonos de especulaciones y pasemos a los hechos para entender el found footage un poco mejor.

Found footage begins

A pesar de que muchos apuntan a El proyecto de la bruja de Blair como punto de partida de este género, lo cierto es que esta idea ya se le había ocurrido a cineastas con ganas de explorar el morbo sádico de la audiencia hace décadas. Pensemos en la polémica desatada en su día por Holocausto Caníbal, película mucho más recordada por las reacciones de la sociedad puritana a su posible veracidad que por su valor cinematográfico (una película-evento en toda regla). No obstante, dejando algunas cintas de exploitation bizarras realizadas en Italia y EEUU durante los 70, Holocausto Caníbal no dio el pistoletazo de salida a todo un género del mismo modo que la obra de Myrick y Sánchez (El proyecto de la bruja de Blair).

Los clichés de la realidad

La principal premisa del found footage es que vivas el cine de la forma más parecida posible a una experiencia “real” en primera persona, y con un aspecto visual que reconozcas como más “cercano” que la textura y formatos cinematográficos a los que, por otra parte, ya hemos aceptado como “naturales”. Es por ello que los detractores del estilo han dado en afirmar que para hacer found footage sólo es necesario agarrar cualquier tipo de cámara, un grupo de colegas y ponerse a grabar sin más.

Por supuesto, detrás del found footage hay bastante más de lo que percibe el ojo a primera vista. De hecho, no hay nada tan mentiroso en el cine como la ilusión de realismo, y posiblemente pocas cintas están tan coreografiadas como, por ejemplo, REC o Monstruoso. Revisemos brevemente algunos de los tópicos que crean esta falsa “veracidad” y que a veces la destruyen por su horrenda ejecución:

  • Hemos visto el found footage aplicado a géneros como el terror, la acción y la ciencia ficción. Esto es así precisamente porque SABEMOS que es imposible que cualquiera de las premisas de estas cintas sucedan en la vida real, y este engaño resulta así más atractivo. Por lo tanto, podríamos calificar al found footage de (ejem, ejem, ATENCIÓN) subgénero transversal, al tener sus propias reglas, pero afectando a historias muy distintas que a su vez cuentan con sus propias características.
  • La cinta siempre es una grabación descubierta a posteriori, y a veces hasta introducida por alguna fuente oficial que abunda en la severidad de los hechos. Lo cual nos conduce al siguiente punto…
  • Nunca, o casi nunca, sobrevive nadie que pueda afirmar o desmentir lo visto. La falta de confirmación ayuda a generar la duda del “y si…” en la mente del espectador
  • La sensación de urgencia es constante. Esto resulta en una de las críticas más graves y acertadas sobre el found footage: la necesidad de mover y hacer avanzar la trama normalmente engulle cualquier intento de desarrollar los personajes.
  • La cámara amateur, se transporte en mano o no, es una máxima. Una de las líneas más delgadas por las que camina el realizador es el elegir exactamente cuántos zarandeos, interferencias y cortes introduce en el metraje. Unos pocos ayudan a reforzar esa sensación de “grabación real”; pero si hay demasiados, ponen a prueba la paciencia del espectador. Y su estómago, por qué no decirlo.
  • Por último, no olvidemos que hay que justificar la grabación. Porque, ¿quién sigue grabando mientras le persigue una horda de zombis, o monstruos gigantescos, o sencillamente está constantemente en peligro mortal? La razón por la que se decide continuar cámara en mano es un punto clave en la credibilidad e inteligencia de una cinta de found footage.

Lo mejor (y a veces lo peor) de la familia del found footage

Mi criterio a la hora de incluir, o no incluir, cintas en esta lista ha sido el de ser variado, heterogéneo y no repetir ejemplos que compartieran demasiadas características formales. Con ella, espero daros alguna sorpresa y, si se me permite soñar, descubriros cintas que puedan entreteneros o incluso cambiar vuestra percepción sobre el estilo, que todavía está desarrollándose y buscando su sitio entre lo prometedor y lo ya un poco cansino.

