El recuerdo de Marnie, la (pen)última duermevela de Ghibli

Antes de cerrar de forma temporal su fábrica de ensoñaciones y locuras y echarse a dormir, a soñar y a recordar, paso previo a su reestructuración, el Studio Ghibli nos regala su penúltima duermevela

Se encienden las luces, despierto y el recuerdo de Marnie se difumina

7 Poética de su temática
9 Técnica visual de ensueño
4 Inconsistencia e irregularidad de su guion
4 Contención y ausencia de magia
6 Capacidad de emocionar
6

Me es imposible comenzar esta crítica de otra forma que no sea la que hace alusión al hecho de que El recuerdo de Marnie será la última película del prestigioso Studio Ghibli que podamos disfrutar, al menos por un tiempo. En verano de 2014 el presidente Toshio Suzuki comunicó, tras la retirada del maestro Hayao Miyazaki, y ciertos problemas de índole económica (recomiendo leer el siguiente artículo para informarse debidamente) que el Studio Ghibli cesaría de forma temporal su producción de largometrajes con la vista puesta en una futura reestructuración. Ghibli cerraba sus puertas y apagaba las luces. Tiempo de descanso. Tiempo de dormir y de soñar, de echar la vista atrás y recordar para así afrontar un nuevo futuro. Por todo ello, quizá, resuenan mayores ecos poéticos en el hecho de que El Recuerdo de Marnie sea la última película antes de que el estudio japonés afrontase dicho periodo.

Una sinopsis oficiosa de El recuerdo de Marnie podría ser la que sigue: Anna una chica solitaria, y sin amigos, que vive con sus padres adoptivos es enviada a la tranquilidad de la campiña con el señor y la señora Pegg. Allí se obsesionará con una mansión aparentemente abandonada y conocerá a una chica llamada Marnie, quién pronto se convertirá en su mejor amiga. Mientras aprende cosas sobre la amistad, Anna se irá dando cuenta de que Marnie no es quien parece. Este pequeño retazo sería un válido resumen si hablásemos de una película de animación de los grandes estudios occidentales. Sin embargo, no lo es en el caso de una producción del Studio Ghibli, pues como dio a entender el gurú Miyazaki al ser preguntado por las diferencias existentes entre su trabajo y el de los animadores occidentales, estos últimos se centran en la acción, como quien da constantemente palmas. Ghibli, en cambio, se centra en aquello que hay entre cada palmada. Es en ese impasse de la acción donde se cobija su principal objeto de estudio: el alma. Por eso considero que la sinopsis adecuada para El Recuerdo de Marnie no se halla en la prosa sino que se encuentra en el terreno de la poesía.

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La sinopsis adecuada de El recuerdo de Marnie no se halla en la prosa sino que encuentra mejor acomodo en el terreno de la poesía

Y de poesía, de terrenos y de recorrer las galerías del alma sabía mucho el caminante, Antonio Machado, quien en su poema XXXVII decía lo siguiente:

Antonio Machado-Poema XXXVII

¿Acaso Antonio, al igual que Anna, conoció a Marnie? Machado describe en su poema, de la forma mas perfecta que puedo concebir, el corazón de  la película: el desafío de descifrar los misterios que esconde el alma, el desafío de descubrir la propia personalidad, una personalidad que tiñe la existencia de  angustia. Y así perdonarse y superarla. Y todo ello con la ayuda de un ocaso cuya luna comanda a las mareas que empaparán nuestra realidad, transformándola. Transformándonos. Mareas de un fluido que nos es desconocido pero que nos conoce a la perfección. Sea acaso el de los sueños. Acaso, el de los recuerdos. Acaso, Marnie.

Omoide no Mânî_When Marnie was there_El recuerdo de Marnie_Studio Ghibli_Hiromasa Yonebayashi_2

El recuerdo de Marnie nos habla, entre lo real, lo soñado y lo recordado, del desafío de una chica por descifrar los misterios que esconde su alma, y así superar su angustia

Entrando en una vertiente mas analítica del onirismo, tal y como haría Carl Gustav Jung en su libro Recuerdos, sueños, pensamientos, diría que el segundo largometraje de Hiromasa Yonebayashi como director, pese a suponer su consolidación gracias a la nominación al Oscar a Mejor Película de Animación, me supone un pequeño paso atrás respecto de su debut, Arrietty y el mundo de los diminutos (2010). Como en esta, El recuero de Marnie hace gala de una técnica visual de ensueño que con muy pocas pero cuidadísimas pinceladas dice mucho y encuentra su lugar en una línea mas cercana a la realidad y al minimalismo de lo que acostumbran otras obras del Studio Ghibli, lo que habla de cierta consolidación en el estilo propio del alumno (Yonebayashi) respecto de sus grandes maestros (Miyazaki, Takahata). También comparte con su predecesora su principal “pero”, hallado en el apartado del guion. La adaptación de la novela When Marnie Was There (1967) de la autora británica Joan G. Robinson, aun estando destinada a un público más infantil, no termina de funcionar, quedando la historia principal un tanto dispersa y débil, cual bellas figuras nacidas del barro fresco, y con unos secundarios que no terminan  de arraigar en ella. Quizá esto último se deba a que, pese a su virtuosismo técnico y su capacidad de emocionar, a El Recuerdo de Marnie le falta aquel misterio del que el Studio Ghibli logra dotar a sus películas, llamémosle magia. Arrietty y el mundo de los diminutos lo conoció y nos regaló, pese a su irregularidad y pese a dejar la sensación de que había potencial para más, fases absolutamente maravillosas. No logré encontrar esa materia primigenia en El recuerdo de Marnie, quedándome la sensación de que estaba demasiado contenida, como si se le pusiesen límites a las ilimitadas posibilidades de la animación, de la imaginación y de los sueños. Por ello mismo puede que me quedase también la impresión de que esta obra puede trascender más con cinematografía real que animada.

Omoide no Mânî_When Marnie was there_El recuerdo de Marnie_Studio Ghibli_Hiromasa Yonebayashi_3

Pese a su animación de ensueño y su capacidad de emocionar, El recuerdo de Marnie es una obra ligera e inconsistente fruto de un guion irregular y una contención que carece de magia

Así pues, se encienden las luces de la sala y despierto, de vuelta a la realidad. Y el recuerdo de Marnie se me difumina, quedando como un sueño bonito pero demasiado ligero e inconsistente. El estudio japonés cierra su fábrica de ensoñaciones y locuras por un tiempo, previa a una reestructuración en la que seguro encontraremos a Hiromasa Yonebayashi.

Y antes de echarse a soñar, recordar y dormir, con El Recuerdo de Marnie, Ghibli nos regala su (pen)última duermevela.

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