Ant-man, cine diminuto

La que podría haber sido la película visualmente más poderosa de Marvel no se atreve a poner todas las cartas sobre la mesa

Podría ser grande, pero se empeña en ser pequeña

4 Entretenimiento
5 Humor
8 Efectos especiales
3 Guion
5

El principal hándicap con el que Ant-Man cuenta en su estreno es que gran parte de sus espectadores potenciales no la valorarán por la película que es, sino por la película que, en algún momento de su preproducción, pudo haber sido. Me refiero al despido del que iba a ser su director, y que ha acabado acreditado como corresponsable del guion, Edgar Wright (Bienvenidos al fin del mundo). El director británico llevaba trabajando en el proyecto desde el año 2006, y, en 2014, a menos de un año para el estreno de la cinta, fue despedido de este. De él, en la película, quedan algunos gags fácilmente reconocibles, cierto aspecto lúdico, y un diálogo en una heladería entre un dependiente y un cliente con un pedido imposible que cuesta no identificar como una puya del estudio hacia la actitud del director con respecto a esa película que jamás sucedió.

No me gusta el cine de Wright. Y sé que esta confesión me sitúa en una posición minoritaria. Gran parte de mis amigos y conocidos cinéfilos muestran veneración por un cine que, debido a mi target, tendría que resultarme cómplice, hilarante y cercano. Pero no logro conectar. Sus películas me parecen inanes en el mejor de los casos e irritantes en la mayoría de las ocasiones. Por lo tanto, no soy sospechoso de dejarme llevar por la nostalgia hacia esa película jamás rodada cuando afirmo que Ant-man es una película fallida, una cinta cuyos breves y muy aislados momentos de genio no logran ocultar unos problemas de producción que se dejan ver en el resultado final.

Si me permiten el juego de palabras, Ant-man pretendía ser la película más pequeña de Marvel Studios. Pequeña en ambiciones, modesta en el tono, con el presupuesto más ajustado y la duración más breve de la historia del estudio. A priori, una inteligente estrategia para satisfacer a aquellos que nos sentimos cada vez más abrumados por el gigantismo que están adquiriendo sus sagas: lo que empezó con la frescura de Iron man ha acabado generando películas de clímax eternos y narrativa elefantiásica como Los Vengadores 2: La era de Ultrón. Ant-man quiere ser otra cosa. Ant-man quiere ser ligera, fresca, divertida. Una peli de robos más que de superhéroes. Una historia con un clímax de apenas diez minutos. Un clímax de juguete.

ANT-MAN 1

Ant-man es una película fallida, una cinta cuyos breves y muy aislados momentos de genio no logran ocultar unos problemas de producción que se dejan ver en el resultado final

Y el caso es que lo consigue. Al igual que su protagonista, Ant-man es una película que se hace más y más pequeña a los ojos del espectador. Tanto, que entra en un microverso del que no logra salir. Ant-man confunde la modestia con la falta de autoexigencia. Y desaparece.

Marvel tiene un problema con el protagonista de Ant-man. Tiene que ser un canalla, pero no tanto. Y de ese pequeño matiz provienen gran parte de sus desajustes narrativos. Cuando conocemos a Scott Lang está afrontando una pelea carcelaria y, medio minuto después, nos informan de que es una pelea de broma. Cuando nos presentan el pasado del personaje, nos cuentan que es un ladrón para, a continuación exponernos las intenciones, llenas de buena fe que le llevaron a cometer su robo. Cuando visita a su hija nos hacen creer que es un padre descuidado y desastroso, y un par de secuencias a posteriori se inserta una chapucera secuencia de diálogo en la que su exmujer explica a su hija que su padre es una buena persona. Luego asalta una casa para cometer un robo y, en el siguiente giro de guion, vuelve a esa mansión para reponer lo robado. Cuatro ocasiones, cuatro, en la que la película nos expone de la forma más remarcada posible el carácter sí, pero no, de su protagonista, un Paul Rudd (Sácame del paraiso) en modo Chris Pratt (Guardianes de la galaxia) de baratillo que no consigue dotar de carisma al personaje. Bastante menos escrúpulos tiene el guion a la hora de hacernos ver la clase de villano que es el antagonista, con una secuencia brusca, chapucera y mal rematada en un aseo, cuya única función narrativa es la de subrayar innecesariamente lo pueril y gratuito de su maldad.