1. El proyecto de la bruja de Blair (1999) de Eduardo Sánchez y Daniel Myrick

El proyecto de la bruja de Blair Cinéfagos

Si vivías en el planeta tierra en 1999, es imposible que escapases al fenómeno que supuso esta cinta, revival absoluto de un género que había quedado relegado a la serie Z de videoclub inmundo. El mayor éxito de sus responsables, Eduardo Sánchez y Daniel Myrick, es el haber rodeado a la cinta de un halo de misterio al crear una serie de leyendas urbanas apoyadas en varias websites que sembraron una duda genuina en la mente de los espectadores, y se tradujo en una rentable cosecha en taquilla. La cinta en sí misma, para ser justos, no se mantiene demasiado bien a día de hoy, dado que en este caso la ausencia de dinero y recursos era real. Más allá de un par de momentos inquietantes (esas estatuillas de madera colgadas en los árboles y rodeando el campamento de los estudiantes), la película realmente juega con muy pocos medios para resultar verdaderamente terrorífica.

2 y 3. REC (2007) y REC 2 (2009) de Paco Plaza y Jaume Balagueró

REC Manuela Velasco Cinéfagos

Sin lugar a dudas, Jaume Balagueró y Paco Plaza pegaron el pelotazo de su irregular carrera con esta cinta, perfectamente descrita como una “montaña rusa del horror”. Los realizadores se toma su tiempo para presentarnos a la heroína, una inmensa Ángela Vidal (Manuela Velasco), su Ripley particular que tendrá que enfrentarse no sólo a un ataque pseudo-zombi (¿o es una posesión en masa? ¿o una infección vírica?), sino a una comunidad de vecinos tan casposa como realista. Una vez que la montaña suelta los frenos, Balagueró y Plaza se las arreglan para seguir jugando con el edifico y los limitados recursos del equipo de grabación, hasta llegar al epicentro del mal y uno de los iconos indiscutibles del cine de terror actual. Toda una hazaña, si tenemos en cuenta no sólo la inexistencia de ejemplos anteriores de este género en el cine español, sino además la manía de Balagueró por arruinar sus finales con excesos risibles (una afección también conocida como el mal de Alex de la Iglesia).

Los realizadores repitieron éxito (podríamos decir incluso que rizaron el rizo) con la secuela REC 2, aún más inteligente en su uso de las entrañas del edifico y las fuentes desde las que recibimos la información. Después de ceder la silla de director a Paco Plaza para realizar una sana mirada autoparódica a la saga con la, por otro lado, más normalita Rec 3: Génesis (2012), Balagueró retornó a su creación para hacer precisamente lo que con tanta maña había sabido evitar en las dos primeras partes: arruinarla por completo, con la excesiva, innecesaria y muy aburrida Rec 4.

4. V/H/S (2012) de varios autores

V:H:S 2012 Cinéfagos

Cinta gestada en el circuito independiente (se presentó originalmente en Sundance), consiguió estrenarse de forma muy limitada en cines estadounidenses y debe su posterior popularidad al fenómeno que causó por internet. V/H/S se estructura como una colección de cortos de terror, es decir, una película de segmentos. A pesar de que se introduce en la película una excusa para intentar cohesionar todas sus partes en torno a un esqueleto “narrativo” (las cintas son descubiertas por un grupo de delincuentes contratados para asaltar una macabra casa que les espera repleta de cintas, un televisor y un cadáver de regalo), finalmente la estructura de la película se sostiene únicamente en el interés de cada cortometraje. Y en su favor hay que decir que, si bien adolece totalmente de la falta de personajes interesantes, todos los segmentos resultan relatos de terror la mar de efectivos y perturbadores. Su secuela, V/H/S 2 (2013) repitió la fórmula ya con algún nombre conocido como polizones en el barco (Gareth Evans o un señor ya curtido en el género, Eduardo Sánchez), consiguiendo resultados aún más positivos que su predecesora. Dicha progresión se ha visto interrumpida (cercenada de raíz, hay quien dice) con VHS Viral (2014), que a pesar de aportar alguna idea temática interesante, acusa el desgaste de la premisa original.

 

5. Monstruoso (2008) de Matt Reeves

Monstruoso Cloverfield 2008 Cinéfagos

Cuando la fiebre por Lost se hallaba en su punto álgido, después de ese grandísimo WTF que fue el final de la cuarta temporada, el cual hizo llorar y sentir miedo a hombres fornidos, el J J Abrams productor nos sirvió un adelanto de la tremenda decepción que sentiríamos dos años más tarde con la temporada final. A este producto hinchado por el hype de su propia campaña viral (estupenda, por otra parte) lo llamó Cloverfield.

Dejando de lado la horrenda traducción de su título (ninguna cinta, buena o mala, puede librarse del dudoso juicio de los traductores en este país), Monstruoso se antoja una película pagadísima de sí misma, convencida de su propia importancia, que sin embargo adolece de todos los problemas que plagan el found footage. Los personajes nunca nos importan lo más mínimo, y eso es grave cuando el fuelle principal de la trama es una historia de reencuentro amoroso que no podría resultar más indiferente. La razón por la cual alguien seguiría portando una cámara de video en estas circunstancias escapa a cualquier lógica, y el ritmo de la grabación resulta frenético y casi ininteligible, en un intento desesperado por el realizador Matt Reeves de no desvelar demasiado pronto al secreto mejor guardado de la campaña viral: la gigantesca criatura anticipada por el título. Una vez desvelado el puzzle “monstruoso”, del que vemos trozos aquí y allá durante hora y media, la única reacción por parte del espectador es aquello de reir por no llorar.

6. Trollhunter (2010) de André Øvredal

Trollhunter Cinéfagos

Trollhunter parece haber venido a este mundo únicamente a pegar dos bofetadas a Monstruoso, como si le estuviera restregando por la cara cómo hacer un found footage de monstruos con elegancia, inteligencia y una décima parte de presupuesto. Además de ser una cinta entretenidísima, que resuelve con soltura lo bizarro de su premisa y mezcla magníficamente dosis de mal rollo y humor negro (pobres cristianos), Trollhunter tiene en su corazón una rara avis dentro del género: un personaje carismático. El cazador que da título al film, Hans, resulta ser un héroe trágico, tan estoico como triste, y que se erige como el conductor total de la trama, en esta cinta que pasó injustamente desapercibida en su día, pero que cada vez se recupera más frecuentemente.

7. Paranormal Activity (2007) de Oren Peli

Paranormal Activity Cinéfagos

Una de las grandes sensaciones de los últimos años, y fuente de imitaciones incesante, Paranormal Activity volvió a echar mano de una estupenda campaña viral para llegar a las salas ya convertida en todo en fenómeno (se rumoreó que hasta Steven Spielberg había apagado su televisor a mitad de película, aparentemente por el cague inducido, que no por aburrimiento). Paranormal Activity es, sin embargo, una de las cintas menos imaginativas y más sobrias de esta lista. Demuestra, eso sí, lo nervioso que puedes poner a alguien enfocando sólo un pasillo a oscuras con una luz tenue.

Como experimento psicológico no está mal, pero a nivel creativo resulta de una vagancia equiparable al bajar la música y en el momento más inesperado hacer un ruido estridente para que la audiencia moje sus prendas íntimas mientras se acuerda de tu progenitora. No ayuda a subsanar esta ausencia de recursos el hecho de que los dos personajes principales sean tan irritantes que hagan al espectador desearles todo tipo de males, borrando así de golpe cualquier traza de empatía por ellos. Las (por lo general, superiores) secuelas de esta cinta han aprovechado la idea principal detrás de la misma (que el terror surja desde dentro del propio hogar), ampliando los recursos formales y aprovechando la fuente de horror más grande que quepa imaginarse: que tu propia familia sea tu enemiga. Si no estáis de acuerdo con este criterio, algún día seguramente os tocará repartiros una herencia y veréis a lo que me refiero.

