Basado en una novela de Stephen King (70’s y 80’s)

Un repaso a las adaptaciones televisivas y cinematográficas de la obra del autor de Maine durante las décadas de los 70 y 80

La fructífera relación entre Stephen King y el cine vive un momento dulce. En un intervalo de mes y medio se estrenarán dos adaptaciones cinematográficas de obras claves de su carrera. It y, sobre todo, La torre oscura, son piezas angulares de toda su producción. A ambas películas debemos sumarle el estreno en Netflix de El juego de Gerald y la serie de televisión basada en Mr. Mercedes. Es por ello por lo que desde Cinéfagos consideramos oportuno hacer una extensa panorámica (en tres artículos) de las más importantes adaptaciones cinematográficas y televisivas de su obra.

Es más que probable que Stephen King sea el escritor que más adaptaciones cinematográficas de su creación haya visto en vida. El recuento total alcanza más de 240 películas, telefilmes, series de televisión y cortometrajes en los 42 años que abarca el intervalo entre 1976 y 2017. Para que el presente análisis conste de una extensión manejable, hemos optado por dejar fuera a series de varias temporadas y cortometrajes. Sí que estarán, en cambio, todas las películas estrenadas en cine, todas las miniseries y la mayor parte de los telefilmes, en una cifra que rondará las 50 obras. Pero comencemos por el principio…

1976 – Carrie

Cuando Stephen King escribió Carrie, vivía con su mujer en una caravana y alternaba su trabajo como suplente de profesor de literatura con turnos como encargado de una lavandería. La que comenzó siendo una historia corta para la revista Cavalier se terminó convirtiendo en la cuarta novela escrita por King, y la primera en publicarse y adaptarse al cine. Lo que no deja de ser paradójico si tenemos en cuenta que, tras escribir las tres primeras páginas (la ya famosa escena de las duchas), King tiró el manuscrito a la basura. Fue su esposa Tabitha la que las rescató y obligó al escritor a continuar su trabajo. Carrie es uno más de los coming of age que pueblan la obra de su autor, con la característica de ser el primero escrito desde un punto de vista puramente femenino.

Tiene la misma mirada que aquella chica que era muy fan de Paco González.

Tras escribir las tres primeras páginas (la ya famosa escena de las duchas), King tiró el manuscrito a la basura

Cuando Stephen King aprovechó para reflexionar sobre toda su carrera, en su autobiografía Mientras escribo, reconoció que había sido un escritor con la suerte de que un gran director comprara su primera novela para hacer una gran película. Y que gracias a ello todo había sido más fácil. King se refería a Carrie. Y a pesar de, quizá, pecar de falsa modestia, no le faltaba razón.

Porque Carrie es una película ampliamente reconocida como obra mayor dentro de la filmografía de Brian de Palma. Carrie fue nominada a dos premios Oscar (mejor actriz y actriz secundaria) y fue un gran éxito comercial (33 millones de dólares de la época). Fue, también, la película que puso en el escaparate a John Travolta un año antes de Fiebre del sábado noche y dos antes de Grease. Y la primera en incluir un jump scare sorpresa como epílogo, técnica posteriormente repetida hasta convertirse en un tópico más del género.

Vista hoy en día, Carrie adolece de una estética y una fotografía demasiado ancladas en su época, pero la puesta en escena de Brian De Palma (que ya venía de mostrar interés por la telequinesis en su película inmediatamente anterior, La furia) le permite sobreponerse de ese y otros defectos. Un De Palma tan hitchcockiano como acostumbraba, tanto en lo más superficial (la referencia a los violines de Psicosis, asociados en la banda sonora a los poderes telequinéticos de la protagonista) como en lo meramente formal (la planificación y dilatación temporal de la escena previa al clímax de la fiesta).

Claro ejemplo de película que vale lo que vale el trabajo de su director, Carrie fue un estupendo modo de iniciar la productiva relación entre el cine y Stephen King.

