The Bling Ring, morritos, ‘selfies’ y ya

La nueva película de Sofia Coppola con Emma Watson convierte en defectos los logros de sus anteriores películas.

Aquí faltan planos de coches. Largos planos-secuencia de coches en movimiento por Los Ángeles. Coppola, yo quiero encuadres enormes, bien medidos, en los que todo esté en su lugar. Y que te quedes ahí un ratillo. Y entonces yo me ponga a rellenarlos con sentido. Ese minimalismo tuyo que en Somewhere, tu anterior película, no me convenció y luego amé con locura. Esa lentitud y languidez, miradas padre e hija, o en Lost in translation ese excesivo mutismo que en vez de decir poco bulle de significados diversos.

En The Bling ring me falta eso. Al menos no es un meme de Emma Watson, un desfile suyo como parecía anticipar el hype.  Y claro que existen brillanteces contemplativas, escenas de ese naturalismo casi documental tan característico tuyo. Pero mñeeeh. Has perdido elegancia. Elegancia en las formas no, por dios. Ni estética.  No podría achacarte eso. Tampoco sabría decir que has perdido elegancia narrativa. El formato “reportajeado” -la historia está basada en este reportaje de Vanity Fair-, si bien suele ser un formato torpe, que cubre las deficiencias del guión con monólogos de los personajes frente a la cámara,  aquí no es más que una mera anécdota que dota de cierto ritmo a la película. Pero Sofia, es que lo tuyo no es el ritmo, ni lo dinámico.

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No me atrevo tampoco a decir que has hecho una película burda, ni torpe. Tampoco que le falta garra. A todas las tuyas les falta garra. Garra, tú. Je. Es que, a ver cómo te lo explico: es cómo si hubieras cogido lo peor de lo comercial y lo hubieras mezclado con lo peor del cine de autor. De éste último: la contemplación sin más, sin mayor lectura. Del primero: el formato reportaje, que no es esencialmente comercial pero sí suele ayudar mucho a la narración.  ¿Y por qué falla esto? Porque no tienen nada que contar. No has construido una historia lo suficientemente compleja para necesitar ese recurso, ese soporte narrativo, esos monólogos frente a la cámara. Son accesorios, pero afectan al sentido final de la película. Porque como dicen poco, o nada, las escenas contemplativas, esos encuadres maravillosos tuyos tampoco dicen nada. No tienes con qué rellenar esos silencios, no hay materia prima. En The bling ring tus mayores defectos son los que solían ser tus mayores logros. Lo anticlimático, la vacuidad aparente de los personajes (vacuidad en el sentido de información básica sobre ellos, no quizá sus sentimientos, que suelen estar a flor de piel), todo a fuego lento. Aquí hay movimiento, pero está despresurizado, vaciado de contenido: y esto, que suele ser tu seña de identidad, aquí no funciona.

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Esperaba una Spring Breakers comedida, más reflexiva y menos provocadora que la cinta de Harmony Korine. Y claro, es más reflexiva y menos provocadora porque hacer algo más comedido y menos provocador que Spring Breakers no es difícil.Lo que te ha salido es un reportaje arty de los Rich Kids of Instagram, de estos ‘polloperas’ clasistas que beben Moet a morro y hacen fotos en Instagram de su crew del yacht en Saint Tropez. Sin pegamento entre secuencias, solo una mera sucesión de robos de las casas, de grititos, morritos, selfies, euforias, orgullo desmedido, más morritos y selfies hasta que:  “los americanos sienten todavía mucha atracción por personajes como Bonnie and Clyde”. El único conato de moralismo, de moraleja más bien, en una película que si tiene alguna doble lectura, un easter egg, es en el poster de Paris Hilton en el que pone: “Can you afford me?”, que en una traducción chabacana significa: “¿Puedes ‘permitirteme’?”.  La clave de la película. La arrogancia del dinero, el pasaje a una sociedad ideal y excesiva, un hedonismo desenfrenado donde, sin embargo, abunda lo hueco.  Y lo poco elegante. El dinero se gana para no tener que hablar de él. Aaaamigo. ¿Has hecho, Sofia, una película tan hueca para hacerle verdadero honor a este mundo? Lo conoces muy bien este inframundo, mejor que nadie. Si es así, no sé qué decir. Creo que es así. Lo que no significa en absoluto que me convenza. Y ya lo siento, Sofia, que sabes que soy fanboy.

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