Joe Wright, o fiascos o enaguas

Tras el fracaso de Pan, revisamos la filmografía del mayor benefactor de Keira Knightley, un narrador tan irregular como sobresaliente

Mi primer contacto con la obra de Joe Wright tuvo lugar en un cine donde se proyectaba Orgullo y prejuicio, su debut como director de largometrajes. Era una sesión de tarde, entre semana, y, de las cuarenta personas que acudieron a la sala, yo era el único hombre. Treinta y nueve mujeres y yo. Mujeres que promediaban una media de edad de en torno a los setenta años Muchas de ellas parecían esperar que se proyectara el NODO antes de la película. Si hubiera salido Concha Velasco en la pantalla vendiendo pañales, asideros para ducha, tanatorios o dando paso a la película desde el plató de Cine de Barrio la sala se habría venido abajo. Incluso si hubiera salido Concha Velasco haciendo de Elizabeth Bennet y Manolo Escobar de Mr. Darcy a pocas le hubiera importado demasiado.

En 2005, cuando se estrenó Orgullo y prejuicio, el canon para las adaptaciones cinematográficas de la novela romántica clásica británica era el desarrollado por Ivory y Merchant en los años ochenta y noventa. Un cine contemplativo, bello, cuidado, pulcro. Un cine que apasionaba a las señoras de más de setenta años que me acompañaban en aquella proyección de Orgullo y prejuicio. Un cine más que correcto, pero poco atractivo, a priori, para los jóvenes cinéfilos. Y el Orgullo y prejuicio de Joe Wright fue el primer paso para cambiar ese canon. Desde un respeto abrumador a la obra original de Austen, y sin perder de vista en ningún momento el lenguaje cinematográfico más clásico, el director añadía una gramática dinámica (con un excelente uso del plano secuencia, recurso que volvería a emplear con gran acierto en sus mejores películas), un moderno sentido del humor y una extraordinaria habilidad en la dirección de actores. Años más tarde llegaría Cary Fukunaga con su Jane Eyre, e incluso los zombis al universo Jane Austen. Pero Joe Wright fue el primer director en hacer atractivas esas historias para el espectador del nuevo milenio.

Cuatro nominaciones al Óscar y un gran éxito de público y crítica convirtieron a Joe Wright en el hombre más amigo de corsés y enaguas desde Pedro J. Ramírez. Un Joe Wright que dos años después presentaba un proyecto mucho más ambicioso, otra adaptación literaria, de nuevo de época, solo que en esta ocasión de la literatura moderna inglesa: Expiación. Y el resultado volvió a ser sobresaliente, sobre todo en una primera hora en la que montaje, interpretaciones, banda sonora, vestuario o dirección artística se conjugaban para ofrecer un primer acto que rozaba la perfección. Tales eran las expectativas que siete nominaciones al Oscar resultaron una decepción. Ni Keira Knightley ni el propio Wright fueron nominados y la película pasó a engrosar la lista de esos proyectos aparentemente realizados para arrasar en la temporada de premios que, finalmente, tienen que confirmarse con las sobras; algo tremendamente injusto para una magnífica película e, incluso, una acertadísima reflexión sobre los límites de la narración.

Joe Wright es una mezcla perfecta entre Pier Nodoyuna y un amante malvado de Antonio Gala
Joe Wright es una mezcla perfecta entre Pier Nodoyuna y un amante malvado de Antonio Gala

Cuatro nominaciones al Óscar y un gran éxito de público y crítica convirtieron a Joe Wright en el hombre más amigo de corsés y enaguas desde Pedro J. Ramírez

El siguiente paso que dio Joe Wright denotó nerviosismo. Nerviosismo por parte del director, sí, que se alejó de su zona de confort para irse a rodar a los Estados Unidos un drama contemporáneo, urbanita y masculino. Pero también nerviosismo por parte de un Robert Downey Jr. que quería ratificar su comeback con Iron Man tan solo un año atrás. El solista era una película que mezclaba periodistas, indigentes, negros, enfermedades mentales, talentos ocultos y virtuosismo musical. Solo podía ser más carne de premio con Daniel Day Lewis, un discapacitado físico y un niño de ojos grandes. Pero cuando la distribuidora vio el resultado mandó que se estrenara en abril. Abril es a las películas ambiciosas lo que los cuarenta años a las actrices atractivas: ya no pueden ser la chica de la peli, pero todavía tampoco su madre, y menos aún su abuela. Estrenar una película con pretensiones en abril es como inaugurar un kilómetro de autovía en Teruel, es reconocer que se ha tirado el dinero, nadie va a ir verlo porque a nadie le interesa. En abril ya ha pasado la temporada de premios, y aún no se ha inaugurado la temporada de verano. La película era horrenda, y tardó casi un año en estrenarse en España. Nadie la echó de menos.

Dos años después, Joe Wright volvió a intentarlo. En 2011, estreno Hanna. Una historia que comenzaba como una especie de Bourne protagonizado por una niña de dieciséis años y que evolucionaba hacia una actualización atípica de la narrativa de los cuentos de hadas. Hanna no era una película de acción convencional, pero tampoco una película de autor. Hanna tenía más tonos que un Nokia 3310. Y como nadie tenía muy claro qué hacer con ella, Focus Features decidió estrenarla, ¿adivinan?, en abril.

