Basado en una novela de Stephen King (00’s y 10’s)

Un repaso a las adaptaciones televisivas y cinematográficas de la obra del autor de Maine durante las dos últimas décadas.

No puede decirse que Stephen King saliera del siglo XX con buen pie. El 20 de junio de 1999 el escritor sufriría un brutal atropello que a punto estuvo de costarle la vida. King pasaría un buen número de semanas hospitalizado y durante varios días se temió que hubiera que amputarle una pierna. Brian Smith, un borrachín habitual, vecino del escritor, conducía la camioneta que le arrolló. Un año después se quitaría la vida. Esta serie de desafortunados acontecimientos conocería su punto final cuando, a finales del año 2000, el escritor compró por 1.500 dólares la Dodge del 85 causante del atropello con el único objetivo de destrozarla con un mazo en el jardín de su casa.

Stephen King entraba así en el nuevo siglo habiendo nacido de nuevo. Un nuevo milenio, un nuevo King y un nuevo Hollywood. Si durante los años 90 la industria del cine había acudido a las estanterías de las librerías para encontrar inspiración para poder seguir ofreciendo cine adulto de presupuesto medio, a medida que los años iban pasando, menos cine de esas características se iba produciendo. Y el género del terror se vio especialmente afectado, además, por nuevas modas (el cine de género oriental y sus remakes americanos) y por la crisis de los tradicionales medios de consumo (caída del mercado doméstico y avance de la piratería). Fue por eso por la que la de los 2000 fue, con diferencia, la década con menos adaptaciones a la pantalla de la obra de King en los últimos 40 años.

Corazones en Atlántida (2001)

Cuando, el 14 de septiembre de 1999, un Stephen King todavía convaleciente publicaba Corazones en la Atlántida lo hacía con la esperanza de haber escrito una gran novela americana. Y nada más lejos de la realidad. Corazones en la Atlántida fue una de sus obras peor recibidas hasta la fecha. Pero ello no impidió que Hollywood se aventurara con avidez a adaptarlo.

Una película con sutiles metáforas sobre el despertar de la sexualidad.

Corazones en la Atlántida fue una de sus obras peor recibidas hasta la fecha

De la película se encargaría Scott Hicks, que intentaba asentarse en los proyectos de prestigio tras haber triunfado con Shine y fracasado con su intento de volver a la temporada de premios con Mientras nieva sobre los cedros. Y Corazones en Atlántida (en la traducción del título se comieron el artículo con respecto a la del libro) fue otro fracaso monumental. Ni el guión de William Goldman, ni la interpretación de Anthony Hopkins fueron suficientes para interesar lo más mínimo a la crítica, el público o el resto de la industria.

Porque, a pesar de la belleza de su fotografía, su cuidada  ambientación en los años 50 y su elegante puesta en escena, Corazones en Atlántida es una película muy deficiente. Y el problema radica en un punto de partida completamente equivocado. Si ya el libro original era disperso, pensar en adaptar solo dos relatos del mismo, desechando los otros tres, y cambiar completamente su espíritu no fue una decisión acertada. Es por ello por lo que ver Corazones en Atlántida es lo más parecido a plantearse escribir una serie de artículos sobre las películas basadas en la obra de Stephen King , cuando piensas en ello siempre apetece, pero, a la hora de la verdad, uno puede terminar pensando que maldita sea la hora.

Rose Red (2001)

Dos años después del estreno de La tormenta del siglo, Craig R. Baxley volvía a atreverse con una miniserie basada en un guión de Stephen King. Y volvía a cosechar un triunfo rotundo.

Que yo me preguntaba… “Se está poniendo Letizia que cada vez me recuerda más a una estrella de cine” Y sí, mira a quién me recordaba.

