Green Lantern, en busca de la personalidad

Llega a nuestras pantallas Linterna Verde, un superhéroe con un anillo que le otorga numerosos poderes, aunque el del carisma no sea uno de ellos.

Aunque tanto Superman como Batman ya habían probado suerte en la gran pantalla, no fue hasta el año 2000, con el X-Men de Bryan Singer, cuando la fiebre por las adaptaciones de los superhéroes se desató. Y aunque la mayoría son conocidos por el gran público, llega un momento en el que hay que tirar de otros personajes con menos relevancia -lo que no quita que también tengan sus muchos seguidores-.

En este caso, el viernes pasado llegó a nuestros cines Green Lantern (a.k.a. Linterna Verde), cinta que ha decepcionado bastante en Estados Unidos y que ha recaudado menos de lo esperado. Y aunque la taquilla no debe servir para evaluar una película, en este caso hay que darle toda la razón.

Y es que la película va camino de convertirse, por méritos propios, en una de las cintas de superhéroes que menos huella ha dejado. Gran parte de culpa la tienen los personajes, que desde el héroe de la función, hasta el malo, pasando por la chica, carecen de carisma alguna. Así pues, ni Ryan Reynolds, ni Peter Sarsgaard, ni Blake Lively respectivamente, logran imprimir un mínimo de interés a sus personajes. Al menos Sarsgaard -con diferencia, el mejor actor de los tres- parece estar menos desangelado que sus otros dos compañeros, cuya relación amorosa roza irreal por su nula química.

Pero sin duda alguna, el principal problema de esta película es el poco acierto de su director, el irregular Martin Campbell -lo mismo te casca una entretenidísima cinta de aventuras como La máscara del zorro o hace el impresionante reboot de 007 con Casino Royale, que te presenta una horrible secuela zorruna o la tonta Amar peligrosamente-, que nunca logra que la película se despegue de la etiqueta de “impersonal”. Nada de lo que ocurre importa, y todo lo que acontece, aunque lo hace de forma ligera, sin molestar y dejándose ver, no llega a calar en el espectador.

Todo queda muy visto, y es que es cierto que la película sigue el patrón de otras cintas de superhéroes  -presentación del protagonista, incidente que le convierte en héroe, disfrute de sus recién adquiridos poderes, primer problema, negación del protagonista ante su nueva posición, aparición de un enemigo mayor, confianza en sí mismo, victoria-, pero aún así queda la sensación de que se podría haber hecho más, especialmente respecto al guion, pues parece mentira que para crear una historia y unos diálogos tan simples hayan hecho falta cuatro cabezas (las de Greg Berlanti, Michael Green, Marc Guggenheim y Michael Goldenberg).

Si tuviera que elegir lo mejor de esta cinta eso sería sin duda el diseño de los extraterrestres, así como el del traje de Green Lantern, pero es un bagaje muy pobre para una cinta que dentro del ranking de pelis sobre superhéroes de cómics podría empatar perfectamente con Los 4 fantásticos. Y eso no dice mucho a su favor.

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