Capitán América: barras, estrellas, músculo, cerebro y diversión

La saga protagonizada por Chris Evans en el papel de Steve Rogers ha sido la primera en romper con la línea editorial de Marvel Studios

Marvel Studios siempre tuvo clara su estrategia a la hora de abordar su invasión cinematográfica y confeccionó los universos de sus superhéroes con vistas a un ataque frontal a la industria del entretenimiento en todos sus niveles. Iron Man, multimillonario ególatra protegido por una armadura de sarcasmo e ironía, fue el primero en llegar con la misión de conquistar al gran público y adherirlo a la causa marvelita; Thor, querubín musculado de mazo destructor, sirvió como expansión de un universo que necesitaba viajar fuera de las fronteras terrestres y sus limitaciones para asentar las bases de lo que llegaría con Los vengadores; y el Capitán América, Capi para los amigos, uno de los buques insignia de “la casa de las ideas”, defensor de la moral y del american way of life, se convirtió, merced a una más que decente primera película y a una excelente secuela, en el mayor defensor del legado surgido de las viñetas. Porque el respeto por el arte del cómic se hace, en el caso del héroe de las barras y estrellas, más latente que en cualquiera de las adaptaciones del resto de vengadores.

Hay que recordar que los cómics y toda la industria que surgió a raíz de su expansión buscaron desde sus orígenes ser una válvula de escape para las preocupaciones de una sociedad que se veía abocada una y otra vez a constantes crisis sociales y políticas. La Gran Depresión, la II Guerra Mundial, la Guerra Fría… materia prima de alta calidad para exorcizar los miedos de los lectores que acudían al amparo de las viñetas en busca de heroicidad y misticismo frente al desasosiego, la desesperanza o el terror. En ese contexto, el Capitán América nació como héroe cruzado durante los años 40 de la pluma y la tinta de Joe Simon y Jack Kirby, como respuesta al infierno de la II Guerra Mundial, al servicio de una nación en lucha contra el horror nazi y su barbarie. Con unas historietas de marcado carácter serial, el Capi se hizo leyenda mientras aprendía a evolucionar con los años gracias a la incorporación de historias más maduras y oscuras que siempre servían como baremo de las inquietudes de la sociedad, y que estarían fuertemente ligadas al contexto político estadounidense, con influencias del macarthismo, o incluso del republicanismo de la era Reagan.

Captain America: The First Avenger

Capitán América: El primer vengador dejaba claras las intenciones del estudio

En el terreno del séptimo arte existió un primer acercamiento del superhéroe al gran público a través de un serial cinematográfico que coincidió con la época de mayor esplendor del personaje, es decir, los años 40. Sería en 1990 cuando volvería a las pantallas en una olvidable película, Capitán América, dirigida por Albert Pyun, que acusaba el escaso presupuesto y recreaba una imagen anacrónica del superhéroe que no encajaba con los cánones de un género que se olvidaba de los discursos patrióticos tan prolíficos en la década de los 80, en pos de un espectáculo mayor y una incursión creciente en las posibilidades de los efectos digitales.

Con esos precedentes a cuestas, y obligados a mantener el éxito obtenido por sus compañeros vengadores en el desembarco de Marvel Studios en los cines de todo el mundo con la llegada del nuevo siglo, la compañía se enfrentaba al reto de ofrecer una visión del Capitán América que asentara las bases de todo el entramado corporativo ideado por la compañía, a la vez que consiguiera revitalizar la imagen del héroe de América en la gran pantalla. A la chita callando, Marvel aprovechó además para apuntalar la invasión de la compañía al mercado televisivo con la unión del universo creado alrededor del Capitán América con sus dos primeras apuestas para la pequeña pantalla, a saber: Marvel’s Agents Of S.H.I.E.L.D. y Marvel’s Agent Carter. Pero de eso ya hablaremos.

De momento conviene centrarse en Capitán América: El primer vengador. Con un título que dejaba claras las intenciones del estudio, centrados en narrar los orígenes de Steve Rogers y su conversión en el Capitán América, para ubicarlo dentro del esquema de la gran apuesta de la compañía, Marvel apostó por el entretenimiento puro y duro con la elección de Joe Johnston como director. Johnston, criado a la sombra de George Lucas y su manera de entender el ocio audiovisual, alcanzó la fama en la década de los 90 en el terreno de los blockbusters con películas como Cariño, he encogido a los niños o Jumanji, haciendo gala de más oficio que beneficio y mostrando un estilo que resultaba efectivo pero impersonal. Su elección a los mandos de la primera entrega del Capitán América dejaba clara la intención de poner sobre el tapete una cinta que apostara por la diversión como principal objetivo sin complicarse con dobles lecturas ni complejos arcos dramáticos. Y eso fue lo que ocurrió.

Peggy Carter Hayley Atwell Capitán América El primer vengador Cinéfagos

El primer vengador ofrecía entretenimiento inocuo y adictivo, supliendo sus muchas carencias con buenas dosis de autoconsciencia

Capitán América: El primer vengador es un título injustamente menospreciado en muchos casos, que hace gala de un sano entretenimiento que homenajea aquellos seriales y ese estilo narrativo que vio nacer al héroe, a la vez que incorpora el ritmo y la acción trepidante de los blockbusters modernos. Con el respeto por los orígenes del héroe, y con un sentido del humor marca de la casa, Johnston nos narra sin complicaciones el nacimiento del primer vengador y su enfrentamiento contra las fuerzas del mal, encarnadas por el mítico villano de las viñetas, Cráneo Rojo y su temible HYDRA. Con el mérito de no resultar anticuado en su planteamiento ni en sus formas, el guión firmado por Christopher Markus y Stephen McFeely, elimina cualquier discurso trascendente y deja en manos de Johnston la creación de un espectáculo palomitero carente de mayores pretensiones. Cierto que puede resultar una cinta infantil, con muchos agujeros en el guión y con personajes muy poco perfilados, que resultan más planos que sus homólogos en las viñetas, sin embargo el ritmo soberbio y las excelentes escenas de acción (con el asalto al tren como mejor ejemplo) hacen que la película destile una ingenuidad deliciosa que se disfruta alejado de cualquier ansia de metas mayores.

Un título que además funciona tan bien por el buen trabajo de un reparto encabeza por Chris Evans, que en su complicada tarea de hacer olvidar al Johnny Storm de otra franquicia de Marvel de pésimos resultados, ofrece un Capitán América que lejos de lucir palmito y músculos superdesarrollados, ofrece una interesante visión de Steve Rogers que hace honor al mítico personaje de las viñetas. A Evans le ayuda un reparto plagado de grandes nombres, como los de Stanley Tucci o Tommy Lee Jones; además de la bella Hayley Atwell, o un Hugo Weaving que consigue convertir a su Cráneo Rojo en uno de los mejores villanos del universo cinematográfico de Marvel, no por su carácter o complejidad emocional, sino por su respeto a la idea con que lo concibieron Simon y Kirby. En definitiva, una película que ofrecía entretenimiento inocuo y adictivo, supliendo sus muchas carencias con buenas dosis de autoconsciencia y respeto por el espectador.

CAPTAIN AMERICA: THE FIRST AVENGER

Hugo Weaving consigue convertir a su Cráneo Rojo en uno de los mejores villanos del universo cinematográfico de Marvel

Tras esa primera aproximación al Capitán América, y presentados ya todos los vengadores en la gran pantalla, llegaría Los Vengadores para remover los cimientos del cine de superhéroes, y nuestro Capitán se vería obligado a cambiar de época y a comprender que el mundo tal y como él lo conocía había cambiado. Las antiguas alianzas, desaparecidas; y los héroes, ya asentados para combatir a unas amenazas que se multiplican de manera alarmante. Con empleo a tiempo completo en S.H.I.E.L.D. y como imagen pública de la iniciativa vengadores (ni un megalómano, ni un dios nórdico, ni un gigante verde famoso por sus mamporros en lugar de por sus legumbres, son buenos ejemplos a seguir), era el turno de continuar con las andanzas de Steve Rogers dentro del Universo Marvel.

Y llegados a este punto es justo pedir un redoble de tambor porque para la segunda entrega de esta saga, Capitán América 2: El soldado de invierno, Marvel preparaba una buena sorpresa. Muchos esperaban con ansias el agotamiento de una fórmula que, según habían marcado Iron Man 3 y Thor 2: El mundo oscuro, apostaba por el espectáculo visual de acción desbordante con altas dosis de humor. Una receta que corría el riesgo de sepultar las historias bajo toneladas de fuegos artificiales al relegar el núcleo narrativo a un segundo plano en pos del asombro virtual. Sin embargo, en el seno del estudio se frotaban los nudillos para calentarlos con vistas a propinar un buen mamporro en las narices de los incrédulos profetas de la decadencia superheroica. Si la gente quería algo nuevo, iban a saciarse con esta secuela. Marvel contrató a los hermanos Russo, Anthony y Joe, fogueados en la cantera de la genial Community, algo que parecía indicar un sendero cómico para el vengador estrellado; pero iba a ser que no. El filón argumental que suponía aprovechar la desubicación del superhéroe en los tiempos actuales podía ser una idea repetitiva y cansina, que llevase a la cinta por los derroteros de la comedia; pero iba a ser que no. Quizá, y con el universo Marvel en continua expansión, quizá se aprovecharía para ubicar a Rogers en nuevas y desconocidas dimensiones; pero iba a ser que no.

Robert Redford Chris Evans Capitán América El soldado de invierno Cinéfagos

Capitán América 2: El soldado de invierno, lejos de orgías digitales, apuesta por una modernización del thriller de espías de los años 70 con elementos del cine de acción de los 80

Marvel apostó fuerte y arriesgado al jugar la baza de la sorpresa. Para ello, rescató una de las historias más queridas por los fans del cómic, El soldado de invierno, ideada por Ed Brubaker, Steve Epting, Michael Lark y Mike Perkins. El arco argumental de dicho tomo, obligado a ahondar en los entresijos de la agencia S.H.I.E.L.D. -hasta entonces desaprovechada-, llevó a la cinta de una especie de reparto coral en el que, pese al claro protagonismo de Chris Evans, dejaba espacio para el crecimiento de personajes tan interesantes como los de Nick Furia (Samuel L. Jackson) o la Viuda Negra (Scarlett Johansson); además de la inclusión de nuevos roles que ayudaban a complementar el ritmo narrativo y la tensión, con Anthony Mackie o un Robert Redford magnífico como villano de la función.

Pero más allá del gran trabajo colectivo, la bomba que esconde Capitán América 2: El soldado de invierno explota en nuestras caras al comprobar que, lejos de orgías digitales, el guión apuesta por una modernización del thriller de espías de los años 70 (ese en el que ya destacó Redford con títulos como Todos los hombres del presidente), con elementos del cine de acción de los 80 (esas peleas a hostia limpia tan deliciosas) y los recursos disponibles del nuevo siglo para convertir esta secuela en el título más redondo de la compañía, con permiso de la obra maestra que es Los Vengadores y de esa joya que estaría por venir con Guardianes de la galaxia. Sin embargo, la cinta de los hermanos Russo es la más completa, la que más elementos maneja, la que mejor aprovecha sus recursos y una de las que más respeta el legado y el tono de las viñetas que la vieron nacer. Y lo hace a partir de un guión que busca aportar una mayor madurez a la figura del protagonista con una narración que ahonda en conflictos más adultos y de mayores implicaciones, con crítica incluida a la seguridad nacional y a exceso de control ciudadano por parte de los estados. Pero que nadie se engañe; aquí no estamos hablando de Nolan, ni de discursos existenciales. Lo que hay es cine de entretenimiento de muchos quilates, que sabe combinar el músculo y el cerebro. Una tensión constante que va in crescendo y que sabe dosificar los giros de guión y las escenas de acción a la vez que ofrece diálogos que desarrollan el suspense con buen oficio. Un producto tan bien diseñado que convenció a propios y extraños y les hizo disfrutar como enanos con uno de los mayores éxitos de la compañía.

Scarlett Johansson Capitán América El soldado de invierno Cinéfagos

En Los Vengadores 2: La era de Ultrón muchos esperamos un nuevo paso adelante del superhéroe hacia una mayor comprensión del mundo en el que está inmerso

No quiero acabar sin hablar del importante papel que ha jugado el Capitán América en las series que ya mencioné al inicio de este artículo. Marvel’s Agent Carter, spin-off de Capitán América: El primer vengador, aprovechó la embriagadora y magnética presencia de Hayley Atwell en su papel de Peggy Carter para construir una ficción que en este 2015 se ha destapado como un entretenimiento tan pulp que muchos nos hemos quedado con ganas de más de una serie que desde el primer episodio ha ido al grano en su desarrollo. Sin complicaciones, sin recovecos, la serie ha sabido mantener el tono de la película de la que surgió, y lo ha potenciado para la pequeña pantalla.

El caso de Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. merece una revisión a parte. La serie que comenzó en 2013 de la mano de Joss Whedon como expansión del universo vengadores decepcionó con un primer tramo errante en el que se echaba en falta una relación más directa con la materia prima originaria. Sin embargo, la llegada de Capitán América 2: El soldado de invierno produjo un crossover entre ambos formatos que revitalizó la ficción televisiva y la salvó de l quema a la que parecía condenada. Desde entonces la serie ha ido creciendo hasta convertirse en un emocionante cruce de géneros y referencias al universo Marvel que promete un nuevo despegue con Los Vengadores 2: La era de Ultrón.

Está clara la importancia del Capitán América dentro de la gran pantalla y fuera de ella. La compañía apostó por él como punto de equilibrio para mantener la coherencia de todo su complejo entramado y Steve Rogers ha respondido a las mil maravillas. Y lo que está por venir, si se mantiene el nivel alcanzado, es de poner los dientes largos y salivar hasta la deshidratación. De momento, en Los Vengadores 2: La era de Ultrón muchos esperamos un nuevo paso adelante del superhéroe en esa constante evolución de Steve Rogers hacia una mayor comprensión del mundo en el que está inmerso. Un proceso de madurez que de continuar con esta línea culminará en Capitán América 3: Civil War con una explosión que ojalá respete el cómic en el que se basa. De ser así, reventará a todos aquellos que vibramos con el héroe del escudo estrellado en una batalla de leyenda. Afilen colmillos, que el Capi va a por todas.

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