Basado en una novela de Stephen King (90’s)

Un repaso a las adaptaciones televisivas y cinematográficas de la obra del autor de Maine durante la década de los 90

En 1990, Stephen King era considerado el equivalente a la literatura de lo que McDonalds suponía a la gastronomía. En lo que respecta al mundo del cine, tan solo Carrie y El resplandor habían terminado adquiriendo el título de obras de culto y calidad contrastada. El resto de sus adaptaciones al celuloide contaban con inmerecida mala fama (como pueden comprobar en la anterior entrega de este artículo) a pesar de haber sido muy rentables para los estudios correspondientes.

Pero pese a ello, y gracias a la rentabilidad de esas películas, Stephen King estaba especialmente bien posicionado al inicio una década en la que las adaptaciones de bestsellers (John Grisham, Michael Crichton, Thomas Harris) marcarían lo que Hollywood entendía por cine adulto comercial.

La fosa común (1990)

El último turno fue uno de los relatos más impactantes de la colección de cuentos El umbral de la noche, publicado por Stephen King en 1978. En apenas un puñado de páginas, el autor narraba cómo los operarios de una fábrica se adentraban en las entrañas de la misma para intentar solucionar una plaga de ratas. A medida que estos personajes iban descendiendo a las bodegas del edificio, más grandes y más agresivos eran los roedores a los que tenían que enfrentarse.

“Stehpen King took you to the edge with The Shining and Misery. This time… toca una peli regulera”

La sensación es que a Ralph S. Singleton le faltó la valentía que trece años después mostraría Glen Morgan en Willard

El principal problema de La fosa común, adaptación al cine de El último turno, es que el relato no daba para un largometraje. Así, sus escasos 89 minutos se hacen eternos. Lo que en el relato original funcionaba a la perfección precisamente por su simplicidad (ratas, ratas cada vez más grandes, oscuridad, ruidos, giro final) aquí se convierte en un largometraje de bruscos cambios de tono porque la película nunca sabe hacia dónde quiere ir. La sensación es que a Ralph S. Singleton le faltó la valentía que trece años después mostraría Glen Morgan en Willard, una película que nada tenía que ver con la obra de Stephen King pero que lograba ser todo lo que La fosa común hubiera deseado.

It (1990)

Tres años pasaron desde la publicación de It, una de las obras magnas de la carrera de Stephen King, hasta que  fue adaptada a la pantalla, en este caso en formato de miniserie de tres horas, por Warner Bros Television. Y prácticamente desde su primera emisión se convirtió en uno de los referentes del terror de los noventa, debido, esencialmente, a que fue el primer contacto con el género de la generación del baby boom que creció con el cine infantil y juvenil de los ochenta.

Bryan Singer y Victor Salva quedando para ver It… y lo que surja.

Fue el primer contacto con el género de la generación del baby boom que creció con el cine infantil y juvenil de los ochenta

Porque esa es la única explicación posible al culto generado por esta adaptación de paupérrima puesta en escena y cuyas únicas virtudes (historia, dinámica de personajes) provienen de la novela de Stephen King.  Así, esta primera adaptación de It terminó siendo recordada como una experiencia terrorífica para toda una generación cuando, revisada a fecha de hoy, ni asusta ni inquieta lo más mínimo, sino que más bien bordea el ridículo en todas y cada una de las intervenciones de un Tim Curry incapaz de dotar a Pennywise de ningún tipo de carácter perturbador.

Misery (1990)

Cuando Stephen King publicó en 1984 Los ojos del dragón, la recepción de sus fans fue tan terrible que el escritor hubo de cuestionarse muchas cosas. Sus lectores habituales demandaban más terror, y King les decepcionó sobremanera ofreciéndoles, tan solo, un relato de espada y brujería. Fue también por aquella época cuando Tabitha King se encontró una mañana con un desconocido que, desorientado, vagaba por la planta baja de su casa, farfullando frases incoherentes en las que se autodenominaba como el fan número uno de su marido. A ello se le sumó la fuerte adicción a las drogas del autor durante esos años y prácticamente la novela se escribió sola. “Annie fue mi problema con las drogas. Y esas drogas eran mi fan número uno. Dios, ella nunca quiso irse” reconocería el autor años más tarde.

