¡Ave, César!, un sacro (ho)ménage à trois

Los hermanos Coen nos traen una nueva comedia ambientada en el Hollywood de los años 50 donde el cine es el protagonista absoluto

Hay tanto cine que oscilará entre el fracaso y la obra maestra

7 Cine (homenaje)
7 Cine (sátira)
7 Cine (revisión géneros)
7 Cine (referencias metacinéfilas)
7

Si uno entrase en el cuarto de Joel y Ethan Coen y se fijase bien, echando la vista hacia atrás, podría ver que en él, entre todos los mundos y juguetes que lo han ido llenando durante casi cuarenta años de carrera cinematográfica, destaca sin hacerlo un sencillo péndulo de movimiento constante que rige lo que sucede en esa habitación. Uno de los extremos de este movimiento pendular, por ejemplo, el derecho, sería el del cine noir y el thriller: Sangre fácil (1984), Muerte entre las flores (1990), Fargo (1996), El hombre que nunca estuvo allí (2001), No es país para viejos (2007). El otro extremo, el izquierdo, equilibra a su par alumbrando el mundo de la comedia extravagante de toque absurdo: Arizona Baby (1987), El gran salto (1994), El gran Lebowski (1998), O Brother! (2000), Ladykillers (2004), Quemar después de leer (2008), Un tipo serio (2009). Por lo tanto, no debiera extrañar que tras la seriedad de Valor de ley (2010) y A propósito de Llewyn Davis (2013), el nuevo mundo-juguete de los hermanos Coen, ¡Ave, César! responda a la posición del péndulo en su extremo izquierdo.

Este particular péndulo que rige la vida en el cuarto de los Coen no solo es constante en su oscilar, sino en su propia esencia a otro nivel. Toda la filmografía de Joel y Ethan responde a dos leyes perpetuas: la de la sátira, y la de la revisión y el homenaje al género cinematográfico de turno. Porque ¡Ave, César! es, en esencia, la cumbre paradigmática de la filmografía de los hermanos Coen en donde el propio cine es el que acaba siendo satirizado, revisionado y homenajeado.

Hail Caesar_Ave César_Joel_Ethan_Coen_George Clooney_Channing Tatum_Scarlett Johansson_Jonah Hill_Josh Brolin

¡Ave, César! supone la cumbre paradigmática de la filmografía de los Coen, pues el protagonista es el propio cine al que homenajea y satiriza

En ¡Ave, César!, los Coen nos invitan a divertirnos con la dorada época del Hollywood de los años 50. Y lo hacemos de la mano de Eddie Mannix (un gran Josh Brolin), el gerente de un gran estudio que ha de lidiar con todo tipo de dificultades: organizar toda la imparable cadena de producción de películas genéricas entre las que destaca una superproducción bíblica, la desaparición durante el rodaje de la estrella de la película, dirigir la vida profesional y privada de las otras grandes estrellas no desaparecidas, la amenaza de la televisión y de la Guerra Fría, dejar de fumar… Todo ello mientras lidia con la descorazonada prensa del corazón.

Y mientras tanto, en esta sucesión de catastróficas desdichas, los Coen —maquiavélicamente— añaden un par de vueltas de tuerca más. Los directores homenajean, referencian y revisionan formalmente todos los géneros cinematográficos que viven explícita (producciones del estudio) e implícitamente (el resto de secuencias de la trama) en el film: drama personal, drama de época, comedia, romántico chico-chica, musical, espectáculo coreografiado, thriller, espionaje, western o noir. Pero también lo hacen a un nivel metacinematográfico: Laurence Laurentz, el personaje al que interpreta magistralmente Ralph Fiennes, está inspirado en Laurence Olivier, pero juegan con la dificultad en la pronunciación de su nombre; Jonah Hill, uno de los actores cómicos más extravagantes de la actualidad, interpreta a un hombre serio que resuelve los problemas del estudio haciendo de “persona normal”; Channing Tatum, chico guapo oficial de Hollywood, busca huir de la meca del cine americano en pos del idealismo comunista de la Unión Soviética; George Clooney, estrella intocable, hace de estrella intocable a la que abofetean más de una vez; los propios Coen, judíos, guionizan una película donde el filme producido en ella trata la pasión de Jesucristo; y hasta el propio cartel promocional responde descaradamente al patrón clásico del star-system.

Joel y Ethan Coen junto a Josh Brolin y George Clooney en ¡Ave, César!

¡Ave, César! es una carta de amor que convierte al cine en una cuestión de fe mientras oscila entre el fracaso al olvidar y la obra maestra a revisitar

Entre tanto caos, ¡Ave, César! parece alcanzar el milagroso equilibrio entre el fracaso a olvidar y la obra maestra a revisitar. Buena parte de los espectadores verán en ella un divertido entretenimiento escapista pero vacuo en su fondo (como todo el cine de la industria que refleja el film). Otros le encontrarán demasiados problemas como para que al final merezca de verdad la pena. Y finalmente, unos pocos, al igual que Eddie Mannix, hombre de profunda religiosidad, verán en ella algo más. Algo sagrado y eterno. El fin que da sentido a toda una existencia.

Los Coen no solo homenajean y satirizan al propio cine. Lo convierten en una cuestión de fe. ¡Ave, César! es una carta de amor. Un ménage à trois entre el cine y dos hermanos de Minneapolis llamados Joel y Ethan Coen, en cuyo cuarto hay un sinfín de papeles, mundos, juguetes y un sencillo péndulo que todo lo rige.

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