‘Historia de nuestro cine’: Felicidades y, sobre todo, gracias

Coincidiendo con la emisión de su película nº 500, es hora de agradecer al programa de La2 su extraordinaria laboral divulgativa y, sobre todo, no dejar de promocionarlo

La televisión ha hecho, y sigue haciendo, Historia. Y no, no nos referimos esta vez al imparable fenómeno del consumo compulsivo de series, sino a esos milagros puntuales surgidos de la mente de algunos responsables televisivos con verdadera vocación divulgativa (¿los había aún?) que, de vez en cuando, nos obligan a replantearnos eso de la “caja tonta”. Imagínense: si ya es casi imposible encontrar programas de consumo familiar medianamente ingeniosos, lo poco probable que parecía la aparición de un memorable espacio de cine que, digámoslo ya, está haciendo Historia. Su nombre por si no lo conocían es, precisamente, Historia de nuestro cine.

La aproximación del medio televisivo español a la proyección e información cinematográfica se cuenta en unos pocos hitos, o bien pretéritos, o bien desafortunadamente residuales. Cómo olvidar las reflexiones de José Luis Garci (gran divulgador cinéfilo, además de respetable realizador), y sus compañeros de tertulia en aquel “Qué grande es el cine”, de indudable valor formativo y escaparate inigualable de películas clásicas de todos los orígenes geográficos, con el valor compartido de la calidad (para los que llegamos tarde a poder disfrutarlo, aún se pueden encontrar en Youtube algunos fragmentos). En clave informativa (sin emitir película), cómo no sonreír con los irónicos comentarios con los que el inconfundible Antonio Gasset redondeaba sus crónicas en Días de cine el programa que él dirigió y presentó durante 15 años, y que aún hoy se mantiene como referente televisivo de la cinefilia, con sus rigurosos reportajes y análisis críticos, por fin además en un horario decente: jueves a las 21:00 y sábados a las 19:00 (antes había que irse de juernes para verlo el jueves a las 01:00).

TVE anunció hace dos años el comienzo del programa Historia de nuestro cine, consistente en la emisión, todas las noches en el prime time de La2 (21:55), de una película de cine español

Así las cosas, con los cine-clubs televisivos perdidos en la memoria, pero el cine volviendo a las parrillas de las cadenas (eso sí, solo el más reciente o de mejor relación coste-resultado, es decir, los truculentos telefilmes), la cadena pública anunciaba hace dos años (mayo 2015) la puesta en marcha del ambicioso programa Historia de nuestro cine, consistente en la emisión, todas las noches en el prime time de La2 (21:55), de una película de cine español. En un periodo previsto ¡de 3 años!, y no de cualquier manera: los lunes se dedicarían a los años 30 y 40 (¡sí, ya se hacía cine en España por aquel entonces!), los martes a los 50 y 60, los miércoles a los 70, jueves a los 80 y viernes a los 90. Se decidió por tanto acotar el espectro al siglo XX, una decisión apropiada, pues el cine más reciente es más fácil de ver o adquirir, y tiene sus propios espacios, como la ya también única e inigualable Versión Española presentada por Cayetana Guillén Cuervo, los domingos a las 23:00 (¿por qué no se adelanta al prime-time de las 22:00?)

Historia de nuestro cine está coordinado por el joven historiador de cine- y también actor (Los exiliados románticos)Luis E.Parés, dirigido por Francisco Quintanar y presentadora por la carismática y sonriente Elena S.Sánchez, también conductora actualmente de Días de cine. La estructura del programa es sencilla: a la emisión de la película le precede una breve (apenas 5 minutos), pero muy completa presentación (contextualización histórica y cinematográfica, hechos relevantes, trayectoria del director y actores, curiosidades, etc.) a cargo de alguno de los expertos habituales del programa: los eminentes críticos de El País Javier Ocaña y Jordi Costa, el crítico de El Mundo Luis Martínez, el veterano Fernando Méndez-Leite, el director de Caimán Carlos Heredero, la redactora jefa de Cinemanía Andrea Gutiérrez, el propio E.Parés y, en alguna ocasión, el autor de la célebre y monumental Guía del cine, Carlos Aguilar (entre otros expertos).

A la emisión de la película le precede una breve pero completa presentación a cargo de algún crítico o historiador de cine, y el viernes le sigue un coloquio con otros artistas o expertos sobre el tema común de la semana

Como la selección de películas semanales obedece a un tema o rasgo común (el tema abordado, su participación en festivales, el actor/actriz protagonista, su carácter singular en algún aspecto, etc.), losviernes después de la película hay un coloquio al que asisten otros aristas o expertos invitados. Esta semana, por ejemplo, las películas han girado en torno al trabajo de las actrices, y en la tertulia del viernes estuvieron presentes, además de Méndez-Leite, el periodista y escritor Luis Alegre Saz y dos estrellas del ayer y el hoy del cine español: la irrepetible Concha Velasco y la siempre magnética Aura Garrido.

El formato desde luego no es un dechado de originalidad y la introducción de cada película sabe a poco, aunque es un prodigio de síntesis y una invitación a seguir profundizando en la información que se apunta. Pero todo sirve al fin mayor: ponernos en bandeja el disfrute de una película que desconocíamos, creíamos ilocalizable o merece urgente reivindicación. Uno echa en falta hasta el grabador DVD (ya puestos, mejor VHS, el de toda la vida, y con carátulas personalizadas) para crear una colección de cintas que rivalice en las estanterías (demasiado empolvadas desde la aparición de Internet) con las que dieron en su día los periódicos o las que uno fue creando en los tiempos del coleccionismo cinéfilo en formato físico (que algunos seguimos practicando, para terror de nuestro bolsillo y supervivencia de la industria).

Historia de nuestro cine nos permite disfrutar de una película que desconocíamos, creíamos ilocalizable o merece urgente reivindicación

Aquí está en realidad el aspecto más frustrante que puede esconder el programa: las películas solo permanecen disponibles a la carta en rtve.es los 5-7 días siguientes a la emisión, con lo que, si uno no ha estado al tanto y no ha le ha dado a “grabar” en su televisor, debe darse prisa para poder descubrir películas que, en caso contrario, solo puede encontrar (ocasionalmente) en los lugares más recónditos de Internet, y por supuesto, en pésima calidad. El fenómeno de la descatalogación campa a sus anchas por el cine español, muchas de cuyas películas hace tiempo que se dejaron de editar. ¿No podría TVE ser más generosa con los plazos de visionado, o incluso lanzarse a editar algunas de estas joyas ocultas?

Entonces uno se acuerda de que Enrique Cerezo es el titular de gran parte del catálogo de cine español (dicen que es la persona con más derechos de películas del mundo, y en este caso,  de 556 de las 690 películas programadas), y que el desembolso de TVE por los derechos de emisión de cada una de ellas se cifró en 15.000€.  Nada que reprochar por tanto (sino todo lo contrario) a TVE, y mucho que lamentar por esa insólita y lucrativa concentración de derechos (aunque la cinefilia, o más bien cinefagia, y voluntad conservadora y restauradora de Cerezo resulten evidentes).

Curiosamente, la única película disponible para visionado permanente a la carta es la inefable Raza, cuya desafortunada emisión el 17 de julio provocó una infantil polémica azuzada por políticos miopes que solo conocieron el programa para criticarlo por esta coincidencia, derivada de la confianza de los programadores en la madurez del espectador para distinguir el interés histórico del filme de cualquier intención de asumir/difundir su ideología.

Historia de nuestro cine cumplió “500 películas” este lunes con un buen balance: audiencia media de 500.000 espectadores  y share por encima del promedio de la cadena

Historia de nuestro cine cumplió “500 películas” este lunes (tranquilidad, en principio quedan aún 190) con la emisión de una de esas encantadoras comedias de los años 50 (nuestras propias “screwball comedies”) protagonizadas por Conchita Montes y escritas/dirigidas por los hermanos Mihura. En estos dos años, la audiencia media del programa se ha situado en  los 500.000 espectadores (con picos como el de “La muerte tenía un precio”, emitida este verano en un ciclo de co-producciones, que superó el millón) y un share superior en general a la media de la cadena. Aceptable, pero insuficiente, si consideramos la ocasión única que brinda este programa de descubrir casi en su integridad los (maravillosos) frutos artísticos de la producción cinematográfica de nuestro país.

Y no hablamos solo, por supuesto, de la insigne trayectoria de las”tres B”s (Buñuel, Berlanga y Bardem) y otros consagradísimos autores (Edgar Neville, Carlos Saura, Víctor Erice, Pedro Almodóvar) cuya filmografía estamos podiendo revisar en detalle para gozo de completistas (que deberíamos serlo todos en el caso de estos maestros). El programa nos está permitido descubrir la obra singularísima y radical de autores como Francisco Regueiro (Madregilda, Padre Nuestro), ampliar nuestra perspectiva sobre el heterogéneo conjunto de películas de directores como Jaime de Armiñán (de Mi querida señoritaStico) y quizá derribar los prejuicios sobre nombres que asociamos con un cine rancio y trasnochado de la época franquista.

