[Ciclo Ed Wood] Glen or Glenda, delirios de un travesti

En 1953, Ed Wood estrenó su película más personal: Glen or Glenda, un docudrama sobre el travestismo... con Bela Lugosi divagando sobre dragones, secuencias oníricas con Satanás y escenas eróticas sin justificación alguna.

«I’m just a sweet transvestite
From Transexual, Transylvania»

Sweet Transvestite, The Rocky Horror Picture Show

Ya no se hacen películas como las de antes. Ya no se hacen películas sobre travestismo en las que un narrador omnipotente divaga acerca de dragones verdes y proclama a los cuatro vientos que maneja las cuerdas, ¡MANEJA LAS CUERDAS!, y eso es, se mire como se mire, toda una pérdida para el séptimo arte.

Como ya habrán imaginado, continuamos con el ciclo Ed Wood: extraterrestres y jerséis de angora con su película más personal: Glen or Glenda, un docudrama estrenado en 1953 sobre las dificultades de ser un travesti en la década de los cincuenta aderezado con un Bela Lugosi ON FIRE y una laaaaaaarga secuencia oníricoerótica en la que… pero no adelantemos acontecimientos.

Un cartel tan sensacionalista que podría estar sacado de La Gaceta.

 

Originalmente, Glen or Glenda (o como se hubiera llamado en España de haberse estrenado hoy en día, Una dama de pelo en pecho) iba a ser muy diferente de lo que finalmente fue. George Weiss, inefable productor de películas sexplotation de serie Z, quería realizar una película sobre Christine Jorgensen, el primer transexual que saltó a la fama. Cuando Jorgensen se negó a participar en la cinta, Ed Wood consiguió convencer a Weiss de que él, al ser un travesti, era el director perfecto para encargarse de la película (?). Weiss, al que me gusta imaginar como un antecesor del señor Crapsmith, y al que lo mismo le daba ocho que ochenta, decidió tirar p’alante con el asunto, y contrató a Ed Wood para que, ya de paso, escribiera el guion e interpretase al protagonista, aunque fuese bajo el seudónimo Daniel Davis.

Por desgracia (o por suerte), la película acabó pareciéndose poco o nada a la idea original de Weiss, porque Wood decidió barrer para casa y hacer una película sobre el travestismo, en lugar de sobre la transexualidad. Consiguió convencer a Bela Lugosi, que vivía en la pobreza y se metía de todo tenía problemas con las drogas para que hiciera un pequeño (pero inolvidable) papel, y le agenció el papel de novia de Glen a su novia real del momento, Dolores Fuller.

Lo que no dice es «en un papel inenarrable». Cosas de marketing.

 

La película empieza fuertecita, con Bela Lugosi interpretando a un narrador cuasi divino, acreditado como «El Científico», que se embarca en un discurso incomprensible sobre la humanidad y la vida, todo ello adornado con un sublime efecto de superpuesto de la cara de Lugosi sobre unas imágenes de archivo que criaban polvo en un cajón preciosas imágenes de una ciudad rodadas expresamente para la ocasión.

Dejemos a Lugosi por un momento mientras delira acerca de manejar nosequé cuerdas, y centrémonos por un momento en la cara terrenal de la trama. El inspector Warren investiga el caso de un travesti llamado Patrick (o Patricia), que se ha suicidado. Intrigado por el hecho de que haya hombres vistiéndose de mujer (¡hombres vistiéndose de mujer!), Warren decide visitar al doctor Alton, un especialista en la materia, que de noche se hace llamar doctora Amor y… ¿cómo? Me dicen que estoy mezclando películas. Bueno, YO QUÉ SÉ.

Bela Lugosi, precursor de la clásica mueca De Niro.

 

El doctor Alton le cuenta a Warren la historia de Glen, o Glenda, e inexplicablemente no guiña el ojo a cámara cuando dice el título de la película. Yo estas cosas es que no las entiendo. En fin.

Glen es un hombre con las mismas aficiones que todo hijo de vecino, siempre que ese hijo de vecino sea Frank-N-Furter, claro. Efectivamente, Glen gusta de vestirse de mujer en su casa y por la calle. El doctor Alton nos cuenta que no es justo que las mujeres dispongan de más ornamentos que los hombres, que su ropa sea más cómoda y que los sombreros de señora no corten la circulación como sí los hacen los de los hombres (!). ¿Qué nos quiere decir el doctor Alton? ¿No será que él también le da al ropero cada vez que tiene ocasión?

