El cine de Martes y Trece 25 años después.

Con motivo del 25 aniversario del estreno de su última película, ofrecemos una panorámica de la carrera cinematográfica conjunta de Josema y Millán.

El 20 de diciembre de 1991 se estrenaba en España El robobo de la jojoya. La película, que a la postre terminaría convirtiéndose en el testamento cinematográfico de Martes y Trece, fue todo un fenómeno popular y de taquilla. Apenas seis meses después, durante una actuación en la Exposición Universal de Sevilla (la Expo 92), Millán Salcedo sufriría una crisis de ansiedad que le obligaría a pasar varias semanas ingresado en la residencia médica Incosol. Aquel fue el principio del fin de Martes y Trece, que terminaría separándose definitivamente en la nochevieja de 1997.

Es por ello por lo que El robobo de la jojoya quizás suponga el mejor ejemplo del mejor momento artístico del dúo (antes trío) cómico. Martes y Trece fue un grupo cómico que cimentó su éxito en la televisión y, en esencia, en los programas especiales de nochevieja. Pero lo cierto es que también gozaron de una productiva carrera cinematográfica, con cuatro películas realizadas a su medida (tres de ellas grandes éxitos de taquilla) y una inicial en la que aparecían como personajes secundarios. Así que, aprovechando el vigésimo quinto aniversario del estreno de El robobo de la jojoya, y a modo de gala de fin de año, en Cinéfagos analizamos las cinco películas de Martes y Trece.

Sentados al borde de la mañana con los pies colgando (1978)

Martes y Trece se forma como grupo cómico en 1978. Millán Salcedo y Fernando Conde se habían conocido en el servicio militar, donde ya representaban diversas funciones para la alegría y el jolgorio de sus compañeros de promoción. Una vez terminada la mili, entran en la Escuela de Arte Dramático de Madrid, donde coinciden y entablan amistad con Josema Yuste. Tras intentar hacer carrera en el teatro y cine con más pena que gloria (a Millán le llegaron a entregar la tarjeta de visita de un cirujano plástico para despedirle de un cásting), comenzaron a frecuentar diversos locales nocturnos donde les permitían hacer espectáculos en directo. Miguel Bosé (en aquel entonces el chico de oro del pop español y David Bowie wannabe) les descubrió y les llamó para participar en el que sería su próximo proyecto cinematográfico.

La película de Miguel Bosé que hizo llorar a Ken Loach.
La película de Miguel Bosé que hizo llorar a Ken Loach.

A modo de gala de fin de año, en Cinéfagos analizamos las cinco películas de Martes y Trece

Bosé venía de rodar, en 1977, Suspiria, de Dario Argento. Y articuló en torno a su persona Sentados al borde de la mañana con los pies colgando. Si nos pusiéramos puristas, esta no sería, estrictamente, una película DE Martes y Trece. Ni siquiera una película CON Martes y Trece. De hecho, Josema Yuste, Fernando Conde y Millán Salcedo aparecen acreditados como tales en los créditos de la película, en ningún momento lo hacen como Martes y Trece. Solo en posteriores ediciones domésticas de la cinta se llegó a incluir el nombre del grupo. En ocasiones, hasta llegando a desplazar al del propio Miguel Bosé de la cabecera del cartel.

Sentados al borde de la mañana con los pies colgando es una película tan deficiente como su propio título pudiera hacernos sospechar. En ella, Miguel Bosé interpreta a un joven que busca edificios abandonados donde poder instalarse con un grupo de amigos. Una vez instalados, el grupo de okupas ofrecen servicios de canguro, de clases para adultos, de activismo cultural para regocijo de los vecinos del barrio pero honda preocupación de ayuntamiento e inmobiliarias. Así, la película se convierte en una oda a la abolición de la propiedad privada. La misma persona que, años después, afirmaría que en España hay más piratería que en el resto de Europa porque este es un país lleno de catetos, en esta ocasión abogaba por el libre usufructo de los bienes del prójimo. Porque el prójimo era otro. Y el usufructuario él. Obvio.

Millán intentando explicar a Josema y Fernando el argumento de Sentados al borde de la mañana con las cosas de Miguel Bosé colgando.
Millán intentando explicar a Josema y Fernando el argumento de Sentados al borde de la mañana con las cosas de Miguel Bosé colgando.

Esta no sería, estrictamente, una película DE Martes y Trece. Ni siquiera una película CON Martes y Trece

Sentados al borde de la mañana con los pies colgando se inscribe en la nueva comedia madrileña como una de las primeras exponentes del género, dado que Tigres de Papel, de Fernando Colomo, piedra inaugural del movimiento, se había rodado tan solo un año antes. De hecho, el propio Colomo forma parte del elenco como actor de reparto, dando vida a un representante del ayuntamiento. Todos los actores protagonistas están muy tiernos y se nota demasiado el carácter improvisado de la mayoría de los diálogos. Tan solo algunos secundarios, como el gran Luis Ciges, o Enrique San Francisco, aportan algo de aplomo con sus actuaciones.

Cuenta la leyenda (leyenda que la propia interesada se ha afanado en propagar), que la primera opción para el principal papel femenino (interpretado por Beatriz Elorrieta) fue ofrecido en primera instancia a Ana Obregón, pero que ella tuvo que rechazarlo por ser menor de edad y no contar con permiso paterno. Pero vaya usted a saber. Cuando, dentro de muchos años, fallezca Ana Obregón y la corten por la cintura para poder contar sus anillos y así determinar su edad, probablemente podamos saber si, allá por 1978, todavía tenía 17 años o ya había entrado en la menopausia, que con ella nunca se sabe.

La Farrah Fawcett española.
La Farrah Fawcett española.

Todos los actores protagonistas están muy tiernos y se nota demasiado el carácter improvisado de la mayoría de los diálogos

Los personajes de Josema Yuste, Millán Salcedo y Fernando Conde no son especialmente cómicos. De hecho, no son especialmente nada, ni están dotados de una mínima profundidad. Juntos, aparecen como trío ejecutando un número pretendidamente gracioso en una de las performances que llevan a cabo los activistas protagonistas. Así, los tres intérpretes inician su gag cantando la canción del Cola Cao para, cuando parece que van a empezar las risas, ser completamente ignorados por el operador de cámara, que centra su atención en el rostro y la conversación que el personaje de Miguel Bosé entabla con una muchacha. De este hecho, completamente anecdótico, extraemos dos conclusiones: 1) Martes y Trece no eran NADIE en ese momento, por lo que nadie pensó que el público estuviera interesado en sus chistes. 2) Solo hay algo más grande que el ego de Miguel Bosé, y es el narcisismo de Miguel Bosé.

Sentados al borde de la mañana con los pies colgando inaugura una de las tradiciones que posteriormente marcaría gran parte del cine de Martes y Trece, la de que los miembros de grupo interpretaran distintos personajes en la misma película. Pero mucho nos tememos que en este caso se debiera más a la falta de medios y de vergüenza que a una voluntad de explotar los distintos registros de los cómicos. Así, cuando el personaje de Miguel Bosé visita unos laboratorios para pedir consejo y dinero a un antiguo benefactor, podemos escuchar la voz de Millán Salcedo por la megafonía del edificio. Pero, lo cierto, es que el efecto buscado no es cómico, sino tan solo el de ofrecer algo de sonido ambiente a lo largo de las interminables tomas en las que el protagonista va caminando por los pasillos.

Fernando conde es un actor del método y parece que se preparó mucho lo de ser el rostro de una cerveza.
Fernando conde es un actor del método y parece que se preparó mucho lo de ser el rostro de una cerveza.

Martes y Trece no eran NADIE en ese momento, por lo que nadie pensó que el público estuviera interesado en sus chistes

Sentados al borde la mañana con los pies colgando es, en resumen, una película de apenas noventa minutos que termina resultando más interminable que su título. Una cinta que, en la actualidad, solo ofrece una experiencia más cercana a la arqueología que a la cinefilia. Una película envejecida, sin apenas valores artísticos o de producción, pobremente concebida, mal rodada y pésimamente interpretada. Una expresión artística que dice más del talento de Miguel Bosé que del de Martes y Trece.

Martes y trece, ni te cases ni te embarques (1982)

Cuatro años después de su debut en el cine, las cosas habían cambiado para Martes y Trece. Tras sus apariciones, de la mano de Jose María Íñigo, en Fántastico y Aplauso, ya eran rostros conocidos para el gran público. De hecho, fueron escogidos por Chicho Ibáñez Serrador para ser Los Tacañones en la edición del Un, dos, tres de 1982. Finalmente, tras rodar el piloto, fueron sustituidos por las Hermanas Hurtado y pasaron a formar parte de la plantilla habitual de la subasta.

Para tacañones, los encargados de vestuario.
Para tacañones, los encargados de vestuario.

Fueron escogidos por Chicho Ibáñez Serrador para ser Los Tacañones en la edición del Un, dos, tres de 1982

A pesar de toda esta actividad televisiva, y de sus espectáculos en directo, Martes y Trece nunca perdieron de vista el mundo del cine. Josema Yuste, tras su debut en solitario como actor “serio” protagonizando Cocaina, de Jimmy Giménez-Arnau (su personaje se llamaba Mamón, ese era el nivel), ya había abandonado la idea de dejar el grupo para emprender otro tipo de carrera. Y así, en 1982, les llegó la oportunidad de rodar la primera película orquestada en torno a sus figuras hasta el punto de mencionarles hasta el en título.

Martes y trece, ni te cases ni te embarques es una película con valores de producción tan pobres que parece un trabajo amateur: rodada en apenas un par de localizaciones (una oficina y el parque del Retiro), sin un trabajo de fotografía que buscara dotar a la imagen de nada parecido a la profundidad o la textura, la película se encomienda al encanto de sus actores. Y, allí donde patinan unos Josema Yuste, Millán Salcedo y Fernando Conde demasiado tiernos y carentes de ritmo, triunfa un plantel de secundarios que sabe arremangarse para sacar su trabajo adelante: Amparo Soler Leal, Agustín González y Beatriz Carvajal están soberbios, divertidos, profesionales. La película supuso también el debut en cine de Juan Diego Botto en el papel de un repelente niño de mamá. Que vaya usted a saber quién sería el tipo clarividente que pensó en él para el personaje.

En las fotos conjuntas, Fernando Conde siempre tiene cara de preguntarse qué cojones hace él ahí.
En las fotos conjuntas, Fernando Conde siempre tiene cara de preguntarse qué cojones hace él ahí.

La película supuso también el debut en cine de Juan Diego Botto en el papel de un repelente niño de mamá

Vista a fecha de hoy, Martes y trece, ni te cases ni te embarques llama la atención por el tono políticamente incorrecto de su humor. Más allá de chistes sobre impotencia, ninfomanías, miembros de tamaño reducido y todo tipo de parafilias sexuales, el peso cómico de la película reside en chistes sobre discapacidades (hay una jorobada a la que llaman Igorita) e, incluso en un doble combo con tirabuzón, en hacer mofa sobre un discapacitado intelectual homosexual (lo que en aquel entonces se conocía como un subnormal mariquita). Otros chistes recurrentes tienen que ver con la escasa habilidad para disfrazarse de nuestros protagonistas (siempre son descubiertos por un niño) y con las bofetadas que recibe, una y otra vez, el personaje de Millán Salcedo. Tanto es así que no es descabellado pensar que Álex de la Iglesia tenía en mente estas situaciones a la hora de desarrollar la capacidad de encaje del personaje de Santiago Segura en la magistral Muertos de risa.

A pesar de todas estas deficiencias, Martes y trece, ni te cases ni te embarques, tuvo una estupenda recepción en las taquillas, convocando a más de 700.000 espectadores a las salas comerciales. Martes y Trece demostraban tener tirón, también, como fenómeno cinematográfico.

Hubo un tiempo en el que sustituyeron a Josema por un muñeco de cera y nadie pareció darse cuenta.
Hubo un tiempo en el que sustituyeron a Josema por un muñeco de cera y nadie pareció darse cuenta.

Martes y trece, ni te cases ni te embarques llama la atención por el tono políticamente incorrecto de su humor

La loca historia de los tres mosqueteros (1983)

Un año después de Martes y trece, ni te cases ni te embarques, Josema Yuste, Millán Salcedo y Fernando Conde se embarcaron en una película mucho más ambiciosa a todos los niveles. La oportunidad comercial de la misma se basaba, por un lado, en el éxito que la serie de animación Dartacán y los tres mosqueperros había tenido en la televisión pública española en 1981. Y, por otro, la gran recaudación de Cristóbal Colón, de oficio descubridor (protagonizada por Andrés Pajares) en 1982. Tanto fue así que La loca historia de los tres mosqueteros no fue la única comedia bufa de época que estrenó la industria española en 1983, y tuvo que competir directamente contra Juana la loca (de vez en cuando). Cabe señalar que el guión de esas tres películas venía firmado por Juan José Alonso Millán, dramaturgo español autor, entre otras, de El cianuro… ¿solo o con leche?, uno de los textos más redondos y divertidos del teatro español del siglo XX.

La loca historia de los tres mosqueteros sería dirigida, al igual que Cristobal Colón, de oficio descubridor, por Mariano Ozores. Y, con esa mezcla de endogamia, practicidad y ahorro que caracteriza a su cine, hasta cuatro miembros de la familia Ozores aparecen entre el equipo técnico y artístico de la película (Mariano dirige, Antonio, Adriana y Emma actúan). También forma parte del reparto una actriz fundamental para entender el cine realizado en España durante la Transición: Nadiuska. El caso es que, al ser esta una película destinada a todo tipo de públicos, aparece tan vestida que resulta harto complicado reconocerla.

La versión española de Tres solteros y un biberón.
La versión española de Tres solteros y un biberón.

Hasta cuatro miembros de la familia Ozores aparecen entre el equipo técnico y artístico de la película

El sello de la factoría Ozores se nota, también, en la cantidad de chistes contemporáneos a la época del rodaje que pueblan la película. Si bien en el resto de sus cintas los sketches son más atemporales, La loca historia de los tres mosqueteros cuenta con chistes más envejecidos. Así, Josema imita a Jesús Hermida en la primera secuencia de la película, o, posteriormente, se hace mofa del macarrónico inglés de Jose Luis Garci al recoger el Oscar por Volver a empezar ese mismo año. También se hace referencia a los asaltos a camiones cargados con frutas y verduras en la frontera de Francia. Y, en lo que sin lugar a dudas se convierte en la joya de la corona de la película, Antonio Ozores parodia a Battlestar Galactica.

La loca historia de los tres mosqueteros ha acabado revelándose como una película sumamente influyente en el cine europeo posterior. Así, la inclusión de un anuncio comercial ficticio a mitad del metraje (el del lubricante Todos para uno) terminaría inspirando un gag muy similar con una bebida energética en Airbag, ese fabuloso divertimento rodado por Juanma Bajo Ulloa en 1997. ¿Y qué decir de ese mando a distancia con el que el Cardenal Richelieu y Milady de Winter hacen avanzar y retroceder la acción e incluso congelarla a voluntad? Pues que el propio Michael Haneke debería reconocer que fue una influencia decisiva a la hora de escribir una de las escenas más aterradoras de Funny Games.

Josema interpretando a un mosquetero imitando a Garci con un premio que parodia a un Oscar.
Josema interpretando a un mosquetero imitando a Garci con un premio que parodia a un Oscar.

En lo que sin lugar a dudas se convierte en la joya de la corona de la película, Antonio Ozores parodia a Battlestar Galactica

Cabe señalar que La loca historia de los tres mosqueteros es la película de Martes y Trece con más números musicales. Así, su main theme es una versión libre de la clásica canción de tuna Clavelitos. Los protagonistas también interpretan un cover de Gibraltareña, en la que probablemente sea la más certera parodia de Los tres sudamericanos llevada a cabo, al menos hasta que, en la década de los 90, surgiera el grupo gallego Los tres sudamaricones.

Pero, donde realmente da la campanada la película es en el número musical en el que Josema imita a Rafaella Carrá cantando Una mujer en el armario. ¿Por qué esta escena es tan importante? Es sencillo. Es un hecho objetivo que una película con una canción de Rafaella Carrà siempre será mejor que una película sin canciones de Rafaella Carrà. Esto es así. No es una opinión, es un hecho objetivo.Es probable que el propio Alfred Hitchcock en sus conversaciones con François Truffaut (recogidas posteriormente en el libro El cine según Hitchcock) reconociera que ella era el único detalle que le faltaba a su filmografía para ser redonda.

