[Festival Cineuropa] Frío en Julio, el tío paleto de Dexter se va de cacería

Michael C. Hall, Sam Shepard y Don Johnson dejan a los espectadores del Cineuropa bastante fríos ante una desconcertante falta de cohesión

Aunque el Festival está manteniendo el buen nivel acostumbrado, también pudimos ver algunos títulos francamente decepcionantes. Frío en julio es uno de ellos.

Texas, años 80. Un paleto sureño (Michael C. Hall) con el pelo a lo McGyver dispara accidentalmente a un intruso que irrumpe en su casa en medio de la noche. A pesar de su estilo el hombre tiene una tienda de marcos y los nervios como la más sensible de las abuelas, así que después del suceso se encuentra francamente mal. Hasta ahí podemos ver un drama de mundo interior, con una desconcertante banda sonora (a cargo de Jeff Gray) de sintetizador ochentero que, imaginamos, pretende crear una atmósfera revival.

Sin embargo, el joven al que mata resulta tener un padre expresidiario con muy malas pulgas (Sam Shepard), que amenaza al protagonista con atacar a su hijo. Las autoridades locales toman partido intentando proteger a la familia durante un día con su larga noche en lo que empieza a parecer una peli de domingo inspirada por El cabo del miedo. Un thriller de lo más básico, vaya, de los que paladean el miedo más directo y simple. No obstante, logran capturarlo. El protagonista se pone a todo trapo en su coche algo parecido a Bon Jovi para ir a declarar a la comisaría donde descubrirá algo que no le cuadra en absoluto. Nuevo cambio de tono. Las siguientes escenas de Frío en Julio parecen pretender ser Drive.

Frío en Julio

Cold in July es un thriller de lo más básico, vaya, de los que paladean el miedo más directo y simple

Pero lo bueno todavía no ha empezado. El punto de inflexión se da con la aparición de un nuevo personaje. Un tipo vestido de cowboy y con las botas de Ted Mosby que sale a ralentí con música rock-metalero de un descapotable rojo en cuya matrícula puede leerse, entre dos cuernos que sobresalen, “red bitch” y que resulta ser (oh, lord) Don Johnson. Entonces el público desconcertado con sensaciones encontradas se anima, tras el comienzo de tono lento y grave que estaba resultando fallido, ante la ilusión de estar presenciando una de Tarantino. Pero no. Lo que viene a continuación son otra serie de giros que sobre el papel pudieron parecer bien a Jim Mickle, guionista y director de Frío en Julio, pero que se desarrollan de un modo torpe.

El resultado es una especie de collage de tonos en la que el mismo personaje protagonista es en cada uno de ellos totalmente diferente. No es que evolucione, no. Esto será lo que presuntamente se pretendía. Es que directamente se pasa de un flan de nervios y culpabilidad al amasijo de testosterona en slow motion con la misma expresión homicida de Dexter y la misma misión de “hacer justicia” con los propios medios.

Frío en Julio

Jim Mickle se pierde en una sucesión de homenajes con estilos logrados por separado, pero que no casan bien entre sí

Para acabar de completarla, los personajes de su mujer e hijo, más planos que el vientre de Madonna en aquella época, se limitan a lo anecdotario en la segunda parte. Tampoco es que al comienzo tuvieran mucho interés: el niño solo duerme e incordia y su mujer parece más preocupada por el sofá nuevo y que su marido esté “como alma en pena” por cargarse a un tipo que porque se ausente después del trauma de colárseles en casa dos delincuentes. La tía duerme a pierna suelta, abraza mucho a su hijo, que duerme todavía mejor, y luego no aparece más. A partir de ahí todo es testosterona, intentos de empatía dramática y un cierto humor entre machos que no acaba de cuajar por lo oscuro de la temática que aborda y por la notoria falta de cohesión con la lenta primera parte.

Jim Mickle se pierde en una sucesión de homenajes a estilos logrados por separado pero que no casan bien entre sí en lugar de buscar el suyo propio. Como resultado, lo que podría haber sido un buen thriller muere antes de empezar, y los 109 minutos de metraje arrastran la pesadez de ese cadáver.

De momento la puntuación que el público de Cineuropa da a Frío en julio es de 6,20. Veremos si su acogida termina siendo más amable que la mía en la sesión del próximo jueves 27.

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