En 1990, un Rob Reiner que se encontraba en el mejor momento de su carrera (enlazaba los éxitos de Cuenta conmigo, La princesa prometida y Cuando Harry encontró a Sally) dirigió la adaptación cinematográfica de Misery. Y todo fue un rotundo éxito en ella. Éxito económico, al multiplicar por tres en la taquilla americana su presupuesto original. Éxito de crítica, al obtener la aprobación mayoritaria de los medios especializados. Éxito en la temporada de premios, ganando Kathy Bates el Oscar a la mejor actriz (aún a fecha de hoy la única estatuilla dorada ganada por una adaptación del autor) y convirtiéndola inmediatamente en una estrella. Y también un éxito completamente abrumador en la cultura popular, siendo un título fácilmente reconocible por varias generaciones e innumerablemente homenajeado en otras series y películas.

Kathy Bates posa con un jovencísimo Harvey Weinstein, en una visita del productor al set de rodaje de Misery.

“Annie fue mi problema con las drogas. Y esas drogas eran mi fan número uno. Dios, ella nunca quiso irse” reconocería el autor años más tarde

Misery es un triunfo narrativo, interpretativo y de puesta en escena. Todo en reparto hace un trabajo memorable, desde los dos actores principales (todo el reconocimiento se lo llevó Kathy Bates, pero James Caan también brinda una interpretación a la altura) al excéntrico plantel de secundarios. La realización de es elegante, clásica y tiene el acierto de estar plagada de planos abiertos a pesar de lo claustrofóbica que podría llegar a resultar la historia. Y todos y cada uno de los cambios que el guión incluye con respecto al original literario (retirando casi todos los pasajes más truculentos) hacen que la película pueda volar más alto. Todo ello contribuye a que Misery sea una de las mejores adaptaciones a la gran pantalla jamás realizada de una obra de Stephen King.

Algunas veces ellos vuelven (1991)

En el relato A veces regresan, Stephen King nos contaba la historia de un profesor al que contrataban en su pueblo natal, del que había huido años atrás, tras el fallecimiento de su hermano en un accidente provocado por otros jóvenes, también fallecidos en el mismo. El ingrediente fantástico radicaba en que precisamente estos jóvenes iban apareciendo gradualmente en su clase, a pesar de llevar un par de décadas muertos.

La primera vez que se planteó rodar este relato fue para incluirlo como fragmento de Los ojos del gato, pero Dino De Laurentiis consideró que la historia tenía demasiado potencial como para ser resuelta en menos de media hora, así que optó por adaptarla en una película para televisión. Y el resultado final, a pesar del mal recibimiento por parte de la crítica (“El buen reparto no puede sacar a la película de la rutina” publicó la TV Guide) no está nada mal.

Algunas veces también vuelven… los peinados de los 80

Dino De Laurentiis consideró que la historia tenía demasiado potencial como para ser resuelta en menos de media hora

Bien es cierto que, durante sus primeros minutos, tiene una de las voces en off más obvias, machaconas e irritantes de la historia del cine, y que todo lo que atañe al clímax de la historia es bastante confuso y ridículo. Pero, por el camino, nos encontramos con un entretenimiento solvente que cuenta, además, con un apartado técnico (maquillaje o efectos especiales) más que digno para lo que venía siendo habitual en los telefilmes de la época. Hoy, 26 años después de su estreno, no recomendaría a nadie ver Algunas veces ellos vuelven como primera opción para un sábado por la tarde, pero, de cogerla empezada en cualquier canal televisivo, es probable que cualquiera se quede viéndola hasta su desenlace.