8. Encuentros paranormales (2011) de The Vicious Brothers

Encuentros paranormales Cinéfagos

Esta película nace descaradamente a la sombra de Paranormal Activity y sin embargo supera a la primera cinta de dicha saga en varias áreas. Para empezar, tiene mucha más autoconsciencia y utiliza sanas dosis de humor y distanciamiento, añadiendo así más naturalidad al planteamiento. Y si bien Paranormal Activity traía el terror a algo tan íntimo como nuestro hogar, Encuentros paranormales recupera el icono del género que es el asilo mental, sumergiéndose muy pronto en lo paranormal sin dejar lugar a dudas. The Vicious Brothers aprovechan esta terrorífica geografía y los recursos del equipo de filmación protagonista con inteligencia, arrojando ideas desquiciantes muy potentes (esos pasillos simétricos a partir de la misma puerta que hacen imposible el seguir avanzando) que se quedan grabadas en la mente del espectador.

9. Open Windows (2014) de Nacho Vigalondo

Open Windows Vigalondo Cinéfagos

Vale, en esta lista he decidido estirar los límites del género en dos ocasiones, pero creo que ambas pueden encajar, al menos en parte, dentro de la jurisdicción del found footage. Comienzo con Open Windows, película muy recomendable del ecléctico Nacho Vigalondo. Esta cinta cumple los requisitos de estar grabada en primera persona y con cámaras no profesionales (de hecho, utiliza una ingeniosa colección de webcams, cámaras de seguridad y satélites para saltar de una localización a otra). Muchos otros de los requisitos mencionados anteriormente no los cumple: para empezar, no es un “material encontrado” a posteriori, y no queda claro cuál es el destino de los personajes tras los hechos recogidos en el mismo. Y lo que es más importante: se permite el lujo de darnos personajes interesantes, gracias a un Elijah Wood que gana arrestos durante el metraje y una sorprendentemente efectiva (aunque limitadita) Sasha Grey. Como suele pasar con Vigalondo, podéis esperar sorpresas, guiños iconoclastas e incluso una cierta dosis de humor marciano. No me extraña que tanta osadía e ingenio recogiera más insultos y menosprecios que aplausos, sobre todo en su propio país.

10. La cuarta fase (2009) de Olatunde Osusanmi

La cuarta fase Cinéfagos

Os presento mi segundo y último escarceo fuera de los límites del género, con una película tan irregular y por momentos mediocre que muchos pondrán en tela de juicio su presencia en cualquier lista de cine recomendable. La cinta explora el supuesto caso real de la psicóloga Abbey Tyler y sus investigaciones sobre unos extraños hechos transcurridos en un remoto pueblecito de Alaska. Cual programa de Iker Jiménez con esteroides, la trama nos arroja sobresaltos nocturnos, teorías sobre civilizaciones antiguas, fenómenos de ultratumba y visitas extraterrestres (¿o acaso inter-dimensionales?), mezclando además formalmente una realización dramática propia de telefilme, con videos reales de las sesiones de Tyler (alternados o compartiendo pantalla con la “dramatización”) e incluso intervenciones por parte del realizador Olatunde Osunsanmi y Milla Jovovich, recordando al espectador que está viendo una película pero a la vez quizás no (wtf?). Preguntaréis comprensiblemente: ¿Qué tiene esto de found footage? Pues siendo sinceros, poco. Pero es que el metraje no-profesional resulta, en ocasiones, bastante más espeluznante (dejando juicios sobre su veracidad de lado, por favor) que ninguna de las cintas mencionadas en esta lista.

A estas alturas imagino que me habrá granjeado unos cuantos enemigos (o como mínimo, unos cuantos lectores con opinión bastante negativa sobre mi criterio) al haber dejado fuera algunos ejemplos presentes en la mayor parte de los tops sobre el género: por mencionar unos pocos, Chronicle (2012), Willow Creek (2014), Así en la tierra como en el infierno (2014),  The Bay (2012) o Apollo 18 (2011), una curiosidad dentro del género al sacar las cámaras de mano al espacio. Para dedicarme insultos creativos, y a ser posible recomendaciones fílmicas también, tenéis a vuestra disposición la sección de comentarios.

Hasta la próxima, Cinefagos.

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