Fernando Conde, Millán Salcedo, Josema Yuste y Antonio Ozores en La loca historia de los tres mosqueteros.
Fernando Conde, Millán Salcedo, Josema Yuste y Antonio Ozores en La loca historia de los tres mosqueteros.

Una película con una canción de Rafaella Carrà siempre será mejor que una película sin canciones de Rafaella Carrà

La recaudación en taquilla de La loca historia de los tres mosqueteros terminaría siendo bastante inferior que la de Martes y trece, ni te cases ni te embarques, siendo una película más cara, más ambiciosa y mejor en todos los sentidos. Este resultado, a todas luces decepcionante, llevaría al grupo a ausentarse de las carteleras cinematográficas durante los siete años siguientes.

Aquí huele a muerto… (¡pues yo no he sido!) (1990)

En 1990, Martes y Trece ya eran un dúo cómico. Fernando Conde había abandonado a sus compañeros, intentando labrarse una carrera como actor más que como cómico. Cabe señalar que con el tiempo terminaría especializándose en teatro clásico y participando en películas como El perro del hortelano o Más pena que gloria. El caso es que Josema y Millán a esas alturas ya eran un dúo plenamente asentado. Habían transcurrido seis años desde el famoso sketch de las empanadillas y ya se habían encargado de despedir 1989 desde la televisión pública con un programa orquestado por ellos en exclusiva.

Intentaron sustituir a Fernando Conde por otro componente, pero aquello no terminó de cuajar.
Intentaron sustituir a Fernando Conde por otro componente, pero aquello no terminó de cuajar.

Fernando Conde había abandonado a sus compañeros, intentando labrarse una carrera como actor más que como cómico

En 1989 habían rodado, a las órdenes de Álvaro Sáenz de Heredia, un anuncio del atún Rianxeira. El director, que no acostumbra a dar puntada sin hilo, terminó montándoles una película para su exclusivo lucimiento. Aquí huele a muerto… (¡pues yo no he sido!) es, probablemente, la película más película de todas las que rodaron Martes y Trece. La cinta tiene atmósfera, profundidad de imagen y un trabajo de fotografía, dirección artística, maquillaje y efectos especiales que nada tienen que desmerecer a cualquier producción española de la época. Además, es la película de Martes y Trece que más gags acumula por minuto y en la que Josema y Millán se sienten más cómodos con sus personajes, lo que facilita que ambos ofrezcan sus mejores interpretaciones en una película conjunta.

Aquí huele a muerto… (¡pues yo no he sido!) es, en realidad, tres películas en una. Una película distinta por cada uno de los actos de su clásica narración. Tras un terrorífico prólogo que sirve para marcar el tono de la propuesta y para mostrarnos el detonante de la acción, la cinta comienza presentando a los protagonistas: el Conde de Capranegra, un aristócrata venido a menos, y su sirviente, Antoine. Juntos malviven en un piso de París, cometiendo todo tipo de tropelías y engaños para poder sobrellevar su día a día. En esta primera media hora de película, el tono de la misma tiene mucho que ver con el de los tebeos de Vázquez, con unos protagonistas asediados por las deudas y los acreedores. Esta temática y este tono, de hecho, están directamente emparentados con una tradición cultural tan española como la de la novela picaresca. Así, el Conde de Capranegra y Antoine no dejan de ser una réplica, en esencia, del Lazarillo de Tormes y el escudero, aquel noble venido a menos que, a pesar de no haber comido, todas las tardes sale a la puerta de su casa con un mondadientes para poder ser envidiado por sus vecinos.

Millán Salcedo en su participación en En la cama con Madonna.
Millán Salcedo en su participación en En la cama con Madonna.

Es la película de Martes y Trece que más gags acumula por minuto

El segundo acto, como en toda narrativa que tenga que ver con el clásico viaje del héroe, abarca el traslado de nuestros protagonistas desde el lugar en el que se les encomendó su misión hasta el lugar donde deben cumplirla. Todo este segmento de la película transcurre en un medio de transporte tan cinematográfico como un tren. Así, Saenz de Heredia logra transmitir el clasicismo de Sidney Lumet en Asesinato en el Orient Express, el sentido del misterio de Alfred Hitchcock en Alarma en el expreso, el sentido épico de Richard Attenborough en Gandhi y la acción de John Frankenheimer en El tren. Todo con completado con un broche de oro: esa escena en la que Millán es atacado por unos rayos azules que salen directamente de los pechos de una enfermera que en realidad es un monstruo. Gloria para tus ojos.

El tercer acto de la película es un claro homenaje a las películas de la Hammer y al género del terror en España. Es en este segmento donde hace su aparición Paul Naschy, y el tono comienza a oscilar entre Buenas noches, señor monstruo y El liguero mágico. La película se convierte, en su clímax, en un endiablado corre que te pillo antes de ofrecernos un desenlace con doble twist que hubiera hecho las delicias del mismísimo M. Night Shyamalan.

Para Millán Salcedo, esto es una actuación contenida.
Para Millán Salcedo, esto es una actuación contenida.

El tercer acto de la película es un claro homenaje a las películas de la Hammer y al género del terror en España

Más allá de todas las bondades de la película, una destaca especialmente. Se trata de La canción del Conde Capranegra, una alegre chanson francesa, más pegadiza que un chicle de adamantio,  que entona el protagonista en un par de ocasiones de la película. Cuando, en los créditos finales, vuelve a sonar, contribuye decisivamente a que el espectador termine el visionado de la cinta con una gran sonrisa dibujada en sus labios.

El robobo de la jojoya (1991)

El final de Aquí huele a muerto… ¡pues yo no he sido! era lo suficientemente abierto como para asegurar, en caso de tener el éxito que finalmente tuvo, el rodaje de una secuela. Dicha secuela ya estaba escrita y transcurría en el lejano oeste, pero parece ser que el guión no terminaba de ser del gusto de nadie y se guardó en un cajón a la espera de posteriores reescrituras. Álvaro Sáenz de Heredia trabajaría durante cinco años más en él y terminaría rodándolo, en 1996, con Chiquito de la Calzada en el papel de Josema Yuste y Bigote Arrocet en el de Millán Salcedo. El título con el que se estrenó dicha película fue, ¿adivinan?, Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera.

Inolvidables como Los Pecos.
Inolvidables como Los Pecos.

Para su segunda película juntos, Sáenz de  Heredia y Martes y Trece optaron por un proyecto original

Así que, para su segunda película juntos, Sáenz de  Heredia y Martes y Trece optaron por un proyecto original. Y, como en su anterior experiencia juntos, terminaron rodando una película que, en realidad, abrazaba varios géneros. El robobo de la jojoya comienza como una película de robos, con un Millán Salcedo colgado aparatosamente del techo en una situación que a todos pareció inverosímilmente cómica hasta que, cinco años después, Brian De Palma estrenó Misión Imposible, con Tom Cruise interpretando ese mismo papel.

En su siguiente escena, El robobo de la jojoya anticipaba el que se convertiría en el género por excelencia de los años 90, el cine de juicios. Con unos Josema y Millán desdoblados como acusados, abogado defensor y fiscal, la secuencia es un prodigio de ritmo y chorradas en general que termina desembocando en el acto central de la película. Porque, una vez condenados, nuestros protagonistas terminan en prisión. Y es allí donde empieza una película de evasiones carcelarias. Un poco como Cadena Perpetua, pero tres años antes.

Igualico a Tom Cruise.
Igualico a Tom Cruise.

Una película de evasiones carcelarias. Un poco como Cadena Perpetua, pero tres años antes

Una vez que los personajes de Josema y Millán logran fugarse, la película se transforma en un batiburrillo en el que deben travestirse para entrar a trabajar en un centro comercial donde podrán probar su inocencia desenmascarando a los verdaderos culpables de los delitos de los que les acusan. Esto es, una mezcla entre Con faldas y a lo loco (hay un plano de los culos de los protagonistas que es directamente deudor de la obra maestra de Billy Wilder), Crimen ferpecto y una película protagonizada por Ashley Judd.

En su resolución final, El robobo de la jojoya se muestra, como casi todo el cine de Sáenz de Heredia, deudora de la narrativa más clásica. Así, el director emplea un deus ex machina de manual, que en esta ocasión adopta la forma de consumidoras enloquecidas, al grito de Rebajas por los suelos, os tiramos de los pelos. El epílogo de la cinta es una secuencia musical de carácter onírico en la que Josema, Millán y sus parejas cantan la samba Brasil, sueño dorado tras una elipsis que haría palidecer de la envidia al mismísimo Stanley Kubrick: los protagonistas pasan de estar cercados y arruinados en el centro comercial, justo tras haber perdido la joya que ansiaban, a gozar de la buena vida en una playa de Brasil gracias a un simple corte de montaje. Ríanse ustedes de los monos, las quijadas y las naves espaciales.

The Danish Girl.
The Danish Girl.

El robobo de la jojoya se muestra, como casi todo el cine de Sáenz de Heredia, deudora de la narrativa más clásica

Además de Martes y Trece, tres intérpretes destacan dentro del reparto de El robobo de la jojoya. En primer lugar una Anabel Alonso que vuelve a dar muestras de su profesionalidad y de su timing para la comedia. En segundo lugar, Esther del Prado interpretando al interés sentimental y objeto erótico de la película. A esas alturas de su carrera, Esther ya había dejado de ser azafata del Un, dos, tres, y también había abandonado sus adicciones a la heroína y cocaína. Lo cierto es que luce bellísima y aporta una inocencia y un humor naif que sientan a la perfección al desarrollo de la historia. Años después, tras mantener un breve idilio con Pepe Navarro, Esther del Prado iniciaría una relación sentimental con un pujante empresario llamado Álvaro Pérez, con el que acudiría a todo tipo de actos sociales de prestigio, incluida la boda de la hija de un Presidente del Gobierno. A lo mejor el nombre del empresario no les dice nada, pero seguro que lo conocen por su sobrenombre: El Bigotes. Por último, cabe mencionar a un Emilio Aragón que, en aquellos momentos, se encontraba en la cresta de la ola y al que no le dolieron prendas en aparecer en un cameo (era un viejo conocido de Sáenz de Heredia, que le había dirigido en Policía) completamente anticlimático que se erige, por méritos propios, como el momento más bajo de toda la película.

Como curiosidad, cabe señalar que el cocodrilo de El robobo de la jojoya fue, en parte, confeccionado por un jovencísimo (apenas 19 años) Alejandro Amenábar mientras trabajaba como meritorio en el taller de Colin Arthur.

Ojalá El Bigotes se hubiera enamorado de ella viendo esta escena. Todos seríamos un poco El Bigotes.
Ojalá El Bigotes se hubiera enamorado de ella viendo esta escena. Todos seríamos un poco El Bigotes.

El cocodrilo de El robobo de la jojoya fue, en parte, confeccionado por un jovencísimo Alejandro Amenábar

Las películas de Martes y Trece pueden ser irregulares, casposas y lucir ciertamente envejecidas. El tráiler de El robobo de la jojoya visto con los ojos de un espectador contemporáneo resulta tan kitsch, tan ingenuo, tan carente de todo tipo de virtudes que, una vez traspasados todos estos límites se vuelve brillante por postmoderno. Y un poco eso es lo que le sucede a sus películas. Gran parte del humor de Martes y Trece proviene de perversiones de la narrativa mostrados en forma de equívocos: ¿cuál es, si no, la gracia del famoso sketch de las empanadillas? ¿por qué nos reímos cuando Lauren Castigo le dice a Paca de Carmona “Eres un monstruo… ¡un monstruo de fea, cabrona!”?. Pongo ejemplos de dos de los números más celebrados del dúo, pero podrían ponerse muchos más. La disrupción en la narrativa, que deja de ser previsible para adentrarse en los terrenos del absurdo, allá donde todo puede pasar (Millán bailando como un robot, disfrazado de pollo, en una actuación de Franco Napiato), es la base de su humor. Y las películas de Martes y Trece son brillantes porque aplican a la narrativa cinematográfica (no solo al lenguaje verbal de la película, sino también al visual) todo ese entramado de equívocos. Allá donde el cine de Chiquito de la Calzada daba un paso para adelante, dos para atrás, una vuelta y tres saltitos para permanecer en el sitio, las películas de Martes y Trece, juegan a hacerte creer que van a llegar de A a C pasando por B, para finalmente, pasar por W,X, e Y antes de terminar llegando a Ñ. Esa, y no otra, es la bendita magia de su cine.

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