En El solista, Jamie Foxx se inspira en Iñaki Anasagasti, el lehendakari negro
En El solista, Jamie Foxx se inspira en Iñaki Anasagasti, el lehendakari negro

El solista era una película que mezclaba periodistas, indigentes, negros, enfermedades mentales, talentos ocultos y virtuosismo musical

Llegados a ese punto de su carrera, Joe Wright lo tuvo claro: necesitaba volver a sus orígenes. Y sus orígenes pasaban por romanticismo, enaguas y Keira Knightley. La de Knightley y Wright es la relación simbiótica más evidente en el Hollywood del siglo XXI. Ninguna estrella ha hecho más por Wright que Knightley y ningún director ha hecho más por Knightley que Wright.

Anna Karenina fue una demostración de virtuosismo más que una película. Joe Wright decidió adaptar el clásico ruso usando como única escenografía un teatro abandonado. Y el resultado no solo no resultó teatral, sino más bien una lección de las posibilidades del lenguaje cinematográfico. Anna Karenina fue una película bella, barroca y excesiva, tan solo lastrada por algún bache de ritmo y un Aaron Johnson completamente miscast como coprotagonista.

La mano arriba cintura sola da media vuelta danza kuduro
La mano arriba
cintura sola
da media vuelta
danza kuduro

Joe Wright lo tuvo claro: necesitaba volver a sus orígenes. Y sus orígenes pasaban por romanticismo, enaguas y Keira Knightley

Anna Karenina no logró obtener beneficios, pero el virtuosismo demostrado por su director, así como las cuatro nominaciones y el Oscar obtenido fueron suficientes para que, desde Warner Bros, decidieran que Joe Wright era el tipo ideal para entregarle su siguiente superproducción. Si la gente de Disney, pensaron, se están haciendo de oro adaptando sus clásicos en películas de acción real… ¿por qué no intentarlo nosotros con una precuela de Peter Pan? Parece que nadie les explicó que las adaptaciones cinematográficas de la obra de Barrie jamás han ofrecido beneficios y que, de hecho, terminaron con la carrera de P.J. Hogan y dañaron seriamente la de Steven Spielberg.

Así que pusieron en sus manos 150 millones de dólares para rodar una película titulada Pan en la que Peter no es Peter Pan, Garfio no es pirata, Tigrilla no es india y Hugh Jackman no es Lobezno. El resultado fue un blockbuster que no ha resultado ser un blockbuster. Las pérdidas estimadas para Pan superan los 130 millones de dólares.

Nadie entendió por qué Wright se gastó tanto presupuesto en una muñeca hinchable gigante con la cara de Hugh Jackman
Nadie entendió por qué Wright se gastó tanto presupuesto en una muñeca hinchable gigante con la cara de Hugh Jackman

En Pan Peter no es Peter Pan, Garfio no es pirata, Tigrilla no es india y Hugh Jackman no es Lobezno

Pan es una película imaginativa, incluso brillante, en su primer acto. Pero en cuanto la narración se instala en Nunca Jamás, todo empieza a asemejarse demasiado a un burdel con los neones fundidos, a un proyecto de Baz Luhrman sin presupuesto para ácido. Todo es histérico pero carece de intención o ritmo, como si intentan venderte el resultado de una colada con una prenda desteñida como la última colección de Desigual. Y no cuela. Uno no entiende qué pudo llamar la atención de Joe Wright en un proyecto de este estilo, más allá de poder trabajar con Hugh Jackman y poder así, por fin, dirigir una película protagonizada por una estrella con los pechos completamente desarrollados. El talento narrativo del autor, presente en las secuencias del orfanato en Inglaterra, desaparece cuando la narración adopta un cariz más fantasioso, como si hubiera delegado en un director de segunda unidad mucho menos inspirado que él.

Así que, en estos momentos, la carrera de Joe Wright pende de un hilo. Se da por hecho que tardará bastante tiempo en volver a las superproducciones, si es que lo hace, y es más que probable que tenga que volver a Inglaterra para poder levantar su siguiente proyecto. Para entonces, quizás haya visitado la biblioteca, buscando algún clásico en tapa dura. Un libro que hable de amor, de despecho, de pasión. Y donde su protagonista sufra. Sufra mucho. Tal vez pase por alguna mercería a buscar unas enaguas. De la talla de Keira, por supuesto. Y en cuanto ella participe en un par de fracasos consecutivos, recibirá una llamada. Una llamada de un viejo amigo. Un viejo amigo que le ofrecerá un hombro en el que llorar y, ¿quién sabe?, tal vez otro proyecto con el que intentar estar presente en la temporada de premios.

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2 comentarios

  • La verdad nunca me pareció que Orgullo y Prejuicio fuera una excelente adaptación del libro. Deja mucho que desear, esperas mucho más. En realidad la película ni se entiende si es que no has leído el libro.

    • Lo cierto es que yo disfruté mucho de la adaptación de Orgullo y prejuicio sin necesidad de haber leido previamente la novela. Pero también es verdad que los lectores y admiradores de una obra literaria suelen ser más exigentes con sus adaptaciones al cine. Yo procuro juzgar por separado novela y película, porque no me parece justo verme influenciado por una u otra a la hora de hacer análisis.

      Muchas gracias por tu aportación, Ángela.

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