Ant-man 2

Ant-man es una película que se hace más y más pequeña a los ojos del espectador. Tanto, que entra en un microverso del que no logra salir

El problema de un guion cuando entra en esa dinámica es que acaba empleando esos trucos y recursos perezosos incluso cuando no es necesario. El equipo de guionistas se autoconvence de que la inteligencia de los espectadores está un par de puntos por debajo de dónde realmente está, y lo que podrían ser un par de chapuzas puntuales se acaban contagiando a todo el libreto. “¿Qué pasó con mamá?” le pregunta el personaje de Evangeline Lilly (Premonición) al de Michael Douglas, y este contesta con evasivas. Sin solución de continuidad, Douglas le dice a Rudd: “Ni se te ocurra disminuir tu tamaño sin control, podrías no volver jamás”. Puede que un determinado tipo de espectador, ante esta sucesión de secuencias, se sienta inteligente por llegar a la conclusión correcta. Puede que al salir de la sala recomienden la película al grito de “Es de las de pensar”. Pero lo más normal es que el espectador medio se sienta insultado en su inteligencia ante una graduación de la información menos sutil que un urólogo con párkinson.

En cuanto a su estructura, Ant-man es una convencional película de robos. Hay un reclutamiento, un adiestramiento, ciertas pinceladas de humor, una planificación de una misión aparentemente imposible, gotas de romance, un secundario étnico gracioso… la fórmula que Hollywood lleva años empleando. Nada tengo en contra de las fórmulas que funcionan y esta, en concreto, me lo ha hecho pasar muy bien en incontables ocasiones. Pero aquí está mal empleada: una película de robos puede ser muchas cosas, pero jamás aburrida, y esta lo es.

Ant-man 3

Una película de robos puede ser muchas cosas, pero jamás aburrida, y esta lo es

Lo es por lo irritantemente torpe que resulta. Porque sí, esta es una película de robos, pero es que el ladrón tiene una maravillosa habilidad que le diferencia del resto, y con la que puedes jugar narrativamente todo lo que quieras: puede encoger su tamaño a voluntad. Y comunicarse con las hormigas. Y todo ello aparece completamente desdibujado en su desarrollo. Tan solo una vez se juega narrativamente con el asombro que implica el cambio de proporciones de nuestro protagonista. Es la primera vez que este encoge su tamaño. La secuencia aparece en parte lastrada por una planificación deficiente, pero al menos se mostraba como un camino a seguir. Un camino que la película no opta por potenciar. Este mismo verano hemos podido disfrutar de una escena con una función narrativa similar: el plano secuencia de la presentación de Tomorrowland al personaje de Britt Robertson, que hacía gala de una concisión y claridad que para sí quisiera dicho momento equivalente en Ant-man. Con respecto a las hormigas, su papel es más testimonial que funcional.

Todo, por tanto, muy desaprovechado. Al menos hasta un clímax final tan ridículo como irónico en su concepción. “El cine es el tren eléctrico más fabuloso con el que me hayan dejado jugar nunca” confesó Orson Welles a su llegada a Hollywood. Y Peyton Reed le toma la palabra con una persecución ferroviaria no tan asombrosa como aquella fabulosa coreografía de media hora en la estupenda El llanero solitario, pero sí juguetona, dinámica e imaginativa. A Reed le dejaron jugar con una película con la que no contaba, y solo parece disfrutar realmente la experiencia durante esos minutos. Minutos que incluyen una visita al microverso quizás no demasiado valiente ni creativa, pero a la que no se le puede poner una tacha.

Ant-Man 4

No es una película muerta, no es una película sin alma, es una película perezosa que cuando quiere remontar llega tarde y coge al espectador sin fuerzas

Pero, a pesar de esta muestra de genio final, la valoración ha de ser negativa. Por descuidada, por aburrida, por desaprovechada. No es una película muerta, no es una película sin alma, es una película perezosa que cuando quiere remontar llega tarde y coge al espectador sin fuerzas. Y eso no es porque sintamos nostalgia de aquella película que nunca jamás sucedió, sino porque hemos podido ver la película que decidieron realizar. Y es tediosa. Y es olvidable. Y eso es todo lo que una película de un robo cometido por un ladrón que puede volverse diminuto a su antojo jamás debería ser. Eso es emplear un fabuloso tren eléctrico no para jugar y crear historias propias, sino para verle dar vueltas en un bucle infinito.

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