Better Call Saul (AMC), abogado del diablo

Vince Gilligan recupera al personaje más carismáticos de Breaking Bad, para estrenar la que se considera una de las series clave del año

Los primeros compases de Better Call Saul comienzan con un breve retrato de la nueva vida de Saul Goodman, trabajador en una cadena de comida rápida en el Medio Oeste de los Estados Unidos. El blanco y negro dota a la escena de esa melancolía y depresivo estado de ánimo del personaje, interpretado por Bob Odenkirk (Nebraska, Fargo), y deja ver en una última imagen de su prólogo la añoranza del tiempo pasado: Goodman rememora en la pantalla de su televisor los spots publicitarios en los que se anunciaba como estandarte defensor de villanos y bellacos. Se cierra así la introducción, y nos desplazamos en el tiempo para encontrarnos a un Saul que ahora es sólo Jimmy McGill, un abogado cualquiera intentando sobrevivir con su oficio seis años antes de que en Alburquerque apareciera Heisenberg y su meta azul.

Cuando Vince Gilligan (Breaking Bad) anunció a medios de publicación norteamericanos que el personaje de Saul Goodman iba a tener una serie de televisión propia, a muchos nos asaltó el escepticismo e incluso diría la desaprobación. A lo largo de la historia de la televisión pocas veces ha funcionado sacar a un personaje secundario de su medio natural para otorgarle total protagonismo, y mucho menos cuando ese secundario tiene tanta importancia en el producto original.

Better Call Saul 2 Bob Oderkirk Michael McKean

Una de las principales sombras de la nueva serie de AMC es un elenco de secundarios que no consiguen dar réplica al personaje interpretado por Bob Odenkirk

De hecho, si miramos atrás para encontrar un spin off que no haya perdido la batalla frente a su predecesor, sólo se me ocurre destacar Frasier, que partía de esa mítica Cheers nacida a principios de los 80. En los episodios protagonizados por Frasier Crane (interpretado por Kelsey Grammer, Boss) podíamos disfrutar de ese humor inteligente sustento en la construcción y profundidad de sus personajes secundarios. Lejos de valorar la trama de Better Call Saul, de la que sólo contamos con cinco episodios, tenemos que subrayar como carencia más notables el nivel de las figuras que coprotagonizan la historia de James McGill. Estos son personajes en apariencia planos, cuyos problemas y temores rara vez arranca en nosotros un ápice de empatía. Y esto perjudica seriamente el dinamismo del relato. Las apariciones de Kim –interpretado por Rhea Seehorn-, colega y confidente del protagonista, y por otro lado Chuck (Micheal McKean, El ladrón de palabras), hermano mayor de McGill, deberían ser los encargados de guiar al personaje de Odenkirk, dar información sobre éste y avivar su anunciado cambio, pero ya sea por el carácter de los secundarios o por lo poco acertado de sus diálogos, se convierten sólo en los protagonistas de los momentos más tediosos de la serie.

La nueva serie de Gilligan y Peter Gould (creador del personaje de Saul Goodman y showrunner de la serie) pretende sobrevivir en sus primeros compases copiando sin disimulo las características que forjaron el sello personal de Breaking Bad. En primer lugar su estilo visual, que produce la sensación de vivir una extensión de su predecesora –y por consiguiente del Tarantino de Pulp Fiction– mediante la búsqueda de diferentes ángulos de cámara, la composición de sus planos, los numerosos montajes musicales o algún artificio técnico. De hecho el abuso de este último recurso va en detrimento de lo que podía haber sido una dirección más elegante y comedida, que no entorpeciera tan gratuitamente la narración -como ejemplo queda la escena del hermano de McGill y el hurto del periódico en el cuarto episodio de la temporada-. Y lo que es peor, la premisa argumental. No podemos más que sacar similitudes en las motivaciones de James McGill con las que otrora Walter White poseía,  ya que ambos necesitaban salvar su deficiencia económica, combatir los problemas de su propio hogar o dignificarse frente a unos compañeros de trabajo que no hacen más que infravalorados.

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Better Call Saul copia el estilo y estructura de Breaking Bad, pero sustenta la acción en el humor negro y afilado discurso de Saul Goodman

Pero, ¿con esto queremos decir que Better Call Saul es hasta el momento una serie fallida? Pese a los elementos citados anteriormente, la nueva serie de AMC Studios es altamente disfrutable, un interesante pasatiempo que no pide esfuerzos al espectador y propone únicamente el entretenimiento como eje en las desventuras de este abogado carente de ética. El humor negro que caracteriza a Goodman y sus divertidas analogía para desarticular a sus enemigos forman parte de lo mejor de la serie, además de unos momentos de tensión notablemente conducidos. Son aspectos que también manejaba su predecesora pero que en este caso se ven potenciados significativamente.

En resumen, después de que los acordes de Baby Blue cerraran una de las series de televisión más exitosas de los últimos tiempos, Gilligan decide no arriesgar demasiado, y nos trae una continuación del universo de Breaking Bad con Better Call Saul, la cual llega al ecuador de su primera temporada con tantas luces como sombras, pero manteniendo al gran número de espectadores a base de guiños, humor negro y buen ritmo. Y lo que es más importante, nos propone descubrir la historia de cómo James McGill llega a convertirse en el eficiente abogado de Walter White.

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    • Tengo la impresión de que la serie, siguiendo esta línea, continuará cosechando audiencia…No hago más que leer opiniones positivas, sin pega alguna…y si por casualidad llega el momento en que los espectadores comienzan a marcharse, sacarán la artillería pesada, que son cameos a discreción…ya se ha visto el recurso fácil con (¡SPOILER!) Tuco Salamanca…¿y dónde están Jesse, Walter, Hank y Gustavo? Pues eso, guardados en una caja.

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