[LESGAICINEMAD] Cuatro joyas para celebrar veinte años

"En la gama de los grises" y "Cuatro lunas" emocionan a un público rendido al disfrute con "Fourth man out" y la reflexión con "The cult of JT Leroy"

El festival de cine gay y lésbico de Madrid, Lesgaicinemad, cumple 20 años de fructífera trayectoria, superadas las dificultades económicas del año pasado y con la solidaridad de su fiel público en el recuerdo de todos.  El feliz aniversario se ha celebrado con una gran programación a la altura de la generosa cosecha anual de películas cuya temática aborda los desafíos y diferencias que persisten para aquellos y aquellas que aman a los/las de su mismo sexo o se sienten en el  cuerpo y la identidad sexual equivocada.

grises

En la gama de los grises es una muestra ejemplar de complejidad y delicadeza

Los primeros días del certamen estuvieron marcados por la pujanza del cine latinoamericano. Así lo demuestra la excelente En la gama de los grises, prometedora ópera prima del chileno Claudio Marcone y una muestra ejemplar de complejidad y delicadeza en la aproximación a la crisis existencial de un reputado arquitecto treintañero, padre de un hijo ya preadolescente, que se plantea el camino tomado por su vida cuando redescubre sus sentimientos homosexuales, y decide iniciar un paulatino proceso de separación de su mujer.

Marcone exhibe elegancia y ambición con la cámara (inolvidable un significato plano aéreo), buen gusto con la textura y los colores, que tienden hacia tonos pálidos/melancólicos, y enriquece una trama en apariencia poco original (recuérdese el éxito logrado por la alemana Free fall, disponible en Filmin) con una hábil dosificación de la información y un elemento simbólico derivado de la subtrama profesional: el encargo por un constructor sin demasiados escrúpulos de diseñar una obra ambiciosa y puntera en Santiago de Chile. La atracción inmediata por el desprejuiciado, simpático y muy desenvuelto profesor de Historia que le recomiendan para conocer a fondo la capital determinará el proceso de reflexión y desembocará en una relación apasionada narrada con gran sensualidad, química y empatía. Hay sin duda mucha verdad en esta invitación paciente pero conmovedora a cruzar los puentes  que levantan nuestras dudas y a ejercer el derecho inalienable y eterno a ser felices.

CuatroLunas

Cuatro lunas muestra un admirable compromiso con la realidad y un transparente espíritu de melodrama humanista

De México llegaba otro de los platos fuertes de esta edición: Cuatro lunas, una de las favoritas del público y probable cinta de culto en el futuro. El director Sergio Tovar Velarde recurre al formato episódico que ya empleara en su anterior Los inadaptados para lograr una mirada caleidoscópica a la experiencia de ser gay. Si, así de ambicioso, esencial y complicado. Cuatro historias, o estaciones de la luna, en edades y contextos diferentes (un niño de 11 años; dos jóvenes universitarios; una pareja de treintañeros en crisis afectiva; un anciano poeta jubilado) se mezclan así con estimable fluidez y sin necesidad de cruzarse caprichosamente, uno de los peajes más fastidiosos del subgénero de los relatos paralelos.

Tovar explora de este modo las múltiples emociones que caracterizan la trayectoria vital de un hombre homosexual: el descubrimiento y asunción normalizada de los propios sentimientos, la (auto-)represión. la violencia que parte de la sociedad ejerce aún contra el diferente, la necesidad de comprensión y cariño, la complicada confesión, y posterior relación, con los padres… Pese a algunos subrayados prescindibles, relacionados con su intensidad por momentos agotadora, un metraje excesivo y ciertas deficiencias técnicas e interpretativas (aunque los protagonistas -y las secundarias femeninas- brillan en su mayoría), hay en Cuatro lunas un admirable, incluso incómodo, compromiso con la realidad -desde los dramas de fondo hasta el tratamiento de las escenas sexuales-, y un transparente espíritu de melodrama humanista que cristaliza en escenas memorables: esa madre silenciosa y viuda, consumidora compulsiva de telenovelas, que asiste al drama de su hijo con aparente frialdad pero secreta compasión; ese hombre infiel hambriento de amor e incapaz de escapar a su deseo; esos versos entonados desde la más inconfesable y profunda de las pulsiones…

Luminosa y romántica como pocas películas hoy en día, este completísimo cuadro colectivo, sencillo solo en apariencia, no solo se queda muy cerca de su considerable ambición, sino que reta a los cínicos y pesimistas a no reconocerse en algunos de estos relatos de largo, y universal, alcance.

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En un registro cómico y ligero, la logradísima Fourth man out es el crowdpleaser gay del año y una sentida celebración de la amistad

En un registro cómico y ligero, pero igualmente encomiable, se mueve la logradísima Fourth man out, considerada por muchos, no sin razón, el crowdpleaser gay del año. La salida del armario de un joven mecánico de 24 años ante sus tres amigos orgullosa y “exultantemente” heterosexuales da pie a una sucesión de gags y  malentendidos que repasan con lucidez e ironía los principales tópicos y prejuicios “heteronormativos”, el uso extendido y muchas veces frustrante de las aplicaciones “de contactos” y la incomodidad inicial provocada por un descubrimiento en principio aceptado socialmente, pero en el fondo, objeto aún de reacciones extrañas y con frecuencia distantes. Todo así de contemporáneo, familiar y reconocible.

La modestia de sus dimensiones y las licencias a la seducción fácil del público se superan de este modo gracias a la frescura y verosimilitud de su aproximación a las relaciones o bromances entre heterosexuales y homosexuales (aún no suficientemente abordadas). Estamos, en definitiva, ante una sentida celebración de la amistad y, durante un sincero arrebato final (casi políticamente incorrecto para los tiempos que corren), de la patria como hogar común más allá de las diferencias.

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The cult of JT Leroy es una exploración sin cortapisas, tan perturbadora como necesaria, del escándalo literario

Por último, en el ámbito documental, resulta imposible obviar el impacto producido por la muy valiente The cult of JT Leroyuna exploración sin cortapisas del escándalo que sacudió la industria literaria americana a mediados de la década pasada, y cuyos detalles no conviene desvelar aquí. A la directora Marjorie Sturm no le preocupan demasiado las formas visuales, descuidadas y desalentadora al comienzo, pero sí parece obsesionarle la necesidad de llegar hasta las últimas consecuencias (y conclusiones) de un caso sintomático de la mecánica interesada e hipócrita de la industria, el peligro de las patologías mezcladas con ambición, y la vulnerabilidad del público a determinadas historias escabrosas que explotan el sufrimiento de los colectivos marginados para vender el engaño de un grotesco “sueño americano”. Valiosos testimonios y vídeos de archivo conducen una reflexión tan perturbadora como necesaria.

Al contrario que esas películas de vocación comercial que vampirizan dramas reales para reconfortar o entretener con soluciones irreales, el cine programado en este gran aniversario del festival no solo dejó satisfecho nuestro apetito cinéfilo de buenas historias bien contadas, sino que nos animó con éxito a mirarnos dentro de nosotros mismos y de esta sociedad en proceso de respetar, y amar, todas las sensibilidades.

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