Iron Fist (Netflix), millonarios mal construidos

Flinn Jones interpreta al último miembro de los Defenders en una serie de 12 capítulos que si hubiera seguido la línea de sus referentes, habría estado mejor.

 

— Un hombre en una armadura. ¿Si te quito eso, qué queda?
— Billonario, playboy, Filántropo, Genio.
Los vengadores

— Ya soy Iron Fist
— ¿Qué significa eso?
Iron Fist

El héroe regresa a casa. Tras un largo viaje en el que todos le creían muerto, Ulises retorna a los brazos de Penélope, mata a todos sus pretendientes y recupera el control de Ítaca. Las hazañas llevadas durante su viaje servirán para componer canciones y poemas. Todo vuelve a la normalidad, el padre y esposo ha vuelto. Pero imaginémonos que a su vuelta, Ulises ha cambiado. Que ha aprendido nuevas habilidades y artes, ha sido entrenado en formas de combate o que ha adquirido conocimientos que le permiten ser más que un hombre rico: convertirse en un superhéroe. Esto lo hemos visto ya un par de veces en el universo Marvel con Iron Man e Iron Fist. Y sorprendentemente, el problema no se encuentra en la parte super de la historia, sino en la de millonario.

He aquí el problema con Tony Stark/Robert Downey Jr: No sólo es un genio, es también un capullo con dinero. Ya en los cómics creados por Stan Lee, el multimillonario presidente de Stark Industries era un caradura, un ligón y en muchos sentidos un irresponsable insoportable. Pero tenía una labia particular, un ingenio afilado que nos permitía perdonárselo todo. Ello, sumado a sus problemas con la bebida (que en las películas se ahorraron, quién sabe por qué) hacía que nuestra simpatía por el Vengador de Latón se multiplicase hasta el infinito. Trasladar este encanto y cara dura a la gran pantalla es el gran mérito de John Favreau, que dirigió la primera parte; y de Joss Whedon, que le daría una tridimensionalidad especial en los dos episodios de Los vengadores. Porque, reconozcámoslo, si Tony Stark no fuera Robert Downey Jr (que por mucho que fastidie a algunos, tiene un carisma increíble), el segundo vengador caería fatal.

Y no sólo caería fatal por ser un cabrón con pintas, también tendría algo que ver su posición económica en ello. Stark está podrido de dinero. Es un niño mimado al que nunca le ha faltado de nada, cuyo garaje está lleno de coches deportivos y que tiene una mansión en la costa, una torre para él sólo y armaduras metálicas que vuelan y que son el sueño húmedo de cualquier ser humano occidental. Quizá por ello, cuando en la tercera parte de la saga lo pierde todo a manos del Mandarín, la conexión emocional de los espectadores con él se hace mucho más fuerte.

Si Tony Stark no fuera Robert Downey Jr, nos caería fatal

Por supuesto, Stark ya tenía ataques de pánico y su arco emocional estaba tomando forma desde Los vengadores, con ansiedades y un miedo auténtico que le movía a salvar a la humanidad (y crear a Ultrón por el camino). Pero sus problemas parecían más bien pequeños al lado de los de sus compañeros: La Viuda Negra y su traumático entrenamiento, El Capitán América y su disociación con el mundo actual, incluso Bruce Banner y su problema de doble personalidad. Los problemas de Tony Stark venían tan sólo de un lugar, de sí mismo. Él se considera culpable de todos los males que han tenido lugar desde la propia aparición de Iron Man y se esfuerza constantemente en arreglarlo todo. Está obsesionado con la culpa ficticia que ha creado sobre sí mismo y esto, si bien es un problema psicológico grave, tiene solución con un buen psiquiatra al que Stark sin duda tiene acceso.

El resto de superhéroes (a excepción de Ant-Man) son de un perfil económico alto o resulta indiferente al espectador. Excepto aquellos que forman parte de las series Marvel en Netflix. Los tres primeros miembros de The Defenders pertenecen a un estrato social muy bajo, siendo el caso más claro el de Luke Cage, que malvive fregando platos y siendo camarero a pesar de ser inmune a las balas. El bueno de Matt Murdock apenas llega a fin de mes en su trabajo como abogado. Y Jessica Jones cuenta con un piso bastante pequeño y su agencia de detectives no va precisamente viento en popa.

Los tres primeros miembros de The Defenders pertenecen a un estrato social muy bajo

Estos tres personajes parece que funcionan acorde a sus series: no cuentan con un presupuesto enorme, no tienen grandes ambiciones, pero mucho corazón y ganas de hacer un buen trabajo. Al igual que con Tony Stark, el dinero forma parte de la construcción de los personajes ya que los protagonistas se ven constantemente obligados a realizar trabajos no sólo porque es lo correcto, sino porque necesitan el dinero. Resulta obvio a lo largo de la serie de Krysten Ritter que ella no está a gusto con su trabajo. Luke Cage vive de la ayuda de los vecinos del Bronx. Matt Murdock no consigue mantener su despacho mucho tiempo. Y entonces, se estrena Iron Fist. Y es la peor serie nacida de manos de Marvel/Netflix… por culpa del dinero

Danny Rand es el heredero de Rand industries, un conglomerado empresarial que tiene inversiones en campos tan variados como muelles en Nueva York, creación de medicinas o plantas de energía. Es una compañía gigantesca a la que Danny vuelve tras estar desaparecido 15 años en los montes del Himalaya, siendo entrenado para ser el Iron Fist. Danny Rand vuelve y hereda el 51% de las acciones de la empresa, convirtiéndolo así en uno de los hombres más ricos de Nueva York. Y la verdad es que lo lleva fatal.