El cortador de césped (1992)

El hombre de la cortadora de césped es un relato de Stephen King incluido dentro de la antología de El umbral de la noche. Se trata de una breve historia, muy conceptual y técnicamente inadaptable. Tanto es así que su adaptación oficial nada tiene que ver con el relato original y King se limitó a cobrar un jugoso cheque tan solo por emplear el título en la película y contar con su nombre en los créditos. Cuando busquen un caso de adaptación que nada tenga que ver con el material adaptado, recurran a El cortador de césped.

Otra cosa no, pero bonita de ver tampoco.

King se limitó a cobrar un jugoso cheque tan solo por emplear el título en la película y contar con su nombre en los créditos

El cortador de césped fue un sexythriller que intentó unir erotismo, inteligencia artificial, realidad virtual e incluso resonancias bíblicas dos años antes de que Barry Levinson intentase repetir la jugada con Acoso. Y ambas películas fracasaron irremisiblemente. El propio Brett Leonard, su director, perseveró en el error en 1995, con Virtuosity, y el descalabro volvió a ser monumental. Tendrían que pasar 22 años para que, esta vez sí, Luc Besson triunfara con ingredientes similares gracias a Lucy.

Sonámbulos (1992)

Sonámbulos fue una película basada en una idea original de Stephen King jamás concretada en una novela y supuso la primera colaboración entre el autor de Maine y el director Mick Garris. La historia, sucia, incómoda e incestuosa, así como la violencia plasmada en pantalla hicieron que, en un primer montaje, la cinta obtuviera una clasificación X, por lo que el estudio se vio obligado a meter mano en la versión final.

Y la crítica la destrozó. Se le acusó de mal planteada, poco imaginativa, tramposa e ilógica. Pero lo cierto es que es un dignísimo entretenimiento para el aficionado al terror más desprejuiciado. El reparto está plagado de cameos de nombres importantes del género, como el propio Stephen King, John Landis, Joe Dante, Clive Barker, Tobe Hooper. Y Mark Hamill, Mädchen Amick, Ron Perlman o Wayne Knight tienen papeles salientables.

 

– Murió por culpa del maíz.
– ¿Se atragantó?
– Bueno, no exactamente…

La historia, sucia, incómoda e incestuosa, así como su violencia hicieron que, en un primer montaje, la cinta obtuviera una clasificación X

Y más allá de este juego de complicidades y referencias, la película está bien narrada, cuenta con escenas imaginativas y un trabajo de maquillaje más que notable. Si bien es cierto que la cinta adolece de muy pocas ambiciones y que, precisamente por ello, no es aconsejable tomársela demasiado en serio, resulta difícil ponerle demasiadas pegas a fecha de hoy.

La mitad oscura (1993)

Durante los años 70 y 80, la producción literaria de Stephen King era tan abrumadora que el autor de Maine optó por publicar un puñado de novelas bajo el pseudónimo de Richard Bachman. Las novelas de Bachman eran menos extensas que las de King. Y bastante más violentas.

Cuando, a finales de los 80, Stephen King decidió renunciar para siempre a Richard Bachman, se exorcizó de su pseudónimo publicando La mitad oscura, una novela en la que un autor de éxito trataba de librarse de un alter ego desbocado que asesinaba a sus seres más cercanos. Al final, el autor volvía a transitar por los terrenos previamente recorridos en Misery, los de un escritor que buscaba dar un giro a su obra pero que era impelido de la forma más violenta posible a volver a transitar por sus cauces más habituales.

“La mitad oscura de Padres Forzosos” el crossover del que Hollywood nos privó.

La mitad oscura es una gran oportunidad perdida, una de esas novelas del autor que todavía esperan una translación a pantalla que esté a la altura

George A. Romero llevó al cine la historia narrada en dicho libro. Y el resultado fue una de las películas más inanes, aburridas e intrascendentes de entre todas las adaptaciones de la obra de Stephen King. Duele pensar lo que David Cronenberg (un director familiarizado con la obra de King) hubiera podido hacer con semejante punto de partida, que en manos de Romero queda en un slasher (quizá la única incursión en dicho subgénero de entre todas las adaptaciones del autor) con muy poca gracia. En definitiva, La mitad oscura es una gran oportunidad perdida, una de esas novelas del autor que todavía esperan una translación a pantalla que esté a la altura.

