Encadenados, de Hitchcock. Vivir la intriga

¿Cuál es el interés de las películas de Hitchcock hoy? Hace unos días terminó la espléndida exposición Hitchcock, más allá del suspense (Fundación Telefónica) la última iniciativa dedicada a la consagración del autor de Encadenados (1946). En los últimos años, desde que Truffaut lo situara como uno de los mejores autores de su tiempo, Hitchcock ha sido consagrado como el “creador total” (Telefónica dixit), se ha escrito muchísimo sobre él y su dominio artístico y hasta Vértigo (1958) ha superado a la indiscutible Ciudadano Kane (Welles, 1941) como la mejor película de la historia en las listas de Sight and Sound (2012). Pero a veces la figura del autor canibaliza sus propias películas. ¿Es posible decir algo nuevo sobre las películas de Hitchcock hoy? ¿Se puede hacer sin recurrir a la manoseada figura de Hitchcock-Autor-Creador total? ¿Cuál es la relevancia de sus películas, no para la historia (del cine), sino para nuestro presente? Estas son algunas de las cosas que explora la crítica de Encadenados (Notorious, 1946) que publicamos a continuación.

Vivir la intriga

Encadenados (Notorious; Hitchcock, 1946) es un artificio narrativo extraordinario. Aunque no recurra a la voz en off, el narrador -tan a menudo confundido con el autor- es omnipresente. No trata de borrar sus huellas de enunciación cinematográfica. Ni a través de la transparencia del cine clásico ni de otras propuestas más cercanas al documental, tan de moda en nuestros días. En Encadenados lo importante es la trama (o intriga), y si insisto en comentarles una película tan estudiada es precisamente por sus cualidades narrativas. En el fervor documental por filmar la realidad -como si el cine tuviera acceso inmediato a ella- a veces se nos olvida que toda acción se presenta mediada (entramada) y que sólo las tramas nos permiten comprenderla y dar sentido al paso del tiempo. Así, la hermosa historia de amor y espionaje, de malentendidos y reconocimientos de Notorious resulta un magnífico ejemplo de cómo tejer una intriga y de cómo habitarla.

El narrador omnisciente de Encadenados nos muestra en todo momento aquella información de que carecen sus personajes, de modo que desde muy temprano tenemos un mapa de la intriga. Así, podríamos ordenarla espacialmente como una estructura formada por pares de opuestos: Buenos (EEUU)/Malos (Nazis), Alice antigua/nueva, Pretendiente nazi y confiado/americano y desconfiado, Madre/Novia, Primer piso (trabajo)/segundo (familia), etc. El dispositivo cinematográfico entero está al servicio de establecer estas relaciones conectando entre sí a los personajes y a estos con distintos motivos visuales (pañuelos, llaves, botellas, cafés, escaleras…). La famosa escena del café que conecta víctima, verdugo activo y verdugo pasivo, testigo inconsciente y herramienta es un magnífico ejemplo de a lo que me refiero. Sin embargo, la oposición principal que articula todas las demás es la de Amor/Deber. A espaldas de los personajes, la intriga de espías se subordina a la amorosa, que la espolea mediante pruebas de amor, celos y decisiones por despecho.

De acuerdo a esta oposición central, si Notorious resulta tan entretenida aun conociendo toda la información tan temprano se debe a la trabajada identificación con unos personajes que, atravesados por intrigas amorosas y políticas, leen como deber lo que deberían haber leído como amor y viceversa. Para ello el dispositivo cinematográfico combina el punto de vista omnisciente con el de los personajes ─atención al uso del plano subjetivo. Con el paso de los minutos, lo verdaderamente importante es cómo habitan ellos en la intriga; un aspecto temporal que no puede reducirse a la estructura de la trama y donde destacan dos vivencias: el suspense y la anagnórisis o reconocimiento[1]. Desde distintas posiciones[2], los protagonistas de la intriga se entregan a una equivocada lectura de signos -de los objetos, de las miradas, las palabras, los actos del ser amado…- hasta que un objeto o unas palabras, un sencillo “te quiero” por ejemplo, trastoca su horizonte de lectura y, ordenando las señales de otro modo, descubren la verdad. Fíjense en el magnífico clímax final: el dilatado descenso de unas escaleras se divide en cuatro puntos de vista que muestran la reacción y el conflicto de cada protagonista ante la trama al descubierto y el destino que esta les depara: cuatro formas de habitar en la misma intriga.

Tal vez la trama antropocéntrica y cerrada de la película no resulte la más contemporánea a un tiempo como el nuestro, más dado a tramas paranoicas y abiertas a fuerzas externas, pero 70 años después de su estreno Encadenados sigue siendo una lección de cómo combinar cinematográficamente escena y narración, de cómo tramar una acción atendiendo a los modos de vivir en ella y de cómo una intriga extraordinaria puede hablar de problemas tan realistas y cotidianos como la lectura de los signos amorosos y políticos.

[1] Según Aristóteles, “cambio de la ignorancia al conocimiento, que conduce a la amistad o al odio, de las personas destinadas a la dicha o al infortunio”. Supone siempre una recontextualización.

[2] La confianza ciega en la persona amada sólo nublada por los celos del enamorado (Sebastian), los celos maternos (la madre), la sospecha amorosa (Devlin) o la eterna duda “me quiere no me quiere” (Alice). Atiendan a cómo inicialmente Sebastian y la madre leen en Alice como intriga amorosa lo que en realidad es política, y lo contrario, cómo ella y Devlin leen como decisiones despiadadamente profesionales las dudas y suspicacias de enamorado.

Comentarios

comentarios

Etiquetas del artículo
, ,
More from Alberto Hernando

Kiki: El amor se hace, el pudor de Kiki

En sus créditos iniciales Kiki, el amor se hace nos ofrece una...
Leer más

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *