’12 Muestra Syfy: De robots, vampiros y mujeres letales’

Chappie, Under the Skin y A Girl Walks Home Alone at Night destacaron en el festival de cine de género de Madrid

¿Para qué es todo esto?, preguntaban muchos viandantes extrañados al toparse este fin de semana con una gigantesca cola de entrada en los cines Callao. A pesar del éxito arrollador de películas en cartelera como la inefable 50 sombras de Grey o la defendible El francotirador, el cine no parece capaz actualmente de lograr el poder de convocatoria que su condición de fenómeno popular le garantizaba antaño. En efecto, algo especial estaba ocurriendo en los Callao City Lights. Como cada año desde hace 12 inviernos, la Muestra Syfy había reunido en torno al punto neurálgico de la Gran Vía madrileña a la cinefilia más aficionada al fantástico y el terror. 3 días de maratones imprevisibles, rebosantes de sangre y sustos, amenizados por los chistes introductorios de la simpática Leticia Dolera, veterana en estas lides, y alimentados por los bocatas del Rodilla o del Pans&Company que acaban devorados de forma urgente entre película y película.

La sensación predominante en esta 12ª edición de la Muestra ha sido de cierta decepción con el nivel medio de las propuestas, pero también de indudable diversión gracias al componente cómico de muchas de ellas, en especial,  la australiana What we do in the shadows (Lo que hacemos en las sombras), celebradísima vuelta de tuerca en formato de falso documental al género vampírico, y Burying the ex, el regreso de Joe Dante, presentado en Venecia, con un modesto, pero francamente disfrutable, homenaje a los grandes maestros del cine de género, objeto de mútiples gags y detalles visuales en una entrañable rom-com con tronchante zombie femenina. Ambas comparten estética sitcomera y desacomplejada voluntad de insertar lo fantástico en una reconocible cotidianidad.

El humor también fue la inesperada nota cartacterística del plato fuerte de la inauguración, Chappie, que se estrena esta misma semana. El director sudafricano Neill Blomkamp vuelve a desarrollar una mirada distópica a los conflictos sociales de su país, como ya hiciera en su aclamado debut Distrito 9, dibujando un Johannesburgo del futuro -cercano- asolado por el vandalismo y la criminalidad. El empeño del ingeniero Deon (Dev Patel), creador de unos androides-policía de gran éxito en la lucha contra la delincuencia, por logar definitivamente la creación de inteligencia artificial,  le llevará a poner un funcionamiento el robot que da título al filme.  Este planteamiento, alejado de la originalidad, se convierte, desde el mismo momento en que aparece en escena el dúo de rap-rave local Ninja y Yolandi, en una pieza delirante de ciencia-ficción tróspida, es decir, bochornosa de un modo necesariamente deliberado.

?????????????????

Chappie, propone una inmersión, entre gamberra, alucinada y complacida, en los principios estéticos y morales de la delincuencia de extrarradio.

La educación del robot,  dotado de una sensibilidad algo afeminada y animado con brillantez (técnicas de motion-capture y la admirable expresividad de Sharlto Copley mediante), por parte de los ladrones poligoneros a los que ambos interpretan, supone una inmersión, entre gamberra, alucinada y complacida, en los principios estéticos y morales de la delincuencia de extrarradio. La música electrónica de Hans Zimmer hace el resto para que Chappie se asemeje al sueño lisérgico de un lector de Asimov tras un domino de GOA seguido de una sobredosis de Gandía Shore. Así de chabacana, hortera y demencialmente soleada (como un after de domingo en temporada estival) se antoja esta broma millonaria que no teme al sentimentalismo ramplón y la ironía preadolescente para mantener a flote un armatoste imposible.

Porque, más allá de la simpatía que nos pueda provocar su naturaleza temeraria, su aparente ambición de convertirse en un Yo, Robot para la época “marronera” de macarras con alma (y cerebro) de niño, Chappie comete el error fatal de no decidirse entre el espíritu caricaturesco de serie B (los arrebatos ultraviolentos, el caracter psicopático del personaje de Hugh Jackman, la estupidez -suponemos voluntaria- de muchos momentos) y la aparatosidad (de metraje, acción, efectos digitales), que exige su vocación de blockbuster. Tan singular como agotadoramente vulgar, Chappie constituye un nuevo paso en falso, tras la decepcionante Elysium, del realizador elegido para hacerse cargo de una nueva secuela de Alien.

