Irrational man, el erudito que devino hombre de acción

Woody Allen se sumerge de nuevo en un pozo de ideas filosóficas e intelectuales para su interesante última película

Se ha hablado de las fases de Woody Allen, y de la clausura de su etapa vacacional europea tras Blue Jasmine y Magia a la luz de la luna. La inauguración del curso en una universidad estadounidense con la que comienza Irrational man es, desde luego, la mejor manera de evidenciarlo. Pero no se inquieten sus fieles, la marca Allen cuenta con leitmotifs perennes: la moral, la estética, el asesinato… Con ellos abre su discurso en voz en off (cuyo abuso es también marca de la casa) el profesor Abe Lucas (Joaquin Phoenix), que se incorpora a la docencia en el departamento de filosofía para impartir clases sobre “Estrategias éticas” en un momento personal de total apatía y desesperación por el sinsentido de su vida.

Podría afirmarse que toda la filmografía alleniana se nutre de la vieja poética aristotélica en un eterno debate, ya sea de forma implícita o explícita (p.e. Melinda and Melinda), sobre si la esencia humana puede considerarse trágica o cómica. La totalidad de sus filmes parecen zanjar esa duda. O por lo menos zanjar la duda de en qué forma plasma mejor esa esencia su director.

El existencialismo, que analiza la condición humana, la libertad y la responsabilidad individual y, por ende, el sentido de la vida, siempre resulta, a través de las gafotas de este director, el germen de una naturaleza trágica del ser que en el fondo (o mejor dicho, vista muy de cerca) puede manifestarse eminentemente cómica. Plasmar esta paradoja con gracia y gusto es el punto fuerte de su cine.

No obstante, la fase previa antes del giro cómico, la que parte de la tragedia que experimenta el individuo al no poder responder a ninguna de esas cuestiones ontológicas, esa fase no siempre escapa a la farsa extrema del director, resultando por veces personajes caricaturescos tan planos e ingenuos como poco creíbles. Personajes fascinados de manera superficial por la filosofía europea, que leen en clave romántica, y cuyos movimientos afectados resultan forzados y ridículos. Divertidos sí, pero a costa de sacarnos por momentos de la película.

Irrational-Man 1-Joaquin-Phoenix

El problema de un protagonista como el de Irrational man es que a los europeos puede parecernos poco creíble.

Pues bien, tenemos a un profesor de filosofía en plena crisis existencial que se caga en Kant y su Imperativo Categórico, tachándolo de “paja verbal” al tiempo que se caga con Kierkegaard en una reacción plenamente burguesa de pavor ante la posibilidad de una libertad total de acción. Y al que, cómo no, le gusta Dostoievski y jugar de vez en cuando a la ruleta rusa. Porque -no podía ser de otra manera-, aunque se espera de él que sea alguien racional, en realidad es un romántico.

El problema de un personaje así es que a los europeos puede parecernos poco creíble. Es obvio que la incoherencia humana es una materia jugosa para la comedia. No voy a eso. Se trata de algo anterior. Woody Allen, de igual modo que muchos intelectuales norteamericanos, acusa una fascinación por el nihilismo europeo, esa especie de cénit teórico totalmente incomprensible desde el pragmatismo capitalista, que termina interpretando cándidamente desde el genio romántico.

Esta fascinación hace patente el choque cultural. La mayor parte de las veces es un choque divertido y saludable al hacernos imaginar que nuestros intelectuales, tras unas sesiones de psicoanálisis o de sexo salvaje, superarían la afectación nihilista, y bajándose del carro de la fútil teoría e inevitable infelicidad de la erudición se lanzarían de cabeza a la acción pura y dura, en su forma más dionisíaca posible. Porque es posible que muchos lo hicieran. No obstante, existe el riesgo, patente en Irrational Man, de que estos personajes resulten poco creíbles, superficiales y frívolos cuando -y esto es lo negativo- no prentenden serlo.

WASP_DAY_15-0252.CR2

Irrational man intenta sin éxito romper los esquemas burgueses con giros enraizados en la psique de unos personajes que se pretenden complejos y que realmente no lo son.

Es el caso del exagerado personaje que interpreta Phoenix, tan exagerado e inverosímil como su barriga. Y es algo que lastra la película hasta bien avanzada la mitad del rodaje, cuando los giros argumentales tratarán de compensar al espectador. Si bien es verdad que lo intenta, son giros enraizados en la psique de unos personajes que se pretenden complejos y que realmente no lo son.

Woody Allen no abandona sus esquemas burgueses. Solo hay algo peor que eso en el cine actual y es no abandonarlos pretendiendo hacerlo.

Hecho el traje es justo y necesario decir que ver una película de Woody Allen nunca es una pérdida de tiempo. Que de lo anteriormente dicho también parece consciente el propio director, que es todo un ejemplo de autoirrisión. Que el “vista una, vista todas” es una forma cínica de decir que en su extensísima experiencia ha sabido encontrar su propia marca. Y que esta marca es sinónimo de disfrute y entretenimiento del bueno.

Porque si obviamos esta primera impresión de falta de credibilidad lo cierto es que hay una suerte de magnetismo en estos lugares comunes que se abordan con el profesor Lucas: en primer lugar la cuestión -esta vez sí internacional- de la mitomanía universitaria.

Irrational-Man-4- Parker-Possey
A Abe lo precede “una fama” de erudito. Un erudito seductor, pero erudito al fin y al cabo. Racional. Y toda comunidad académica disfruta morbosamente al observar la caída de las más inalcanzables esferas intelectuales en que se mueven estos sujetos ermitaños hacia la entrega sin reservas a la lujuria y suculenta carnalidad. Más concretamente la comunidad femenina.

Representa esta actitud el personaje de Parker Posey (Superman Returns), Rita, también profesora universitaria y la primera que se propone seducirlo. Completa esta actitud, desde la perspectiva menos descreída y más puramente idealista, la coprotagonista Jill, interpretado a la perfección por Emma Stone (Magia a la luz de la luna) que cae completamente obnubilada por su profesor en el manido y no por ello menos atrayente cliché de la alumna enamorada de lo que Lacan dió el llamar el sujet suppossé savoir. Uno de los temas más suculentos del psicoanálisis. Y lo interesante o innovador de este eterno conflicto es el enfoque que se le da.

“No estás enamorada de mí. Estás enamorada de la idea de enamorarte de tu profesor”. Con esta frase Abe se convierte en psicoanalista de la joven protagonista. El sujeto analizado le supone a su analista, según Lacan, un conocimiento global de la psique en general y de la de su paciente en particular. Bajo esta suposición el propio paciente es el que se analiza, haciendo emerger su propio inconsciente para enfrentarlo y conocer partes de sí mismo que por sí solo no conocería. Una posible lectura de la psique femenina que frecuentemente busca tropezarse en esta piedra para llegar a una conclusión similar a la que llegan las jóvenes protagonistas de Allen: en realidad todo lo atribuído a esa figura “inalcanzable” no es casi nunca real e inevitablemente le sigue una decepción.

Irrational Man 3 Emma Stone Joaquin Phoenix

En Irrational man la relación que nace por una fascinación burguesa ante lo complejo trasciende lo emocional para topar con una traba de dimensiones morales inesperadas.

Pero he aquí la novedad: Mientras que las historias amorosas de este calibre se acaban consumiendo dentro de la naturaleza puramente emocional, en Irrational man la relación topa con una traba totalmente diferente: una traba racional de dimensiones morales que enfrenta a la protagonista consigo misma. La fascinación por un hombre complejo puede, entonces, desembocar en dos caminos. El más frecuente es el descubrimiento de que esa complejidad en realidad no lo es y el hombre no es más que un niño con un montón de manías y prejuicios. La segunda es menos frecuente en el cine pero comienza a serlo en nuestra sociedad. Hablo de la de la loca Europa, la de la liberación sexual, que fascina a los americanos en general y a Allen en particular. Puede ocurrir que esta complejidad atrayente en realidad lo sea. Compleja, digo. Y que como polilla atraída a la luz el individuo burgués (la individua burguesa, en este caso) se vea totalmente sobrepasado y vuelva, con el rabo entre las piernas, a su espacio de confort, menos exótico pero más consolador.

Sin embargo, lo mejor es que es que esta revelación no es de naturaleza emocional sino que surge con toda la ironía de aquel escrutinio racional de la libertad y la responsabilidad del individuo, pero de forma tangible. El suceso que la motiva irrumpe en la película para cambiar totalmente la trama alejándola de la comedia romántica al uso. No desvelaré este elemento detonante porque sería perpetrar un spoiler. Solo diré que se trata de una controversia de tipo moral que llevará a los protagonistas a enfrentarse al desafío intelectual de tener que abordar, de forma práctica, la “Estrategia moral” tan conocida por ellos desde la teoría.

Irrational Man 2 Emma Stone Joaquin Phoenix

Woody Allen hilvana giros dramáticos con su siempre ágil ritmo jazzistico formando un círculo perfecto de ironías en la vida de un erudito que determina pasar a la acción.

De este modo suma Allen el atractivo de un personaje que despierta de su apatía al verse obligado a poner en práctica lo que la teoría ya no podía satisfacer. Tomar parte. Pasar a la acción. Sucumbir con ello a lo irracional, las pulsiones, las corazonadas, la magia de lo desconocido y recuperar en ello, paradójicamente, las riendas de su vida.

¿Qué ocurre cuando el sujeto racional que quiere cambiar el mundo pero no lo logra a través de la fútil teoría decide sacudirse su pasividad y pasar a ser un sujeto de acción? Ésta cuestión y no otra será el eje sobre el que comienza a engranarse la trama a mitad de rodaje de forma plenamente coherente con el tono irónico, punto fuerte de sus tragicomedias. Y lo que hará de Abe Lucas un personaje realmente interesante, mitomanías aparte, y de Irrational man, un eslabón de la filmografía alleniana a tener en cuenta, muy en la línea de Match Point.

Un hábil entretegido de giros que saben cuadrar, mcguffin incluído, varios nudos argumentales en 98 minutos a un siempre ágil ritmo de jazz funk grabado alguna noche de 1965 en el club Bohemian Caverns, Washington D.C., con agradecidos aplausos al final.

¿Has llegado hasta aquí? Échanos un cable y colabora con un clic. ¡Gracias!

Comentarios

comentarios

Escrito por
More from Nela Fraga

[Festival Cineuropa] Leviathan, meanwhile in Russia…

El leviatán es un ser fantástico, un gigantesco ser marino al que Job,...
Leer más

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *