[Ciclo Billy Wilder] Cinco tumbas al Cairo, simpático thriller de espías

Tercera película de Billy Wilder y primera incursión en un género distinto a la comedia en este relato ambientado en plena Segunda Guerra Mundial.

Si Billy Wilder detenta una cualidad innata, esa es sin duda la de dotar a todas sus películas de un estilo narrativo de elegante comicidad. Corría el año 1942, y él todavía era un personajillo poco reconocido en el Hollywood de los primeros años de Estados Unidos como beligerante en la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, ello no impidió a la Paramount cederle la oportunidad de unirse al movimiento cinematográfico y propagandístico de la época y así dirigir su tercera película, Cinco tumbas al Cairo, un simpático y entretenido thriller que precedió a su consagración definitiva, que llegaría con la inolvidable Perdición (1944).

Basada en la obra de teatro de Lajos Biró, Cinco tumbas al Cairo cuenta la historia de John Bramle, soldado británico de una división de tanques y superviviente de una de las acometidas del general nazi Erwin Rommel. Los acontecimientos tienen lugar en el norte de África, donde las colonias británicas se veían amenazadas por el imparable avance de los alemanes durante los años 1941 y 1942. Bramle termina en una situación un tanto peculiar; tras escapar de su tanque -que actúa también como cementerio-, recorre el desierto hasta acabar en un remoto hotel en el que el mismísimo Rommel se hospedará en los días posteriores. Lo que ocurre a continuación será mejor que lo descubra el lector por sí mismo, porque las diferentes casualidades que se suceden acompañan a un intuido thriller de espías que también termina siendo una comedia teatral de igual o mejor nivel.

Billy Wilder y Charles Brackett firman un guion plagado de deliciosas líneas de diálogo. Franchot Tone y Anne Baxter se llevan las mejores, y bien tienen la oportunidad de demostrarlo en una magnífica escena en la que dos temas de conversación diferentes se entrelazan a un ritmo que roza la absoluta perfección -Aaron Sorkin debe haber pasado horas estudiando a Wilder-. Sin embargo, y pese a que Baxter encarne a un personaje femenino lleno de matices y que evoluciona notablemente a lo largo de la película, el que sin duda nos deja pasmados es el Rommel interpretado por Eric von Stroheim, un auténtico monstruo en esto del celuloide y al que el mismo Wilder visitó antes de comenzar el rodaje para mostrarle el orgullo que suponía trabajar con él -bien se tornarían los papeles años después con Sunset Boulevard (1950), en la que volverían a trabajar juntos-. La personalidad del general alemán, al que se le considera como un hombre humilde y directo, queda perfectamente plasmada en la mayoría de planos de la película. De hecho, Rommel no alcanza en ningún momento esa denominación de antagonista -tampoco es necesario- y simplemente se le coloca como el general del bando contrario al de Bramle, con sus cualidades y defectos.

La brillantez de Wilder tras las cámaras ya comenzaba a atisbarse en esta película, donde el montaje y la fotografía juegan un papel muy importante en la efectividad de la narración. La edición de imágenes apenas deja tiempo para el reposo y con ello se obvian escenas dramáticas o soliloquios que acomplejen a unos personajes que no requieren de facetas innecesarias. De hecho, son contadas las escenas en las que la historia interrumpe su desarrollo y estas únicamente sirven como bálsamo cómico, personificado en las figuras de Farid -el dueño del hotel- y el General Sebastiano -un estereotipado militar italiano-. Por su lado, el trabajo de fotografía es estupendo y se guarda un par de recursos narrativos muy interesantes -esa linterna que no ilumina el asesinato-.

Como digo, y pese a ser ésta una cinta de profundo corte propagandístico, Wilder apenas pierde tiempo en denostar o villanizar a los personajes del Eje, y aunque haya en ella mensajes -sobre todo en los créditos iniciales y finales- que clamen al cielo lo importante que era recalcar quiénes eran los malos y porqué era necesario acabar con ellos, lo cierto es que en conjunto Cinco tumbas al Cairo acaba siendo un sencillo y ameno thriller en el que el destino de los protagonistas -todos ellos, nazis o británicos- apenas se siente como una victoria, una derrota o una pérdida emotivamente importantes, sino que todos forman parte de un relato liviano al que es difícil perderle el hilo por la sencillez que consigue precisar Wilder, un director que ya pisaba los primeros escalones de subida hacia el Olimpo cinematográfico.

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