1977 – El misterio de Salem’s Lot

Mientras impartía un curso de Fantasía y Ciencia Ficción en la Academia Hampden, Stephen King se planteó qué sucedería si Drácula hubiera llegado a los Estados Unidos de 1970. Y ese fue el punto de partida para El misterio de Salem’s Lot (originalmente titulada Second Coming), la segunda novela publicada por King y la primera de ellas protagonizada por un escritor, y, sin lugar a dudas, su primera gran obra. Grande en resultados y, sobre todo, en ambición. El propio autor rescataría a varios de sus personajes, que volverían a aparecer en la saga de La torre oscura, It, El ciclo del hombre lobo o Apocalipsis. Y ese Salem’s Lot es una de las grandes creaciones geográficas de King, a la altura de Derry o Castle Rock.

Inolvidable Ramón García, con su inseparable capa, dando las campanadas desde la Puerta del Sol.

Stephen King se planteó qué sucedería si Drácula hubiera llegado a los Estados Unidos de 1970

La adaptación de El misterio de Salem´s Lot también fue ambiciosa. El formato elegido fue el de miniserie, para poder dar cabida en toda su magnitud a la novela. Y el escogido para dirigirla fue un Tobe Hooper que había revolucionado el género del terror con La matanza de Texas apenas cinco años antes.

El problema fue que los medios proporcionados no estuvieron a la altura de su ambición. Así, pese a contener un buen puñado de escenas icónicas (esos camioneros transportando una caja misteriosa, ese niño vampiro flotando al otro lado de la ventana), su pulso global adolece de cierta anemia narrativa, sobre todo en el primero de sus dos capítulos.

Cabe señalar que en España se estrenaría en cines cinco años después de su emisión televisiva estadounidense. Lo haría, eso sí, con un metraje recortado y bajo el título de Phantasma 2, intentando hacerla pasar por la secuela del clásico de Don Coscarelli; película con la que, por supuesto, no tenía absolutamente nada que ver.

1980 – El resplandor

Tras los éxitos de Carrie y El misterio de Salem’s Lot, ambas ambientadas en pequeñas comunidades de Nueva Inglaterra, Stephen King decidió que debía pasar un año fuera de Maine para poder dotar de un cambio de narrativa a su siguiente libro. Así que se mudó al estado de Colorado junto con su esposa Tabitha y sus dos hijos: Naomi y Joe. Tras llevar varios meses allí, Tabitha y King decidieron tomarse unas pequeñas vacaciones sin niños y así fue como dieron con el Hotel Stanley, a los pies del Parque Nacional Rocky Mountain. La noche del 30 de octubre de 1974, el matrimonio King fue el único huésped de un hotel que, además, contaba con sus propias leyendas sobrenaturales. Cenaron en su Gran Comedor completamente solos. “Con excepción de nuestra mesa, todas las sillas estaban encima de las mesas. Mientras cenábamos, la música grabada hacía eco en los pasillos. Fue como si Dios me hubiese puesto allí para escuchar y ver esas cosas”, confesaba el propio escritor años más tarde. Esa misma noche, y tras una pesadilla ambientada en el hotel que involucraba a su hijo, King ya tenía toda la novela en su cabeza.

“Tú dirás que no, pero aún no hemos llegado al hotel y creo que papá ya va regular”

Una película compleja, poliédrica, plagada de significados ocultos, referencias e indicios subliminales

La versión de El resplandor, dirigida por Stanley Kubrick en 1980, es, probablemente, la adaptación de la obra de Stephen King con mayor influencia en la cultura popular. Es una película compleja, poliédrica, plagada de significados ocultos, referencias e indicios subliminales. Es, además, un prodigio de dirección y una película que sigue dividiendo a los aficionados, que, a fecha de hoy, continúan discutiendo acerca de las verdaderas intenciones de su autor. Y King la odia. Entre otras cosas, porque el propio Kubrick desechó el guión inicial escrito por el autor para la película; guión que terminaría escribiendo el propio director junto con Diane Johonson, que terminaría diciendo que en su trabajo no había tenido ningún escrúpulo en destrozar la novela original, por ser consciente de que no era ninguna obra de arte.

El resplandor terminaría siendo un éxito de público (recaudó 44 millones de dólares solo en su exhibición doméstica, más del doble de su coste, y estuvo entre las 15 películas más taquilleras de su año), pero la recepción crítica fue muy tibia, casi negativa, y acabaría obteniendo dos nominaciones a los Razzies (peor actriz y director) y ninguna al Oscar (Kubrick no se iba de vacío de las nominaciones a los Oscar desde Senderos de gloria, en 1957).

1982 – Creepshow

Y si Tobe Hooper ya había adaptado a Stephen King en El misterio de Salem’s Lot, George A. Romero, otro de los grandes revolucionarios del cine de terror durante la última década, no iba a perder la oportunidad de sumarse a la fiesta. Creepshow fue el vehículo articulado para unir a King y a Romero. Una película compuesta por cinco segmentos independientes, dos de ellos escritos por King (The lonesome death of Jordy Verrill y The crate). De hecho, el mismo King protagoniza la primera de ellas. Hubo una época en la que el escritor insistía en aparecer como actor en casi todas sus adaptaciones, pero su escaso talento al respecto hizo que terminara renunciando a esa carrera paralela.

Qué gran programa Alaska y Mario.

Una pequeña farsa con gramática de cómic que no termina de dar miedo ni de ser realmente graciosa en ningún momento

Creepshow es un curioso homenaje a los cómics de terror de los años 50, interpretada por grandes actores como Ed Harris, Ted Danson, Hal Holbrook o Leslie Nielsen. Una pequeña farsa con gramática de cómic que no termina de dar miedo ni de ser realmente graciosa en ningún momento. Un entretenimiento menor que logró cierto reconocimiento de culto hasta el punto de generar dos secuelas, una serie de televisión y varias adaptaciones al cómic.

1983 – Cujo

 Stephen King escribió Cujo en un momento de su vida en el que tenía vicios y era bastante de recogerse tarde. De hecho, el propio autor reconoce en su autobiografía que no recuerda haber escrito ni una sola página de esa novela, que sus recuerdos de aquella época tenían más que ver con “botellas vacías, cucharillas para esnifar cocaína y hemorragias nasales”. Él mismo cree que esta historia de una familia encerrada en un coche mientras un perro rabioso acecha fuera fue un modo indirecto de hablar de todas sus adicciones.

Todos nos hemos levantado un poco como Cujo algún que otro domingo.

Todo funciona a la perfección en esta mezcla entre Beethoven y Un día de furia: la tensión, la claustrofobia, la violencia, el suspense, el terror

Todo ello no ha impedido que Stephen King comentara en multitud de ocasiones que Cujo es una de sus adaptaciones al cine favoritas. Y no le falta parte de razón. La película, dirigida con mano de hierro por Lewis Teague (que venía de rodar La bestia bajo el asfalto, otra película de terror con animales) y fotografiada por un tipo del talento de Jan de Bont (futuro fotógrafo de Jungla de cristal o Instinto básico, futuro director de Speed) ofrece un buen puñado de escenas fantásticamente rodadas y un manejo de la tensión ejemplar. Es, además, lo suficientemente inteligente como para ofrecer una progresión narrativa interesante durante una primera hora que nada tiene que ver con lo que el público está buscando, esto es: una mujer, un niño, un coche y un San Bernardo.

Y, para cuando llega ese tercer acto, todo funciona a la perfección en esta mezcla entre Beethoven y Un día de furia: la tensión, la claustrofobia, la violencia, el suspense, el terror. Y el calor. Pocas películas pueden presumir de haber reflejado tan bien, tan físicamente, la sensación de calor asfixiante. Todo ello convierte a Cujo en una de las películas más injustamente olvidadas de las adaptaciones al cine de las novelas de Stephen King.

1983 – La zona muerta

En 1979 Stephen King escribiría la que hasta la fecha era su obra más política. En La zona muerta, el autor defendía el magnicidio como herramienta ciudadana válida contra el mal mayor. El terrorista se convertía en el héroe. El punto de partida era tan potente que con el tiempo no solo ha dado lugar a la presente película, sino también a una serie de televisión homónima en 2002 y a una telenovela brasileña titulada O Profeta en 2006.

