Blade Runner y el cine negro

Hoy se cumplen treinta años del estreno de Blade Runner. En vez de preparar una crítica, hemos decidido homenajear a este clásico reivindicándolo como la última gran película de cine negro clásico.

Muchos son lo que claman que la ciencia ficción como género cinematográfico no existe, pero no se dice en tono despectivo. Ahora mismo tengo sobre mi cabeza una estantería que acoge una colección de películas que vendió El País hace unos años sobre cine de ciencia ficción. Viendo los títulos, imagino que a todo el mundo se le puede ocurrir un género propiamente dicho en el que encasillar estas películas. Alien es un película de terror, Terminator es una película de acción, Mars Attacks! es una comedia, y así podemos seguir con todas. La ciencia ficción es un acompañamiento, es un envoltorio con el que rodeas el film, pero la manera en la que es usada por cada director o guionista es totalmente personal, no está sujeta a unos códigos rígidos. Uno de los rasgos más destacados de este “género” cinematográfico es su crítica social implícita y distópica, pero podremos comprobar que muchas producciones solo pretenden divertir a los espectadores.

No es el caso de Blade Runner. La película dirigida por Ridley Scott cumple hoy treinta años, y es por eso que intentamos homenajearla. Según los expertos, es una de las cumbres de la ciencia ficción, algo que no es mentira, porque los hallazgos técnicos y estéticos del film son bastante revolucionarios para una época en la Star Wars estaba en su apogeo. Pero aún así, la película se estrelló en taquilla y críticas, todo lo contrario que la epopeya de George Lucas, teniendo que superar el test del tiempo, que a algunas hace tanto daño y a otras tantos favores, para hacerse un hueco en la historia. El motivo es obvioStar Wars, disfrazada de ciencia ficción cuando en realidad es una película de aventuras, hizo que el público adquiriera un referente cuando se hablaba del género. Blade Runner no estaba destinada a ser una película comercial, no podía ser una producción de fácil digestión, cosa que hasta yo he sufrido (hasta hace tres horas estaba echando pestes sobre ella). Así, la película de Scott es posiblemente la película de cine negro más arriesgada de la historia.

Porque Blade Runner es una película que por estética e historia (que no por medios técnicos), podría haberse rodado en los cuarenta o cincuenta por Fritz Lang. La historia de la película narra la investigación de un policía especial que persigue a una especie de robots casi humanos que han vivido siempre en la esclavitud, pero se revelaron contra los humanos. Desde entonces, su estancia en la Tierra está prohibida, pero eso no impide que un reducido grupo vuelva a nuestro planeta para buscar algo por lo que están dispuestos a matar, la inmortalidad. Cambiemos distintos elementos de la trama, a los robots por una mafia de los años veinte especializada en vender alcohol y omitamos lo de la inmortalidad, queda un film que podría protagonizar Sterling Hayden o Edward G. Robinson. Claro, me diréis, “vaya morro, has omitido la búsqueda de la inmortalidad que es lo más importante de la película”. Ahí es donde me dirijo ahora, y creo que también es el elemento que hace que Blade Runner tenga valor más allá de ser un refrito del cine negro clásico con una técnica apabullante.

Sabemos que el cine negro clásico americano, cuyo inicio podemos situar en el debut a la dirección de John Huston, El halcón maltés (1941), y que tiene su aproximada fecha de caducidad en Sed de Mal (1958) de Orson Welles, tenía su razón de ser en el psicoanálisis, en la complejidad de los personajes, y sus cimientos eran los de una sociedad decadente y afectada por los horrores de la guerra. Ninguna productora tiene en su haber tantas producciones imprescindibles de este movimiento que Warner Bros, curiosamente la misma productora detrás de Blade Runner, y nadie ha sabido ponerle mejor cara al veterano de guerra atormentado que Humphrey Bogart. Entonces, ¿cómo va a ser Blade Runner una película de cine negro clásico si no está situada en un contexto determinado de la historia del que tengamos referentes reales? Sencillo, lo es porque los temas que desarrolla durante su metraje son tan universales que es imposible que alguna vez dejen de pasar por nuestra cabeza. Son la búsqueda de la inmortalidad, y por consecuencia el deseo de evitar la muerte y el sufrimiento y la humanidad como elemento característico de nuestra raza.

Scott nos muestra unas calles llenas de gente que parece moverse sin un patrón fijo, rodeados de tecnología y anuncios (product placement), dando a entender la deshumanización de nuestra sociedad, cada vez más fría y robótica. En este contexto aparecen los Nexus 6, los robots con ansia de inmortalidad. Es casi la misma situación en la que nos quiso poner Kubrick con 2001 y Hall. Solo que estos Replicantes, además de inteligentes (mi conclusión de la odisea de Kubrick es que al hombre lo hace la inteligencia), son más emocionales que los personajes humanos que nos presenta la película, todos solitarios y amargados. Solo hay que recordar ese monólogo final del Replicante Roy, tan emotivo, ante la mirada de un Rick Deckard que no se da cuenta de lo que está viendo hasta que pasa un rato. Un Deckard que es un perfecto antihéroe típico del cine negro, lleno de ambigüedades morales, al servicio de un cuerpo especial que usa como eufemismo de matar retirar, al más puro estilo de un gobierno que yo me sé.

Y las características del cine negro siguen apareciendo. La femme fatale, que aquí no se trata de un fémina con malas pulgas y manipuladora, sino de una tipa que aquí es prácticamente obligada a ceder a Deckard, que cae rendido ante su atractivo, y le importa más bien poco que sea una replicante. Por tanto, la mujer fatal es una esclava de su propia virtud, algo realmente novedoso, pero que asume fácilmente. El gusto por los lugares exóticos también está presente en esta producción y en gran parte de los films noir. Aquí tenemos el club de la mujer de las serpientes y la casa de Sebastian, llena de unos juguetes bastante peculiares. Estos juguetes también pueden provocar más de un escalofrío, y eso es otro de los puntos clave, el ambiente oscuro que rodea la cinta. Siempre es de noche, casi siempre llueve, los tonos oscuros están muy marcados. Y esto está acompañado a veces por la magistral banda sonora del maestro Vangelis, con unas influencias jazz realmente deliciosas en algunos pasajes. ¿Y qué me decís del sueño onírico de Deckard con un unicornio? Puro Hammett.

El cine negro ha vivido una especie de renacimiento desde los noventa gracias a tipos como Tarantino, y el propio Ridley Scott se ha subido al carro en algún momento, pero es un noir con códigos muy distintos, el sabor old school que desprende Blade Runner aún siendo totalmente innovadora en algunos aspectos la convierte en una rareza imprescindible dentro del género, un eslabón perdido entre ese noir actual y el clásico. El propio Scott ha confirmado que se va a dedicar a un nuevo proyecto relacionado con su vieja obra maestra en los próximos años, del que todavía desconocemos casi todo. ¿Se cargará un mito o lo aupará a mayores niveles de culto si cabe? Cuando veamos lo que ha hecho con Prometheus podremos estar más cerca de la respuesta.

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1 comentario

  • Tenía previsto un post sobre la mítica Blade Runner pero leyendo el tuyo, muy bien planteado y documentado, y partiendo de que todas las comparaciones son odiosas, voy a ahorrarme neuronas y twittearé el tuyo para que puedan disfrutarlo cuantos más mejor.
    Saludos.

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