Tommyknockers (1993)

Los Tommyknockers suele ser una de las novelas que ocupa los últimos puestos de entre las favoritas de los fans de Stephen King, y su adaptación televisiva no suele correr mejor suerte dentro del listado de todas sus adaptaciones. Personalmente, la novela me parece una obra monumental, la versión de King de La invasión de los usurpadores de cuerpos, aunque el propio autor reconoce que su influencia real fue el cuento El color que cayó del cielo, de H.P. Lovecraft.

Como casi toda su obra escrita durante los años 80, Los Tommyknockers puede interpretarse como una gran metáfora acerca de las adicciones del autor. Esa energía e inteligencia superior a lo normal que una civilización extraterrestre inocula a todos los habitantes de un pueblo a cambio de su alma y consciencia funciona como reflejo del alcohol y, sobre todo, la cocaína. De hecho, esta fue la última novela escrita por Stephen King antes de abandonar definitivamente el consumo de dichas sustancias.

Cuando te estás cagando, pero no renuncias a hacer el moonwalk.

Fue la última novela escrita por Stephen King antes de abandonar definitivamente el consumo de alcohol y cocaína

La adaptación televisiva de Los Tommyknockers funciona a la perfección como compendio de la obra del autor y sus adaptaciones al audiovisual. Casi todo está ahí: el pueblo, el escritor, los electrodomésticos que hablan a los personajes para verbalizar su locura… y un tercer acto que es un completo desastre. Hasta ese momento, resulta difícil no disfrutar con un entretenimiento de lo más solvente, con un reparto heterogéneo en el que destacan nombres como Jimmy Smits o Robert Carradine. ¡Si hasta sale Traci Lords!

La tienda (1993)

Stephen King publica La tienda en 1991, y, en menos de un año, ya se había iniciado el rodaje de su adaptación cinematográfica. A los mandos estaba Fraser C. Heston (hijo de Charlton Heston), que, tras un par de telefilmes, iniciaba así su carrera como director. Carrera que se alargaría durante la friolera de dos películas. Porque La tienda fue un fracaso monumental. Fracaso hasta el punto de que tardaría tres años en estrenarse en España.

En La tienda Ed Harris lleva visera hasta en las escenas nocturnas porque aún no había asumido que se estaba quedando calvo.

Una premisa ambiciosa, plasmada en un libro que ronda las ochocientas páginas y a la que un metraje de 120 minutos no puede hacer justicia

La tienda, protagonizada por Ed Harris y Max von Sydow, cuenta cómo la llegada a un pueblo de un extraño que parece conocer todas las debilidades de sus habitantes termina convirtiendo la convivencia entre los vecinos en una espiral de muerte y violencia. Una premisa ambiciosa, plasmada en un libro que ronda las ochocientas páginas y a la que un metraje de 120 minutos no puede hacer justicia. De hecho, existe una versión, emitida en la televisión americana, que se va a los 180 minutos. Quizás si sus responsables hubieran decidido apostar por un formato de miniserie hubieran acertado.

Apocalipsis (1994)

Y precisamente una miniserie, ni más ni menos que de seis horas de duración, fue el formato escogido para la adaptación de una de las obras cumbres de la producción literaria de Stephen King. Y, sin lugar a dudas, en esta ocasión acertaron.

Apocalipsis fue una producción muy ambiciosa para la televisión de su época. El problema fue que, a pesar de contar con un reparto encabezado por un Gary Sinise que ese mismo año sería nominado al Oscar por su interpretación en Forrest Gump, acompañado por antiguas glorias como Molly Ringwald o Rob Lowe, leyendas como Ruby Dee, secundarios solventes como Miguel Ferrer y con pequeños papeles para gente como John Landis, Sam Raimi, Kathy Bates, Ed Harris o Jeff Goldblum, Apocalipsis adoleció de la ingenuidad formal y discursiva de los productos televisivos medios de su época.

– Yo te conozco de una película…
– ¿Malas influencias? ¿Si el zapato ajusta?
-No, una en la que salías con dos menores.
– Mira, déjalo…

Apocalipsis es un producto más que digno para su época al que no sería de extrañar que Hollywood prestara su atención en los próximos años

El primer tercio de Apocalipsis fue un claro antecedente de Estallido apenas un año antes de que el blockbuster de Wolfgang Petersen llegase a las pantallas. En cambio, en el desarrollo de su premisa optó por convertirse en una especie de mezcolanza entre Las uvas de la ira y una epopeya bíblica. En cualquier caso, Apocalipsis es un producto más que digno para su época al que no sería de extrañar que Hollywood prestara su atención en los próximos años, dada la vigencia de su historia y el potencial de su relato.

Cadena perpetua (1994)

Cuenta la leyenda que, el 14 de octubre de 1994, Frank Darabont pretendía cumplir con la tradición de asistir a un pase de uno de los cines en los que se estrenaba la película con la que debutaba como director. Pero, cuando llegó, se llevó la decepción de encontrar que la proyección se había suspendido porque no se había vendido ni una sola entrada.

Cadena perpetua fue un gran fracaso económico para la productora Castle Rock en su carrera comercial en cines en 1994. A cambio, se convirtió en el VHS más alquilado de 1995 gracias a la gran demanda de parroquias, grupos de terapia y escuelas. Hoy, Cadena perpetua encabeza el listado de mejores películas de la historia en IMDB o Filmaffinity debido a su condición de clásico contemporáneo para el público americano.

Me dijo “Tengo un expresidiario aquí alquilado”.
Y yo “Para alquilado el que vas a tener aquí colgado”

Una de esas películas que todo el mundo termina viendo tarde o temprano. Una con la que siempre se acierta, porque gusta a todo tipo de público

Resulta complicado escribir sobre Cadena perpetua en apenas un puñado de líneas. Una película que mejora el relato de Stephen King y que se convirtió en metáfora del sueño americano desde el mismo momento en que empezó a producirse, cuando el propio escritor priorizó la ilusión de un debutante frente a un proyecto consolidado que iba a ser dirigido por Rob Reiner y protagonizado por Tom Cruise, Harrison Ford y Brad Pitt.

Cadena Perpetua ha terminado siendo un must. Una de esas películas que todo el mundo termina viendo tarde o temprano. Una con la que siempre se acierta, porque gusta a todo tipo de público. En definitiva, lo que todos entendemos por un clásico.

Eclipse total (1995)

Un año después del estreno de Cadena perpetua, se estrenaría Eclipse total, otra adaptación del Stephen King más clásico y menos terrorífico. Y otro gran descalabro comercial. Solo que, en esta ocasión, dada la crudeza de la historia narrada, no hubo grupos parroquiales que vinieran al rescate en el mercado doméstico.

Y es una lástima, porque Eclipse total es una grandísima película, con un alambicado esqueleto narrativo a tres tiempos y con una (otra) interpretación antológica de Kathy Bates. La dirección de Taylor Hackford huye de los efectismos e incluso consigue dotar de gran empaque estético a muchos de los planos de la cinta.

“Tírame del dedo, Kathy Bates, que ya verás qué cosa de risa voy a hacer”

Podría haber aspirado a cualquier temporada de premios de haber contado con mayor apoyo comercial

Si queréis sorprenderos con una gran adaptación de Stephen King, que pasó desapercibida en su momento y que hoy, tristemente, nadie reivindica, Eclipse total es vuestra película. Un melodrama rural sobre la fortaleza de una mujer maltratada que podría haber aspirado a cualquier temporada de premios de haber contado con mayor apoyo comercial.

Langoliers (1995)

Langoliers es una miniserie de 180 minutos, emitida en dos capítulos de 90 minutos en 1995 en la televisión americana. Está basada en el relato homónimo publicado por Stephen King en su antología Las cuatro después de medianoche. Y, vista a día de hoy, con su catástrofe aérea, sus supervivientes variopintos y su subtexto científico y religioso, resulta evidente que funcionó como uno de los referentes básicos para la concepción de Perdidos.

Casi todo funciona mal en Langoliers. Salvando a un solvente David Morse, el resto del reparto ofrece unas interpretaciones bastante deficientes (con mención especial a un Bronson Pinchot completamente perdido y sobreactuado). Los efectos especiales digitales son feos y están pésimamente integrados. Y si bien el punto de partida de la historia resulta atractivo e incluso fascinante, su resolución (al igual que en el relato original) es chapucera, tramposa y podría decirse que incluso improvisada.

– No seas malo y cántame la de Un mundo ideal, anda.
– Señora, le repito que no soy Serafín Zubiri.

Resulta evidente que funcionó como uno de los referentes básicos para la concepción de Perdidos

Con semejantes ingredientes, ni un artesano del género tan solvente como Tom Holland pudo hacer nada con su labor tras las cámaras. Así, Langoliers, es una de las producciones televisivas más olvidables de entre todas las basadas en la obra de Stephen King.

Thinner (1996)

Por suerte, el propio Holland podría desquitarse un año después gracias al estreno de Thinner. No es que la película fuera un éxito crítico o comercial (más bien todo lo contrario), pero lo cierto es que como espectador resulta complicado no percibir lo libre que el director se sintió rodándola y lo festivo de su tono pese a lo sombrío de su punto de partida.

Thinner narra la historia de un orondo abogado que, tras recibir una maldición gitana, ve cómo adelgaza sin remedio hasta terminar quedándose en los huesos. Y el trabajo de maquillaje para llevar a cabo esta ilusión es fabuloso hasta el punto de que resulta increíble que no obtuviera mayor reconocimiento en su momento.

Una cosa os digo, la película mejora mucho si imaginas que el gitano de la izquierda es Chiquito de la Calzada.

Así, Thinner termina siendo una fiesta absurda, una película que maneja tantos tonos distintos (incluso opuestos) dentro de la misma secuencia que uno no puede hacer otra cosa que no sea disfrutarla desde una perplejidad gozosa. Puede que Thinner no sea un plato para el gusto de todos, pero, si uno consigue coger el punto a su tono, se convierte en una atípica experiencia altamente recomendable.

El resplandor (1997)

Hubo algo que molestó a Stephen King incluso más que la poca fidelidad de la adaptación de El resplandor rodada por Stanley Kubrick en 1980. Y ese algo fue su éxito y su permanencia en el imaginario colectivo. Que Kubrick cogiera su obra, la prostituyera y además fuera esa revisión la que estuviera destinada a pasar a la posteridad enervó tanto al escritor que se sintió impelido a producir una nueva versión más a su gusto.

La miniserie, de tres capítulos de hora y media cada uno, estuvo protagonizado por una Rebecca de Mornay que aparecía en los créditos iniciales por delante de un Steven Weber que daba vida a Jack Torrance. Tras Sonámbulos y Apocalipsis, El resplandor fue el tercer trabajo conjunto de Mick Garris y Stephen King. Resulta fácil de comprender que King quisiera que la batuta la llevara alguien de su confianza, sobre todo teniendo en cuenta que fue él mismo el que produjo y escribió el proyecto, y que incluso volvió a reservarse un pequeño papel como actor. Lo que ya parece más complicado es entender qué buscaba Garris en un proyecto con el que solo podía perder. Y más cuando el espectador comprueba que muchas secuencias están planificadas del mismo modo que en la primera película.

Tú di que sí, Stephen. Que quede claro quien manda.

Una cosa es ritmo literario, y otra, ritmo visual. Porque no siempre la mejor adaptación es la adaptación más fiel.

El rodaje de los exteriores del Hotel Overlook se llevó acabo en el Hotel Stanley, fuente inspiración de Stephen King para su propia novela. Y los decorados de interiores fueron construidos para asemejarse al mismo. Pero, a pesar de la mayor fidelidad con respecto a su original literario, la versión noventera de El resplandor adolece de muchas carencias de ritmo, con infinidad de secuencias artificialmente alargadas, hasta el punto de durar un par de minutos más de lo que debieran. Y es que una cosa es ritmo literario, y otra, ritmo visual. Porque no siempre la mejor adaptación es la adaptación más fiel.