Cuando tienes un paluego pero no un palillo.

En La zona muerta, el autor defendía el magnicidio como herramienta ciudadana válida contra el mal mayor

Hollywood tardó cinco años en atreverse a llevar semejante argumento a la gran pantalla. Y, para cuando lo hizo, la responsabilidad recayó sobre un canadiense con fama de loco. A David Cronenberg le tocaba abandonar su habitual tratamiento de las deformidades de los cuerpos para centrarse en las deformidades de la percepción.

El caso es que Cronenberg logra, en La zona muerta, una película que comparte el don de la clarividencia de su protagonista. Al menos durante una primera mitad siniestra y oscura que se adelanta en casi una década a la gramática y la estética que predominarían en los psycho thrillers de los 90. Y, durante su tercer acto, Martin Sheen compone una especie de gemelo malvado del Josiah Bartlet que interpretaría en El ala oeste de la Casa Blanca entre 1999 y 2006.

La zona muerta es, finalmente, una película bastante irregular. Correcta durante su primer acto, brillante durante el segundo y bastante desdibujada en su desenlace.

1983 – Christine

El 29 de abril de 1983 Stephen King publicó Christine, una novela sobre un coche Plymouth Fury del 58 poseído por fuerzas malignas que primero seduce a un joven para después intentar matarlo. Apenas siete meses después, el nueve de diciembre de 1983, se estrenaba en cines la película correspondiente. El encargado de dirigirla fue un John Carpenter recién salido del desastre económico que había supuesto La cosa tan solo un año antes.

Es como una precuela de Cars en la que los coches le hacen esto a los humanos.

La puesta en escena clásica, inteligente y efectiva, tan propia del director, hace que Christine no haya envejecido un ápice

El punto de partida de Christine no era especialmente novedoso. Ya en 1977 se había estrenado una película titulada The car que partía de una premisa similar, reciclada, a su vez, de un episodio de La dimensión desconocida titulado You drive. Y la película de Carpenter tampoco pretende revolucionar nada. La puesta en escena clásica, inteligente y efectiva, tan propia del director, hace que Christine no haya envejecido un ápice, que nada chirríe en ella. Así, el espectador se encuentra frente a un nuevo coming of age, tan propio de la obra de Stephen King, en la que los miedos propios de la adolescencia (al cambio, al rechazo, a las relaciones) se canalizan mediante la presencia de un auto diabólico que no es sino una mera excusa que permite desarrollar la trama. Puede que, vista en perspectiva, Christine sea un Carpenter menor, pero también es, sin duda, un entretenimiento más que digno.

1984 – Los chicos del maíz

Los chicos del maíz es el primero de los relatos cortos escritos por Stephen King adaptado al cine en forma de largometraje. Concretamente este fue publicado en 1977 dentro de la antología titulada El umbral de la noche y mostraba bastantes similitudes (al menos en su punto de partida) con ¿Quién puede matar un niño?, la película dirigida por Chicho Ibáñez Serrador apenas un año antes.

Tío Pepe.
Sol de Andalucía embotellado.
González Byass.

Los chicos del maíz es una película tramposa, efectista y, por encima de todo, aburrida hasta la náusea

Los chicos del maíz fue una película con espíritu de serie B que fue adquiriendo el rango de título de culto casi desde el momento de su estreno. Nada hacía presagiar la gran acogida que tuvo esta película: ni su desconocido equipo técnico y artístico (Linda Hamilton aún no había estrenado Terminator), ni lo escuálido de su presupuesto (apenas 800.000 dólares) ni lo modesto de sus pretensiones. Pero la realidad es que recaudó quince millones de dólares a su paso por las salas americanas y generó toda una franquicia con siete secuelas.

