Capitán América: Civil War, la fiesta de Marvel

Tras Capitán América: El Soldado de Invierno, Joe y Anthony Russo enfrentan a los héroes más icónicos de las viñetas en un caramelo al que es imposible resistirse, y en el que el regreso de Spider-Man es sólo una de sus muchas cualidades.

La cumbre del Universo Cinematográfico de Marvel y también, en términos de diversión y espectacularidad, la de todo el género superheroico

7 Justificación de la bronca
9 Acción
8 Grado en que lo peta cada Vengador
9 Humor
10 ¡¡¡Spider-Man!!!!
8.6

Cuando allá por el 2012 se estrenó Los Vengadores casi nadie, o muy pocos, esperaba experimentar toda la calidad y brillantez latentes en el monumental crossover de Joss Wheedon. Hasta entonces, las películas de Marvel como productora no eran más que entretenimientos de manual, tan vacuos como resultones una vez digerida la primera sorpresa –el Iron Man de Jon Favreau, de sobrevaloración creciente a lo largo de años posteriores–, y la puesta en común de sus incombustibles personajes no era algo que nos quitara en exceso el sueño. Fue entonces cuando se obró el milagro.

El camino que separa Los Vengadores de Capitán América: Civil War ha sido mucho más estimulante que estos primeros pasos, según Marvel tomaba conciencia de sí misma, de lo que podía llegar a hacer, y sus productos iban poseyendo una mayor ambición, encontrando su techo en Capitán América: El Soldado de Invierno. Hecho curioso, la siguiente reunión de los Vengadores, con motivo de La Era de Ultrón, se saldó con una sonora debacle artística que, además de provocar la salida forzosa de uno de los mayores responsables del éxito de la fórmula, el mismo Joss Wheedon –y más tarde Edgar Wright, pero ésa es otra historia–, demostró que para el correcto funcionamiento de la franquicia no eran imprescindible artistas sino artesanos, gente dispuesta a cumplir órdenes; en definitiva, tecnócratas habituados a trazar las sucesivas Fases con calculadoras y tiralíneas. Nadie mejor que Anthony y Joe Russo para el cometido. Nadie mejor que, precisamente, los responsables de Capitán América: El Soldado de Invierno.

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Joss Wheedon demostró que para el correcto funcionamiento de la franquicia no eran imprescindible artistas, sino artesanos

¿Implica esto que Capitán América: Civil War carezca del entusiasmo, la dedicación, o la diversión desacomplejada de Los Vengadores? En absoluto. De hecho, el último filme de Marvel no es más que la actualización de todo lo que lograra Joss Wheedon en su día subordinándolo, con una inteligencia casi obscena, a los planes a largo plazo de la compañía. Ahí donde Los Vengadores funcionaba como filme casi autoconclusivo y apto para todos los públicos, Capitán América: Civil War lo hace igualmente, pero de un modo más rotundo y sofisticado, así como comprometido tanto a seguir impulsando la saga hacia adelante como a servir de culminación de toda ésta. Y, de nuevo, y al contrario que sucedía con la caótica y deficiente Era de Ultrón, todos, absolutamente todos, estamos invitados a la fiesta.

Así que sí, Anthony y Joe Russo han firmado una película modélica y divertidísima, que no por plegarse religiosamente a las directrices de la cúpula suprema de Marvel deja de hacer alarde de un cariño reverencial por todo lo que contiene. Gracias a esto, entre otras cosas, Capitán América: Civil War es capaz de presentarnos un conflicto en el que es posible decantarse por uno u otro bando a tenor de las motivaciones de éstos –que tienen que ver más con los sentimientos que con la política, para desazón de los lectores de los cómics originales–, sin que dejemos de comprender al contrincante, ni de lamentar que las circunstancias fuercen un enfrentamiento tan doloroso entre quienes antes eran amigos y compañeros de armas. Esta lucha fratricida, por si fuera poco, se va cocinando previa al estallido con minuciosidad y tomándose su tiempo, amparándose tanto en los filmes anteriores del Universo Cinemático como en una sombría primera hora en la que no han de faltar –porque, gracias al cielo, nunca faltan– las portentosas escenas de acción coreografiadas por los mismos que consiguieron que Capitán América: El Soldado de Invierno fuera tan satisfactoria, y a tantos niveles.

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Una película modélica y divertidísima, que no por plegarse a las directrices de la compañía deja de alardear de un gran cariño por todo lo que contiene

Ahora bien, la segunda hora de Capitán América: Civil War opta por despegarse de esta justificada intensidad, que deja en cueros todo lo intentado recientemente por DC –el filme, en sí mismo, no deja de servir como enorme y dolorosa humillación a Batman v Superman: El amanecer de la Justicia–, según los directores llegan a la conclusión de que disponen de un montón de gente con poderes a punto de emprenderla a sopapos, y que es la mejor oportunidad que tendrán nunca de cumplir los sueños más húmedos de los fans. Es justo por ese motivo que Spider-Man, acaso el superhéroe más querido de Marvel, tenía que dejarse caer por Capitán América: Civil War. Y sí, está metido con calzador, y es cierto que si no hubiera aparecido la trama no habría variado en lo más mínimo pero, ¿habría sido sin él la batalla en el aeropuerto la secuencia más espectacular y directamente mítica que haya dado el género en toda su historia? Es legítimo dudarlo, sobre todo cuando vemos en la juvenil versión de Tom Holland el mismo Hombre Araña que todos hemos soñado con ser alguna vez, y el mismo que el celuloide, hasta ahora, nos había estado escatimando.

La decisión de que la batalla entre el #TeamCap y el #TeamIronMan se redujera a un delirante castillo de fuegos artificiales podría haber acabado haciendo flaco favor a todo lo construido con anterioridad, pero los responsables de Capitán América: Civil War saben muy bien lo que están haciendo, y por eso optan por que el tercer acto cambie la frivolidad y la acción por la más emotiva trascendencia (manteniendo la acción también, claro). Joe y Anthony Russo rematan así, en una larga secuencia que nos deja a todos con el corazón en un puño, una superproducción que se yergue desde ya como un referente en el género, y el nuevo ejemplo a seguir por Marvel en su camino de ser cada vez más grande.

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Capitán América: Civil War se yergue desde ya como un referente en el género

Tan furiosamente disfrutable es este filme, tan avispado al apelar a los instintos más básicos tanto de los profanos como de los creyentes, que consigue eclipsar con arrogancia los ligeros fallos que subyacen en su armazón dramático, tales como lo relativo a las motivaciones poco claras de ciertos personajes –Ojo de Halcón (Jeremy Renner) es el más desfavorecido en ese sentido–, la inevitable esquizofrenia de su tono, o la escasa empatía que despierta el Soldado de Invierno (Sebastian Stan). Esto último podría haber resultado fatal si no fuera porque a su lado está un ajustado Chris Evans que inyecta dignidad y tragedia al siempre infravalorado Capitán América, y que devendría el alma de la película de no contar a su lado con un Robert Downey Jr. sencillamente apoteósico, en la puesta en escena más avasalladora y vulnerable de su Tony Stark. Y, alrededor de ellos, acertadísimos y conservando su momento de lucimiento, el resto de Vengadores, destacando a Visión y la Bruja Escarlata resarciéndose de su mediocre rol en La Era de Ultrón, a un sorprendente Pantera Negra y, sobre todo, a Spider-Man. Ante todo, a Spider-Man. Dios mío, qué grande ha sido ver a Spider-Man, y qué larga la espera ante Spider-Man: Homecoming. Qué larga la espera, de hecho, ante cualquier otro filme de una compañía que ha demostrado, una vez más, y de manera irrefutable, por qué es la mejor en lo suyo.

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