Los actores de los Oscar (III): Actor secundario

Un desenfadado recorrido por el perfil de los intérpretes masculinos secundarios nominados en la edición de este año

Tras el análisis de los candidatos en la categoría de Mejor Actor y Mejor Actriz, en Cinéfagos continuamos presentándoos los perfiles de los distintos nominados a las categorías interpretativas de la presente edición de los Premios Oscar. En esta ocasión, nos centraremos en los candidatos a llevarse la estatuilla de Mejor Actor Secundario.

Christian Bale por La gran apuesta

Cuando cumplió los trece años, Christian Bale tuvo un par de golpes de suerte. El primero, que Steven Spielberg le eligiera (en un casting al que se presentaron más de 4.000 niños) para protagonizar El imperio del Sol. El segundo, que la película no terminara de funcionar como su director hubiera deseado. Como cada vez que Spielberg intentó ponerse serio en los 80 (El color púrpura, Always), este drama bélico pasó con más pena que gloria por una cartelera a la que todavía le quedaban seis años para recibir a La lista de Schindler. Así que Bale contó con una entrada por la puerta grande en Hollywood, pero con la ventaja de que semejante tarjeta de visita no acarreó una presión insoportable para un preadolescente que aún tenía toda su carrera por delante.

Los noventa supusieron un impasse para Christian Bale. Siguió trabajando a un muy buen ritmo, cada año estrenó al menos una película y pudo crecer como actor en roles secundarios y cintas de clase media. Y además, comenzó una relación que terminaría en matrimonio con Sandra Blazic, modelo y asistente personal de Winona Ryder. Que esta mujer pudiera dedicar su carrera laboral a cuidar de Winona y luego decidiera compartir su vida personal con Christian Bale nos hace sospechar que en vez de sangre tiene Trankimazin. O Valium. O Prozac.

"Mirad, mirad que bien imito a Terrence Malick rodando El nuevo mundo"
“Mirad, mirad que bien imito a Terrence Malick rodando El nuevo mundo”

Los noventa supusieron un impasse para Christian Bale

Y entonces llegó el año 2000, y Bale vivió su primer gran éxito. American Psycho fue un título de culto instantáneo, con un protagonismo total de Christian Bale en un papel carismático y muy agradecido. Bale era fotogénico (salvo por la incómoda verruga que luce en la comisura de su ojo derecho, en ocasiones una auténtica robaplanos), tenía encanto, mostraba sentido del humor, un cuerpo de escándalo y las dosis justas de sobreactuación como para poder ser una estrella. Y en eso intentaron convertirle. Pero no funcionó. No funcionó como villano en el revival de Shaft. No funcionó como secundario con posibles en La mandolina del Capitán Corelli. Y no funcionó como protagonista de película de acción en Equilibrium ni en El imperio del fuego.

Y entonces Bale supo cómo posicionarse haciendo algo completamente inesperado. Se vino a España a rodar El maquinista, una pequeña película de terror para la que tuvo que perder una tercera parte de su peso. ¿Cómo lo hizo? Comiendo al día solo una manzana y una lata de atún, y permitiéndose como única alegría una taza de café diaria. Bale se puso en 55 kilos. Seis semanas después de la finalización del rodaje de El maquinista, Bale empezaba el rodaje de Batman Begins de nuevo musculado, de nuevo definido, y marcando 86 kilos en la báscula. Y todo el mundo aplaudió aquellas asombrosas transformaciones, dando por hecho que un cambio físico así conllevaba una gran interpretación. Los impactantes cambios de peso, así como su gran habilidad para imitar acentos, fueron el pilar de una carrera que durante varios años se basó en interpretaciones efectistas. Uno veía a Bale tirillas (Rescate al amanecer, The fighter), musculoso (toda la saga de El caballero oscuro, Terminator Salvation) o fondón (La gran estafa americana) y no tenía claro si era un gordo que adelgazaba o un flaco que engordaba. Christian Bale se tiró más de diez años siendo la Terelu de Hollywood, ese tipo de estrella siempre al borde del trastorno alimenticio, siendo noticia más por su peso que por su talento.

