La mejor película de cada James Bond

Repasamos la filmografía de 007 para elegir los títulos más destacados de Sean Connery, Pierce Brosnan o Daniel Craig

24 películas de James Bond.

Seis actores en la gran pantalla, a los que se puede añadir los nombres de Barry Nelson y de David Niven en la pequeña, ambos en sendas versiones de Casino Royale, quienes no suelen entrar en las listas oficiales de la saga por estar desarrolladas por productoras ajenas a Eon Productions y United Artists, como sucede con Nunca digas nunca jamás.

Más de 6,000 millones de dólares de recaudación acumulada entre todos los títulos y un sinfín de elementos que han hecho del agente británico con licencia para matar más famoso de todos los tiempos un icono de la cultura popular reconocible en cualquier lugar del globo.

Salido de las tintas del escritor británico Ian Fleming, que escribió sus peripecias en 14 novelas que han alimentado los guiones cinematográficos con mayor o menor acierto, sin duda alguna, James Bond es el espía por excelencia del séptimo arte, culpable de crear toda una escuela y una colección de elementos reconocibles por todo cinéfago: Trajes caros, coches Aston Martin, vodkas con Martini (mezclados, no agitados), mujeres, enemigos, más mujeres, más enemigos, gadgets. Complementos que sirven para dar forma a un personaje que ha sido paradigma de la elegancia, seductor empedernido, misógino inevitable, cortés y educado a la par que irónico y autoparódico.

James Bond es un personaje con un recorrido tan extenso por la cinematografía, capaz de crear por sí solo un subgénero dentro del cine de acción con elementos más que reconocibles en cada incursión en la gran pantalla. La fórmula infalible es archiconocida: sitúen al héroe en cuestión en una situación peliaguda de la que escapa, con mayor o menor nivel de destrucción, haciendo gala de su carisma y su habilidad innata para correr cualquier riesgo y salir ileso del mismo.

Dr No James Bond

Pongan una secuencia de créditos con algunas de las canciones más emblemáticas del cine; a continuación comiencen a elaborar la trama introduciendo un villano que amenace la paz mundial con sus perversos planes ubicados en un contexto sociopolítico cercano al imperante en la sociedad de la época (véanse conflictos que abarcan desde la Guerra Fría hasta Oriente Medio); ubiquen a las mujeres de turno a un lado u otro de la moralidad, con la seguridad siempre fiable de que acabarán entre los brazos del agente secreto; tiemblen ante el inevitable momento en el que las cosas se tuerzan para Bond, James Bond, y su vida sea puesta en peligro, con la correspondiente confesión del malvado archienemigo de turno que no duda en hacer gala de una megalomanía feroz y una verborrea compulsiva para contar con todo lujo de detalles sus perversos planes al invencible héroe; y aplaudan de júbilo ante la traca final en la que el héroe se sobrepone a todos los contratiempos posibles y salva al mundo con tiempo para llevarse a la chica (casi siempre la buena) a su campo de batalla preferido. Eso, ni más ni menos, es James Bond. Simple como el mecanismo de un chupete, carente de pretensiones más allá del entretenimiento hortera y por momentos cargado de anacronismos. Pero aún con esas, nos encanta.

Porque el amor que sentimos muchos por el agente 007 viene de películas hechas para que el público disfrutara con una total falta de complejos. Acción, romance, drama, ciencia-ficción. Da igual el género porque Bond puede con todo y con todos. Y además puede permitirse el lujo de crear momentos que son leyenda de la gran pantalla. ¿O soy el único que ha soñado despierto con Ursula Andress emergiendo del agua cual sirena divina en la primera cinta de la saga, Agente 007 contra el Doctor No?

Evidentemente, con una trayectoria tan larga, ha sido imposible mantener un nivel constante en lo que a calidad de las películas se refiere. Sí, es cierto, las hay muy malas y casi paródicas. Pero por mucho que duela a sus detractores, la actualidad de James Bond es esperanzadora.

Spectre 007 Cinéfagos

Tras vivir el renacimiento del personaje con el trabajo excelente que ha hecho Daniel Craig en sus tres incursiones en la piel del espía (la cuarta, a modo de despedida, estoy convencido que le ratificará como uno de los mejores Bonds que ha habido, sino el mejor), la franquicia ha conseguido dejar atrás pesados clichés que lastraban al personaje y le anclaban a una época ya pasada de moda y le han adaptado a las exigencias de la audiencia actual. Y encima, lo han hecho con un salto de calidad notable en lo que a guiones e interpretaciones se refiere. Cuando los créditos finales terminen con Spectre, el futuro de Bond será desconocido, pero seguro que traerá de nuevo grandes sesiones de diversión y emoción al patio de butacas.

De momento, y aprovechando esas primeras impresiones que está dejando la última apuesta del agente del MI6 en quienes ya la han visto, y que la catalogan como un homenaje a toda la saga, permitidme un menú especial: cada plato consta de la que considero la mejor película de cada uno de los actores que la han interpretado, la que mejor mantiene esa magia que todos buscamos en una cinta de Bond, la que más divierte con sus virtudes y sus defectos. Para que vayáis poniéndoos a tono antes de disfrutar de lo último de un icono del cine con licencia para matarnos una y otra vez. ¡Disfruten!

Sean Connery: Goldfinger (1964)

Goldfinger Cinéfagos Sean Connery

Goldfinger se carga de aroma kitsch y se aferra a un estilo heredero del cómic para presentar uno de los títulos que mejor sabe conjugar la emoción y el entretenimiento de toda la saga

Sean Connery es para muchos el verdadero Bond; el genuino, el único, el irrepetible. No sé si puedo compartir esa pasión desacerbada que muchos sienten hacia el excelente trabajo que hizo el escocés con el personaje (la culpa la tiene Daniel Craig), pero desde luego que es innegable que Connery sentó las bases del personaje. Partió de la nada y convirtió a Bond en el paradigma de la elegancia —y por momentos de la arrogancia. Su carisma arrebatador inunda la pantalla y divierte.

Y la cinta más divertida de todas las que protagonizó Connery es sin duda Goldfinger. Dirigida por Guy Hamilton, con el mítico tema cantado por Shirley Bassey como cabecera, la cinta se carga de aroma kitsch y se aferra a un estilo heredero del cómic para presentar uno de los títulos que mejor sabe conjugar la emoción y el entretenimiento de toda la saga. Sentó además las bases de muchos elementos que a partir de este título serían recurrentes en la carrera del espía británico por la gran pantalla como las archiconocidas escenas de créditos iniciales, o la inclusión y el empleo de tecnología “puntera” y gadgets —a cada cual más inverosímil. Con un villano de altura, interpretado de manera magistral por Gert Fröbe, y una de las chicas Bond más recordadas, como es la Pussy Galore a la que dio cuerpo y rostro Honor Blackman. Sin olvidarnos de ese guardaespaldas legendario de sombrero afilado que fue Oddjob (Harold Sakata). Por si fuera poco con todo lo dicho, es una de las adaptaciones más fieles de las novelas de Ian Fleming. Un divertimento garantizado y 100% recomendable.

George Lazenby: Al servicio secreto de su majestad (1969)

Al servicio de su majestad Cinéfagos 007

Al servicio de su majestad tiene uno de los argumentos más bizarros de la saga

Sean Connery dejaría su puesto por primera vez (lo volvería hacer más tarde cediendo el testigo a Roger Moore), y lo ocuparía el que es catalogado como el Bond romántico: George Lazenby. Su aportación se reduce a este título, el cual pasa por tener uno de los argumentos más bizarros de la saga (que no es decir poco). Anoten: el malvado Blofeld, líder de la organización Spectre (los neófitos ya empezaran a hilvanar la importancia de la última propuesta de Bond), pretende esterilizar el suministro de alimentos del mundo empleando para ello un ejército de divinas mujeres, que ejercen de ángeles de la muerte, a menos que se le reconozca su título como Conde De Bleuchamp, con los beneficios que ello le acarrearía. En ese panorama, Lazenby (bajo el alias de sir Hillary Bray) se introduce en la fortaleza de Blofeld para acabar con sus planes, y de paso lidiar con el ejército de mujeres como sólo él sabe.

Denostada por muchos, sobre todo por el trabajo de su protagonista, hay que mencionar que el pobre George Lazenby nunca contó con el beneplácito total de los productores, que dudando de su valía como intérprete tomaron la decisión de doblar las partes en las que el australiano tomaba las riendas de su alter-ego durante la infiltración. Pese a todo, la cinta cuenta con todos los elementos reconocibles de la saga añadiendo un punto de dramatismo que a muchos sorprenderá en su desenlace (y que me ahorro para que lo disfrutéis si aún no lo conocéis).

