El espejo de la fantasía épica

Tras los éxitos de El Señor de los Anillos y Harry Potter, la fantasía épica parecía destinada a mucha gloria. En cambio, con la llegada de El Cazador y La Reina del Hielo, constatamos la decadencia total de un género agotado.

Espejito, espejito, ¿cuál es el género más hermoso del reino?

… se pregunta año tras año la fantasía épica, género cinematográfico que parecía haberse convertido en el particular El Dorado de los grandes estudios a principios de este siglo. La película que derribó la puerta de lo imposible fue la adaptación de El Señor de los Anillos (2001-2003, 3 películas). Y junto a ella, de menor calidad pero con igual o superior éxito, la saga de Harry Potter (2001-2011, 8 películas) .

Desde entonces, y en un intento por emular los logros de estas dos leyendas, han surgido diferentes aspirantes con el afán de crear su propio imperio: Underworld (2003-¿?, 5 películas), Piratas del Caribe (2003-¿?, 5 películas), Las crónicas de Narnia (2005-¿?, 4 películas), Eragon (2006, 1 película), En el nombre del rey (2007-2014, 3 películas), La brújula dorada (2007, 1 película), Crepúsculo (2008-2012, 5 películas), Airbender (2010, 1 película), Percy Jackson (2010-2013, 2 películas), Prince of Persia (2010, 1 película), Conan (2011, 1 película), El Hobbit (2012-2014, 3 películas), Oz (2013, 1 película) o El séptimo hijo (2014, 1 película) son algunos ejemplos. Todo un ejército de películas, no precisamente baratas en su mayoría, y de las cuales solamente Piratas del Caribe, Crepúsculo, El Hobbit (por efecto arrastre de ESdlA) y, en menor medida, Underworld han tenido el éxito suficiente como para levantar sus propios reinados taquilleros.

Resulta llamativo que tres de las sagas se encuentren arraigadas en los albores del siglo (2003, año en el que se estrenaría El retorno del rey, obra que además acabaría con un total de 11 Oscar como reconocimiento a todo El Señor de los Anillos). Menos llamativa resulta la calidad de las cuatro anteriores mencionadas (Piratas del caribe, Crepúsculo, El Hobbit y Underworld) que palidecen ante la sombra proyectada por los dos colosos. El Señor de los Anillos y Harry Potter ven cómo su legado, lejos de dar pie a una época dorada para el género de la fantasía épica, acaba sumergido en las tinieblas mientras los mortales deciden fijar su atención en los universos de superhéroes o en las sagas juveniles de sci-fi distópico: Los juegos del hambre (2012-2015, 4 películas), Divergente (2014-2017, 4 películas) o El corredor del laberinto (2014-2017, 3 películas).

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La fantasía épica parecía haberse convertido en el particular El Dorado de los grandes estudios a principios de este siglo con los éxitos de El Señor de los Anillos y Harry Potter

Espejito, espejito, ¿Y esto a qué se debe? …

… se pregunta la fantasía épica. El Señor de los Anillos y Harry Potter establecieron las bases actuales del género a todos los niveles: discurso cinematográfico (variedad de planos, fotografía, montaje paralelo, grandes batallas), estética (arquitectura, vestuario, maquillaje), producción (repartos formados por nuevas promesas y actores de prestigio y caché medio-alto, uso de prótesis, variedad de efectos especiales), distribución (calendario, publicidad, dividir la última parte de la saga en dos para maximizar el rédito económico). Y desde entonces, nada nuevo. Directamente, la nada. Las sucesivas aspirantes al trono no sólo han explotado y gastado hasta el agotamiento esos principios sin aportar una sola novedad sino que encima durante el camino han desechado el alma de sus maestras; el alma del género.

Por un lado, no queda ya ni rastro en las obras de la presencia de un autor fuerte entregado. Ya sea de forma directa como Peter Jackson y sus colaboradores, que deseaban fervientemente adaptar el imposible que suponía El Señor de los Anillos; o de forma indirecta, como J.K.Rowling, que se involucró e influyó mucho en la adaptación de su Harry Potter. La figura del autor acabó sustituida por la del productor. Y es un cambio con el que se pierde la necesidad de adaptar la obra o el mundo que uno ama y respeta, de ahí que el único propósito acabe siendo el económico.

Y en consecuencia, también se ha perdido cualquier signo de artesanía, ejemplificada ella en la fragua de El Señor de los Anillos (principalmente) y de Harry Potter: producciones que contemplaban la creación de una saga completa y bien planificada, que se aseguraban de tener los mimbres necesarios y entregados a la causa (director o directores, guionistas, reparto, equipo técnico y artístico), que procuraban la creación detallada de un mundo propio (sets interiores o exteriores sesudamente localizados, maquetas, miniaturas o maxituras), y que empleaban y experimentaban con técnicas (nuevas o clásicas) y efectos especiales de carácter artesanal. Todo ello ha quedado inundado bajo mares de CGI digital mal empleado.

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El Señor de los Anillos y Harry Potter establecieron las bases del género. Desde entonces, las nuevas películas las han agotado sin aportar nada nuevo, perdiéndose la figura del autor y la artesanía.

La justificación es sencilla: es mucho más barato y rápido. Sin embargo, el sacrificio no es baladí pues, si bien el resultado puede asemejarse, el realismo de este será consecuencia del realismo del camino. Y el realismo del camino es fruto de la vida misma: tiempo y trabajo. Sólo con ambas se alcanza a comprender en profundidad la realidad, por fantástica que sea, que se quiere reflejar en la obra. Sirva de enseñanza fundamental la labor del pintor hiperrealista Antonio López, filmada por Víctor Erice en El sol del membrillo.

Espejo de toda esta decadencia es la última película de fantasía épica que llega a la cartelera, Las crónicas de Blancanieves: El Cazador y la Reina del Hielo, que tiene por objetivo ampliar una saga ambientada en el cuento de Blancanieves, iniciada en 2012 con Blancanieves y la leyenda del cazador. Una obra raquítica que supone un batiburrillo temático de Frozen, la Guardia de la Noche de Juego de Tronos, Las crónicas de Narnia, El Hobbit y  romances que hace parecer Casablanca a la saga de Crepúsculo.

Una obra absolutamente impersonal, con un director recién ascendido del equipo de efectos especiales que hace lo que le mandan los productores de Universal, llena de acción y enfrentamientos que no le importan a nadie (porque para que una batalla te importe te tienen que importar los personajes que participan en ella), que chorrea cantidades ingentes de CGI y en la que vemos cómo un reparto de mucho caché (Charlize Theron, Chris Hemsworth, Jessica Chastain, Emily Blunt) se gana malamente el pan en papeles con los que no sólo no están comprometidos sino por los que sienten, en el mejor de los casos, indiferencia; y en el peor, vergüenza.

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El cazador y la Reina del Hielo es un espejo de la decadencia actual del género: puro negocio, impersonal, de guion raquítico, inundada de CGI, y en la que actores de mucho caché se ganan malamente el pan

Una obra sin alma ni cuerpo pero de presupuesto importante en la que ni siquiera sale Blancanieves (interpretada por una Kristen Stewart que ha saltado inteligéntemente del barco). Un mero reflejo de la fantasía y la épica cuya única justificación a su existencia reside en el negocio económico. Una película a la que, ya lo saben los productores, los espectadores acudirán llamados por la temática (Blancanieves), los grandes nombres y la campaña promocional antes de que la crítica y el boca a boca la hundan en el más oscuro olvido del cine multiplex.

Además, Las crónicas de Blancanieves: El Cazador y la Reina del Hielo, refleja perfectamente el último aspecto de un género sumido en tal decadencia que no deja de involucionar: su auto-confinamiento básico respecto a los objetivos que persigue y los temas que trata (entretenimiento basado en aventuras, acción y romance superficial) y al público al que se dirige (juvenil).

Todo esto me apena profundamente. Considero la fantasía épica un género lleno de posibilidades que no sólo puede ofrecer entretenimiento y escapismo de primerísimo nivel para cualquier tipo de público, sino que, y para mí esto es lo más importante, tiene un gran potencial para tratar los temas y problemas fundamentales del ser humano (amor, amistad, guerra, filosofía, política, historia…) gracias a su distanciamiento intrínseco y la fascinación que puede generar. Y en cambio, tras asentarse las bases en los albores del siglo XXI con dos sagas que alcanzaron el éxito a todos los niveles, podemos constatar que el género de la fantasía épica es pasto de las peores tinieblas. De sus propias tinieblas.

El señor de los anillos_El retorno del rey_Sam Gamyi_Luz Earendil

La fantasía épica es un género lleno de posibilidades pero que se encuentra sumido en la oscuridad de una decadencia que no deja de involucionar. No puede seguir mirándose a sí misma

Sólo la serie televisiva Juego de Tronos (2011-¿?, 8 temporadas confirmadas) ha brillado con luz propia y arrojado cierta esperanza de renovación (veremos cómo se desenvuelve en el fenómeno histórico que supone su sexta temporada, al andar a tientas sin el insuperable material, la saga de Canción de Hielo y Fuego, con el que contó en las anteriores temporadas) mientras se suceden los fracasos y hasta películas deudoras de las obras cumbre (El Hobbit, adaptada por el propio Peter Jackson, y veremos qué sucede con el spin-off de Harry Potter, Animales fantásticos y dónde encontrarlos, bajo la mirada de J.K.Rowling) quedan atrapadas en el agujero negro.

Espejito, espejito, ¿cuál es el género más hermo…¡CLASH!

Rompo el espejo por dos motivos: En primer lugar, la fantasía épica no puede seguir mirándose a si misma si quiere evolucionar y sobrevivir como género. Y en segundo lugar, por algo elemental: es tal la oscuridad que un espejo no sirve de nada.

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2 comentarios

  • Muy bien vistas la decadencia del género. Pero, ¿se trata de decadencia o transformación? Con muy buen ojo industrial, la fantasía épica ha derivado en el nuevo género de moda: el young-adult; con Crepúsculo (2008) como eje y Los juegos del hambre (2012) en el umbral. Son varios los productores, directores y actores que han sabido sumarse al cambio. Véanse Chris Weitz – director de la La brújula dorada (2007) y Crepúsculo: Luna nueva (2009)- y actores como Theo James AKA “Cuatro” -actor de Underworld (2012) y Divergente (2014-2017)-. Algunas técnicas de producción permanecen: las sagas con última parte fragmentada, estrategias de marketing, efectos CGI… y otras se incorporan de las nuevas tendencias en superproducciones cinematográficas y televisivas: en lugar de un director-autor de la saga, un director solvente para marcar la impronta visual que desarrollará en el resto de la saga otro más barato, la apuesta por directores y autores provenientes de círculos independientes (Gary Ross, Neil Burger; Jennifer Lawrence, Shailene Woodley, etc.), estrellas invitadas en papeles muy secundarios y más. El género es gancho suficiente. Hay interesantes continuidades (la épica, el público, los protagonistas adolescentes, los temas) y discontinuidades entre ambos géneros.
    ¿Para cuándo un Enfoque en el género Young Adult?

    • Gracias por tu comentario, Alberto, y, ante todo, disculpa por la tardanza en la respuesta. Cannes está a la vuelta de la esquina y tengo mucho lío al respecto y no me entero.

      La decadencia del género si bien se apoya en los datos del éxito industrial, sobre todo encuentra su por qué en el arte del género en si. El arte y la calidad del género en sí está totalmente deteriorada. Eso, en parte, es un error propio (del propio género y los interesados en explotarlo) y también una consecuencia indirecta de la transformación industrial que tú muy bien señalas.

      El género de la fantasía épica, en términos de industria, se ha visto relegado en torno al “young adult” con la saga de “Los juegos del hambre” como culmen, y, por otro lado, por las sagas de superhéroes de Marvel y DC. Son malos tiempos industrialmente hablando para la fantasía épica dada su competencia.

      Por ello mismo, sólamente una película con calidad artística puede volver a empezar un género que parecía que se iba a comer el mundo y que se está quedando atrás en una industria que camina hacia otros derroteros más beneficiosos (los dos citados).

      Tu breve análisis sobre el género “Young Adult” va muy bien tirado, te felicito por ello Alberto, y apuntamos la sugerencia de cara al futuro (aprovechando el lanzamiento de alguna nueva saga).

      Te reitero mis disculpas por la tardanza en la respuesta y te vuelvo a agradecer tu comentario. Tanto por el interés que muestras como por la calidad de lo que en él has escrito.

      ¡Un saludo!

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