[Festival de San Sebastián] Quinta jornada, Miyazaki se despide y La Herida nos desgarra

A falta de pocas horas para saber el palmarés os hablamos de otros dos títulos imprescindibles que deja la cita donostiarra

La magia de las películas no sólo reside en su capacidad de alejarnos del dudoso atractivo de nuestra propia realidad. Tampoco únicamente en su competencia a la hora de elaborar mundos irrealizables. El cine, aún de forma irregular y con la necesaria criba de cintas innecesarias, destaca también por su autoridad artística para representar voces desconocidas, retratar culturas que creíamos perdidas y realzar la importancia de la memoria social de los que pretenden borrar capítulos completos de los libros de historia. En el día de ayer cuatro largometrajes hicieron acercamientos de formas muy diferentes a temáticas que se corresponden con estos ejemplos, y en nuestra potestad como espectadores reside la decisión de aprobar la legitimación de estas películas y su efectividad como propuestas dramáticas.

 

For those who can tell no tales, la frivolidad como terreno pantanoso

La guerra de bosnia probablemente encabece el listado de las más controvertidas coyunturas de la historia contemporánea. Numerosos largometrajes se han aproximado al conflicto desde el punto de vista extranjero, del inmigrante como espectador de los hechos, pero me cuesta recordar alguno que se entrometa con tan poco caro en el horror de la conflagración. For those who can tell no tales es, por momentos, un frívolo documento que pretende homenajear a las víctimas y señalar a los culpables con uno de los personajes más insultantes que han paseado por este Festival de San Sebastián.

En For those who can tell no tales una turista australiana viaja a Bosnia con la misma ignorancia europea que caracteriza a los norteamericanos, de ahí que su única vía de conocimiento sea una guía turística que obvia las matanzas acontecidas durante la guerra. Tras pasar una mala noche en uno de los hoteles recomendados, la protagonista investiga y descubre el pastel. No conforme con eso, la muy canguro se ve con la legitimación suficiente como para dar una lección moral a Serbia porque se siente engañada por un libro para turistas. Y esto a mí me quema por dentro. No sólo por el hecho de que como planteamiento la película está lejos de funcionar como ficción, sino porque además el periplo de esta veleidosa australiana es un absoluto despropósito como crítica al olvido y homenaje a las víctimas. Absolutamente deleznable.

For thos who can tell no tales

 

Mother of George, triunfo estético

La cultura nigeriana con sede en Nueva York es el escenario que expone Mother of George, película en la que una pareja recién casada afronta dificultades fecundadoras. El plano de decisiones en el que se tiene que mover la protagonista para concebir un hijo enfrenta los límites impuestos por la cultura nigeriana, una fuertemente machista y matriarcal. Reside el interés, pues, en cómo en un proscenio como el neoyorquino este matrimonio tiene que encarar las imposiciones sociales de su gueto.

No es una materia propiamente original, aunque lo realmente atractivo de Mother of George reside en su propuesta estética, que aprovecha las coloridas vestimentas nigerianas y el vivaz diseño de producción para contraponer la historia al cobrizo paisaje de Brooklyn. Hay en las tomas un sentido artístico y un cariño por lo visual que confirma al trabajo de fotografía de Bradford Young como uno de los más impresionantes del año. Ello y las solventes interpretaciones principales deducen un largometraje a destacar entre tanta mediocridad visual.

Mother of George

 

La herida, condenada a la tristeza

La depresión es la disciplina estudiada por Fernando Franco en La herida, el mejor drama español presentado en este Festival de San Sebastián. Lo hace el realizador a través de los ojos de Ana, una joven inmersa en un descenso a los infiernos de la tristeza e interpretada por Marian Alvárez con la fuerza desgarradora que le exige su personaje. El irredento trayecto que sigue Ana, condenada desde el principio a los estragos de la amargura, lo graba Franco con la ayuda de los rostros de Álvarez, de su visceralidad, pero también adscribiéndose a un guion capaz de ser coherente con los despuntes de insania de Ana y las vicisitudes de su viaje. Son los altibajos, pues, los que preparan al espectador para el pesimismo de un epílogo pesaroso pero rotundamente avasallador.

La herida

 

The Wind Rises, la despedida de Miyazaki

Y qué mejor forma de cerrar la jornada que con el biopic de Jiro Horikoshi, aeronáutico que en los años 30 diseñó el Mitsubishi A5M, el caza que precedió a la fabricación del conocido A6M Zero que bombardearía años después el puerto de Pearl Harbor. Aunque lejos de tan apasionante personaje, The Wind Rises destaca sobre el resto por sonar a despedida, a toque a retirada de unos de los cineastas más fascinadores de la historia, Hayao Miyazaki.

En esta ocasión el maestro nipón encara su último filme animado para acompañar a Jiro en un ambicioso trayecto con tal de convertirse en ingeniero de aeronaves. Lo que empieza como una aventura sobre la consecución de los sueños y la mortalidad del espíritu creativo reconvierte en un romance de corte melodramático que está cerca de empañar la nueva master class de story-telling de Miyazaki. Hay genio en cada una de las proposiciones narrativas de Miyazaki, tanto en su vertiente fantástica de la ensoñación como en su arriesgado retrato del Japón de la época o en el análisis sociológico de la debilidad tecnológica japonesa.

Se percibe así el turbulento momento por el que el país asiático pasaba por entonces. En ese aspecto Miyazaki sabe valerse de enigmáticos personajes y de coyunturas sociales para acrecentar ese contexto que justifique los apoyos que recibiría más adelante el emperador Hirohito para entrar en la Segunda Guerra Mundial. No hay demasiadas referencias a los preliminares del conflicto, si acaso meros detalles en conversaciones, de ahí que The Wind Rises sirva en su función de contexto como ninguna otra película lo había hecho sobre Japón. Es, de nuevo y en definitiva, otro logro incontestable que sumar a la filmografía de un tipo al que esperamos tachar de mentiroso, si es que finalmente decide volver a lo que mejor se le da, el cine.

The Wind Rises

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