Roger Moore: La espía que me amó (1977)

La espía que me amó 007

La espía que me amó es un título capaz de llevarnos de la hilaridad al espectáculo en cuestión de segundos

Roger Moore es el actor que más veces ha interpretado a Bond en la franquicia, siete veces nada menos (Sean Connery lo hizo seis veces de manera oficial, a la que se suma su papel en la ya mencionada anteriormente Nunca digas nunca jamás). Durante su andadura las películas tomaron un tono más paródico, estirando el límite de la verosimilitud de las tramas, lo que confiere a sus películas un humor que le valieron al británico el apodo del Bond satírico.

Con un debate interno entre elegir El hombre de las pistolas de oro (1974) o la cinta que nos ocupa, al final me he decantado por la que dirigió Lewis Gilbert por ser la primera película con un guión completamente original, que huía de los argumentos ideados por Ian Fleming para llevar las aventuras del espía un paso más allá en su periplo cinematográfico. La idea de juntar al agente británico, adalid del bien y defensor de la moral occidental con una agente del KGB, por aquel entonces organismo a temer bajo las sombras del telón de acero, permiten disfrutar de una cinta que apuesta por una falsa moralidad y una pretensiones pacificadoras que no desmerecen el entretenimiento de un título capaz de llevarnos de la hilaridad al espectáculo en cuestión de segundos. Introduce en la saga además al legendario Richard Kiel como el malvado Jaws (aunque el final del personaje en la franquicia pasa por ser una de las más lamentables decisiones de guión de todas las cintas del agente 007, y si no, vean Moonraker). Para la ocasión además la película se grabó por primera vez en los estudios de sonido Pinewood. Como curiosidad, en los créditos finales se anunciaba que Bond volvería en Sólo para sus ojos, cuando realmente lo hizo en Moonraker.

Timothy Dalton: Licencia para matar (1989)

Licencia para matar 007 Cinéfagos

Licencia para matar está considerada de hecho como la película más violenta de la saga

Mirada fría, expresión seria, una mayor agresividad, y sobre todo la intención de dar un salto en lo que a calidad interpretativa se refiere fueron los motivos que llevaron a elegir a Timothy Dalton como el cuarto actor en dar vida a Bond. Matices que asociaban al personaje directamente con su homónimo en las novelas, por lo que el británico es conocido como el Bond de Fleming, por ser el que mejor recogía el testigo del personaje creado por el escritor. Además, se aprovechaba para rejuvenecer al espía y de paso, introducirle en un universo más violento y que se correspondía mejor con los gustos de la audiencia de la época, que por aquel entonces disfrutaba de los héroes de acción propios de la era Reagan, con Stallone y Schwarzenegger a la cabeza.

Licencia para matar está considerada de hecho como la película más violenta de la saga, pues en ella Dalton se lleva por delante a la friolera de 24 villanos. Lo que no cabe duda es que contiene muchas de las escenas de acción más espectaculares rodadas hasta la fecha en la franquicia. La profesionalidad de Dalton, además, nos permite disfrutar del intérprete en muchas de las tomas más arriesgadas, prescindiendo para la ocasión de dobles. Cuenta además con el genial Benicio del Toro en uno de sus primeros papeles. Y resulta imposible pasar por alto el hecho de que fue la última película en la que vimos a dos de los actores más míticos de la saga: Robert Brown como M y Caroline Bliss como Moneypenny.

Pierce Brosnan: Goldeneye (1995)

Goldeneye 007 CInéfagos

Goldeneye es la primera cinta que evita cualquier elemento tomado de las novelas

Insolente y sarcástico, así era el Bond que devolvió el éxito a la franquicia en la década de los 90. Interpretado por el irlandés Pierce Brosnan, es para muchos el primero de los agentes 007 con el que tuvimos contacto. Su carácter de héroe típico e idealizado se congració desde su primera aparición en la serie con el público, lo que le ha llevado a ser considerado como uno de los mejores Bond.

Goldeneye, película dirigida por Martin Campbell (responsable de la sobresaliente Casino Royale), es la primera cinta que evita cualquier elemento tomado de las novelas, pero a su vez, incluye muchos de los clichés que hicieron famoso al espía en la gran pantalla. Enfrentado en esta ocasión a Ned Stark y a Eli Gold (perdón, a Sean Bean y a Alan Cumming respectivamente) y por una desconcertante y tremendamente sexual Famke Janssen, la película introduce en la saga a uno de los elementos que más la ha engrandecido en los últimos años: Judi Dench en su papel de M.

