Filth: mucha nieve y poco litio

Los farloperos cabronazos que despiertan piedad existen. Lo difícil es llevar estas bestias a la gran pantalla. Jon Baird and James McAvoy epic win.

Una bien desarrollada inyección de adrenalina digna de su autor Irvine Welsh

10 Interpretación
9 Guión
10 Ritmo
9 Dirección
10 Tono
9.6

Adaptar a Irvine Welsh siempre es una buena idea. Eso lo supimos con Danny Boyle en Trainspotting (1996). Si además has nacido en Escocia y has pasado allí tu adolescencia durante los ochenta entonces debe ser algo así como un sueño.

El reto no es moco de pavo si te lanzas a ello con tu segundo largometraje. Precisamente fue así como Boyle catapultó su carrera. Y si él tuvo a un joven Ewan McGregor, Jon S. Baird cuenta para ello con un magistral James McAvoy (X-Men: Days of future Past, 2014; The Disappearance of Eleanor Rigby, 2014), el actor escocés que mejor transmite la espídica mirada del colgado farlopero de Filth (Escoria). Con esta tremenda baza -y la herencia del maestro- logra demostrar que si sabes evitar lo previsible construyendo tus personajes con buenos giros argumentales podrás dar vida al chute de energía, desenfreno y brutalidad de la novela con total éxito.

Lo cierto es que la cinta, salvando festivales de cine, recorrió pocas salas en nuestro país. No obstante, desde Cinéfagos queremos hacer justicia a esta película estrenada en Reino Unido en 2013 y en EEUU en 2014 que recaudó más de 8 millones de dólares.

Bruce Robertson es una verdadera escoria de ser humano. Detective en Edimburgo, invierte más energía en torcer la vida personal y profesional de sus compañeros, en pos de lo que él cree su merecido ascenso, que en investigar sus casos. Pero él no es el único fantasma de la cinta. Su fanfarronería, no exenta de cierta genialidad divierte al espectador durante la primera parte del metraje para ir desvelando poco a poco la realidad de su desorden mental, de una lista de asuntos por resolver, con personajes, visiones, identidades que lo atormentan a diario. Su mujer, Carole (Shauna Macdonald, The Descent, 2005), una pálida presencia que monologa en ropa interior las virtudes de su semental como la madame de un cabaret  es la primera pista de que algo no va bien en el nevado cerebro de Bruce.

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El punto fuerte de Filth reside en la potentísima interpretación del escocés James Mcavoy, que llena la pantalla de pura energía

La palma se la lleva el personaje interpretado por Jim Broadbent (Bridget Jones, Harry Potter y el misterio del príncipe) que muta del doctor Rossi, quien le receta a Bruce su tan necesario litio, al Christmas Carol dickensiano (canción incluída) o fantasma de las navidades pasadas que tantos malos viajes de coca le darán al detective, pasando por la mejor adaptación de parásito intestinal parlanchín, mucho más divertido y menos grimoso que el de David Cronenberg cuando llevó a la gran pantalla El almuerzo desnudo (1991) de William Burroughs.

Pero lo mejor de Filth es que es de todo menos aburrida. Su ritmo es frenético, su violencia y surrealismo más desternillante que los de Scorsesse, y sus interpretaciones, sobre todo sus interpretaciones, son la clave de su notoriedad. No habéis visto a James McAvoy si no habéis visto Filth. Y eso implica estarse perdiendo a uno de los mejores actores contemporáneos, y puede que al mejor de la isla. Su trabajo, absolutamente sublime, llena la pantalla de pura energía y consigue una empatía con el personaje a priori imposible de suscitar.

Si durante el ácido monólogo del protagonista de las primeras escenas sonase algo de la altura de Iggy Pop y no un rock light del compositor Clint Mansell (Noah, 2014; United, 2011), que se encarga de las notas más profundas del personaje y de una versión desgarradora de la ya de por sí devastadora “Creep”, no cabría duda al afirmar que la película pasará a la historia del cine contemporáneo.

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Toda una estimulante bofetada de la mano de la narrativa más contrapuntística y sucia que el público recibirá escantado

No temáis el drama: Filth os hará vibrar con escenas de lo más surrealista en las que la música sirve de contraste, de distanciamiento irónico que permite generar humor de la sordidez: Como escuchar “Will you love me tomorrow” de las Shireless mientras presenciamos cómo el protagonista acosa telefónicamente, manubrio en mano, a la mujer de un compañero, o cómo los colegas de departamento instados por Bruce celebran su fiesta de empresa fotocopiandose los genitales al ritmo del subidón dance de los noventeros Culture Beat “Call him Mr Vain”. O yendo más allá en lo lisérgico, en la genial escena casi lynchiana en que Carole y su anónimo chófer interpretan “Silver lady” del casposo de David Soul. Del mejor blues de Clarence Carter al tigre de Gales, Tom Jones.

Resulta inevitable volver a trazar paralelismos con Trainspotting en este punto. Y a falta de poder aseverar que su triunfo en los anales del cine sean los mismos lo que sí podemos es aseguraros su efecto: Filth os cargará a máximo las pilas y saldréis bailando a Billy Ocean y cantando “Love always hurts without you”.

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