El culto de esta película resulta completamente incomprensible visto a fecha de hoy. Los chicos del maíz es una película tramposa, efectista y, por encima de todo, aburrida hasta la náusea. El relato del que parte no da para sus eternos 92 minutos de metraje. Y eso, además, hace que el guión pierda constantemente el foco de la narración hasta llevarla a un desenlace anticlimático que intenta remontar con un susto final muy similar al ofrecido por Brian De Palma en Carrie. Así, para el recuerdo, no quedan más que la fuerza telúrica que consiguen transmitir ciertos planos y un reparto de niños con algún componente bastante inspirado.

1984 – Ojos de fuego

Y si Los chicos del maíz fue la adaptación de Stephen King barata pero de culto de 1984, Ojos de fuego fue su reverso. Una producción ambiciosa (quince millones de dólares de presupuesto), protagonizada por la niña de moda del momento (una Drew Barrymore recién salida del set de ET), con un actor de prestigio como Martin Sheen como antagonista y con un par de oscarizados intérpretes (George C. Scott y Louise Fletcher) en papeles secundarios.

Si los borrachos y los niños siempre dicen la verdad, he aquí a la persona más sincera del Hollywood de los 80.

Ojos de fuego terminaría siendo un fracaso moderado, comprensible por lo impersonal y poco inspirado de su historia

Stephen King publicó Ojos de fuego en 1980, inspirado en el escándalo de la Operación MK Ultra, un programa de la CIA que investigaba el control mental por medio de la administración de drogas peligrosas a sujetos desinformados. El resultado literario no fue demasiado notable, y hoy en día permanece en el recuerdo como una especie de variación sobre los mismos temas de telequinesis y feminidad que el autor ya había tratado en Carrie.

Ojos de fuego terminaría siendo un fracaso moderado, comprensible por lo impersonal y poco inspirado de su historia, interpretaciones y puesta en escena.

1985 – Los ojos del gato

Los ojos del gato volvió a reunir a Stephen King con el director Lewis Teague tres años después del estreno de Cujo. La película era, al igual que Creepshow, una recopilación de pequeñas historias terroríficas, solo que mientras que en esa el hilo conductor era un viejo cómic de terror, en esta ocasión el nexo de unión entre las distintas tramas era la presencia de un gato callejero. También el tono variaba, dado que las historias de Creepshow eran más cercanas al tono de episodios de La dimensión desconocida, mientras que las de Los ojos del gato (al menos las dos primeras) tenían más que ver con el de capítulos de Alfred Hitchcock presenta…

A pesar de que en los 80 era más normal verla con el mono, en esta película Drew Barrymore estaba con el gato.

Una película realizada sin ningún tipo de pretensiones más allá de las del puro entretenimiento

El metraje de Los ojos del gato está plagado de homenajes obvios a la obra de Stephen King: Cujo y Christine tienen un cameo, Drew Barrymore vuelve a interpretar un papel, el personaje de James Woods ve la película de La zona muerta, otro de los personajes está leyendo Cementerio de animales… Este tono cómplice y paródico no está reñido con el buen nivel que alcanzan, al menos, las dos primeras historias. La realización de Teague y la partitura de un joven Alan Silvestri consiguen elevar el nivel de una película realizada sin ningún tipo de pretensiones más allá de las del puro entretenimiento.

1985 – Miedo azul

En 1983, Stephen King publicó una pequeña novela, El ciclo del hombre lobo, que surgió cuando alguien le preguntó si podría escribir doce breves capítulos sobre un hombre lobo, para poder publicarlos conjuntamente con un calendario. El proyecto fue creciendo y al final terminaría editándose como libro junto a ilustraciones del dibujante de cómics Bernie Wrightson.

Como ya nos enseñaron Miedo azul y cantante de Tennessee, en los 80 no estaba reñido ir en silla de ruedas y ser cool.

