Crónica del IBAFF, el Festival Internacional de Murcia

En Murcia hemos podido ver, entre otras películasm lo nuevo de Kiarostami, así como un encuentro de realizadores con Víctor Erice, el propio Kiarostami y Jaime Rosales

Durante este último año, en Cinéfagos hemos hecho cobertura directa de los cuatro festivales de cine más importantes de Europa, San Sebastián, Berlín, Venecia y Cannes, amén del Festival de Sitges. También hemos cubierto de manera indirecta (y, en opinión del que aquí escribe, más interesante) el Festival de Sundance. Así que cuando veáis esta entrada, muchos os preguntaréis que es esto del IBAFF y por qué hemos hecho una pequeña cobertura. En primer lugar, el IBAFF es el Festival Internacional de Cine de Murcia, cuyas siglas homenajean al influyente poeta y pensador Ibn Arabi, nacido en esa misma ciudad en el siglo XII. El motivo para cubrirlo no es otro que satisfacer el ego del escribiente, para que pudiera pasearse por su ciudad con una acreditación sobre el cuello sin parecer (demasiado) estúpido.

Como presentación, se organizó una rueda de prensa la semana previa al festival con el invitado estrella por segundo año consecutivo, Abbas Kiarostami, que impartiría en la ciudad un taller de 15 días a alumnos de todas partes del mundo, además de presentar en exclusiva en España su último film, Like Someone in Love. En la rueda de prensa, con el director iraní luciendo sus características gafas y su envidiable moreno natural, cargó contra la industria actual del cine de una manera bastante contundente, asegurando que “el cine capitalista quiere aplastar al cine independiente”. Kiarostami alabó el trabajo de festivales como este que se centran en el cine libre y artístico, y también comentó varios aspectos de su taller.

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Desgraciadamente, Murcia, una ciudad que suele tener un clima envidiable, sufrió el azote del mal tiempo y la lluvia durante los primeros días del festival, cosa que impidió a muchos visitantes disfrutar de la ciudad como es debido. Huyendo de esa lluvia, y de paso de una sopífera clase universitaria, entramos a ver la primera película, The Loneliest Planet, de Julia Loktev, un film que pintaba bien al ser protagonizado por Gael García Bernal y haber recibido nominaciones importantes en premios de vocación indie como los Gotham o los Independent Spirit. Desgraciadamente, estamos ante un pretendido ejercicio de crudeza y realidad tan vacío como las montañas que sirven de escenario del relato.

La historia sigue a una pareja a punto de casarse que decide hacer un viaje a las montañas de Georgia con la compañía de un guía. La primera hora de metraje, o lo que es lo mismo, la primera mitad, es tortuosa de insustancial que es. En ella solo vemos a la pareja demostrando lo mucho que se quieren y paseos por el monte (si crees que El Señor de los Anillos es una saga de gente andando, deberían obligarte a ver esto), todo de la mano de una dirección rudimentaria y que se permite unas licencias realmente irritantes. Entonces llegamos al momento que cambia la dinámica de la pareja, que es tan estúpido y poco creíble que hace que toda la segunda parte se desintegre, aunque sus últimos 15 minutos sean un poco salvables.

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Después de esta decepción, quedaba Kiarostami para salvar los muebles del día. Presentaba su nuevo film rodado en Japón ante una Filmoteca Regional llena (ayudó que este pase fuera gratis). Like Someone in Love se estrenó en el Festival de Cannes con una acogida mixta, entre los que no se habían enterado de que iba la peli y los que pensaban que se trataba de un nuevo ejercicio magistral de cine personal por parte del iraní. Partiendo de una de las cosas más interesantes que dijo Kiarostami en rueda de prensa, que el cine actual es tan facilón que está destinado a las mentes de chicos de 16, es innegable que es totalmente fiel a sí mismo y no le importa nada lo que los demás piensen de su obra.

