I’m still here, Joaquin el mentiroso

Joaquin Phoenix no ha sido nominado a los Óscar por 'Her', y ni falta que le hace. Con I'm still here ya subió el sólo al trono de la interpretación y no necesita mayor reconocimiento.

El 11 de febrero de 2009 Joaquin Phoenix fue entrevistado por David Letterman en su programa de late-night. Llevaba una barba muy poblada, gafas de sol y la actitud chulesca del típico actor pasado de rosca. Letterman no supo sacarle palabra alguna. Sólo lo que ya se sabía por entonces, que Joaquin Phoenix abandonaba el cine y se dedicaría a partir de entonces al rap. Era todo un fake. Era todo parte de I’m still here, la broma que todos se tragaron, que hasta el último mono tomó por cierta.

Y que todavía muchos rezagados toman por cierta. 5 años después de esa entrevista existen aún comentarios en el vídeo de Youtube de gente que aún desconoce que todo era una enorme broma. Pero no se queda únicamente en una broma. Es un experimento que ahonda en las profundidades del cine, en la mentira. Actuar es mentir, es crear emociones falsas. Tenemos tan interiorizado el hecho de vivir vidas paralelas, de emocionarnos ante ilusiones en la pantalla, que asumir que es todo mentira casi nos duele. “Pero pero…¡parecía tan real todo!”. A ninguno se nos ocurre decir eso tras observar a, yo qué sé, Jack Lemmon en El apartamento, y descubrir que todo eso es una película. No lo decimos porque su personaje no se llamaba Jack Lemmon, sino C.C Baxter. En el caso de I’m still here, en cambio, Joaquin Phoenix hace de Joaquin Phoenix. ¡Se llaman igual! ¡Esto todo tiene que ser cierto! No lo es. Nada lo es.

Pero eso no importa. Importa que  Joaquin Phoenix es uno de los mejores actores vivos. Crítico con el establishment, cuando dice que no recibirá papeles se equivoca: recibe los mejores de Paul Thomas Anderson y Spike Jonze. Con Her no está nominado a los Óscar y a él le trae sin cuidado. Lo suyo es ser el perfecto mentiroso. Es el perfecto actor porque  sabe ser él sin ser él. Sabe ser Theodore, sabe ser Freddie Quell sin dejar de ser Joaquin Phoenix. Tiene el magnetismo de los grandes, la capacidad de adaptación de quien ansía vivir las vidas de otras personas. Que al fin y al cabo eso es actuar, dar vida a personajes que existen, que están ahí, pero que no tienen aún vida. Con I’m still here Joaquin Phoenix quiso vivir la vida de un Joaquin Phoenix alternativo. Un Joaquin Phoenix que ya existía en su coco y en el de Casey Affleck, pero que necesitaba ser dotado de vida. Ocurría que ambos, tanto el imaginado como el real, compartían el mismo nombre. Debían compenetrarse. Debía el Joaquin Phoenix real hacerse pasar por el ficticio en la vida real. Nadie podía saber que eran diferentes personas. Y nadie podía sospecharlo. Al fin y al cabo, se llamaban igual. 

Joaquin Phoenix

Y para ello había que mentir. Pero mentirijillas sin gran importancia. Eran necesarias para que el Joaquin Phoenix ficticio sobreviviera. Había que mentir, esto es, actuar. Había que pelearse, recibir mierda humana en la cara, esnifar en las tetas de prostitutas (se te adelantó Joaquin, Leo), quemarse el pelo.Y había que atenerse a las consecuencias. El Joaquin Phoenix afeitado y cívico, el de Two Lovers y Gladiator ya no importaba. El nuevo Joaquin Phoenix es capaz de tirar teles por la ventana, no tiene sentido del ridículo. Toca en esto el cielo mejor incluso que Ricky Gervais: la incomodidad del británico, su puro bochorno tienen la ventaja de estar premeditados, de estar enmarcados en la estricta ficción. Phoenix, sin embargo, se ha metido en la pura mierda, lo ha hecho en modo guerrilla. Con mi ficción a por la realidad. A que me abofetee. Cuando enseña sus canciones de rap al rapero Diddy, cuando las interpreta en una discoteca de Miami, cuando se pelea con gente del público todo resulta de una sordidez morbosa y atrayente. Es puro Hollywood, es pura mierda de celebrities, de MTV News. Ante todo esto él se mantiene incólume. El Phoenix real, escondido tras la máscara del ficticio, lo tuvo que pasar mal. Pero ahí estuvo, ahí se mantuvo, con su papel hasta el final, con su ficción, recibiendo hostias de la realidad.

Quizá el Joaquin Phoenix ficticio no estaba tan alejado de la realidad. O quizá era una forma del Joaquin Phoenix real, como si de un cuento de navidad se tratara, de observar su posible fracaso, de verlo a través de una bola de cristal, o de una pantalla, soporte igual de mágico. No podía descartar algo así, y quería ver qué le ocurriría si se dejara llevar por su ego, por su pasotismo y superioridad moral. Era una opción probable. No son pocos los casos de actores afamados caídos en desgracia.

Actor Phoenix displays words written on his fists as he poses for photo at the Los Angeles premiere of the movie "Che" during the AFI Fest 2008 at the Grauman's Chinese theatre in Hollywood

Ante tal genialidad muchos se sienten estafados. Estafados porque piensan que esto podría haber sido real. Es realmente verosímil tal descenso a los infiernos. E incluso tal redención final. Que todo sea mentira les cabrea: ¿no sentía todo lo que decía sentir? ¿Entonces él no es quien nada de niño al inicio de la película? ¿Su padre no vive en Panamá?Una pregunta similar a la de Jack Lemmon. Todo es mentira. Todo es cine. La filosofía de cartónpiedra del film, las reflexiones gilipollescas y pseudo trascendentales de Phoenix sobre la vida, las gotas de agua, el éxito. Es el Phoenix ficticio, el Phoenix pueril y gilipollas, el paradigma de famoso de Hollywood rebelde y existencial. Todo ridículo. Todo mentira. Todo postureo. Todo fracaso tras fracaso. Y si no funciona, si I’m still here es un fracaso, es una doble genialidad: es el fracaso del fracaso. La ilusión que crea Phoenix es la ilusión del cine. Es el reality bien hecho. La vida como teatro, pero con buenos actores. Si engañamos, hagámoslo bien, hasta el final. Es el cine, estúpido.

P.D: Los happenings performances de Shia Labeouf tras ser pillado plagiando tienen mucho tufo a intento de I’m still here. La diferencia es que Phoenix quiso desde el principio engañar a todos, y Labeouf lo que intenta es darle, de pronto y cuando lo pillan, un sentido artístico, transgresor a su robo. No se sabe si está haciendo de gilipollas o es realmente gilipollas. Veremos.

Comentarios

comentarios

More from Ricardo Dudda

El éxito de Salvados, Jordi Évole y la lonja

Hay un capítulo de Salvados en el que Jordi Évole, su creador,...
Leer más

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *