[Festival Cineuropa] Leviathan, meanwhile in Russia…

Drama con notas satíricas que acerca la dura cotidianeidad de la costa norte rusa, abandonada de la mano de Dios pero no de su Iglesia, ni de los leviatanes

El leviatán es un ser fantástico, un gigantesco ser marino al que Job, famoso por quejarse a Dios de las injusticias de la vida, llamó “El Rey sobre todos los sobervios” por estar exento de todo temor.

La grave sátira que construye Andrey Zvyagintsev en Leviathan tampoco está libre de ambición. Con una impresionante fotografía nos presenta a toda una serie de leviatanes, habitantes de una diminuta población costera en Rusia, al Norte del Norte, justo en el fin del mundo.

Nickolay (Aleksey Serebryakov) es el propietario de una casita que a lo largo de las generaciones ha pertenecido a su familia. Allí vive con su hijo Roma y su bellísima novia Lilya (Elena Lyadova). El despreciable cacique local (Roman Madyanov) trata de hacerse con su hacienda para demolerla por lo que Nickolay contrata los servicios de su amigo Dmitriy, abogado en Moscú. Sin embargo, a pesar del buenas intenciones de éste, su presencia será el detonante de una serie de desgracias que se desgranarán poco a poco hasta producir la desosegante sensación de infinitud.

Aparentemente, los amigos tienen personalidades antitéticas. El bruto pescador del Norte, dueño de su casa, de su mujer y de su hijo  contrasta con la contención de Dimitry. No obstante, Dimitri es la versión trajeada de la temerosidad más elemental de Nickolay, cuya cara más tosca puede verse, a su vez, en su hijo Roma. A medida que se va revelando este único prototipo de ruso se pasa por la sátira más cafre en forma de cantidades ingentes de vozca, conducciones temerarias y tiros al blanco entre colegas con Kalasnikovs.

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Leviathan corre el velo de una sociedad descreída que se ha endurecido para sobrevivir, pero que a pesar de los pesares no deja de preguntarse si existe un Dios

Cuando la realidad de la vulnerabilidad de cada individuo sale a la luz este tono caricaturesco termina abruptamente para dar pie al drama. Los personajes más salvajes se muestran sensibles, profundos y generosos, y todo un abanico de matices se despliega sobre el previo discurso superficial. En el centro, la protagonista femenina, carente de las armas necesarias para afrontar la hostilidad de la vida del lugar, una fragilidad constante que amenaza con romperse. Leviathan corre así el velo de una sociedad descreída que se ha endurecido para sobrevivir, pero que a pesar de los pesares no deja de preguntarse si existe un Dios.

Puede costar encajar este cambio de rumbo por dos motivos: primero, se produce ya bien avanzada la cinta y, segundo, el desarrollo avanza lenta y dolorosamente hacia ninguna parte; esto es, el argumento, que comienza fuerte y trabado, pierde consistencia como si presenciásemos el devenir sin sentido de la vida misma. Asimismo, la pesadez del ritmo provoca que inevitablemente se puedan señalar acusativamente escenas presumiblemente prescindibles: casi todas en las que el alcalde (figura grotesca donde las haya) se reúne con el obispo local en lo que parece una cabezonería del director por explicitar la obvia y manida relación entre cacique e Iglesia con alguna secuencia que recuerda al Padrino en versión nórdica y alcohólica. La corrupción rusa ya quedaba retratada eficientemente sin necesidad de los excesos temporales.

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La parquedad de la Rusia del Norte y su dura realidad es lo que dejará grabado de forma espléndida en nuestras retinas

Según la experiencia del espectador Leviathan puede parecer deficiente en su argumento (como si se hubiesen sentado a esbozar el guión sin un final en mente hasta la hora de comer en cuyo momento escribieron FIN) o, por el contrario, totalmente innovadora, como debió juzgar el jurado de Cannes al premiar su guión.

Lo que resulta innegable es la calidad de la interpretación en general (una se pregunta si el director los obligó a emborracharse de verdad para según qué escenas), la adecuación y cohesión de la banda sonora, y la grandeza de la fotografía que nos regala los ojos con parajes inimaginablemente desoladores y hermosos, con ballenas, como gigantescos leviatanes, que asoman cercanas desde las aguas oscuras a los norteños protagonistas, a cuyas tierras van a morir. Leviathan goza sin duda alguna de un importante despliegue de medios y presupuesto; sin embargo, la parquedad de la Rusia del Norte y su dura realidad es lo que dejará grabado de forma espléndida en nuestras retinas.

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