En este film seguimos durante unas horas a una chica japonesa que se prostituye para pagarse los estudios, que es obligada por su jefe a visitar a un cliente anciano mientras tiene que seguir lidiando con sus problemas cotidianos, como su obsesivo novio. Durante su primera hora, la película funciona perfectamente gracias a sus diálogos y ausencia de los mismos y a la dirección de actores de Kiarostami, que parece tener un don para esto, así como para contar cosas complejas con una economía de medios apabullantes (como le gusta rodar en coches a este hombre). Sin embargo, en su segunda parte se diluye un poquito, jugando con las expectativas del espectador constantemente mediante cambios de situación,  hasta llegar a un abrupto final que sin embargo funciona. Una película diferente que hará al espectador sacar sus propias conclusiones de lo que ha visto.

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El día siguiente, también lluvioso, fue un día bastante ocupado, por lo que solo pude asistir a una sesión, y no fue  precisamente de una novedad. Con motivo de la entrega del Premio Honorífico del festival a Jean-Claude Carrière, colaborador habitual de Luis Buñuel en la escritura de guiones durante su última etapa como director, se proyectaron varias películas donde participó. La de este día, Belle de Jour, el mayor éxito comercial del director aragonés. Tristemente, apenas había público en la Filmoteca a pesar de tratarse de una sesión gratuita, posiblemente debido al partido de Champions League de alto interés que disputaban en esos momentos Real Madrid y Manchester United.

Poco puedo decir de Belle de Jour que no se haya dicho nada, solo quiero hacer una reflexión de pura actualidad, ya que estamos ante la crónica de un festival de actualidad. Las tesis que expone esta película sobre el deseo sexual de las mujeres dejan en pañales a cualquiera de las novelas del último fenómeno editorial, la trilogía 50 sombras. Estamos ante un profundo estudio de las necesidades sexuales de una mujer burguesa asentada que aún así fantasea con que su marido le de unos latigazos, y aún así la película no muestra ninguna escena explícita a nivel sexual y mantiene la elegancia del erotismo clásico, que da rienda suelta a ese maravilloso mecanismo llamado imaginación que muchos parecen haber olvidado por completo.

Al día siguiente empezábamos la jornada con una interesante charla en el marco del Primer Encuentro Internacional de Escuelas de Cine, que trajo a alumnos y profesores de lugares como Cuba y Portugal a la ciudad. La charla estaba centrada en la revista Trafic, una de las revistas cinematográficas más importantes de Francia, y su fundadora, Sylvie Pierré, fue el centro de atención de un interesante coloquio que se centró en el papel de las revistas cinematográficas en la actualidad y su compromiso con la calidad de los artículos que aparecen en las mismas.

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Por la tarde, estábamos dispuestos a una sesión doble de documentales españoles que habían recibido altas alabanzas. El primero de ellos, Pura Vida, que ganó el premio a mejor producción vasca en su estreno en el pasado Festival de San Sebastián, se centra en el rescate de Iñaki Ochoa, un alpinista atrapado en uno de los montes del Himalaya mientras se encuentra muy enfermo. Sus amigos alpinistas, de distintas partes del mundo, se ponen en contacto para iniciar el rescate de su compañero de viajes.

Lo primero que choca de este documental es la fuerza visual de su fotografía, realmente cinematográfica, y eso que basa la mayor parte de su metraje en grabar solamente a los nombres propios del rescate hablando. El documental basa mucho su estructura, más que en el rescate, que aún así es parte fundamental, en el día a día de los otros alpinistas y sus razones para practicar esta peligrosa práctica. Acaba convirtiéndose, a pesar de las circunstancias, en todo un canto al alpinismo y en general, a la vida. Estoy seguro de que el trabajo que han realizado sus directores, Pablo Iraburu y Migueltxo Molina, de ser exhibido en Sundance, sería aplaudido hasta la extenuación y posible candidata al Oscar, pero esto es España, amigos.

A continuación, una de las películas que más expectación había creado, no solo en mí, sino en el público del festival que llenó hasta los topes la sala para ver el estreno en Murcia del documental revelación de la temporada, Mapa. Posiblemente uno de los motivos de este hype es que su director León Siminiani es de estas tierras, y él mismo hizo acto de presencia para un coloquio tras la película. Muchos claman que a este documental le ha robado el Goya Bardem este año, y no puedo estar más de acuerdo. Estamos ante un trabajo que esconde una gran complejidad tras sus simples imágenes, al igual que un inconformismo irreversible para romper convenciones.

