[13 Muestra Syfy] High-Rise, un rascacielos que era el mundo

Ben Wheatley propone un viaje a los cimientos de la sociedad contemporánea, con una distopía tan exagerada como dolorosa

Deja que las distopías te abran la cabeza

8 Tom Hiddleston
8 Simbolismo
8 Riesgo de su propuesta formal
8 Originalidad en su retrato
8 Desarrollo psicológico
8 Ambientación y puesta en escena
8 Puesta a punto del género distópico
8

La psicogeografía era uno de aquellos temas que solían fascinar a mentes como la de J. G. Ballard, autor de la novela original (Rascacielos, 1975) en la que se basa High-Rise. Se decía que la disposición y ordenación de la ciudad y sus elementos conforma un mapa mental directamente relacionado con nuestra psicología.  Antes que Ballard fue Guy Debord. Él, padre de la conocida como Internacional Situacionista, creía firmemente que el espacio común en el que las personas (con)viven marca cómo éstas se desarrollan. Por ello, dirigía sus acciones a crear situaciones definidas como momentos de la vida cotidiana deliberadamente construidos mediante la organización colectiva. Éstas situaciones eran creadas mediante el Urbanismo Unitario, un nuevo ambiente espacial de actividad común donde desarrollar personas que pensaran colectivamente.

En High-Rise ese espacio común es un rascacielos enorme llamado Torre Elysium, un edificio que ejerce un poder de influencia psicológico poderoso e innegable. En él, los espacios comunes no crean situaciones de actividad común: son el campo de batalla de la lucha de clases de siempre. La piscina, el gimnasio, el supermercado… son espacios comunes en los que se debate quién manda.

En medio de este ambiente raruno, un psicólogo (figura no elegida al azar) estupendamente interpretado por Tom Hiddleston llega para hacerse un hueco entre los vecinos. Pero pronto, las cosas se irán volviendo cada vez más incomprensibles, y los fenómenos que allí se den, van a demandar de una implicación directa o indirecta de todos sus habitantes.

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El rascacielos de High-Rise altera y marca las emociones y la psique de sus protagonistas según la altura del piso habitan

El rascacielos en el que los personajes de la fascinante película de Ben Wheatley se desarrollan viven con las emociones y la psique marcada por la altura del piso habitan. Éste viene a significar a qué clase social pertenecen, y lo lejos que están de poder ascender en la escala social sin un ascensor que les lleve al ático.

La ambición de High-Rise, en este sentido, es casi tan total como exagerada: este edificio no es otra cosa que el reflejo del mundo en el que vivimos. Un sistema capitalista cuyas desigualdades tenemos que enfrentar, cuyas injusticias tenemos que combatir, pero cuyo espacio (real y simbólico) somos totalmente incapaces de abandonar. Como los protagonistas de High-Rise el edifico en el que viven. Un mundo cuyo sistema creará una atracción suficiente sobre ellos como para no querer salir de él. Para querer vivir su vida por completo sobre los cimientos de la finca, faltar a su trabajo, olvidar el mundo exterior y centrar sus esfuerzos en sobrevivir en el caos de esa comunidad de vecinos en la que todo es posible y terroríficamente cercano.

High Rise

High-Rise propone un viaje sensorial a las profundidades de la demencia latente en los cimientos del sistema en el que nos enseñan a competir y a amar

En pos de la significación absoluta, Ben Wheatley ha construido con High-Rise una película tan ambivalente, excesiva y exagerada, que no hay por menos que colocarla entre los grandes títulos de la ciencia-ficción contemporánea. Un reflejo sobre el desarrollo y los cortocircuitos de la mente colmena de una gran urbe. Un espejo en el que nuestro sistema económico se ve reflejado como un monstruo devorador que somos incapaces de combatir. Y en el que estamos a gusto aunque estemos jodidos.

High-Rise propone un viaje sensorial a las profundidades de la demencia latente en el sistema en el que nos enseñan a competir, y también a amar. Un viaje lleno de altibajos, no apto para adeptos del cine narrativo. Una reflexión aguda y mordaz sobre un presente que parece nuestro pasado, obviando la omnipresencia contemporánea de las nuevas tecnologías y ambientando su desarrollo en un no-tiempo setentero absolutamente hipnotizante.

En última instancia, High-Rise es también una reflexión sobre lo que nos mantiene unidos como sociedad moderna: la haine. El odio. El mismo Ballard solía decir que en el futuro, la violencia se transformaría en una valiosa forma de cohesión social. Ese futuro es hoy y lo que hace que se convierta en mañana es el odio común, pegamento social desde que el mundo es mundo. El odio, que es la otra cara del miedo.

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