El cine musical del siglo XXI en 11 películas

Un desenfadado repaso al género de moda, revisando los once títulos más destacados que nos ha ofrecido en los últimos años

Gracias al éxito que La La Land está cosechando entre crítica y público, el musical vuelve a estar de moda. Lo cierto es nunca se había ido. Lo primero que hizo Hollywood en cuanto le pudo añadir sonido al celuloide fue rodar El cantor de jazz, una película muy representativa de su tiempo puesto que gracias a ella sabemos que pocas cosas gustaban más en los Estados Unidos de los años 20 que el cine, el jazz y pintarle la cara a un blanco para que interpretara a la parodia de un negro.

Desde ese momento, Hollywood no paró de presentar cine musical: Busby Berkley en los años 30, la Metro en los 40 y los 50, los musicales de más de dos horas y media de los 60, Bob Fosse en los 70, las películas de teenagers rebeldes en los 80 y Disney en los 90. El musical es, junto con la ciencia ficción, el género que más nos dice de la sociedad en la que se haya rodado: sus gustos, sus temas, su estética, su sensibilidad. No hay mejor libro de historia para entender los distintos momentos de la España franquista que revisar el tipo de musicales que presentaba su industria cinematográfica: exaltaciones patriótico-folklóricas en los años 40 y gran parte de los 50; inocentes, joviales y esperanzados musicales protagonizados por niños entre 1955 y 65 y delirios al servicio de grupos pop de los 60 en adelante.

¿Qué ha sido del cine musical en los últimos tres lustros? ¿Cuáles han sido sus más ilustres representantes, sus tendencias, sus éxitos, sus fracasos? A todo ello y mucho más intentaremos dar respuesta en el presente artículo, ofreciendo un somero repaso de las películas más destacadas del género en este periodo de tiempo.

El kamasutra vertical.
El kamasutra vertical.

El musical es, junto con la ciencia ficción, el género que más nos dice de la sociedad en la que se haya rodado

Hedwig and the angry inch (2001)

El cine musical estrenó el cambio de milenio con una película que hablaba de cambios: de lo que uno es, de lo que quiere ser, de lo que le obligan a ser, de cómo determinadas reminiscencias del pasado se convierten en peajes para un futuro. Hedwig and the angry inch hablaba, por tanto, del propio género en un momento en el que la industria musical estaba a punto de cambiar para siempre.

Hedwig es una mujer nacida en el cuerpo de un hombre y, a la que, tras una defectuosa operación de cambio de sexo, le había quedado una pequeña “pulgada irritada” que le recordaba constantemente aquello que había sido y nunca quería volver a ser. Así, se configuraba como una especie de versión americana de La Otxoa, ese icono del glam vasco que se lamentaba de Las ventajas de la raja. Hedwig, acompañada de su grupo de rock paneslavo, comienza una gira musical plagada de conciertos y flashbacks que nos mostrarán el resto de su vida.

No cambié, no cambié, no cambié, no cambié, no cambié, no cambié, sigo siendo la misma pero ya no sufro por tu querer.
No cambié, no cambié, no cambié,
no cambié, no cambié, no cambié,
sigo siendo la misma pero ya no sufro por tu querer.

Hablaba del propio género en un momento en el que la industria musical estaba a punto de cambiar para siempre

Hedwig and the angry inch fue un proyecto personalísimo de John Cameron Mitchell, director, protagonista y autor del guión, que a su vez adaptaba una obra teatral escrita por él mismo. Y, sobre todo, un triunfo monumental de una película que en ningún momento apuesta por una vertiente sórdida o irónica, sino que se configura como una oda de amor a su personaje principal y a su modo de vida sin necesidad de hagiografiarlo. Lejos de convertirse en una película queer para minorías, Hedwig and the angry inch goza de una creatividad casi punk que hace que cualquier tipo de público pueda disfrutarla. Así, fue premiada en los festivales de Sundance o Gijón, pero también fue reconocida en los mucho más mainstream Globos de Oro. Una maravilla a redescubrir.

Moulin Rouge (2001)

Cuando Baz Luhrmann estrenó Moulin Rouge, el público no había visto nunca una película parecida. Hoy, 16 años después, sigue sin existir nada similar. Una película tan histérica, excesiva, ruidosa, lisérgica y  permanentemente al borde del colapso que podría haberse subtitulado “Un martes cualquiera en la vida de Carmina Ordóñez”. Moulin Rouge asalta al espectador, le agarra por las solapas y le zarandea hasta dejarle exhausto. Una cinta que funciona más por acumulación que por progresión. Una oda a la creatividad y al exceso barroco. Una reinterpretación de La dama de las camelias vista desde el prisma de Andy Warhol.  Moulin Rouge tenía todas las papeletas para fracasar y su triunfo fue estrepitoso.

"Y ahora, con esto, ya puedes ver el Canal Plus y Vía Digital. Y además, si quieres, ir a una boda gitana"
“Y ahora, con esto, ya puedes ver el Canal Plus y Vía Digital. Y además, si quieres, ir a una boda gitana”

Moulin Rouge asalta al espectador, le agarra por las solapas y le zarandea hasta dejarle exhausto

Moulin Rouge hizo con el género musical lo mismo que con las canciones que poblaban su banda sonora. Reinterpretarlo, adaptarlo al estruendoso gusto de su director, estirarlo, encogerlo y fragmentarlo. Meterlo en una batidora y extraer su esencia. Moulin Rouge es la película seminal de un autor estéril. Una cinta que mostró unos caminos que luego nadie se atrevió a transitar, porque, para ello, hacía falta ser tan hortera como genial, tan valiente como inconsciente.

Todo el mundo debería haber visto Moulin Rouge al menos una vez en la vida. Para amarla o para odiarla, pero jamás para quedarse indiferente.

Cuando sales por primera vez en fin de año.
Cuando sales por primera vez en fin de año.

Moulin Rouge es la película seminal de un autor estéril

El otro lado de la cama (2002)

Hubo un tiempo en el que Paz Vega tenía una carrera por delante. Un tiempo en el que Guillermo Toledo hacía el ridículo en el cine, y no solo en las redes sociales. Un tiempo en el que el nuevo proyecto de Natalia Verbeke no pasaba por hablar con un inodoro en un anuncio de galletas ricas en fibra. Un tiempo en el que Ernesto Alterio aún era conocido como el hijo de Héctor Alterio. Han pasado quince años de aquello, y el único que sigue igual es su director, un Emilio Martínez Lázaro que sigue rodando comedias jóvenes y populares que arrasan en taquilla.

Si un clásico es una historia destinada a fascinar a diferentes generaciones, qué mejor que un clásico vodevil para convertirse en un fenómeno popular del cine español del cambio de milenio. El otro lado de la cama es una de esas comedias en las que, cuando el marido entra por la puerta, el amante sale por la ventana. Una historia de sexo, amor, amistad y traiciones aderezada por canciones clásicas del pop español. Y cantadas al más puro estilo de las estrellas del cine español del momento: terriblemente mal.

En 2002 nadie reconocía a Paz Vega llevando tanta ropa encima.
En 2002 nadie reconocía a Paz Vega llevando tanta ropa encima.

El otro lado de la cama es una de esas comedias en las que, cuando el marido entra por la puerta, el amante sale por la ventana

De este modo, se convirtió en la película más taquillera del verano de 2002. Tres años después, generó una secuela (Los dos lados de la cama) e, incluso, logró que algún otro título (Días de fútbol, El juego de la verdad) intentara seguir su estela. Le bastó con ser nada más (y nada menos) que una comedia musical fresca, desprejuiciada, barata y, muy, muy divertida.

Chicago (2002)

Cuando Bob Fosse dirigió y coreografió el estreno de Chicago, en el Broadway de 1975, la ocasión se saldó con un sonoro fracaso debido, en parte, al éxito obtenido por el otro gran estreno de la temporada teatral: A chorus line. Por suerte, su reestreno 21 años después, hizo justicia con la obra, y muy pronto los hermanos Weinstein compraron los derechos para su adaptación cinematográfica. Pero, en plena preproducción de la película, los atentados del once de septiembre sembraron dudas sobre la viabilidad del proyecto. ¿Estaba el público americano preparado para una farsa musical ambientada en los felices años veinte en la que se llegaba a justificar y bromear sobre un asesinato? Por suerte, los productores decidieron que sí.

"A ver, ¿cuántas pelis buenas tiene la filmografía de Richard Gere?"
“A ver, ¿cuántas pelis buenas tiene la filmografía de Richard Gere?”

En plena preproducción de la película, los atentados del once de septiembre sembraron dudas sobre la viabilidad del proyecto

Porque Chicago es una estupenda película sobre un musical extraordinario. Chicago es lúdica y amoral, divertida y canalla, crítica y cínica. Una excusa perfecta para que Richard Gere exhiba su savoir faire, Renée Zellweger sus mohines, Catherine Zeta-Jones sus piernas y Queen Latifah su perímetro.

Y, además, Chicago ha sido el musical más influyente de lo que llevamos de siglo. La planificación de sus números musicales ha resultado ser, para el género, lo mismo que el desembarco de Normandía de Salvar al soldado Ryan supuso para el cine de acción que estaba por llegar. Esa narración fragmentada y esa huida constante del plano general han acabado creando una perniciosa escuela que ha birlado al espectador el disfrute del noble arte de la coreografía sin cortes. Ese es el principal debe que nos deja una película, por otro lado, memorable.

Renée Zellweger, una vez más imitando a Lina Morgan.
Renée Zellweger, una vez más imitando a Lina Morgan.

Esa narración fragmentada y esa huida constante del plano general han acabado creando una perniciosa escuela

El fantasma de la Ópera (2004)

¿Quién mejor que el director que había convertido a Batman en poco menos que el protagonista de un espectáculo de burlesque, para llevar a la gran pantalla el famoso musical de Andrew Lloyd Weber que convertía la Ópera de París en un circo de tres pistas? Joel Schumacher es un director dotado de una sensibilidad estética especial, como de interiorista daltónico aficionado al barroco. Y dicha sensibilidad se ajustó a las mil maravillas a los requerimientos de un proyecto de este calibre. El fantasma de la Ópera es una película sexy, misteriosa, hortera, romántica, excesiva… y precisamente por ello es maravillosa.

Gerard Butler, Emmy Rossum y Patrick Wilson encabezaban el cartel, conformando algo que, más que un reparto, era el bulevar de los sueños rotos del Hollywood de la década, con una Minnie Driver en un papel secundario que bien les podría servir como espejo en el que verse reflejados. Todos ellos quisieron comerse el mundo, y todos tenían suficiente talento para ello y sus carreras en la actualidad distan mucho de aquello a lo que aspiraban.

"Hazte así, que creo que te ha cagado una paloma"
“Hazte así, que creo que te ha cagado una paloma”

Joel Schumacher es un director dotado de una sensibilidad estética especial, como de interiorista daltónico aficionado al barroco

A pesar de arrojar unos beneficios de en torno a veinte millones de dólares, de obtener tres nominaciones al Oscar y de ser la última gran película de Schumacher, nadie quedó especialmente contento con sus resultados artísticos y comerciales, y ha terminado cayendo en un olvido completamente injustificado.

High School Musical (2006)

Hay toda una generación que abandonó la infancia en 2006, cuando vio High School Musical y empezó a pensar en amores de instituto. Esa misma generación entró definitivamente en la adolescencia cuando en 2007 vio unas fotografías íntimas de Vanessa Hudgens filtradas en internet y empezó a pensar en 1) Sexo 2) Que no todas las estrellas de Hollywood se hacen las ingles.

Una jovencísima Cara Delevigne en el rodaje de High School Musical.
Una jovencísima Cara Delevigne en el rodaje de High School Musical.

Hay toda una generación que abandonó la infancia en 2006, cuando vio High School Musical

High School Musical es el Grease de los millenials. Un Grease, eso sí, pasado por el filtro Disney: amor, baloncesto, canciones, bailes, multiculturalidad, risas, besos, lágrimas y valiosas lecciones. Y todo ello dirigido por Kenny Ortega el coreógrafo responsable de Xanadú,  de Corazonada, de Dirty Dancing. Gracias a High School Musical, el responsable de que Patrick Swayze levantara en peso a Jennifer Grey volvía a convertirse en una figura imprescindible para la educación sentimental de una generación.

El legado de High School Musical incluye el renacimiento de los telefilms de Disney Channel como importante fuente de ingresos para la compañía del ratón, un puñado de estrellas televisivas y un Zac Efron que se ha posicionado en Hollywood como ese actor canallita, fibrado, y rabiosamente guapo cuya carrera no acaba de despegar.

"Y gracias a este componente que hemos creado, Zac Efron se volverá naranja"
“Y gracias a este componente que hemos creado, Zac Efron se volverá naranja”

High School Musical es el Grease de los millenials

Hairspray (2007)

Nunca, jamás, hemos visto tan cómodo y divertido a John Travolta que en todas y cada una de sus intervenciones en Hairspray. Travolta canta. Travolta baila. Travolta aparece gordo, con peluca y vestido de mujer, tres cosas que, seguro, jamás tendrían cabida en su vida pública o privada.

Hairspray llevaba al cine la adaptación a los escenarios de la película homónima dirigida por John Waters en 1988. Y se constituye como algo más que cine, es casi una figura literaria, porque, al ser una buena película de Adam Shankman es, a la vez, película y oxímoron. Hairspray es diversión, fantasía, risas y colores pastel. Hairspray es el musical rock más pop que uno pueda imaginar. Pero no solo eso, sino que también se muestra como una película comprometida contra dos de las lacras que asolaron a la historia americana del siglo XX: la segregación racial y las niñas gorditas.

50 sombras de Hairspray
50 sombras de Hairspray

Travolta aparece gordo, con peluca y vestido de mujer, tres cosas que, seguro, jamás tendrían cabida en su vida pública o privada

Hairspray es todo aquello que uno pudiera esperar de una película con tres nominaciones a los Globos de Oro y ninguna a los Oscar. Un entretenimiento inofensivo, repleto de estrellas que se esfuerzan en recordarnos por qué amamos el cine musical cuando está tan bien hecho y es tan optimista y luminoso como en esta ocasión.

Sweeney Todd (2007)

Stephen Sondheim estrenó Sweeney Todd en Broadway en 1979. El musical se basaba en una historia legendaria (presentada como real, pero sin pruebas que la corroboraran) de un hombre falsamente acusado que, tras cumplir condena, regresa a Londres en busca de venganza. Una vez allí, se instala como barbero y, completamente enloquecido, rebana el cuello a sus clientes y se deshace de sus cuerpos gracias a su vecina, que los emplea como materia prima para hacer pasteles de carne que sus vecinos devoran con fruición. Lo cual no es de extrañar, porque al fin y al cabo estamos hablando de gastronomía británica. Y ya saben, les basta con que lleve la suficiente mantequilla.

No hay nada que cause más desazón en Johnny Depp que ver un vaso vacío.
No hay nada que cause más desazón en Johnny Depp que ver un vaso vacío.

Desde el reparto a la ambientación, pasando por la temática, Sweeney Todd es puro Burton

Tim Burton quiso dirigir la adaptación al cine de Sweeney Todd desde que asistió a varias representaciones del musical en el Londres de 1980, y solo pudo hacer realidad su sueño cuando Sam Mendes tuvo que abandonar este proyecto en el año 2005. Y el resultado no pudo resultar más burtoniano. Desde el reparto a la ambientación, pasando por la temática, Sweeney Todd es puro Burton. Y, probablemente, su última película unánimemente respetada.

Sweeney Todd es una película de venganza, locura, amor y muerte. Un fábula oscura, una ópera trágica. Un musical íntimo, completamente cantado, y no coreografiado, que puede no ser plato para todos los paladares, pero que gracias a la labor de Burton y de Sondhaim, se convierte en un festival para vista y oído.

"Hoy, en Pesadilla en la cocina..."
“Hoy, en Pesadilla en la cocina…”

Un musical íntimo, completamente cantado, y no coreografiado, que puede no ser plato para todos los paladares

Mamma Mia! (2008)

Partamos de una base: todas las películas deberían contar, al menos, con una canción de ABBA. El Napoleon de Abel Gance está incompleta sin un número musical al son de Waterloo. Solo hay algo mejor que Helen Mirren interpretando The Queen, y es Helen Mirren moviendo las caderas al ritmo de Dancing Queen. Todo el mundo sabe que el Money, Money, Money que debió sonar en Cabaret era el cantado por el grupo sueco. Ojalá Brad Pitt le hubiera cantado Chiquitita a Tom Cruise a mitad de Entrevista con el vampiro. No es casual que la leyenda urbana diga que ABBA es el segundo principal responsable de la entrada de divisas en la economía sueca, solo por detrás de IKEA. Y que, además, esto sea creíble.

Porque, seamos sinceros, lo único que hace que Mamma Mia! sea una película mínimamente defendible son las canciones de ABBA.  Pero no es este un defecto atribuible en exclusiva a la película, ya el libreto teatral del musical que adapta presenta multitud de problemas. Cierto es que no ayudan ni la impersonal dirección de Phyllida Lloyd, ni un reparto completamente equivocado, ni una Meryl Streep completamente desquiciada y sobreactuada.

"Por favor, Seguridad, que alguien se lleve a Olga Viza del plató"
“Por favor, Seguridad, que alguien se lleve a Olga Viza del plató”

Partamos de una base: todas las películas deberían contar, al menos, con una canción de ABBA

Pero, diablos, Mamma Mia! no es una película. Es una fiesta. Y todos sabemos que en una celebración de este calibre no importa demasiado que la compañía sea la adecuada o que las bebidas no estén lo suficientemente frías mientras la música y las vistas acompañen. Y las ganas de pasárselo bien. Y si de algo va sobrado este musical es de estas tres cosas.