Porque Finn Jones no tiene ni la mitad de carisma que Robert Downey Jr., y la composición de su personaje es, como mínimo, caótica. Busca alejarse de la larga sombra del multimillonario más famoso de Marvel a base de no aceptar su estatus social, pero haciendo uso de él cuando le hace falta. Pasa sus días en un dojo de un barrio empobrecido, pero puede fletar un avión para viajar a china. Habla de su proceso traumático en el Himalaya y del dolor por la pérdida de su madre, pero lo supera rápidamente gracias a su lucha constante contra La mano y Madame Gao (una villana que resultaba misteriosa y atractiva en Daredevil y que en Iron Fist hace aguas por todas partes). Los que teóricamente son como sus hermanos son dejados de lado durante toda la serie en favor de una retahíla de tramas que no van a ninguna parte. Iron Fist es una serie que está tan perdida como Danny Rand en su propia empresa. No sabe qué hacer, no es un hombre de negocios y da la impresión de que está ahí sólo para alterar las dinámicas de la empresa y ponerle la zancadilla a sus hermanos. 

A lo largo de toda la primera temporada, Danny Rand se pasea por la ciudad repartiendo puñetazos sin ningún deseo de pisar su oficina

A lo largo de toda la primera temporada de Iron Fist resulta inevitable no acordarse de Arrow —y no solo porque comparten planos exactamente iguales. La serie de CW partía de la misma premisa: Oliver Queen vuelve tras 6 años en una isla desierta a su ciudad para retomar el control sobre la empresa de sus padres. Aprovecha los recursos y el poder de su imperio para crear una serie de armas, trajes y aparatitos que le permitan luchar contra el crimen mientras trata de mantener el equilibrio en su empresa. Ni qué decir tiene que esto no se le da del todo bien, pero Queen hace algo que Rand parece no poder: parece realmente un millonario que conoce su lugar y que tiene claro quién es. Los aspectos de su vida que utiliza para luchar contra el mal interfieren más bien poco con sus facetas como líder de la empresa y cuando realmente su posición como presidente de Queen Enterprises se ve en peligro se nota que le preocupa. Danny Rand no tiene en absoluto esa actitud. Toda la temporada su empresa se ve al borde de la quiebra, con sus hermanos jugándose el cuello, mientras él se pasea por la ciudad repartiendo puñetazos sin absolutamente ningún deseo de pisar su oficina. Literalmente.

He aquí el problema con Iron Fist/Danny Rand: Desea ser tanto líder de su empresa como defensor del inocente, pero no es lo suficientemente hábil como para hacer ambas cosas, o al menos da la impresión de que los creadores no se lo permiten. Al fin y al cabo, Matt Murdock es capaz de luchar contra el crimen de noche e ir a la oficina al día siguiente (con la cara hecha un cuadro) y gente como Batman es capaz de dormir tan sólo dos horas y mantener su imagen de playboy mientras hace un trabajo de detective espectacular. Lo que le ocurre a Danny Rand no tiene perdón por dos motivos: por un lado, el resto de superhéroes es capaz de equilibrar sus vidas porque sus historias superheroicas están directamente ligadas a sus problemas económicos, pero en el caso de Iron Fist apenas hay conexión (y si la hay, no queda clara) entre los chanchullos de La mano y Rand Enterprises. Por otro lado, se trata de un caso obvio de no ser capaz de equilibrar la trama de tal manera que se puedan hacer ambas cosas. ¿Empresario de lunes a viernes y luchar contra el crimen los fines de semana? ¿Tan estúpido resulta? Si Peter Parker puede hacerlo, ¿por qué Danny Rand no?

Tony Stark y Oliver Queen no son sólo Iron Man y Green Arrow. Son también presidentes de sus compañías y personajes públicos que conocen su posición social y la aprovechan para hacer el bien. El problema con Danny Rand es que quiere continuar siendo el monje que era pero poseyendo el 51% de las acciones de una empresa multimillonaria y ni siquiera pretende llenar el vacío que dejó. A lo largo de los primeros cuatro capítulos de la primera temporada lucha a brazo partido por recuperar su nombre y su compañía, porque es lo mas importante para él, pero una vez que lo consigue prácticamente se olvida de ella en favor de la lucha contra La mano. Ni siquiera utiliza sus ilimitados recursos para luchar contra el mal, sino que tan solo se basta de sí mismo y de su puño de acero. Pero al espectador no. Danny Rand no parece esforzarse en absoluto por poner aunar sus dos facetas, porque ni siquiera tiene claras cuáles son. No es del todo un monje, ni un multimillonario, ni un niño, ni un tipo gracioso ni un tipo serio. Él es el Iron Fist. Y sea lo que sea eso, está fatal construido y no es suficiente.

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