 A pesar de su pésima recepción crítica y de lo rápido que ha caído en el olvido, Miedo azul es una película notable

En 1985, Dino De Laurentiis (hombre habitual en las películas basadas en la obra de Stephen King durante esta década) produjo Miedo azul, la adaptación cinematográfica de esa novela, protagonizada por sospechosos tan habituales del cine juvenil de terror de los ochenta como Gary Busey, Corey Haim o Terry O’Quinn. Y el caso es que, a pesar de su pésima recepción crítica y de lo rápido que ha caído en el olvido, Miedo azul es una película notable. Con las mismas virtudes y defectos que otras de su tiempo hoy en día mucho más mitificadas. Un coming of age rural, nostálgico, con su punto de sorpresa y ese terror completamente inofensivo que tanto gustaba al público de la época. Un título a redescubrir.

1986 – La rebelión de las máquinas

Para su debut en la dirección, Stephen King escogió llevar a la pantalla Camiones, un relato corto publicado en su libro El umbral de la noche, que contaba cómo el paso de un cometa cerca de la tierra generaba que todos los aparatos eléctricos cobraran vida y se unieran para atacar a la especie humana. El resultado de dicho debut fueron trece millones de dólares de pérdidas, dos nominaciones a los Razzies (incluida la de King como peor director) y que varios años después el propio autor pidiera disculpas en reiteradas ocasiones por el desaguisado cometido.

Imagino al extra de detrás de Emilio Estévez diciendo “Ta la cocha mu’ mala”

Una película que, más allá de su tosca realización o acabado visual, comete el peor pecado de todos, ser rematadamente aburrida

Porque La rebelión de las máquinas (película, por cierto, completamente musicada por AC/DC) es el claro ejemplo de cinta que hubiera dirigido cualquier white trash sin ningún conocimiento de narrativa (algo que sorprende, viniendo de quien viene), una especie de versión paleta de El diablo sobre ruedas. Un título que más allá de su tosca realización o acabado visual, comete el peor pecado de todos, ser rematadamente aburrida. Pareciera como si el autor creyera que bastaba con encerrar en un espacio reducido a varios personajes con distintos caracteres y motivaciones (otra de sus constantes) para que la tensión y el conflicto resultantes hicieran el resto. Y no. Evidentemente no.

1986 – Cuenta conmigo

Y de una de las peores adaptaciones al cine de la obra de Stephen King a una de las indudablemente mejores. En Cuenta conmigo, Rob Reiner dirigió la adaptación de un relato largo (o novela corta) publicada por King en el recopilatorio Las cuatro estaciones (libro que también contenía los relatos que dieron lugar a Cadena perpetua o Verano de corrupción). Y se convirtió, inmediatamente, en un título adorado por el público (especialmente estadonunidense). Fue una de las quince películas más taquilleras de su año y logró una nominación al Oscar al mejor guión adaptado. Ofreció, también, la interpretación que convirtió en estrella al malogrado River Phoenix (que se inició en su adicción a la marihuana durante su rodaje y promoción). Y fue, por último, la película que hizo posible la que luego se convertiría en una de las series más importantes de su década, Aquellos maravillosos años, estrenada apenas dos años después y deudora de Cuenta conmigo en temas y tono.

“Mira, River, el Viper Room, me han hablado guay de ese sitio…”

Cuenta conmigo es el coming of age definitivo del autor que más y mejores comings of age ha escrito en las últimas décadas

Cuenta conmigo es el coming of age definitivo del autor que más y mejores comings of age ha escrito en las últimas décadas. La película retrata fielmente el mundo de miedos, dudas y certezas que asolan a un niño, a cualquier niño, en ese momento en que la infancia muere a manos de la adolescencia. Porque otra de las virtudes de Cuenta conmigo (más allá de su cuidado formal y pulcritud narrativa) es lo universal que resulta incluso partiendo de una historia aparentemente local. Fue esa sinceridad, y esa falta de paños calientes, lo que hizo que la película fuera clasificada R en su exhibición en cines en Estados Unidos. Así, la industria determinó que los niños no estaban preparados para poder presenciar una historia carente de cualquier componente sensacionalista o sobrenatural. Esa historia de niños solo pudo ser vista por adultos.

