De Nicolás a Sarkozy, el marketing del poder

Un excelente biopic que no incide en la intimidad de un Sarkozy ávido de poder sino que se centra, acertadamente, en desentramar su triunfo.

Para ir directamente al grano, De Nicolás a Sarkozy cubre todos los errores en los que cae el biopic J Edgar. Si la película de Clint Eastwood pecaba de no saber cómo contar la enorme y apasionante historia política de su personaje, pero sí sabía acercarse a su intimidad, De Nicolás a Sarkozy es todo lo contrario. La película del desconocido Xavier Durringer ( París, 1963) es un firme biopic político con pulso, garra, un ritmo dinámico, un toque mordaz y una pretensión de no ir más allá, o poco más allá, del personaje político del que habla. Porque si bien la traducción española  parece indicar la evolución de un ciudadano cualquiera, Nicolás, a Presidente de la República, Sarkozy, el guión de Patrick Rotman no quiere diferenciar entre el Sarkozy político y el Nicolás marido, padre, ciudadano. Su amor por los focos desde su mandato de ministro de Interior lo convirtió en un político enormemente mediático, fotogénico. Su vida privada era una maniobra de marketing político más ante los ojos del electorado y del mundo (ser el presidente de la cuarta potencia mundial no es asunto baladí). Era pose, fachada ese intento de transparencia, y con ello juega la película.

Que no indage en cuestiones íntimas de Nicolas Sarkozy no significa que La Conquete  (en original) se quede en la superficie. Lo que sí hace es sumergirse en las tramas políticas internas de la UMP, el partido de Sarkozy, y las disputas por el poder, con un Jacques Chirac de presidente conciliador entre extremismos. El duelo que mantiene Sarkozy con Villepin, primer ministro -recordar que en Francia el papel importante lo tiene el Presidente y no el Primer Ministro, cargo meramente institucional – es el eje vertebrador de la trama, es la piedra en el zapato de las aspiraciones de un Sarkozy ávido de poder e insaciable. La trama de financiación en la que intenta incluir Villepin a Sarkozy se soluciona gracias a la influencia que éste último tiene sobre la prensa, y dice mucho del enorme poder que fue acumulando, insaciable en su escalada hacia el Elíseo.

La imagen autoritaria y pretenciosa de Sarkozy la traduce a la gran pantalla con una solvencia impresionante Denis Podalydes (Caché). No sólo moldea a la perfección su imagen de egocéntrico, narcisista y trilero político, sino que hasta su forma de hablar y andares son calcados. Tanto, que resulta inevitable no sonreír ante el parecido. El camaleonismo de Podalydes se asemeja al de Sarkozy, muy hábil en distancias cortas, muy buen orador y un político que supo venderse a la perfección. Si un buen actor es un perfecto mentiroso, un político se acerca a ello.

Pero cuando la película de Durringer intenta asomar la patita en la intimidad del hiperpresidente falla como podía triunfar J Edgar o la deleznable La dama del hierro – en los pequeños momentos de lucimiento de Meryl Streep-. Su fallida relación con su esposa Ceciliá es también llevada al cine fallidamente. Porque si el carácter, tanto en la vida privada – casi televisada – como pública de Sarkozy es autoritario, chirría ver un intento de humanismo cuando en realidad la búsqueda de estabilidad en su matrimonio es una mera excusa para salvar su campaña. Un presidente sin esposa no puede vencer unas elecciones. Necesita el contrapeso, como suelen decir, humano, femenino y detallista de una mujer. Y cuando Sarko aparece melancólico, entristecido por su situación con Cecilia, resulta poco verosímil.

De Nicolás a Sarkozy es un biopic político muy inteligente, que sabe exprimir de su complejidad una historia accesible a un espectador profano tanto en temas de política como en política francesa. El principal reclamo recae en la magnífica interpretación de Podalydes y en lo firme y dinámicamente que está narrada la trama política, que gracias a su concreción no se pierde en reflexiones más profundas. Pierde, sin embargo, al intentar moldear a un personaje que parece difícil de separar de lo público, que utiliza su vida privada para ganar votos. Lo cierto es que, cuando uno se acerca al personaje real una vez vista la película, éste gana enteros gracias a su magnetismo. Si muestra todo al público, en ese afán por la transparencia como forma de marketing, uno no puedo sino volverse loco especulando qué es lo que de verdad esconde Sarko. Un Sarkozy que afirman dejará la política ante su inminente derrota frente al socialista Francois Hollande,  un Sarkozy que llegó como salvador del conservadurismo gaullista y acabó derrotado por sí mismo, por su prepotencia y narcisismo.

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