En las últimas semanas hemos descubierto que Pedro Lazaga, autor de filmes como Sor Citröen o Vente a Alemania Pepe, también está detrás de inteligentes picarescas con los mejores actores de la época (Sabían demasiado) o de esa agreste, lírica y magistral mezcla de buddy movie, western y road movie que es Cuerda de presos. O que Rafael Gil, director cercano al régimen y asociado también a comedias intrascendentes,  nos regaló piezas mayores como La guerra de Dios (un premiado drama social y religioso) o Mare nostrum, vigorosa adaptación de la novela de Blasco Ibáñez, ambientada ¡en el mundo del espionaje durante la 2º Guerra Mundial! y protagonizada por Fernando Rey y María Félix, en el papel de una femme fatale con la belleza, complejidad y fuerza seductora de las mejores de Hollywood.

Gracias al programa hemos descubierto, por ejemplo, la existencia de musicales o noirs en el cine español anterior a los 60, como la excepcional  ‘Los ojos dejan huella’ de Sáenz de Heredia

Uno se lleva sorpresas incluso con directores más recientes que creemos controlar, pero que quizá hemos etiquetado demasiado rápidamente: ¿quién dijo que el cine de Garci tenía siempre un espíritu conservador y adocenado, cuando en la divertida y lucidísima Mis verdes praderas, se pronuncia uno de los discursos más críticos y corrosivos con el modelo de vida netamente pequeño-burgués, y se materializa con gran alegría un acto simbólicamente anti-sistema?

Lo mismo ocurre con intérpretes (siempre injustamente) encasillados como Arturo Fernández, que participó en los dos recios y modernísimos noirs de Julio Coll: Distrito Quinto y Un vaso de whisky. Hablando de noirs, qué descubrimiento la turbadora, retorcida e hipnótica aportación al género de José Luis Sáenz de Heredia, Los ojos dejan huella. Parece mentira, pero ningún género le ha sido ajeno al cine español: y si no piensen en el delicioso musical, rodado ¡en la 2º República!, El bailarín y el trabajador, cuyo virtuosismo y elegancia no tienen nada que envidiar a la coetánea edad de oro de Hollywood (pero sumándole además nuestra gracia castiza: ¡vivan las Galletas Romagosa!).  Hay que quitarse complejos: si en Italia, por ejemplo, tienen “Ladrón de bicicletas”, nosotros tenemos Mi tío Jacinto, una desgarradora y genial muestra de neorrealismo poético en el Rastro de Madrid.

Remontarse tan atrás en el tiempo parece solo un divertido ejercicio de arqueología cinéfila, pero es mucho más: significa entender la evolución completa del 7º arte en nuestro país, y la oportunidad de rescatar joyas indelebles como Rojo y negro (un drama romántico sobre “Las 2 Españas” de tintes falangistas, pero gran fuerza visual, interés histórico y conmovedor espíritu humanista) o Sierra de Teruel, el memorable alegato a favor de la República de André Malraux, con colaboración de Max Aub. Y es que el tiempo pasa, pero las preocupaciones humanas persisten y los problemas socio-económicos se repiten: con qué facilidad y estremecimiento, por ejemplo, se identifica el angst existencial de una juventud con las perspectivas laborales y personales malogradas (la de entonces y la de ahora) en Llegar a más (1963).

Historia de nuestro cine es un maravilloso ejercicio cinéfilo y una muestra del potencial de la televisión como servicio público comprometido con la divulgación cultural y el patrimonio artístico

Para la ciudadanía en general y los jóvenes en particular (que solo han presenciado el auge de la telebasura), Historia de nuestro cine supone un ejercicio esclarecedor del potencial de la televisión como servicio público comprometido con la divulgación cultural y el patrimonio artístico. Para los cinéfilos, es una ocasión irrepetible de practicar sus hábitos preferidos: la felicidad de descubrir una película nueva e ilocalizable, el atrevimiento de desafiar sus prejuicios con respecto al cine español o al cine anterior a los años 80/90, la costumbre ritual de sentarse cada noche ante el televisor para disfrutar con películas que le entretienen, le sorprenden, le enseñan la Historia y sociología de un país, el suyo, que quizá no se parece tanto al tópico como él pensaba.

Y en última instancia, le demuestran, a través del interesantísimo caso del cine español, que, pese a las dificultades económicas, la ocasional incomprensión del público y la persistente represión o desprecio del poder, el arte siempre aflora para hablarnos e interrogarnos sobre nuestro pasado, presente y futuro como seres humanos. Lo dicho: Felicidades y 500 veces gracias.

 

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