1987 – Creepshow 2

Tras el éxito del primer Creepshow, era cuestión de tiempo que Stephen King y George A. Romero volvieran a reunirse para preparar una secuela. En esta ocasión, King escribió las historias, Romero las guionizó y Michael Gornick (el director de fotografía de la primera entrega) tomó las riendas de la dirección.

Al mirar el cielo azul a Cupido descubrí,
disparaba con sus flechas pero el blanco ni le vi.
Tal vez yo o tal vez tú, tal vez a ti te alcanzarán,
pero ya te darás cuenta pues se clavan de verdad.

El fragmento de La balsa forma parte de lo más inquietante y abstracto jamás rodado sobre un texto de Stephen King

El hilo de unión de las tres historias que narra Creepshow 2 está presentado en dibujos animados, con la excepción del prólogo y el epílogo, en los que el especialista en maquillaje y efectos especiales Tom Savini interpreta al personaje de The creep.

La calidad de los segmentos, como suele ser habitual en este tipo de películas, es irregular, pero lo cierto es que el fragmento de La balsa forma parte de lo más inquietante y abstracto jamás rodado sobre un texto de Stephen King. Las otras dos historias, El viejo jefe Cabeza de Madera y El autoestopista, son simplemente correctas, aunque cabe mencionar que la segunda es un claro antecedente de la saga Sé lo que hicisteis el último verano, que triunfaría en las taquillas una década después.

1987 – Perseguido

Entre 1977 y 1982, la producción literaria de Stephen King fue tan extensa que tuvo que publicar una serie de libros bajo el pseudónimo de Richard Bachman. El fugitivo, una especie de primera versión de Los juegos del hambre, fue la primera de ellas en ser adaptada al cine, con el título de Perseguido.

Director de Segunda Unidad: Jose Luis Moreno

Una película que, vista hoy en día, no hace sino poner en valor las distopías de ciencia ficción que tan bien rodó Paul Verhoeven durante esos años

La primera señal de que los productores (uno de ellos, el mismísimo Rob Cohen, futuro creador de la saga A todo gas) no pensaban hacer una adaptación demasiado fiel a la novela fue que contrataran a Arnold Schwarzenegger para protagonizarla. Y, evidentemente, Perseguido terminó teniendo muy poco que ver con El fugitivo, pues se convirtió el típico subproducto barato para lucimiento de Schwarzenegger (un héroe falsamente acusado por hacer lo correcto) tan de finales de los 80. Una película que, vista hoy en día, no hace sino poner en valor las distopías de ciencia ficción que tan bien rodó Paul Verhoeven durante esos años; porque ese falso 2017 que Perseguido pretende denunciar termina siendo, en realidad, la húmeda fantasía que disfruta presenciando el espectador al que va dirigido la propia película. Esto es, justo lo contrario de lo que pretendidamente buscaba esta versión de Network para camioneros. Un verdadero desastre.

1989 – Cementerio viviente

En 1983, y fuertemente inspirado por el cuento La pata de mono, de W.W. Jacobs, Stephen King escribe una de sus mejores novelas, y, probablemente, la más perturbadora de todas: Cementerio de animales. La adaptación cinematográfica de la misma se retrasó hasta cinco años, debido al carácter de varios de sus pasajes, que incluían violencia explícita sobre un bebé.

El joven Froilán fue un niño normal que disfrutaba de las travesuras propias de la edad.

Cementerio viviente es una película muy perturbadora en su reinterpretación del mito de Prometeo

Para cuando la película se estrenó, resultó ser un fiasco para la crítica y todo un éxito de público, lo que la llevó a recaudar más de cinco veces su coste. Y, en esta ocasión, el público acertó. Cementerio viviente es una película muy perturbadora en su reinterpretación del mito de Prometeo y el guión, del propio Stephen King, muy inteligente en la dosificación de información, sustos y momentos de desahogo durante sus dos primeros actos. Puede que la realización de Mary Lambert no haya envejecido del todo bien, y que la película parezca bastante más barata de los once millones de dólares que costó, pero su valentía a la hora de plasmar en imágenes semejante pesadilla merece todos los elogios.

 

 

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