Sólo por la escena anterior a los créditos ya merece la pena; espectacular e inverosímil en la mejor tradición del Bond más clásico.

Daniel Craig: Skyfall (2012)

Daniel Craig (left) and Javier Bardem star in Metro-Goldwyn-Mayer Pictures/Columbia Pictures/EON Productionsí action adventure SKYFALL.

Skyfall es la cinta más completa de la saga

Cojan la arrogancia de Sean Connery, el corazón roto de Lazenby, el sarcasmo voraz de Roger Moore, el gusto por la violencia y la frialdad de Timothy Dalton y la insolencia y la capacidad para ensuciarse las manos y sufrir de Brosnan. Mézclenlo todo, con mucho cuidado de no agitarlo, y tendrán como resultado la brutal presencia escénica y el talento de Daniel Craig, el Bond más interesante de todos los tiempos. Sucio y mamporrero, violento y cruel, pero también oscuro y torturado. Con un doble fondo que esconde fantasmas del pasado y terrores capaces de atenazar los músculos. El Bond más físico y también el más humano. Su aparición en la soberbia Casino Royale, cambió por completo la percepción que el público tenía del agente 007 y, con aquella película, la saga subió muchos peldaños en calidad, tomando prestados algunos elementos de otra franquicia protagonizada por un espía de siglas J.B., la de Jason Bourne, juntándolo con los cánones impuestos por Fleming y su mítico personaje.

Sin embargo, es Skyfall la cinta que terminó de construir el personaje encarnado por Craig y de introducirlo de lleno en el universo del MI6. Con la necesidad de reiniciar al personaje una vez más, aparecen los primeros gadgets deudores de los inventos clásicos; se nos presenta a un nuevo agente Q (Ben Whishaw), un nuevo agente M (Ralph Fiennes), y un nuevo rostro para la legendaria Moneypenny (Naomie Harris); se crea un villano deudor de las excentricidades y los comportamientos histriónicos de los más legendarios archienemigos de la serie (Javier Bardem); e incluso se compone para la ocasión una soberbia banda sonora a cargo de Thomas Newman que toma lo mejor de la partitura que engrandeció John Barry, y se le añade el que es uno de los temas originales más soberbios de la franquicia, el “Skyfall” de Adele.

Si a todo eso le suman la pericia tras las cámaras de un realizador de sobrada pericia como es Sam Mendes, que demuestra en todo momento su pasión académica por el encuadre y la perfección en el tratamiento de la fotografía (ayudado por Roger Deakins), y que sorprende con una magnífica factura en las escenas de acción, sólo nos queda disfrutar de la que es la cinta más completa de la saga (probablemente junto con Casino Royale, insisto, que además contaba con una magnética y brutal Eva Green).

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1 comentario

  • tratar de comparar a Terence Young (el verdadero señor Bond), con el director Mendes, es una tontera mayor, ya que si de construcción del personaje desarrollado magistralmente, (sin efectos especiales) por Sean Connery es no saber nada de cine. Las tres péliculas de Terence Young son clásicos de colabo
    ración cinematografica ; Peter Hunt (edición del Satanico Doctor No) Martín Norman con el enganche magistral del Tema: Bond en acción y John Barry metiendo temas números uno al por mayor, no son comparables con el pequeño Daniel Craig, ante la presencia de Connery (1.90 de estatura) y una calidad de agente rudo como debe ser alguien con permiso para matar…
    Operación Trueno, pasaje clásico de la cinta, cuando golpea con el codo la alarma de incendio en la Clínica…
    Las otras parodias que se intentan del 007 de Sean Connery son absurdas y más aún, luego que “retiraron” los temas centrales de la serie; Bond en acción, tema de James Bond, etc. y etc.
    Cuando losn expertos se darán cuenta de que las obras cinematográficas deben ser cuidadas hasta en la escenografía de fondo. Para los tontos que no saben de cine observen la decoración del departamento submarino del Doctor No… y recuerden que esa película que costó un millón de Dólares ya tiene 56 años de antiguedad y los fondos y paisajes son envidiables…
    Dejen tranquilo al verdadero equipo creativo de James Bond.

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