Verano de corrupción (1998)

En 1998, un Bryan Singer que venía de probar las mieles del éxito con Sospechosos habituales estrenaba Verano de corrupción, una película de terror psicológico basada en el relato homónimo de Stephen King.

Verano de corrupción es una película desagradable. Desagradable por sus dos monstruosos protagonistas, desagradable por su tono enfermizo, por su atmósfera cerrada, por lo oscuro de su trama y resolución. Verano de corrupción es una película sobre el poder pertubador de la narración, sobre el componente adictivo y destructivo de las historias. De algún modo, funciona como una especie de reverso tenebroso de Misery, con un personaje que se resiste a seguir narrando frente a otro que le obliga violentamente a ello. También como un coming of age especialmente perverso, en el que un joven recibe enseñanzas vitales de un anciano dispuesto a ayudarle. Al principio se odian, pero con el tiempo disfrutan del tiempo que pasan juntos y acaban forjando una bella amistad. Con un pequeño inconveniente: ambos son unos psicópatas.

Antes de cada toma me decían “Tú colócate ahí” Y yo, claro, obedecía.

Verano de corrupción es una película sobre el poder pertubador de la narración, sobre el componente adictivo y destructivo de las historias

En su momento, la repercusión de Verano de corrupción fue mucho menor de la deseada. Y la poca que obtuvo fue por una controvertida escena en unas duchas en las que se mostraba algún desnudo fugaz de menores de edad (la leyenda oscura de Bryan Singer comenzaba a forjarse). Y es una lástima, porque, más allá de alguna metáfora visual demasiado obvia, es una dignísima película, maravillosamente interpretada por un Ian McKellen que acababa de llegar a Hollywood y estaba dispuesto a quedarse y un Brad Renfro al que sus excesos con las drogas todavía no habían empezado a hacer mella.

La tormenta del siglo (1999)

La tormenta del siglo es el primer y único guión original de Stephen King concebido y publicado como tal, y terminó dando vida a una miniserie de más de cuatro horas emitida en la televisión americana. De hecho, probablemente, el producto televisivo más satisfactorio de todos los basados en la obra de King hasta la fecha.

Quizás por haber sido concebido para el medio desde su génesis, quizás porque la televisón ya estaba cambiando, volviéndose mucho más ambiciosa en lo formal, lo cierto es que La tormenta del siglo evita todas las deficiencias que lastraban las anteriores incursiones catódicas de King. La progresión narrativa es satisfactoria, el acabado formal más que notable, el trabajo de los intérpretes es correcto. Todo funciona a la perfección en esta mezcla entre el cine de catástrofes tan en boga en aquellos años y el típico drama sobrenatural ambientado en una pequeña comunidad tan propio del autor.

El famoso plano dirigido por J.J. Abrams en La tormenta del siglo.

Probablemente, el producto televisivo más satisfactorio de todos los basados en la obra de King hasta la fecha.

La historia, emparentada de algún modo con la de La tienda (población rural llena de secretos que termina explotando por la llegada de un misterioso desconocido) no ofrece nada nuevo, pero gracias a la solvente realización de Craig R. Baxley y al efectivo guión de Stephen King, el resultado es un notable producto que se ve con agrado.

La milla verde (1999)

Cinco años después del fracaso comercial de Cadena Perpetua, Frank Darabont se propuso volver a adaptar a Stephen King. Y quiso hacerlo jugando en el mismo terreno que había transitado en su trabajo previo. Porque La milla verde (adaptación de El pasillo de la muerte, novela publicada por entregas en 1995) volvía a ser un drama carcelario ambientado en el Estados Unidos de primera mitad de siglo (si en Cadena Perpetua la historia se iniciaba en 1947, en esta ocasión se ambientaba en los años 30) y gozaba del mismo carácter clásico tanto en su narrativa como en su tono.