UndertheSkinBloggerspecialfront

Under the skin sufre de un ritmo plúmbeo, una presuntuosa gravedad tonal  y la excesiva frialdad de su textura digital.

La incredulidad y sensaciones encontrados que provocó el filme de inauguración se repitieron, incluso con mayor virulencia, en la clausura,  a cargo de la película maldita por la distribución española Under the skinPresentada en el Festival de Venecia ¡de 2013!, los pocos que habíamos aguantado sin verla de forma ilegal nos preparamos para disfrutar, por fin, de la que muchos califican como la “obra maestra” del director de videoclips Jonathan Glazer, autor de la aclamada comedia negra Sexy Beast y de aquella inclasificable y deprimente película en la que Nicole Kidman se enamoraba de un niño que decía ser su marido  reencarnado (Birth-Reencarnación)En esta ocasión, la estrella elegida para subir el caché de la película no es otra que Scarlett Johansson, que interpreta a la forma humana elegida por un alienígena para atraer y posteriormente aniquilar, hundiéndoles en un líquido letal,  a los pobres hombres incapaces de resistirse a sus dotes de seducción y su invitación a llevarles a su destino en una furgoneta obtenida para la ocasión. Al parecer, estos encuentros y viajes a la perdición eran rodados ocultando su condición de rodaje cinematográfico, es decir, con auténticos escoceses que o bien desconocían la identidad de la actriz o creían estar disfrutando el éxito de su vida.

Semejante ocurrencia es coherente con la pretensión experimental de un filme que en ningún momento logra sobreponerse a la sensación de estar asistiendo a una obra de museo vanguardista más que a un trabajo cinematográfico entendido como relato, más o menos convencional, capaz de conectar y transmitir sensaciones al público. El problema no es tanto la respetable abstracción  y minimalismo narrativo de un filme con pocos diálogos y aún menos explicaciones, sino el ritmo plúmbeo, la presuntuosa gravedad tonal, que no logra, aun escudándose en la  escalofriante partitura de Mica Levi , transformar la simpleza del guion (alien sin piedad descubre la empatía y atraviesa una fase de incertidumbre existencial) en magnética esencialidad, y la excesiva frialdad digital de una textura que quiere crear desolación atmosférica y solo sugiere falta de alma y corazón. Hay ideas interesantes y escenas poderosas, pero se disuelven, como el espectador, en ese oscuro líquido amniótico en el que Johansson castiga a las víctimas movidas humanamente por el deseo, y Glazer a los espectadores atrapados entre la curiosidad y el tedio.

A_Girl_Walks_Home_Alone_At_Night_06

A Girl Walks Home Alone at night se mueve entre lo hipnótico y lo narcisista, la emoción y la pose indie, pero el talento de la directora es incuestionable.

Mucho más cálido y ameno resultó, pese a sus evidentes debilidades, el otro fenómeno de crítica con poderosa (y peligrosa) protagonista femenina que ya había pasado por Sitges: A Girl Walks Home Alone at night. La realizadora de origen iraní y afincada en Estados Unidos Ana Lily Amirpour envuelve en exquisito blanco negro un relato romántico que funde la tradición vampírica  y melodramática en un pueblo californiano de pozos de petróleo llamado Bad City y habitado, eso sí, por iraníes. La cadencia y perfección compositiva de los planos se mueve entre lo hipnótico y lo narcisista, la emoción y la pose indie, pero el talento de la directora, debutante en el largometraje, es incuestionable.

Su habilidad para introducir notas de humor y perdurable terror en la historia de amor entre una solitaria vampiresa hipster en burka y un joven que evoca la figura de James Dean (sí, esto parece un cruce imposible de Déjame Entrar y Gigante), sin olvidar a un gato robaescenas testigo de casi toda la acción, hace brillar a la película en algunas escenas de inolvidable, arrebatador, lirismo. Contra todo pronóstico, el filme, al que es fácil perdonar ciertos excesos autoindulgentes, acaba resultando dulce y hermoso, y dejó un buen sabor de boca en la recta final de estos días maravillosos en los que dar rienda suela a la imaginación. Gracias, SyFy. 

Comentarios

comentarios

More from Álvaro G Illaramendi

Ya hay fecha para el aterrizaje en la cartelera americana de Gravity

Se ha hecho mucho de rogar: considerada una de las películas más...
Leer más

1 comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *