El Origen del Planeta de los Simios, entretenimiento veraniego del bueno

Ruper Wyatt, un director aparentemente desconocido, sorprende con su segunda película, un blockbuster que mola.

Tras la debacle de los monos allá por 2001 con el por entonces reprochado Tim Burton, quien confirmaría su baja forma con la indiferente El Planeta de los Simios, 20th Century Fox vuelve con una de sus sagas más longevas -aunque no lo parezca llevan ya siete películas y dos series de televisión- de la mano del prácticamente desconocido Rupert Wyatt. Con un reparto encabezado por uno de los guaperas del momento, James Franco, y por la habitual chica florero de estos blockbusters veraniegos, Freida Pinto, El Origen del Planeta de los Simios ha supuesto una de las sorpresas más agradables de Agosto. Con este pequeño análisis del film trataré de responder a la inevitable pregunta de otros tantos cinéfagos, ¿mola o no mola?

El Origen del Planeta de los Simios toma el sorprendente final de aquella mítica película protagonizada por Charlton Heston, El Planeta de los Simios (Franklin J. Schaffner, 1968) en la que la Estatua de la Libertad confirmaba la extinción de la humanidad en favor de unos nuevos conquistadores. De esta manera, Wyatt se propone explicarnos el origen de esa pérdida del poder del hombre en la Tierra con un científico y una cura para el Alzheimer como primeros protagonistas. Y es necesario hacer referencia a este planteamiento, pues pese que prácticamente cualquier espectador sepa el final, bien es cierto también que el camino que toma Wyatt para explicárnoslo resulta estar sorprendentemente bien condensado y en pocos momentos baja el ritmo. Es por tanto el pulso rítmico de la película el primer logro del director para contar una historia que se sustenta de un buen guion pero, sobre todo, de unos efectos visuales sensacionales y unas escenas de acción espectaculares excelentemente filmadas.
El tramo inicial de la película, que nos presentará al siempre simpático James Franco como un intrépido científico obcecado en encontrar una cura para el Alzheimer para curar a su padre, derivará en otra presentación, la de César. Interpretado por ‘el hombre invisible del cine’, Andy Serkis, César es un chimpancé cuyo destino será encabezar la rebelión simia. Por medio de un par de escenas que mantienen ciertas reminiscencias con el Tarzan de Disney y con el apoyo de una grata banda sonora compuesta por Patrick Doyle, el crecimiento físico e inteligente de César se propone como un relato esencial y entretenido acompañado también del buen trabajo de John Lithgow -que hará de padre de Franco-. La corrupción del simio se verá motivada por el siempre antagonista Tom Felton -el ya mítico Draco Malfoy de la saga Potter- que dará buena fe de la maldad y de las pretensiones serviles de los hombres para con los animales. Será esta parte de la película la que menos simpatice con el espectador y donde el guion no conseguirá explicarse correctamente, y a ello ayuda la estupidez e indiferencia reflejadas por un Brian Cox poco convincente.Sin embargo, Wyatt reserva sus mejores armas para el tramo final del film y que permite valorarla como un gratísimo film de acción. Por el camino veremos desde vistas de pájaro enaltecidas por los espectaculares efectos visuales de los que hablaba, hasta una potente carga de caballería cargada de violencia  y excelentemente trabajada por la cámara de Wyatt. La fotografía hace un buen papel en pro de la ciudad de San Francisco, cuya escena en pleno Golden Gate ayuda a que el clímax final sea todavía más placentero. Wyatt se reserva la posibilidad de una secuela que, en un primer momento, tiene pocas cuerdas a las que cogerse. Pero quién sabe, los guionistas Rick Jaffa y Amanda Silver ya nos han sorprendido una vez.

En definitiva, las decisiones del director -pese a algunos tramos en los que el montaje no es perfecto- son imprescindibles a la hora de que la película no resulte poco creíble y derive en lo que muchos pudieron llegar a pensar que podría ser -algunos hablaban de un probable final psicotrónico poco verosímil-. Con esto hago referencia a la puesta en escena, al buen trabajo de Serkis, y a un guion bien trabajado y que flaquea en pocos momentos. Si a eso añadimos el espectacular tramo final, tenemos ante nosotros a un blockbuster veraniego que mola, y mucho.

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  • Mil veces mejor que su compañera en taquilla, Capitan America. Tiene un ritmo perfecto, siempre in crescendo, que no decae en ningún momento. Y desde luego que el montaje es muchisimo mejor que el de Cap. America, que es un desastre en su estructuración, en los planos, y casi en todo lo que no es Craneo Rojo.

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