La ciudad de las estrellas (La La Land), musical desafinado

Damien Chazelle triunfará en los Oscar con un fallido y aburrido homenaje al musical clásico

Insulso pseudo-musical con pocas canciones y menos ideas

4 Dirección
6 Interpretaciones
3 Guion
5 Números musicales
4.5

Como cada comienzo de año, la cartelera se llena de películas que optan, con más o menos fortuna, a lograr los codiciados premios de la industria, o por lo menos, a cosechar las suficientes nominaciones para obtener cierto éxito entre el público más adulto y cinéfilo. Aunque, por supuesto, no es oro todo lo que reluce. Por ahora, las cintas oscarizables estrenadas esta temporada seguían una tendencia positiva: Mel Gibson ha consumado su enésima redención con una ultraviolenta epifanía bélica (Hasta el último hombre); Tom Ford ha confirmado estar dotado para el cine con su magnética Animales nocturnos y David Mackenzie ha dado un paso de gigante (tras su ya prometedor debut Convicto), regalándonos el mejor thriller, neowestern y buddy movie (todo en uno) en años, Comanchería. 

La cosa se empezó a torcer cuando vimos los desalentadores resultados del histórico capricho de Martin ScorseseSilencio, una adaptación poco inspirada, fuera de lugar y de tiempo, de la poderosa novela Shūsaku Endō, que habría requerido el aliento poético de un Terrence Malick para sobrevivir a su traslación a gran pantalla. Y se ha acabado de torcer, a la espera de ver Moonlight y Manchester frente al mar, las otras contendientes de la carrera, cuando hemos podido “disfrutar” al fin de la gran favorita y película más “hypeada” del año, La La Land, o como la han renombrado en España, La ciudad de las estrellas. 

Ganadora de 7 Globos de Oro (un número récord) y precedida de una acogida entusiasta en el Festival de Venecia (Premio a la Mejor Actriz)  y de Toronto (Premio del Público), La La Land va a culminar  una operación similar a la que ya materializara The Artist en 2011: la conquista de Hollywood  a través de una evocación complaciente de su propio mito y orgullo nostálgico. Si Michel Hazanavicius logró una imitación resultona de la gran época del cine mudo, fundiendo los argumentos de Cantando bajo la lluvia y Ha nacido una estrella, Damien Chazelle ha reparado en la posibilidad de combinar atractivo retro (en este caso, de la era de oro de los musicales) con ambientación contemporánea, una oportunidad de ampliar público potencial en esta época de cinefilia mitómana, pero también de superficialidad hipster.

La La Land va a culminar  una operación similar a la que ya materializara The Artist en 2011: la conquista de Hollywood  a través de una evocación complaciente de su propio mito y orgullo nostálgico

El resultado es uno de los peores musicales modernos que se recuerda, una combinación caprichosa y poco ingeniosa de drama romántico, números de baile (simpáticos, pero escasos y poco brillantes), canciones (divertidas algunas y melancólicas otras, pero definitivamente poco memorables)  y escenas onírico-musicales que se antojan más artificiosas  que verdaderamente originales. Del  hilo narrativo mejor no contar demasiado porque, básicamente, tampoco hay mucho que contar: la historia de amor entre Mia  (notable, puntualmente encantadora, Emma Stone), una aspirante a actriz que trabaja como camarera en unos estudios de cine Los Ángeles, y Sebastian (Ryan Gosling, en su habitual pose lacónico-canalla-seductora), un talentoso pianista que sueña con poder dedicarse al jazz y abrir un bar en el que devolver a su amado género musical la admiración popular ha perdido con el tiempo. Ya saben, lo que vendrá es una sucesión de trilladísimos dilemas entre la fidelidad a los sueños y la supeditación a las “reglas del juego” , la ambición profesional y el bienestar personal, todo ello envuelto en la típica hipocresía hollywoodense de reivindicar la creatividad y la realización personal en una película particularmente adocenada, poco arriesgada y en coherencia con los gustos imperantes en la maquinaria industrial.

Pero lo peor todo no es ese conjunto de elementos, desalentadores de puro convencional, sino la torpeza y obviedad con la que han sido ejecutados. Tras una media hora inicial con coreografías animadas y una correcta presentación de los personajes, la película se va hundiendo irremisiblemente a medida que se concentra en la pareja protagonista, se olvida de los pasajes musicales y deja al descubierto la inexistencia de cualquier idea mínimamente estimulante o novedosa en la pantalla. La narración se vuelve tediosa y desganada, en lo que parece un drama romántico hinchado de metraje (120 eternos minutos) para poder entrar en la categoría de pesos pesados de los Oscar. Resulta difícil empatizar con unos personajes construidos a base de estereotipos de manual, sin apenas sentido del humor, rodeados de previsibles referencias cinéfilas (los bailes de Fred Astaire y Ginger Rogers, las películas de Stanley Donen o del venerable Demy, la admiración por Rebelde sin causa) tan gratuitas que solo sirven para evidenciar la diferencia insalvable entre el modelo y la imitación. En algunos casos, de hecho, estas referencias se revelan huecas (la inclusión del cartel de Cinemascope) o contraproducentes, como la saturación de color en el vestuario, sobre todo al principio, que, de tan deliciosamente chic à la Demy que se pretende, acaba resultando extemporáneamente hortera.

El resultado es uno de los peores musicales modernos que se recuerda, una combinación caprichosa y poco ingeniosa de drama romántico, números de baile (simpáticos, pero poco brillantes), canciones poco memorables  y escenas onírico-musicales  más bien artificiosas

¿Por qué entonces un musical mucho menos divertido, y no digamos ya espectacular o vibrante, que otras muestras recientes del género (no dejen de leer el estupendo artículo al respecto de Daniel Lorenzo), como Dreamgirls o Hairspray, ha despertado tanto consenso y enfervorecidos aplausos? Algunos declaran haberse sentido conmovidos por su agridulce clímax final, que a quien esto escribe le pareció de una calculada e impostada tristeza. Otros alaban el trabajo de sus intérpretes, sin duda convincentes (sobre todo Stone, con su gran momento de lucimiento músico-dramático que la llevará directa al Oscar), pero que no dejan de estar encorsetados en unos roles sin el suficiente desarrollo ni interés narrativo. Los hay que ensalzan la banda sonora, apoyada en un melancólico tema central, seguramente oscarizado (City of stars) del que la película hace un uso abusivo. Pero ninguno de estos argumentos justifica el carácter finalmente plomizo e insípido de la película, ni explica enteramente la razón de este fenómeno.

De hecho, el problema más profundo y preocupante no se debe a Damien Chazelle, un joven realizador de 31 años que ya ha conocido repetidamente las mieles del éxito (primero con su precoz debut Guy and Madeline on a Park Bench , luego con el efectista  psicodrama Whiplash) y que con independencia de los discutibles resultados de esta su precipitada consagración, esperemos saque mayor partido a su talento e interés musical en futuras ocasiones (habrá muchas). El problema lo tiene Hollywood, aparentemente incapaz de encontrar y premiar ideas nuevas que no pasen por un ejercicio onanista de reciclaje sin filtros, y una cinefilia infantilizada, demasiado acostumbrada  a alimentarse de hypes y fórmulas gastadas que apelan a su más elemental cariño por el cine. Mal vamos si solo sabemos mirar al pasado sin realmente conocerlo ni, sobre todo, saber honrarlo.

 

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9 comentarios

  • Entiendo que una película como esta no guste a todo el mundo. Pero ésta es una crítica tan beligerante y tan alejada de la realidad que resta credibilidad al propio crítico. Es decir, no es útil para el espectador. La La Land es una de las mejores películas de 2016.

  • En serio, la gente ofendiéndose por esta crítica como si ellos fueran los directores de la película. Es irónico porque están llamando amargado al autor precisamente por lo mismo que han hecho ellos en sus comentarios. Criticar.

    Ánimo Álvaro, esta es una crítica muy bien construida, sin estar al cien por cien de acuerdo con ella (yo no le pondría una nota tan baja a la peli) tengo que reconocer que has expuesto perfectamente tu punto de vista, has defendido tus argumentos y esta crítica desafiará al lector más inteligente y menos prejuicioso a que se replantee la película.

    • Muchísimas gracias por tu comentario, Víctor. Me alegro de que hayas encontrado el texto interesante y comparto, cómo no, tu llamamiento a enfrentarse a las películas con espíritu crítico, sin prejuicios ni “pensamiento único” de ningún tipo. Un abrazo.

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