Por qué Figuras ocultas tendría que ganar el Oscar

El Biopic de Theodore Melfi no sólo es una película hecha con buen gusto y correcta. Es una película necesaria.

Un simple vistazo a la búsqueda en Google de las palabras “Oscars Racist” deberían ser suficientes para hacernos comprender por qué Hidden Figures debería ganar el Oscar a mejor película. Desde listas en las que se describe con todo lujo de detalles cómo los premios continúan siendo más racistas que nunca, los comentarios de Chris Rock sobre la discriminación en Hollywood, artículos en Variety sobre la escasez en las anteriores ediciones de actores y actrices de color entre los nominados hasta los comentarios de Dustin Hoffman sobre esta lacra en la gala de premios.

Pocas películas han tratado el problema del racismo de una manera tan particular como Hidden Figures

Desde el estreno de Crash en 2004 (hace más de diez años) tan sólo 12 Años de esclavitud ha conseguido tratar con éxito y reconocimiento por parte de la academia un tema tan espinoso como el racismo en Estados Unidos. Y no por falta de material. Straight out of Compton, una película que no podría ser más actual pasó completamente desapercibida en la temporada de premios. The Butler era un comentario blando e insignificante sobre la auténtica lucha por los derechos de los afroamericanos. Lo mismo ocurría con Gran Torino.

Hidden Figures merece ganar este año. Y no solo por jugar la carta de la raza. Las interpretaciones de las tres actrices principales son ejemplares, es un biopic a tres bandas más que correcto, y lo importante, vuelve sobre un tema necesario y poderoso: La necesidad de dejar nuestras diferencias de lado y trabajar juntos en pos del bien común. Hidden Figures simplifica en ocasiones las matemáticas que rodean a la trama, pero es necesario para hacer comprender al espectador lo impresionante del logro de las protagonistas. No sólo aprendieron a utilizar uno de los primeros ordenadores, no sólo descubrieron cómo enviar y devolver a un hombre al espacio y no sólo rompieron las barreras del racismo en las universidades. También es un relato sobre conseguir lo imposible porque es lo correcto. La película tiene, por supuesto, fallos. La ya mencionada simplificación de las matemáticas, el conflicto con el personaje de Kirsten Dunst (a la que se debería recuperar cuanto antes, ya que da una lección de contención y manejo de sus propias líneas excepcional) y la trama en la que participa Mahershala Ali es una historia de amor metida con calzador. Pero hay una cosa que desde este lado del charco es fácil de olvidar: Es una historia necesaria.

La película no es ni por asomo tan aborrecible como la crítica nos ha hecho pensar

Es imperativo que Hidden Figures gane no porque sea una película excelente. Si no porque es una película necesaria. Es obligatorio no olvidar a los auténticos genios que llevaron al segundo ser humano al espacio. Los que pusieron las bases para que fuésemos capaces de llegar a la luna. Sería terrible y doloroso olvidar a los héroes (en este caso heroínas) que lo consiguieron. Y sería todavía peor olvidar que se trataba de personas de color. Parias que eran asesinados en las calles. Que tenían que luchar por algo tan simple como conseguir un baño en su edificio, o beber del mismo café que sus compañeros. Es una película necesaria porque el racismo todavía existe, y, aunque suene tópico, aquellos que olvidan su pasado están condenados a repetirlo.

Cuando dentro de 20 años volvamos la vista a la edición de los Oscars del 2017, no debería ser motivo de vergüenza. Debería ser motivo de celebración que un relato sobre un hecho histórico, heroico y épico tuvo lugar. Que Hidden Figures gane no es tanto una cuestión de saber hacer una película (que es una buena película, no lo olvidemos) o de unas interpretaciones ejemplares (que las tiene). Se trata de sentido común. De estar unidos. De que a día de hoy, con el panorama actual, necesitamos, desesperadamente, recordar que los héroes no son siempre varones blancos de clase alta.

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