Rose Red no se plantea ser nada diferente a un gigantesco tren de la bruja plagado de sustos, trucos y puro entretenimiento

Rose Red fue la segunda incursión de Stephen King en el subgénero de las casas embrujadas. Y, al igual que en el caso de El resplandor, la obra se confirma como todo un acierto. Rose Red es una revisitación del The haunting de Robert Wise mucho más terrorífica, valiente, entretenida y desacomplejada que la realizada por Jan de Bont en 1999. De hecho, es la más satisfactoria de entre todas las casas encantadas cinematográficas de la época (House on Haunted Hill, 13 fantasmas…)

Porque, a lo largo de sus más de cuatro horas de metraje, Rose Red no se plantea ser nada diferente a un gigantesco tren de la bruja plagado de sustos, trucos y puro entretenimiento. Y un aficionado no debería poder pedirle nada más a un producto de estas características.

El cazador de sueños (2003)

Tras el fracaso cosechado con Corazones en Atlántida, William Goldman pensó que ahora sí, que ya había dado con la clave para adaptar a Stephen King. Así que, con el guión en la mano, llamaron a un director de garantías como Lawrence Kasdan, un tipo que no tenía una peli mala, y el resultado fue un fracaso si cabe incluso más estrepitoso que el obtenido un par de años atrás.

– ¿Le decimos que se ha puesto el bigote postizo en las cejas?
-Déjale, que cuando se vea en pantalla ya verás qué risas.

El cazador de sueños es, en definitiva, una película que disfruta caminando por el filo

El cazador de sueños perdió más de 50 millones de dólares en taquilla. Y, a fecha de hoy, permanece como uno de los primeros ejemplos que le vienen al aficionado a la cabeza cuando quiere ejemplificar lo malas que son las adaptaciones al cine de la obra de Stephen King. Y no quisiera ser yo el que dijera que no es para tanto… pero, es que, caramba, tampoco es para tanto.

Puede que El cazador de sueños tenga un reparto descompensado, puede que incluso su estructura y división en actos también lo esté, puede que el espectador medio no esté preparado para ver a uno de los personajes defecando a un alien. Pero, al igual que las cejas del personaje de Morgan Freeman, esta película tiene el encanto de lo imperfecto. Casi todo en ella es tan arriesgado que uno no puede sino reconocer que en muchas ocasiones se cae con todo el equipo (ese Donnie Wahlberg haciendo de disminuido psíquico enfermo de cáncer) pero en otras tantas obtiene logros casi de vanguardia (esa biblioteca de la mente, tan bellamente representada). El cazador de sueños es, en definitiva, una película que disfruta caminando por el filo. Y, como tal, merece algo más que ser despachada como “ese desastre”.

 La ventana secreta (2004)

La ventana secreta es otra de las paradas habituales a la que acaban llegado aquellos que desean demostrar la mala fortuna que ha tenido la obra de Stephen King en su salto al cine. Y este caso es, si cabe, incluso más injusto que el de El cazador de sueños. Porque La ventana secreta es un excelente, malicioso y juguetón thriller al que, tal vez, perjudicó lo previsible de su desenlace. Cinco años después de El sexto sentido, el espectador medio seguía deseando giros finales sorprendentes y parecía que David Koepp volvía a intentar subirse a ese tren tras la decepción que había supuesto (la también excelente) El último escalón. Y no era esa intención de epatar con su desenlace la motivación que movía el relato original de King (publicado en su antología Las cuatro después de medianoche), sino que este transitaba por sendas ya trazadas por el autor en Misery o La mitad oscura.

Es gracioso porque le falta un tornillo y tiene un destornillador en la cabeza y a lo mejor las metáforas a Koepp se le dan regular.

La ventana secreta tiene una fabulosa puesta en escena, plagada de ideas visuales

Pero lo cierto es que La ventana secreta fue un éxito comercial, gracias, en parte, a un Johnny Depp que vivía una luna de miel con el público, coleccionando triunfos comerciales y nominaciones a premios de la Academia. Y lo cierto es que Depp está sensacional dotando de timing cómico a un personaje que, en otras manos, hubiera podido pecar de excesivamente grave.

La ventana secreta tiene una fabulosa puesta en escena, plagada de ideas visuales (esa cámara que se adentra en un espejo en su primera secuencia) que podrían parecer impropias de un guionista reconvertido a director. Donde sí que se aprecia la labor de Koepp como guionista es en el ritmo del que dota a un relato corto trasladándolo a una película de 96 minutos sin apenas altibajos. Una pequeña joya a redescubrir.

1408 (2007)

Si Rose Red supuso la vuelta de Stephen King a la temática de las casas encantadas tras sus experiencias con las adaptaciones de El resplandor, con 1408 el autor fue más específico en su regreso y en esta ocasión volvió a alojar a sus personajes en un hotel embrujado. Concretamente en una sola habitación de un hotel, en la que transcurre más del 75% del metraje de la cinta.

“Esa habitación está maldita desde que Jeremy Irons abrió su puerta a Loles León”

Una película juguetona, ingeniosa, terroríficamente entretenida y plagada de planos y arquitecturas imposibles

El resultado fue una película juguetona, ingeniosa, terroríficamente entretenida y plagada de planos y arquitecturas imposibles. Un divertimento que adopta la narrativa de una pesadilla para extraer el máximo jugo posible de un punto de partida y un escenario mil veces vistos con anterioridad.

1408 terminó recaudando más de cinco veces su presupuesto, siendo uno de los éxitos sorpresa de su año. Algo que sorprendió a los altos cargos de Dimension Films, que habían obligado al director a grabar un final alternativo por considerar el original demasiado deprimente. Al final se impuso el criterio del director y el periplo comercial de la película terminaría dándole la razón.

La niebla (2007)

Aunque, si de finales deprimentes hablamos, pocas películas son comparables a La niebla. La adaptación del relato de Stephen King rodada por Frank Darabont (que por tercera vez adaptaba a maestro) fue un moderado éxito de crítica y público en su estreno en 2007, pero su valoración no ha hecho otra cosa que crecer desde entonces.

Darabont quería rodar una película basada en esa historia desde que la leyó a mediados de los 80. Pero, por un motivo u otro (desconfianza de los productores, coste desproporcionado del proyecto) no pudo hacerlo hasta ser un director consagrado tras Cadena perpetua y La milla verde y haber fracasado con The Majestic. Y lo hizo dejando atrás el clasicismo de su narrativa, dando a entender una versatilidad de la que no hemos podido disfrutar en el futuro.

Horror en el hipermercado.
Terror en los ultramarinos.

De eso y no de otra cosa va La niebla. Del hombre intentando sobrevivir al hombre

Y cabe dar gracias de que así fuera, porque solo en el contexto histórico inmediatamente posterior al 11-S pudo alcanzar una película como La niebla toda la solemnidad y trascendencia que llevaron a que una historia de resistencia, fe y supervivencia se convirtiera en algo más. Porque La niebla es una película nihilista, una pesadilla en la que un grupo de seres humanos encerrados (más prototipos que personajes tridimensionales: así tenemos al hombre de acción, al leguleyo o a la falsa profeta) intentan sobrevivir al presente mientras añoran el pasado y temen profundamente lo que el futuro les depara.

En una revisión diez años después de su estreno, lo único que ha perdido garra en La niebla es su CGI primitivo, no lo aterrador de su discurso. Una década después, el hombre sigue siendo un lobo para el hombre y las convenciones sociales apenas maquillan nuestro salvajismo primitivo. Porque de eso y no de otra cosa va La niebla. Del hombre intentando sobrevivir al hombre. Los monstruos apenas son la música de fondo.

La maldición de Dark Lake (2011)

Cuatro años tardaría en adaptarse una nueva obra de King al medio audiovisual. La maldición de Dark Lake volvía a unir a Stephen King con el director Mick Garris y terminaría por convertirse en el punto más bajo de su colaboración profesional.

Porque nada funcionó en una miniserie que fracasó entre la crítica y la audiencia televisiva a pesar de contar todos los ingredientes para triunfar: las producciones televisivas ya contaban con prestigio y presupuesto, Un saco de huesos (la novela de King que adaptaba) se había vendido muy bien y tenía grandes personajes y una ambiciosa trama, Pierce Brosnan seguía contando con nombre y prestigio…

Uno de los pocos casos en que la adaptación a snack es mejor que la adaptación al cine.

Nada funcionó en una miniserie que fracasó entre la crítica y la audiencia televisiva

Y es que, a pesar de conseguir encontrar el tono perfecto de mezcla de misterio y terror, nada termina de funcionar en La maldición de Dark Lake: es plana e impersonal, durante gran parte de su metraje luce barata, tiene muchísimos problemas de ritmo y su tercer acto se convierte en un circo de tres pistas que más que ofrecer una conclusión satisfactoria, pareciera que pretende homenajear a la consabida incapacidad de King para terminar sus historias.

Carrie (2013)

Tras la desafortunada secuela de 1999, titulada La ira en España, afrontar el rodaje de un remake de Carrie en pleno 2013 parecía una misión destinada al fracaso. Y lo cierto es que al final no solo lo pareció, sino que también lo fue. Cuatro años después de su estreno, lo más recordado de esta película sigue siendo su campaña viral basada en un vídeo con cámara oculta, y eso nunca es buena señal.

Los mayores reclamos de la Carrie de 2013 fueron su directora, Kimberly Peirce (se esperaba con ganas la sensibilidad que podía aportar a la historia el que la máxima responsable de narrarla fuera una mujer) y tener a Chloë Grace Moretz (recién salida de los éxitos de Kick – Ass y La invención de Hugo) y Julianne Moore (en algún momento previo al estreno de la película llegó a estar en la carrera de la temporada de premios) como protagonistas.

“A lo mejor tragarme ese imán no ha sido buena idea”

Nadie derramó una sola lágrima por el fracaso de esta versión de Carrie. Y, en el fondo, eso es algo injusto

Nadie derramó una sola lágrima por el fracaso de esta versión de Carrie. Y, en el fondo, eso es algo injusto para una película muy trabajada en lo visual pero cuyo mayor problema es que todo lo que nos cuenta ya está visto. Y que, además, cada vez que opta por introducir un cambio con respecto a la película de Brian De Palma, se equivoca. Es esta una película que renuncia a todo el suspense del que hacía gala la original durante su último tercio. Y esta Carrie es un personaje mucho más consciente de sus poderes, menos ingenuo, y ello resta fuerza al conjunto. Pero, más allá de sus errores y carencias, esta es una película que no debiera despacharse con la condescendencia con la que se la trató en su momento.

Un buen matrimonio (2014)

Un buen matrimonio fue un relato publicado en la antología Todo oscuro, sin estrellas, escrito por un Stephen King que confesó haberse inspirado en Bob Anderson, el conocido como “asesino BTK”. El caso de Anderson, que torturaba y asesinaba a mujeres y niños, para posteriormente enviar a la policía los documentos de identificación de las víctimas, llamó la atención del escritor porque gran parte de la repulsa social que generó se volcó sobre su esposa felizmente casada con el asesino durante más de treinta años y que aseguró no conocer ninguna de sus actividades criminales.

Cuando se planteó la adaptación televisiva de este relato, la principal duda fue quién sería la actriz escogida para dar vida a la protagonista de la historia. Finalmente, el papel recayó en Joan Allen, y viendo el resultado final no cabe duda de que la elección fue la adecuada. Allen está soberbia en una producción que recae casi completamente sobre sus hombros y se erige como prácticamente el único acierto de la misma.

Ana Mato tampoco se hubiera dado cuenta de nada.

Un buen matrimonio es un telefilm irregularmente narrado, carente de interés, intriga o emoción

Porque Un buen matrimonio es un telefilm irregularmente narrado, carente de interés, intriga o emoción durante gran parte de su metraje. Y terriblemente descompensado en lo que respecta a su tono, que fluctúa hasta lograr que el espectador no comprenda demasiado bien qué sensaciones quería llegar a transmitir Peter Askin, su director, en determinadas escenas.  Uno solo puede apreciar un mínimo de pulso en la narración durante el primer acto, aquel en que los personajes son presentados, y eso es, sobre todo por el buen hacer de su pareja protagonista (Allen está secundada por un sobrio Anthony LaPaglia) más que por méritos propios de la historia o su dirección.

Big Driver (2014)

Ese mismo 2014 se estrenó un segundo telefilm basado en otro relato de la antología Todo oscuro, sin estrellas. De nuevo, una historia protagonizada y sostenida por una mujer que debe acabar con un violento macho alfa para terminar de empoderarse.

Big Driver es una extraña mezcla entre un cuento clásico de una chica que opta por coger un atajo para cruzar el bosque pero termina encontrándose con el lobo y una película setentera con Charles Bronson, solo que en este caso protagonizada por una estupenda María Bello.

“¿Tus has leído las mierdas que dicen estos sobre nuestra película?”

Big Driver es una extraña mezcla entre un cuento clásico y una película setentera con Charles Bronson

Y si bien es cierto que a pesar de durar unos escasos 90 minutos la película se hace larga, porque el material adaptado parece insuficiente para un largometraje, en esta ocasión al menos sí que es destacable la crudeza con la que está rodada y presentada la escena de la violación. Hasta tal punto de que a pesar de ser el detonante de toda la trama, casi funciona como un clímax de la película en su transición del primer al segundo acto de la historia. Lamentablemente, la película no vuelve a encontrar su pulso tras esta secuencia y el resto del metraje es un refrito insulso de temas y escenas mil veces vistas con anterioridad.

Cell (2016)

Nueve años después del estreno de 1408, John Cusack y Samuel L. Jackson volvían a ponerse al frente del reparto de una adaptación al cine de la obra de Stephen King. Cell adaptaba el libro homónimo escrito por el autor en 2006, uno de los que peor acogida tuvo de toda su carrera a pesar de que, personalmente, me parezca especialmente brillante en su planteamiento, desarrollo de la trama y dosificación de la tensión.

El caso es que su adaptación cinematográfica fue especialmente problemática, algo que el espectador termina percibiendo, sin necesidad de esforzarse mucho, al verla. Cell es una película barata, especialmente barata, de esas películas baratas que no saben que son baratas e intentan hacer cosas que no parecen de película barata y al final todo parece rodado en un descampado de Rumanía. Cell es tan barata que hasta John Cusack parece un poco abochornado por estar ahí, cuando, cariño, obviamente eres John Cusack y a estas alturas de tu carrera no vengas haciéndote la digna que todos sabemos las películas que vienes de rodar.

-¿Sabes por qué meto el smatphone en la nevera? Para recibir las noticias más frescas.
-Déjalo, Samuel, de verdad, que esta no es ese tipo de película.

Cell es tan barata que hasta John Cusack parece un poco abochornado por estar ahí

Cell se rodó durante 21 días de enero de 2014. Iba a estrenarse en cines a finales de ese año. Pero al final a todo el mundo acabó viniéndole mal y entre que te pones de acuerdo para la premiere, porque uno no puede por las tardes y el otro solo libra los jueves, acabó estrenándose en VOD en 2016. Y a nadie pareció importarle demasiado. Porque, por si a estas alturas de reseña el lector todavía no se ha dado cuenta, Cell es una mierda de película. No es una película fallida, ni mala, ni siquiera espantosa. No es una película que precise de circunloquios ni eufemismos. No, definitivamente Cell no es ese tipo de película.

La torre oscura (2017)

La torre oscura es la serie de libros que articula la totalidad de la obra de Stephen King. Casi cualquier otro libro del autor está interconectado, de un modo u otro, con el universo de La torre oscura. La adaptación al cine de semejante saga fue un sueño recurrentemente postergado por Hollywood hasta que, al grito de “dejadme a mí, que vosotros no sabéis y yo sí”, Akiva Goldsman se puso al frente de la producción y la escritura del guión de la misma.

Como el cine se le quedaba pequeño al bueno de Akiva, el guionista de Perdidos en el espacio, El código Da Vinci o La serie Divergente: Insurgente articuló todo un engranaje que constaba de varias películas, con series de televisión que sirvieran para crear un universo expandido y cubrir las lagunas narrativas que por cualquier cosa él sospechaba que iban a ir quedando. Tan entretenido estaba el guionista con lo que en las oficinas de Sony ya se empezaba a conocer como “las mierdas de Akiva”, que por el camino se olvidó de adaptar la novelas de King. Total ya, pa qué. Él se bastaba y se sobraba.