Y, por si no hubiera suficiente confusión, Bela Lugosi hace apariciones esporádicas,  murmurando incoherencias acerca de «un dragón verde que se sienta a tu puerta, come niños, colas de cachorro y caracoles gordos». Sí, sí, tal cual se lo cuento.

Pero aquí no acaban los delirios de Lugosi, ¡nada más lejos! También empieza a gritar «PULL THE STRING! PULL THE STRING!» mientras una manada de bisontes corre en estampida, probablemente huyendo de la falta de coherencia de las escenas lugosiles.

«¡Exigimos ver al guionista!»

 

Glen, a punto de casarse con la «adorable e inteligente Barbara» (no lo olvidemos, interpretada por su novia) decide pedir consejo a John, un amigo suyo. ¿Debería confesarle a Barbara que es un travesti o debería callarse como una puta el secreto?

Su amigo le cuenta que él pasó por lo mismo: su pareja no sabía que le gustaba ponerse taconazos, y el día que se enteró, TOCOTÓ. Por eso mismo, por lo del tocotó, les decía, John le recomienda poner a Barbara al corriente de todo el percal.

Glen, que tiene dudas, se sume en un profundo sueño en el que se casa con Barbara y tiene a Satán/el político de su elección como padrino. ¿Y por qué no?

Lo peor es el brindis del banquete.

 

Al final, desolado por este terrible(mente incoherente e injustificado) sueño, decide confesarle su secreto a su señora. Barbara, reticente al principio, acaba aceptando a Glen tal y como es. Como símbolo de esto, le hace entrega de su jersey de angora, algo que tanto a Glen como al verdadero Ed Wood les daba placed.

«Pero cuidao, que me lo das de sí».

Y aquí debería haber acabado la película. DEBERÍA. Pero George Weiss, descontento al ver que no había nada de transexualidad en la película, le dijo a Ed Wood algo así como «¿¡Pero qué mierdas me traes!? ¡Rueda escenas de transexuales, coño!», por lo que el audaz director-guionista-actor añadió una segunda trama, mucho más corta que la anterior, en la que un pseudohermafrodita decide someterse a una operación de cambio de sexo.

Sin embargo, según el doctor Alton, esto no vale para todos. En el caso de Glen, su problema es que no le querían de pequeño, por lo que creó a Glenda. Si ahora proyecta su amor en Barbara, es de suponer que su afición al travestismo se extinga y, como dice el doctor Alton «se cure». Hala, el mensaje de aceptación y hasta progresista para la época, a tomar por saco.

Lugosi, preparando un brebaje antitravestismo. ¿Lo conseguirá? Descúbranlo esta noche en El gato al agua.

 

Como ya les he dicho, el productor metió bastante mano en el guion. No solo porque «obligase» a Wood a meter una subtrama sobre cambios de sexo (aunque, para ser justos, siempre fue la intención original), sino porque, al ver que a la película le faltaban unos diez minutos, decidió arrear dos escenas de gachises ligeritas de ropa, que intercalaba con planos descontextualizados de Glen asustado y Lugosi con una mirada entre intrigada y libidinosa.

Pero no se crean que hay que culpar solo a Weiss de las incoherencias del guion, ¡qué va! Fue el propio Wood el que se emperró en meter con calzador a Lugosi, en unas escenas que no pegan ni con cola y que parecen sacadas de otra película. Y una no muy buena.

«¿Yo, metido con calzador? ¡Pero si manejo las cuerdas! ¡MANEJO LAS CUERDAS!»

En definitiva, Glen or Glenda es una película que casi cumple su objetivo de normalizar el travestismo… hasta que infiere que es una enfermedad curable, cuando todos sabemos que de curable nada no es una dolencia. También hay que tener en cuenta que la película es de 1953, cuando estaba bien visto pegarle una soberana paliza a tu mujer si no te servía un buen lingotazo nada más llegar a casa, así que imagino que no hay que ser tan duros.

Presten especial atención a la «interpretación» de Dolores Fuller, de la que se podría decir que lee todas sus frases si realmente hubiera alguien que leyese tan MAL. Y, por supuesto, no pierdan ojo de ninguna de las escenas de Bela Lugosi, claro precedente de Nicolas Cage en cualquier película que haya hecho en los últimos quince años.

Lo mejor: su delirante guion, Bela Lugosi, manejar las cuerdas.
Lo peor: no da lo que promete: no sale ningún dragón verde.

¡Y, en quince días, pulpos de goma! ¡Más Bela Lugosi! ¡Explosiones injustificadas! ¡Actuaciones lamentables! ¡Todo eso, y mucho más, con Bride of the Monster!

«¡A COMENTAR SE HA DICHO!»

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