El libro de la vida, la tradición como inspiración

Aprovechamos su desembarco en WuakiTV para hablar del debut del mexicano Jorge R. Guitérrez producido por Guillermo del Toro

Animación de calidad con sabor a México

8 Propuesta visual
5 Historia
6 Personajes
6 Ritmo
6.3

México está de moda. Lejos de la comida picante, las playas paradisíacas o la música mariachi, existe una realidad que late en el corazón del país azteca y que, desde la llegada del nuevo siglo, crece poco a poco, y de manera inexorable, para deleite de las hordas de cinéfagos que esperan con ansias productos de calidad. La invasión comenzó y, a día de hoy, en Hollywood se habla con acento mexicano. Primero fue el genial Guillermo Del Toro, que entró en la industria del séptimo arte por la puerta grande y se convirtió en el adalid de una industria floreciente que con voz propia buscaba su lugar en el mercado cinematográfico. Más tarde llegaría Alfonso Cuarón, bajo la batuta de Del Toro, como uno de los encargados de renovar las propuestas visuales llegadas desde la meca del cine. El director de la apabullante Gravity supo evolucionar desde la independencia de sus primeras propuestas a la adaptación plena al mainstream norteamericano con propuestas que se enmarcan dentro del territorio de los blockbusters, con un añadido de calidad que le hicieron merecedor del Oscar a la Mejor Dirección en el año 2013. Pero si de independencia se trata, y de éxito creciente también, el nombre que está más en boca de todo amante del cine es el de Alejandro González Iñárritu, el flamante vencedor de la última entrega de los Premios de la Academia y que siempre ha empuñado el estandarte de un cine más personal que el de sus otros dos compatriotas, jugando con la introspección y el cine de autor como señas de identidad. Ellos son la punta de iceberg de una hornada de realizadores que poco a poco van saliendo a la luz para demostrar el buen estado de forma del cine mexicano, capaz de introducirse en cualquier tipo de género y salir airoso de él.

El libro de la vida cuenta con un portentoso despliegue visual que nos arrastra de manera irremisible al interior del México más legendario

Tal es el caso que nos ocupa. En un año en el que las propuestas de animación están rozando la perfección con casi cada nuevo estreno (desde La oveja Shaun a La canción del mar, el estado de forma del género resulta inapelable), a principios del curso pudimos disfrutar de manera tardía de un título que llegaba directamente de tierras aztecas con el aval de una nominación a los Globos de Oro como Mejor Película de Animación y un puñado de buenas críticas cosechadas. Y aunque su recorrido por nuestra taquilla dejó que desear, ahora es una buena oportunidad para volver a gozar del debut como director de Jorge R. Gutiérrez gracias a Wuaki TV, El libro de la vida.

Con el apoyo de Guillermo Del Toro como garantía de calidad, Gutiérrez ofrece una película que excava en las raíces intrincadas de la cultura de su país para extraer del pozo de las tradiciones una deliciosa y colorista fábula que rinde pleitesía a la cultura y la tradición mexicana con un respeto y un cariño merecedor de todo halago. El guión se aprovecha de una historia sencilla e incluso excesivamente previsible para tapizar las retinas del espectador con un portentoso despliegue visual que nos arrastra de manera irremisible al interior del México más legendario. La imaginería visual desplegada en el apartado técnico embellece los fondos y dota de una plasticidad soberbia a unos personajes que sirven como punta de lanza para adentrarnos en la idiosincrasia de una cultura a través de sus costumbres más arraigadas. De este modo, la propuesta se vuelve más interesante por momentos para el público adulto, lo cual obliga a tomar medidas para retener al público al que realmente va destinada la cinta, el infantil.

Los compases macabros de El libro de la vida obligan a recordar al Tim Burton de La novia cadáver

Es en ese esfuerzo por mantener El libro de la vida equilibrada donde se produce un desbarajuste entre los maravillosos (y por  momentos macabros) compases en los que la muerte pulula por el metraje, obligando a recordar al Burton de La novia cadáver, y los innecesarios números musicales sumados a alguna escena de acción que en lugar de elevar la adrenalina del metraje, lo que hace es despertarnos de la ensoñadora visión de un universo de belleza inusitada. Pese a todo, el despertar no es tan duro, gracias a la creación de unos personajes capaces de ganarse la simpatía del espectador desde el primer instante por la mezcla adecuada de ternura y humor. Una galería plagada de roles tópicos que aun así consiguen nuestra empatía por su inmersión en un mundo que mantiene intacta su capacidad para sorprender.

Gutiérrez demuestra una vez más que muchas veces, para conseguir una propuesta de notable calidad, no hay que marcharse a las antípodas de la originalidad; tan sólo es necesario volver la vista con respeto y cariño al punto en el que se ha forjado nuestra cultura. En la cuna de las leyendas más grandiosas reside la materia prima con la que se hacen los sueños, y no hay nada que agradezca más el cine que los sueños. Es por eso que pese a sus puntos flacos, que los tiene y se hacen notar, El libro de la vida no deja de ser un viaje maravilloso al corazón de un país de raíces comunes al nuestro, pero de tradiciones dispares. Un título que, además, confirma al territorio azteca como uno de los nombres propios en esto de hacer películas de calidad.

Y no lo olviden, el mundo sigue dando vueltas, los cuentos siguen contándose y las personas van y vienen, pero nunca caen en el olvido.

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