Ahora bien, si en Cadena Perpetua el foco de la historia se ponía sobre los presos, en La milla verde el punto de vista corresponde a los funcionarios de prisiones. Y si Cadena Perpetua optaba por homenajear a Frank Capra, el espíritu que sobrevuela todo el metraje de La milla verde es el de Howard Hawks, con ese grupo de profesionales cuyas relaciones siempre terminan basculando en torno a su centro de trabajo. Grupo de profesionales (y de presidiarios) interpretados por un reparto memorable, en el que todos (salvo un irritante Sam Rockwell) brillan desde la sobriedad y la composición de los personajes.

Hay una versión de Brazzers, titulada La milla negra, que se basa en esta escena.

El espíritu que sobrevuela todo el metraje de La milla verde es el de Howard Hawks

Al contrario que Cadena Perpetua, La milla verde fue un colosal éxito de público desde el mismo momento de su estreno. Y tanto la crítica como la industria la consideraron inmediatamente como una de las producciones más destacadas de un año plagado de películas icónicas. A fecha de hoy, La milla verde es otra de las películas favoritas del espectador medio americano. Darabont volvió a conseguirlo, La milla verde es otro clásico contemporáneo.

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1 comentario

  • Buen artículo, una lástima que no aparezca nombrado el autor de los pies de foto en él, todos sabemos que usted no tiene gracia alguna, pero bueno.

    Desconocia la existencia de La Fosa Común y Algunas veces ellos vuelven, no recuerdo su emisión en tv o incluso verlas en el videoclub, como debían ser entonces. Y eso que soy gran seguidor del King audiovisual aunque no del literario.

    Mi favorita de este listado es Misery, yo siendo un preadolescente, sin acceso a revistas de cine y sin existir internet todavía, en definitiva sin saber nada de ella antes de encontrarse con esta maravilla una tarde en el canal + primigenio y no despegar la vista de la pantalla ante el acojonante duelo entre Bates y Caan. Uno de los últimos Oscar puros a mejor actriz antes de la llegada de Miramax y los interminables tours de autopromoción.

    Obviamente Cadena Perpetua y La Milla Verde son mejores películas, tanto en recursos y medios como en realización técnica pero el primer amor es el que marca.

    Verano de Corrupción es un puto misil. La típica película de mentor y alumno con la pequeña salvedad que ambos son unos sádicos hijos de puta. Magníficos McKellen y Renfro.

    Dolores Clairbone es una gran película, con tres actrices dando lo mejor de ellas. Lástima que pasara tan desapercibida.

    De Sonámbulos tengo buen recuerdo, aunque puede ser que mi enamoramiento con Mädchen Amick distorsione la realidad.

    La Tienda se queda en prácticamente un capítulo de Twilight Zone. Pero tiene a Max Von Sydow haciendo del Diablo, que demonios.

    Luego hay mucho bodrio con El Cortador de Césped, y su secuela ojo, a la cabeza. Un Brosnan pre-Bond haciendo el indio con el tonto del pueblo y un módem. Ridícula.

    La Mitad Oscura y Thinner bastante fallidas.

    Sobre las televisivas, It es el factor nostalgia en el peor caso, más allá de la imagen icónica de Curry no tiene nada a destacar. Aburrida y torpe.

    Tommyknockers es otro bodrio con aliens de plastilina. La máquina de coser que hace desaparecer gente es el mayor disparate de todos los tiempos.

    Apocalipsis es una obra muy ambiciosa que se entretiene en cosas muy aburridas. Muy mejorable. Warner ha intentado un par de veces sacarla adelante, es posible que tras It hagan la intentona definitiva. Curiosamente habían tanteado a Mateo para hacer de Randall Flagg. De qué me suena esto?

    Langoliers es La Mierda.

    El Resplandor again innecesaria y más larga que un día sin pan.

    La Tormenta del Siglo a pesar de ser muy larga es un producto muy digno. Me gusta la tensión de la escena de las piedras y luego el epílogo final.

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