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Siminiani se convierte en el protagonista y conductor de este relato absolutamente real (o por lo menos según él) que es además uno de los más fieles reflejos de la generación a la que pertenece el director, esa que también ha quedado bien retratada en otro producto casi de culto como es la serie Que Vida Más Triste. A través de este personaje neurótico y sus peculiares andanzas y comentarios, asistimos a un film de una honestidad tan brutal y un ritmo tan bien marcado que es extraño pensar que nada de esto estuviera planificado. Los juegos de Siminiani también ayudan a innovar y dar nuevos giros formales a su película. No es de extrañar que haya acabado ganando el Premio del Público, es uno de los ejercicios más impredecibles y satisfactorios que ha dado el cine español últimamente.

Se podría decir que mi último día de festival fue prácticamente de relax, pero no es así. A las 10 de la mañana asistimos al mayor acontecimiento que se celebraba en el marco del festival, el Encuentro de Realizadores entre Abbas Kiarostami (El sabor de las cerezas), Jaime Rosales (La soledad) y Víctor Erice (El espíritu de la colmena), moderado por el crítico y profesor Ángel Quintana. Las circunstancias de este encuentro son realmente curiosas: en principio, el director portugués Pedro Costa iba a ser el tercer ponente junto a Rosales y Kiarostami, pero su ausencia provocó que el festival se tuviera que poner las pilas. Y vaya si lo hizo, ya que Erice es un tipo tan inteligente como esquivo que al final ha sido el que más personas ha movido hacia el evento.

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A pesar de que se prolongó durante tres horas, fue un coloquio formidable el que protagonizaron estos tres cineastas. Obviamente, Erice robó el show, con su ráfaga de declaraciones críticas hacia la industria (y muchas hacia la del cine español, que considera que debería formar parte del Ministerio de Industria). Su forma de hablar, pausada y reflexiva, pero aún así imponente, hechizó a un Auditorio lleno. Uno de los puntos clave que el director de El Sur tocó en su exposición es la denuncia a la falta de educación cinematográfica en España, que a falta de alguna medida de cualquier Gobierno que nunca ha existido, queda en manos de la televisión y el terrible monopolio del cine americano.

Entre tanto, Kiarostami desplegaba un peculiar sentido del humor en muchas de sus respuestas, algunas muy sabias, sobre todo cuando habló de la libertad del cineasta a la hora de si encarar sus proyectos y de si la libertad era algo renunciable a la hora de llevar a cabo el proyecto artístico deseado. Rosales, sabedor de que estaba ante dos colosos del cine, se encargó de hacer útiles puntualizaciones, hablar desde su experiencia sobre algunos temas, como los tipos de cine que dividió en cine arte, cine espectáculo y cine drama (que considera el camino más apropiado para los cineastas de ahora). En definitiva, después tres horas podríamos sufrir un cierto empacho intelectual, pero la sensación de haber asistido a un acontecimiento único no nos la quita nadie.

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Para acabar esta cobertura, asistimos a una nueva conferencia, también muy esperada a nivel mediático, cosa que se podía juzgar por la gran cantidad de personas y de celebridades del mundillo que se pasaron por ahí, entre ellos tres cuartas partes del encuentro de realizadores, Quintana, Rosales y Kiarostami. Se trataba del simposio de Bill Viola, uno de los más prestigiosos videoartistas mundiales. El señor Viola apareció en escena y prefirió que las imágenes hablaran por él. Después de una breve introducción en la que habló de una manera muy espiritual sobre la creatividad y el universo, pasó a mostrarnos unas cuantas piezas de su trabajo. Me voy a marcar un Boyero y voy a decir que este tipo de arte audiovisual se me escapa, a ratos me parece bello, pero la mayoría de veces es poco menos que exasperante, aunque parece que los miembros de la audiencia gozaban de lo lindo con el trabajo de este tipo.

Y así terminó mi estancia en el IBAFF, un festival que va creciendo poco a poco, y que esperemos que el año que viene pueda proporcionarnos más actividades interesantes que sin duda ayudan a que se mueva el tráfico cultural de la Región de Murcia.

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