[Festival de Cannes] 6ª jornada, ‘Maps to the Stars’ convence y ‘Foxcatcher’ ataca

David Cronenberg y Bennett Miller presentaron el lunes sus últimas películas, con repartos plagados de estrellas

Acostumbrada la ciudad de Cannes a los amaneceres cálidos con los que la había recibido cada mañana el Mediterráneo, sorprendía encontrarse con un cielo tan encapotado en la jornada del lunes. Aunque quedaba justificada esta burbuja grisácea con la proyección de las dos películas a competición, unas muy tétricas Maps to the Stars y Foxcatcher, precisamente dos de los filmes norteamericanos presentados a concurso. No es casualidad, tampoco, que se hayan exhibido el mismo día, pues ambas presentan una mirada lúcida y tenebrosa de los Estados Unidos de América e incluso funcionan, pese a su diferencia en las formas, como díptico de la deteriorada plutocracia estadounidense.

 

Maps to the stars de David Cronenberg, Vicodin para reparar esta locura

El nuevo trabajo del realizador canadiense David Cronenberg, Maps to the Stars, viaja a la Los Ángeles actual para retratar, de la forma más viperina posible, la cara amarga del Hollywood de las sagas y el Vicodin. Para ello lideran el filme una estrella que quiere protagonizar el remake de la película con la que se hizo famosa su madre, una joven que vuelve a la ciudad angelina para redimirse con su pasado y un actor adolescente que recaudó $700M con una comedia y quiere seguir triunfando con una segunda parte.

En realidad el cerco de personajes no se hace mucho más grande y Cronenberg construye su relato en torno a un pequeño círculo en el que todos forman parte de esa industria hollywoodiense putrefacta, abocada a la autodestrucción. Es precisamente en ese viaje hacia la catástrofe donde el director sabe moverse mejor. Recurre a la pesadilla y a la insania colectiva de ese casi endogámico microcosmos angelino y aprovecha para proponer un nuevo alegato sobre la recurrencia del pasado, del retorno siempre ineludible de lo que nos perseguía entonces y nos persigue ahora. Y en esa vía conduce muy bien Cronenberg su Maps to the Stars, aunque sin la potencia, o la eficacia, narrativa que le caracterizan. Porque aún con mucho sentido, el filme se enclaustra en esa mitología de Hollywood. Casi que hasta se llega a fascinar, aún con asco, por ella, y de ahí que la propuesta no logre suponer un logro tan magnífico. Ayudan a que sea tan portentoso las dos intérpretes de la contienda, unas pletóricas Julianne Moore (impagable) y Mia Wasikowska (qué magnetismo).

Mia Wasikowska Maps to the Stars Festival de Cannes 2014

 

Foxcatcher de Bennett Miller, cerdos plutócratas

Por su parte, el director estadounidense Bennett Miller (Moneyball) ha hecho una aproximación similar, pero en paralelo, al país de la libertad en Foxcatcher, sobre la figura del multimillonario John du Pont y su papel al frente del equipo olímpico norteamericano de lucha libre.

Miller vuelve a embarcarse en el drama deportivo, salvo que esta vez la lejanía con respecto al deporte estrella es mayor y los que cobran una importancia mucho más notoria son los protagonistas, unos Steve Carrell (Oscar a la vista), Channing Tatum y Mark Ruffalo sobradísimos. Este trío de personajes se enmarca en unos Estados Unidos crudos, tristes, caducados. Básicamente porque la línea argumental que sigue Miller centra gran parte de sus esfuerzos en el contexto político-social de la época, hacia finales de los ochenta, pero que sirve también como ejemplo jodido, y bastante acertado, del panorama estadounidense actual, donde el capital privado sigue teniendo una fuerza jerárquica apabullante.

El personaje de John du Pont, heredero de una de las familias más poderosas del país, evidencia constantemente ese poder de la plutocracia en Estados Unidos. Las mismas banderas de las bandas y las estrellas, los militares o las armas de fuego son una constante en el filme, lo que sirve para remarcar ese destacado nivel desde el que estos ostentosos adinerados dominan las llanuras que les rodean.

Pero el papel de los hermanos Schultz, los deportistas de lucha lubre que interpretan Tatum y Rufalo, pesa en otro de los temas del filme, que es el pobre reconocimiento al que se enfrentan estas sabandijas de las altas esferas norteamericanas. Su búsqueda constante de gratitud, sumada a la nula autoestima, ponen en primer plano la podredumbre que caracteriza a estos elementos, fruto de una sociedad clasista y, de nuevo, endogámica, que se refugia tras metros de cemento y vallas para evitar el contagio de la clase media. Pobres sí pueden pasar, pero si están dispuestos a besar culos hasta reventar.

Miller trabaja a la perfección, aunque sin sutileza alguna, el trasfondo crítico y lo trae a pantalla con la visceralidad oportuna, ayudado también por la clara implicación física de sus personajes. Porque Foxcatcher es muy física, pero también perversa y descarnada, muy descarnada. Y no tendrá problemas para alzarse como uno de los largometrajes de la temporada. Que así sea.

Foxcatcher Steve Carrell Chaning Tatum Festival de Cannes 2014

 

The Rover de David Michôd, tedio en la Australia post-apocalíptica

En un tono igual de decadente aterrizaba la australiana The Rover, dirigida por David Michôd (Animal Kingdom), un thriller post-apocalíptico, cómo no, pesimista, sucio y despiadado que protagonizan Guy Pearce y un Robert Pattinson irreconocible -y por ello mismo gratamente sorprendente.

The Rover sigue a Eric (Pearce), un solitario nómada al que le roban el coche. Decidido a recuperar lo que es suyo, emprende un viaje junto a Rey (Pattinson) en el que sólo se encuentran el tedio y la violencia más salvaje. Porque la Australia tras el ‘colapso’ es un desierto de supervivientes sin poco más que ofrecer al mundo salvo que palabras vacías, sentimientos rotos e instinto asesino. Y es precisamente este último el único elemento capaz de ofrecer cadencia a un filme estéril por su propio planteamiento, el de mostrar un país desolado en el que sólo restan hombres con poco tiempo para conversaciones y muchas ganas para dar machetazos. No es extraño entonces que el tacto tan reprimido acabe por hacer de The Rover una cinta poco atractiva y excesivamente perezosa.

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Cold in July de Jim Mickle, fiestón de acción ochentero

La que desprendía una energía totalmente opuesta era Cold in July, un thriller de acción que estuvo en Sundance y llega a la Croisette de la mano del estadounidense Jim Mickle y de Michael C. Hall (Dexter).

Cold in July plantea un homenaje al cine ochentero, pero con las cualidades más desatadas del género y en una línea que podríamos equiparar a la Drive de Nicholas Winding-Refn por el trato de la violencia. Aunque también hay espacio para el aroma socarrón, y hasta desternillante, del cine de acción de hace tres décadas, sobre todo gracias a la aparición estelar de un Don Johnson impagable. Pero lo que mejor sabe hacer Jim Mickle es reinventar su filme en dos ocasiones muy diferenciadas; dos giros argumentales que también cambian la gama dramática y el acercamiento visual, con un tramo final que es un tremendo festival del desenfreno más bestia. Una de las imprescindibles de la temporada para pasarlo realmente bien.

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