Blackhat, sólo los amantes sobreviven

Michael Mann se alía con Chris Hemsworth para este sugerente (y romántico) thriller de la era digital

Thriller vibrante, contemporáneo... y romántico

10 Dirección
7 Guión
9 Retrato de la metrópolis contemporánea
9 Retrato de la era digital
8.8

En un fotograma de este laberinto digital llamado Blackhat, los ojos de un inminente cadáver contemplan (si no me equivoco) la AIA Tower, símbolo del desarrollo económico de Hong Kong, metrópolis que persigue el equilibrio entre la tradición asiática y los vampíricos algoritmos del capitalismo occidental.

Que además la imagen consiga ser un eco del 11-S explica muchas cosas del director de esta película. Da igual que se trate de gotas de agua que preceden a un tiroteo, amantes sobre una cama sacada de un cuadro de Edward Hopper o el despegue del jet de nuestros protagonistas (supervivientes, por supuesto; no podían ser de otra forma viniendo del autor de Collateral). Sí, algunos directores dirigen momentos. Michael Mannsimplemente, los crea.

La evolución de un esteta como Michael Mann resulta interesante. Desde los convencionalismos de Manhunter y las tres horas de su fundacional Heat, el director americano parece decidido a tomar el camino más incómodo, la total confianza en las imágenes para sintetizar tragedias y personajes. Su última película, la arriesgada Enemigos Públicos, apostaba por esa aparente frialdad, convirtiéndose en un producto áspero que no llegó a calar en el gran público pese a contar con las dos últimas grandes interpretaciones de Johhny Deep y Christian Bale, actuaciones contenidas, plagadas de matices en una textura digital que daba una nueva vida al cine de policías y ladrones.

(Breve paréntesis: la muerte de lo analógico frente a lo digital parece preocupar últimamente a celebrities como Tarantino o Nolan. A Mann, lo digital o lo analógico, directamente, no le importa).

chris-hemsworth-blackhat-movie

Seis años desde Enemigos Públicos (y el piloto de la serie Luck de la HBO, cancelada de forma apresurada en su primera temporada) daban para mucho. En Estados Unidos las críticas destrozaron en su estreno a Blackhat tildándola de aburrida, convencional (!) o simplemente irrelevante(!!).

Las sospechas se disipan al cabo de unos minutos. Blackhat es el Mann más pertinente, aquel que (re)descubre al espectador La Ciudad del siglo XXI (ya sea un Miami corrupto o una desarticulada Los Ángeles): luces de neón, organizaciones de seguridad y vigilancia, redes secretas de mercenarios, funcionarios traicionados por sus propias burocracias, compañías dueñas de la bolsa de los mercados internacionales… Uno se atrevería a decir que los policiales de Michael Mann (incluyendo la descomunal El Dilema), son, de alguna manera, películas bélicas; de una forma u otra todas tratan de la gran guerra urbana, social y corporativa, que sacude nuestro mundo, minuto a minuto, en silencio, sin llegar a anunciarse nunca en el telediario de las tres.

Para bien o para mal, Blackhat termina siendo un corolario de todas las obsesiones del director. La violencia no se oye, golpea. Los sonidos de los disparos en las películas de Mann son únicos. En esta ocasión se añade ahora el particular crujido seco de los destornilladores empalando cuerpos. Nadie está a salvo.

Los protagonistas de Blackhat son lacónicos, profesionales hasta la médula, pero extrañamente románticos. Qué curioso que en un cine aparentemente frío como el de Michael Mann el amor (o la falta de él) acabe siendo el motor por el que se terminan moviendo todas sus historias (nota personal: casi todos los personajes femeninos de Michael Mann tienen ascendencia de tribus america nativas:  ¿Simple casualidad?)

En su arrebatador epílogo, Blackhat se atreve a lanzar un mensaje ligeramente esperanzador, el reverso del final que Robert de Niro nunca llegó a atisbar en Heat. Al final, sólo los amantes que permanezcan juntos serán capaces de encontrar una salida, parece decirnos el director. Sólo los amantes que sobrevivan.

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