Kiki: El amor se hace, el pudor de Kiki

Kiki, el amor se hace, la última película de Paco León, recibió el Premio Feroz a La mejor comedia del año 2016 y aprovechamos para publicar una nueva crítica de la película.

Descompensada

8 Dirección
4 Guión
4 Fotografía
8 Interpretaciones
7 Humor
2 Tratamiento de la diversidad sexual
5.5

En sus créditos iniciales Kiki, el amor se hace nos ofrece una romántica escena sexual censurada, con buen gusto y sentido del humor, a través de sugerentes imágenes de animales y frutas exóticas. La escena funciona como declaración poética de la película. La representación de diferentes parafilias y actos sexuales mediante metáforas del mundo natural pretende su naturalización como esenciales del hombre, universales y eternos; al tiempo que demuestra un pudor, para nosotros, que somos hijos accidentales del 68, que hemos crecido en un mercado feliz de crear y satisfacer todos los deseos imaginables y que encontramos una etiqueta en la pornografía (como en la película) para cada parafilia, un pudor, digo, absolutamente sorprendente. Porque la gracia de la película está precisamente en el juego entre este pudor y el tratamiento explícito de antiguos tabúes sexuales: en introducir lo desviado en lo cotidiano, como en la escena del urinario. Dentro del buen gusto se trata de naturalizar, normalizar y celebrar la diversidad sexual, sin transgresiones.

La censura de Kiki
La censura de los créditos de Kiki juega entre el tratamiento explícito y el pudor al representar el sexo

Por eso y al margen de sus diferencias, superficiales, todas las historias cruzadas de Kiki son narradas con calculado naturalismo. Desde la empatía y sin burlas ni sermones, el narrador parece sensato, neutral y transparente. Hace falta mucho arte para crear un dispositivo cinematográfico tan cercano e invisible y Kiki, el amor se hace destaca por sus escenas íntimas, por el trabajo de actores y, sobre todo, por su sensibilidad costumbrista: el buen oído para el habla y los problemas de la gente común. Atento a las diferencias del entorno y la clase social, el narrador mantiene la cercanía en todas las historias. Siempre la misma trama de búsqueda sexual de uno mismo. Un vacío da pie al descubrimiento de una parafilia que origina el conflicto dramático y se resolverá a través de la normalización de lo diferente. Antes que de contrapunto, la variedad de historias, personajes, parafilias y clases sirve como acumulatio para universalizar la trama por encima de las diferencias. Una trama que en realidad diluye la diversidad sexual en uno de los dramas comunes del cine romántico: las inseguridades de pareja y el miedo al rechazo o el ridículo. La naturalización de las parafilias llega al punto cómico de heredarse entre generaciones.

Un final normal
Al final, Kiki homogeniza en el mismo tipo de pareja “normal” la misma diversidad que pretendía celebrar.

Probablemente sea imposible representar “la realidad pura” (si existe algo así: una naturaleza) y ésta siempre sea mediada por una ideología que le dé sentido. En este caso, la de la pareja romántica tradicional. Fíjense en la idealización romántica de la iluminación, los colores y la trama. Tal vez se deba a esta forma, insensible a las sombras, que la historia más compleja de las cuatro irrite a tantos y no termine de funcionar.

El  problema de este tipo naturalismo -como en la censura de los créditos- es la realidad que oculta y que podría ser más interesante para nosotros. Más que esta celebración ciega de la diversidad. Sobre todo porque, en su retórica, la película homogeniza bajo la misma naturaleza universal y eterna (la pareja “normal” que va a consumir a la feria de barrio) la misma diversidad que pretendía celebrar. Y el atento retrato del entorno y las diferentes gentes se convierte en un mero decorado o recurso retórico en lugar de una verdadera fuente de diferencias. Y la normalización, la naturalización y la celebración en antagonistas de la problematización, la transgresión y la mirada crítica. Al final, Kiki, el amor se hace resulta una fresca comedia liberal sin otros límites y pudores que los de su propia ideología, incapaz de des-cubrir lo que se oculta en aquello que celebra.

 

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