“No he leído una novela de Stephen King en la vida, Hulio”

Al grito de “dejadme a mí, que vosotros no sabéis y yo sí”, Akiva Goldsman se puso al frente de la producción

Idris Elba y Matthew McConaughey fueron los elegidos para protagonizar la película, la serie, la saga, la vida. Ellos aceptaron porque sin duda tienen una habilidad innata para escoger el guión bueno de todo el montón que tienen apilados encima de la mesa. La película iba a estrenarse a mediados de febrero de 2017, pero como en Sony o hacen bien las cosas o no las hacen (ellos son así de perfeccionistas) al final consideraron que lo mejor era retrasar la película hasta el verano y estrenarla pegadita a The emoji movie, una cinta protagonizada por la mierda del whatsapp. Que a lo mejor nos estaban queriendo decir algo. O no. O yo qué sé.

El caso es que al final, por lo que sea, la película no funcionó. Y fue una sorpresa, porque desde luego todo pintaba bien en ella. Stephen King estuvo todo el verano promocionándola y cuando llegó septiembre escribió que desde luego cómo éramos, que también nos creíamos cualquier cosa. Para que luego digan que este hombre no sabe cerrar bien las historias de terror.

It (2017)

Apenas tres semanas después del descalabro sufrido por la adaptación de La torre oscura, llegó a los cines americanos otra película basada en una de las obras magnas de Stephen King. It se presentaba en las carteleras con una doble responsabilidad. En primer lugar, demostrar, tras varios películas fracasadas, que la obra de King seguía siendo de interés por el público, que se podía seguir haciendo dinero gracias a las historias del que un día había sido considerado como el Rey Midas del terror. Pero también la de enfrentarse no ya al telefilm que había adaptado aquella historia en 1990, sino directamente a al recuerdo exagerado que éste había dejado en toda una generación.

– Por aquí ha salido un payaso.
– Podría haber sido peor. Podría haber salido Kevin Spacey.

It es una película de terror que entusiasma a los amantes del género pero también puede gustar a un público mucho más clásico o conservador

E It venció sobradamente en ambas batallas. No solo se convirtió en la película de terror más taquillera de la historia, sino que también fue un éxito entre la crítica y la prensa especializada y se convirtió en una película que logró estar presente en la conversación cinéfila de ese año aún pasado tiempo tras su estreno.

Y, el caso es que, al final, la fórmula no podía ser más sencilla. Intérpretes desconocidos pero carismáticos, una buena dosificación de sustos a lo largo del metraje, personajes con gancho, una buena fotografía, un director con pulso para la narración y una historia que, además de ser un clásico tren de la bruja, se molesta en ofrecer un tierno coming of age. Porque It es una película de terror que entusiasma a los amantes del género pero también puede gustar a un público mucho más clásico o conservador. Y ese es el secreto de una película más terrorífica que de terror. El secreto, también, del éxito de gran parte de la obra de su autor.

El juego de Gerald (2017)

Stephen King publicó El juego de Gerald en mayo de 1992, y durante muchos años fue considerada como su trabajo menos adaptable al lenguaje audiovisual por transcurrir en un solo escenario, con una protagonista desnuda e inmovilizada y estar narrada casi en su integridad mediante el recurso del monólogo interno. El juego de Gerald es lo más cerca que nunca estará King de haber escrito Cinco horas con Mario.

– No puedo levantarme de la cama.
– ¿Se te han pegado las sábanas?
– No exactamente.

El juego de Gerald es lo más cerca que nunca estará King de haber escrito Cinco horas con Mario

El que finalmente Netflix se animara a financiar el rodaje de esta película solo puede explicarse desde la absoluta libertad que en estos años de burbuja están dando a muchos de sus proyectos cinematográficos. Y al revival que están gozando las adaptaciones del autor de Maine a lo largo de este mismo año. Y cabe congratularse de que el semejante proyecto recibiera luz verde, dado que no es solo una estupenda adaptación de la novela, sino que El juego de Gerald ha terminado siendo una de las mejores películas producidas por la compañía en 2017.

Lo es, en gran parte, por el estupendo trabajo de Carla Gugino, pero también por el apoyo de Bruce Greenwood, uno de esos actores que siempre mejora las películas en las que participa. La dirección de Mike Flanagan, imaginativa, aportando soluciones antes tan siquiera de que surja algún problema, también es un punto a favor. Y, cuando a la historia no le queda más remedio que decantarse hacia el gore, El juego de Gerald nos ofrece una de las secuencias más tensas, desagradables y dolorosas que un espectador pueda imaginarse. El principal problema es que justo después, cuando ya ha pasado lo más difícil, el guión nos aboca a diez minutos finales tan anticlimáticos que a punto están de tirar todo por la borda. Como ese mal postre que puede estropear un gran banquete. Pero no lo consigue. Porque 90 minutos de buen cine son muchos minutos para lo que ahora se estila.

1922 (2017)

Apenas un mes después de El juego de Gerald, Netflix volvía a atreverse con Stephen King y estrenaba 1922. El reparto de la película, basada en el relato homónimo de King, estaba encabezado por Thomas Jane, que se convertía así en el único actor protagonista de hasta tres adaptaciones del autor, tras sus personajes en El cazador de sueños y La niebla.

Lo más cerca que estará Thomas Jane de interpretar a un intelectual.

1922 termina siendo tan olvidable que cuando quieres criticarla ya se ha ido

1922, al contrario que El juego de Gerald, pasaría con más pena que gloria por la plataforma de VOD. Y con justicia. Porque más allá de que el material original no daba para más que un cortometraje intenso y apañado, el otro gran problema de 1922 es que en ningún momento sabe qué tipo de película quiere ser. A ratos gran historia rural americana, a ratos pequeño cuento de fantasmas, termina siendo un modesto drama familiar que no ofrece nada porque nada tiene que ofrecer.

Desde la silla de dirección, Zak Hilditch lo intenta todo sin darse cuenta de que ni tiene la sensibilidad de Terrence Malick ni el talento de James Wan. Y, si bien es cierto que más vale caer habiéndolo intentado, no lo es menos que más vale hacer una cosa bien que veinte regular. Por suerte, 1922 termina siendo tan olvidable que cuando quieres criticarla ya se ha ido.

 

Nada hace pensar que, tras el súbito revival que han sufrido las adaptaciones a pantalla de las novelas y relatos de Stephen King, la fiebre vaya a remitir en un futuro. El éxito de It ha terminado pesando mucho más que el fracaso de La torre oscura, y el escritor acumula hasta 31 adaptaciones pendientes (entre series, películas, telefilmes y cortometrajes) para los próximos años. Nos encontramos ante el autor con mayor número de obras adaptadas de la historia del cine. Y el número no va a hacer más que incrementarse en durante los próximos años. ¿Es Stephen King una de las, pongamos, diez figuras claves de la cultura popular de las últimas cuatro décadas? Resulta evidente que sí. Y ahora, por primera vez, parece que se está empezando a dotar a su obra del prestigio crítico que durante tantos años se le negó. Quizás porque solo la perseverancia y el paso del tiempo diferencian a la cultura académica de la popular. Stephen King ha roto esa barrera. Y eso por ello por lo que no solo deberíamos estarle agradecido por su obra, sino también por ayudar a dignificar géneros y temas que, precisamente por ser tan universales (el terror, el tránsito de la infancia a la edad adulta, el proceso de creación, el fantástico) habían sido despreciados por las élites culturales hasta hace apenas un puñado de años.

Aunque solo fuera por eso, muchísimas gracias Stephen. Ojalá sigas atormentándonos durante muchas historias más.

 

Si estás interesado en conocer más sobre las películas de los 70 y 80 basadas en la obra de Stehpen King, haz click aquí.

Si estás interesado en conocer más sobre las películas de los 90 basadas en la obra de Stehpen King, haz click aquí.

Comentarios

comentarios

More from Daniel Lorenzo

Los actores de los Oscar: Actor protagonista

A lo largo de las próximas semanas, en Cinéfagos os presentaremos los...
Leer más

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *