[Festival Cineuropa] La vida interior de los suecos en la irónica ‘Turist’

Ruben Östlund sorprende con una de las grandes comedias de la temporada europea: humor nórdico bien afilado

Digamos que, hipotéticamente, estás con tu familia de vacaciones en una estación de esquí francesa. Sois suecos. Altos, delgados, guapos, sonrientes y políticamente correctísimos. Digamos que, hipotéticamente, una avalancha se precipita sobre la terraza del restaurante donde estáis comiendo. Cunde el pánico. Los niños chillan. Mamá los abraza para protegerlos pero cuando busca a el pater familias resulta que éste ha salido por patas. La hipotética avalancha se para justo ante vuestras narices así que no os pasa nada; físicamente, claro está. Todos vuelven a sus mesas. ¿Qué harías tú a continuación?

A Ruben Östlund le encantó la idea que le dio un amigo de esta bochornosa situación como punto de partida para una película. Antes de estudiar cine, Östlund trabajó durante las vacaciones en estaciones de esquí y quería volver al blanquísimo ambiente. Pero la artificial naturaleza de estos lugares de disfrute para gente económicamente despreocupada, vestida con trajes caros de vistosos colores, no parecía presentar la oportunidad de explorar lo que viene siendo una constante en su filmografía: la cara desagradable de lo social, la ruptura de expectativas sociales por parte de un idividuo o de un grupo durante situaciones cotidianas. Tras The Guitar Mongoloid (2004), Involuntary (2008) y Play (2011), Turist es el cuarto trabajo de este cineasta sueco y le ha valido el Premio del jurado de Cannes 2014 en la categoría ‘Un Certain Regard’.

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Turist es una tragicomedia que pone en evidencia la falta de inteligencia emocional de una sociedad empeñada en esconder las emociones tras una sonrisa forzada

En Turist, Johannes Kuhnke y Lisa Loven Kongsli son Tomas y Ebba, el matrimonio que hace aguas tras la traumática situación a la que se refieren como “la hipotética avalancha”. Ella, supuestamente emocional, se volverá fría ante la patética visión de su marido, cada vez menos racional y más indefenso, cada vez más aterrorizado, humillándose por un perdón que no llega. Los niños serán los primeros en hablar de divorcio en una tragicomedia que pone en evidencia la falta de inteligencia emocional de una sociedad empeñada en esconder las emociones tras una sonrisa forzada. La (mala) gestión de lo ocurrido durante una semana de vacaciones es el eje que sostiene los 118 minutos de metraje. Un fino hilo conductor muy arriesgado por la ausencia de más giros que la aparición de un amigo de Tomas, Mats (Kristofer Hivju), que acude con su joven novia Fany (Fanni Metelius) al mismo complejo hotelero de la estación.

Esta nueva pareja, entre otras ante las que el matrimonio se sincera habida cuenta de la imposibilidad de solucionar el problema en privado, aportará las notas de humor con logrados diálogos durante escenas de lo más incómodo. Ellos harán de mediadores entre el espectador y el matrimonio con cuyos comportamientos cuesta empatizar, funcionando asimismo como cuñas que de manera simpática irán introduciendo una cuestión terrible: Sí, los protagonistas son un poco inútiles gestionándolo, pero ¿qué es lo que harías tú?

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El finísimo humor sueco consigue exponer en Turist que preservar el prototipo de héroe es una actitud francamente risible por parte de la sociedad

Östlund y su actor protagonista, Kuhnke, bromean en entrevistas asegurando que la película elevará el número de divorcios en Suecia. Porque de hecho la sensación al salir del cine será la del agotamiento de una discusión de enamorados que se alarga toda una noche. Y también mirarás a tu pareja y dentro de tí mismo preguntándote qué pasaría. Y sin embargo presenciar la fragilidad interna de algo que da la sensación de lo perfecto no resultará en absoluto demoledor porque el finísimo humor sueco consigue exponer en Turist que preservar el prototipo de héroe (ya sea nórdico o sureño) es una actitud francamente risible por parte de la sociedad.

Gran parte de la película, dividida en siete capítulos como siete días duran las vacaciones de los protagonistas, consiste en la iterativa aparición de escenas casi idénticas de las pistas de esquí en los sucesivos días. Máquinas quitanieves, las vistas nocturnas del hotel iluminado desde las oscuras montañas, y detonaciones controladas con la irritante repetición de La tormenta de Vivaldi, la pieza de las Cuatro Estaciones que reflejaba la parte más hostil del verano. Una realización sin duda impecable que no se reduce a la ostentación estética sino que sigue un fin.

Su puntuación en Cineuropa era de 6,56 la pasada semana. Pero todavía puede subir.

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