Escuadrón suicida, la conjura de los antihéroes

DC realiza el intento definitivo de convencer a los no creyentes, y lo hace con un filme que se presentaba prometedor, pero al que le ha acabado pesando demasiado su misión salvífica.

Un monumental pifostio que por momentos finge saber cómo complacer al público

5 El escuadrón gritando "eh, soy oscuro"
3 El escuadrón gritando "eh, soy divertido"
6 El escuadrón gritando "eh, nuestros miembros molan"
7 El escuadrón gritando "eh, al menos te estamos entreteniendo"
5.3

La encarnizada y desigual lucha que de un tiempo a esta parte mantienen Marvel y DC da pie a que todos nos veamos empujados a elegir un bando u otro. Disfrutar deportivamente del partido, o ir a ver en cuestión de dos meses la siguiente película de superhéroes sin conocer necesariamente su marca son opciones, por tanto, descartadas de todo punto. Porque cuando el director de Escuadrón suicida grita “que le jodan a Marvel” durante la premiere, cuando un fandom rabioso –y francamente terrorífico– acusa a los críticos de estar sobornados por los acólitos de Stan Lee, la cosa está clara. Hay que mojarse. O estás conmigo, o contra mí.

Siendo el conflicto tan perceptible y virulento, lo menos que podríamos esperar es que hubiera algo de emoción en su desarrollo. Giros. Ventajas variables. Que un bando no se alzara constantemente con la victoria. Algo así. En la Comic-Con de San Diego dijeron que DC había ganado por una vez; por lo visto, porque mostró más tráilers. Teniendo en cuenta que un parecido exhibicionismo en la campaña promocional extirpó anteriormente a Batman v Superman: El amanecer de la Justicia de cualquier clase de elemento sorpresa, no parece muy pertinente trazar una victoria en estos términos. Sí lo es mucho más, en cambio, hablar de lo acomplejada y enervante que ha acabado resultando Escuadrón suicida, de la sombra de Marvel en cada una de sus erráticas decisiones, y del hecho de que, en realidad, semejante bluff no haya sorprendido a casi nadie.

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Escuadrón suicida no es más que un Guardianes de la Galaxia pasado ligeramente por el filtro DC

Aunque uno no sea el mayor fan de Guardianes de la Galaxia, forzoso es admitir la inteligencia de la que hizo gala Marvel al estrenarla aquel verano de 2014, presentando a unos personajes absolutamente desconocidos por el gran público, con la etiqueta de “antihéroes” –concepto que desde entonces no ha hecho más que ser devaluado–, y ambientando sus aventuras con clásicos de la década de los 80. Hooked on a feeling en el tráiler, y demás. La cosa salió bien. Realmente bien. Y la Casa de las Ideas ni siquiera se jugaba demasiado con esta temprana apuesta por la nostalgia y el espíritu warsie; era precisamente tener tantos Vengadores en la recámara lo que había facilitado que se atreviera. El estudio rival, en cambio, se juega mucho más, ahora, con Escuadrón suicida. Que, en efecto, no es más que un Guardianes de la Galaxia pasado por el filtro DC: intensidad, oscuridad, manierismo. Pero esta vez sin pasarse, claro. El recuerdo de Batman v Superman está demasiado reciente. Hay que ser un poco menos DC.

Los protagonistas de Escuadrón suicida son supervillanos, no antihéroes. Supervillanos. Gente mala, amoral, capaz de todo tipo de atrocidades. En esto se nos insiste fuertemente durante toda la hora inicial, que no hace otra cosa que presentar personajes, para que a continuación el guión se acobarde progresivamente, volviéndose más y más convencional a medida que se acerca el desenlace y, por tanto, la última y genérica traca de CGI. Y éste es nuestro auténtico Escuadrón suicida, al final, nos confía el mutilado y confuso libreto. Unos bastardos asesinos que, en el fondo, son sólo pobres diablos, inadaptados, marginados demasiadas veces por el mundo –“¿para qué salvarlo?”, se pregunta atinadamente uno de los miembros sin, ni que decir tiene, obtener una respuesta mínimamente satisfactoria–, y contentos de haber encontrado algún tipo de familia. Tales son las bazas del filme de David Ayer. Y no. Ni siquiera Deadpool y su apuesta por la gracieta intrascendente, en lugar de la destrucción total que pronosticaba, fue tan decepcionante. Hasta Batman v Superman, la justamente vilipendiada Batman v Superman, trataba conceptos con más enjundia.

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Hasta Batman v Superman trataba conceptos con más enjundia

Parece claro, sin embargo, que este tiro al pie que la película se pega a sí misma se debe a razones exógenas, interferencias que han acabado dejándola en esta incómoda tierra de nadie. Escuadrón suicida no nació siendo la película destinada a salvar a DC tras la debacle –¿ya no es precipitado denominarla así, verdad?– que supuso la película de Zack Snyder: fueron las circunstancias las que la empujaron a los temibles reshoots, a convertirse en este producto inofensivo, descafeinado, y para toda la familia. La necesidad del éxito, de aceptación. De que pareciera por un momento que todo estaba controlado, que DC conocía al público, y sabía darle lo que quería. La necesidad de ser Marvel. De entre todo el caos resultante queda claro, al menos, que si DC no ha querido ser divertida hasta ahora es porque está totalmente incapacitada para ello. En Escuadrón suicida lo intenta de vez en cuando –menos, en todo caso, de lo que se nos había anunciado–, y la mayoría de veces el resultado es de una aguijoneante vergüenza ajena.

Si Escuadrón suicida no es ni divertida, ni gamberra, ni mínimamente interesante, ¿qué aporta al Universo DC? ¿Qué se ha avanzado desde Batman v Superman? Pues no mucho, pero sí lo bastante como para no tirar la toalla. Al margen de su condición de solemne –y épicamente sosísimo– Guardianes de la Galaxia, Escuadrón suicida conserva retazos de lo que quizá fuera en su origen: un simple entretenimiento hiperviolento que sólo quería darle una vuelta de tuerca, más de fogueo que otra cosa, al género superheroico, utilizando a personajes-caramelo como Harley Quinn –una Margot Robbie exultante, pero esto no es ninguna sorpresa– para que el espectador se divirtiera sin sentirse culpable, y sin moraleja evidente al final. Sin que tuviera necesidad de ser la salvación de nadie: sólo una película de supervillanos, haciendo sus perrerías. En cambio, tenemos un largometraje donde el protagonista absoluto ha resultado ser Will Smith, y su tan traumatizado como noble en el fondo –todos son nobles en el fondo– Deadshot. Lo que se dice una bajona.

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Escuadrón suicida conserva retazos de lo que quizá fuera su origen: un simple entretenimiento hiperviolento

En Escuadrón suicida, por debajo de esa indigesta acumulación de personajes –¿quién iba a pensar que El Joker (Jared Leto) llegaría a sobrar alguna vez, en alguna parte?–, ese idiota histrionismo –menos mal que Cara Delevingne cae bien más allá de las pantallas, que si no esta película le hunde la carrera–, ese saqueo dolorosamente obvio de las radiofórmulas –porque escoger una canción molona es sólo una cuarta parte del trabajo–; por debajo de todo esto, late un frívolo corazón de adolescente. Ahora sólo falta que éste madure, y que haga buenas películas de una puñetera vez.

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