Capitán América, el héroe de todos

A pesar de ser el primer vengador, ha sido el último en llegar al cine, pero la espera ha merecido la pena. Todo un paradigma de lo que debe ser una película veraniega.

El otro día mostraba mi descontento y mi decepción tras haber visto Green Lantern. Me quejaba de la falta de carisma de los personajes y de una historia que conseguía que al espectador no le importase nada de lo que estaba viendo. Por suerte, no todas las adaptaciones de superhéroes sufren estos problemas. De hecho Capitán América: el primer vengador, es un gran ejemplo de cómo hacer un blockbuster divertido, entretenido y muy digno -y superior a otras películas de cómics como Los 4 Fantásticos (1 y 2), Wolverine, X-Men 3 o las recientes Thor y Green Lantern-.

Capitán América tiene dos puntos fuertes, el primero de ellos es, sin duda, la estética de la película, muy beneficiada por el contexto en el que desarrolla la historia. Y es que, al igual que X-Men: primera generación transcurría durante la década de los 60, en plena guerra fría; las aventuras del primer vengador tienen lugar durante la Segunda Guerra Mundial. Y es que, acostumbrados a ver a los superhéroes  en pleno siglo XXI, poder disfrutar de algo distinto se agradece. De esta forma, tanto el vestuario, como los decorados o la fotografía, otorgan una sobriedad impropia para una película de superhéroes.

El segundo punto fuerte son las interpretaciones. Sin considerar a Chris Evans un genio de la interpretación, lo cierto es que su Capitán América supone su papel más maduro y redondo hasta la fecha, logrando momentos muy notables. A destacar toda la primera parte de la película, en la que -ayudado de su digitalmente reducido y enquencle cuerpo- crea un personaje con el que es fácil empatizar y al que querer. Su interpretación, en cambio, pasa a un segundo plano cuando su personaje le da al dopping y comprobamos cómo se hinchan todos sus músculos -en realidad no sabemos si son todos todos-. Sin embargo, en esta segunda parte de la película se potenciará algo que veníamos intuyendo, su relación con Peggy Carter (Hayley Atwell). Relación que, además de poner un poco de romanticismo al asunto, también ayudará a poner un punto cómico a la historia gracias a las diferentes situaciones y diálogos que se sustentan en la enorme química que tienen los dos actores. Y si es cierto que Green Lantern 2 va a realizarse, pediría a los actores o a quien fuera que cogieran papel y lápiz y aprendieran sobre lo que es tener un poco de química.

A las buenas interpretaciones de Evans y Atwell se unen también la de actores de peso como Tommy Lee Jones, Stanley Tucci, Toby Jones y otros como Dominic Cooper y Sebastian Stan. Y no, no incluyo en este grupo a Hugo Weaving, cuya interpretación me parece -una vez más- nefasta, pues está muy sobreactuado y su personaje gana cuando éste se quita la máscara y vemos sus muy conseguidas facciones rojizas. Es un caso curioso lo de Weaving, ya que, a pesar de tener un registro muy limitado y sobreactuar casi siempre, ha conseguido a lo largo de su carrera hacerse con papeles que son ya parte de nuestra cultura popular: el agente Smith de Matrix, el elfo Elrond de El señor de los anillos, el comentado Cráneo Rojo y -el que para mí es su mejor papel y no es difícil adivinar el porqué- V de V de Vendetta.

Podría decirse que lo más flojo es el guion que firman Christopher Markus y Stephen McFeely (guionistas de la saga Las crónicas de Narnia), especialmente por la poca épica del enfrentamiento final entre Capitán América y Cráneo Rojo, pero el buen hacer de Joe Johnston -director de la notable Cielo de Octubre y de las entretenidas Jumanji y Océanos de fuego– consigue que el ritmo nunca decaiga. Algunas escenas de acción, como la entrada en moto del Capitán América a la base enemiga, no tienen la calidad de otras cintas como X-Men o el Batman de Nolan, pero el director es honesto en todo momento y sabe lo que está ofreciendo.

También es destacable lo pobre que es la BSO. Pues Alan Silvestri -compositor de maravillas como el soundrack de Regreso al futuro o Forrest Gump– no ha conseguido crear un tema que identifique al héroe. Superman, Batman, Spiderman… todos tienen una canción que nada más oírla, el espectador sabe a qué superhéroe corresponde. Y Capitán América, por desgracia, no tiene eso.

Y poco más que decir, solo destacar que, aunque la película no ha sido a Marvel lo que El Caballero oscuro fue a DC -algunos apostaron por ello-, sí es cierto que Capitán América: el primer vengador es una película que no engaña a nadie, sabe lo que quiere ofrecer al público y lo hace muy bien. Además, y resulta paradójico, su mensaje es mucho más global que prousamericano, y eso, para los que no creemos que Estados Unidos sea el ejemplo a seguir en todo, es de agradecer.

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