Los Miserables (2012)

Si partimos de la idea de que la forma de rodar de un director nos transmite mucha información de cómo se comporta en su día a día, podemos llegar a la conclusión de que Tom Hooper es de los que se te acercan mucho en el ascensor a pesar de que seáis sus dos únicos ocupantes. Tom Hooper desprecia la distancia personal hasta tal punto que consiguió rodar un musical multitudinario empleando solo primeros planos. Y lo cierto es que Los Miserables cuenta con un libreto tan extraordinariamente bueno que consiguió sobrevivir a ese disparate.

"A lo mejor si me quedo aquí durante lo que queda de rodaje se olvidan de mí y no tengo que cantar"
“A lo mejor si me quedo aquí durante lo que queda de rodaje se olvidan de mí y no tengo que cantar”

Tom Hooper consiguió rodar un musical multitudinario empleando solo primeros planos

Los Miserables es al teatro musical lo que la Capilla Sixtina a la pintura, lo que Los Simpson a las series de animación o lo que Chiquito de la Calzada al noble arte de contar chistes: un lienzo en el que recoger todo lo que de bueno tiene una disciplina. Los Miserables es un clásico contemporáneo en el sentido estricto del término: una obra que sobrevivirá a nuestra generación, que, en el futuro, logrará emocionar a varias. Una obra de arte eterna.

Precisamente por ello, la adaptación cinematográfica del musical llevaba rondando por Hollywood desde mediados de los noventa. Y, por eso, cuando definitivamente se llevó a cabo, las expectativas eran tan altas que la sensación que finalmente dejó la película fue la de ser una maravillosa oportunidad perdida. Una oportunidad maravillosamente perdida, diría yo. Porque Los Miserables era una película que se había puesto el listón tan alto que no consiguió otra cosa que no fuera el lamento del público al ver que tan solo lo rozaba.

"¿Ves la cámara esa que hay ahí? Pues me la voy a traer y te la voy a pegar a la cara esa que tienes, Amanda Seyfried"
“¿Ves la cámara esa que hay ahí? Pues me la voy a traer y te la voy a pegar a la cara esa que tienes, Amanda Seyfried”

Los Miserables es un clásico contemporáneo en el sentido estricto del término

Frozen (2013)

A Disney le costó cientos de millones dólares, quince años y más de diez películas el darse cuenta de que una historia de princesas, con mucha aventura, un par de secundarios carismáticos y graciosos y, sobre todo, ingredientes de musical clásico era la receta que necesitaba para volver a alcanzar un gran éxito en el terreno de la animación. Y fue así como Frozen se convirtió no solo en una de las diez películas más taquilleras de la historia, sino también en un título tan generacional como lo fue La Bella y la Bestia para los que habían sido niños 20 años atrás.

Y si consiguió serlo fue porque, además de conservar las características más identificables de la narrativa de los clásicos Disney, supo adaptarse a las nuevas corrientes sociales. Así, las protagonistas de esta historia no necesitan en ningún momento de un hombre para que las salven de los peligros que las acechan, ni para alcanzar sus metas vitales. Por no necesitar, no necesitan ni una figura paterna, ya que, como mandan los cánones, ambas alcanzan la orfandad en los primeros minutos de metraje.

Lo tradujeron como "Suéltalo" porque "No me deis palmas, que no tengo el chichi pa farolillos" encajaba peor con el ritmo.
Lo tradujeron como “Suéltalo” porque “No me deis palmas, que no tengo el chichi pa farolillos” encajaba peor con el ritmo.

Frozen se convirtió no solo en una de las diez películas más taquilleras de la historia, sino también en un título generacional

Así, su tema central, un Let it go que causó sensación y que aún permanece muy presente, es una oda a la individualidad, a la expresión de los propios sentimientos y liberación de los instintos: la mezcla perfecta entre el Own by myself y el I will survive. Y aquellas madres que habían afrontado el paso a su edad adulta  teniendo como referente cinematográfico a una Bridget Jones que comía helado mientras lloraba en una habitación iluminada por el resplandor de la pantalla del televisor, llevaron a sus hijas a ver la historia de una princesa que cantaba, jovial, Suéltalo, mientras creaba su propia Fortaleza de la Soledad a base de témpanos y carámbanos. Dos formas vitales de afrontar la soltería con apenas una década de diferencia.

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