"Pero aún hay más: si llama en los próximos 20 minutos para comprar el Abdominator Bale, SE LLEVA OTRO DE REGALO"
“Pero aún hay más: si llama en los próximos 20 minutos para comprar el Abdominator Bale, SE LLEVA OTRO DE REGALO”

Christian Bale se tiró más de diez años siendo la Terelu de Hollywood, ese tipo de estrella siempre al borde del trastorno alimenticio

Porque Bale tiene talento. El talento de los actores intensos, de los actores del Método, de los actores de carácter. Carácter como el que mostró en ese vídeo filtrado directamente desde el rodaje de Terminator Salvation, en el que, fuera de control, insultaba grave y reiteradamente a un iluminador responsable de un retraso en el rodaje. O como cuando fue arrestado por atacar a su madre y su hermana en la suite de un hotel. Pero Bale también es un actor de profesionalidad contrastada. La prueba es la fidelidad que le han mostrado directores como David O. Russell (The fighter, La gran estafa americana), Terrence Malick (El nuevo mundo, Knight of cups, Weightless) o Christopher Nolan (saga El caballero oscuro, El truco final).

Bale ha ganado un Oscar incontestable por su rol secundario en The fighter y logró una nominación sorprendente por La gran estafa americana, aprovechando el tirón que la película tuvo entre los académicos en la campaña de 2013. Este año, vuelve a la ceremonia de la mano de La gran apuesta, en la que vuelve a estar brillante haciendo de un loco, un visionario, un excéntrico que supo ver la crisis antes que nadie. En este caso no hay cambio de peso, solo un estilismo capilar, más que cuestionable, que es marca de la casa en esa película. Y un pequeño guiño a ese Método que nunca ha terminado de abandonar: la camiseta azul con la que aparece durante casi todo el metraje de la película perteneció al personaje real que él interpreta. Un actor intenso, Christian Bale. Genio y figura.

Christian Bale tras un amigable intercambio de impresiones con parte del equipo técnico de Terminator Salvation
Christian Bale tras un amigable intercambio de impresiones con parte del equipo técnico de Terminator Salvation

Bale tiene talento. El talento de los actores intensos, de los actores del Método, de los actores de carácter

Tom Hardy por El renacido

Tom Hardy es una bestia. Una bestia de la interpretación, claro está, pero también una bestia en el sentido más literal, profundo y atávico de la palabra. Uno ve a Tom Hardy, afeitado o sin afeitar y siente ganas de apartarle la testosterona de la cara. Sus labios carnosos, su mirada de desdén, su cuerpo tatuado y su sonrisa triste de medio lado nos hablan de ese chico malo, de familia intelectual y acomodada, que a finales de los noventa era modelo, en 2001 trabajó con Ridley Scott y en 2003 tuvo que desengancharse del crack para poder permitirse el lujo de llegar a cumplir treinta años. Esta edición de los Óscar es tan WASP que van y nominan a un ex adicto al crack y resulta que incluso ese también es blanco. “Hubiera vendido a mi madre por un poco de crack”, confesó Hardy sobre ese periodo de su vida. Y no podemos más que creerle teniendo en cuenta que llegó a hacer algo incluso más vergonzoso y humillante: trabajar con Natalia Verbeke en El punto sobre la I, en un papel que parecía un descarte de Sergio Peris-Mencheta.

Y como más bajo no podía caer, desde el momento en el que estuvo limpio, comenzó el resurgir de Hardy. Alternando los roles secundarios en proyectos de serie B con trabajos televisivos y asomando la cabeza de tanto en cuanto, cuando podía, en películas importantes como Crimen organizado o María Antonieta. Y, sobre todo, sacándose para MySpace fotos de cani más propias de Grindr que de Tinder.

Tom Hardy ya está rodando el remake de Truman
Tom Hardy ya está rodando el remake de Truman

Uno ve a Tom Hardy, afeitado o sin afeitar y siente ganas de apartarle la testosterona de la cara

Y entonces llegó el año 2008 y Rockanrolla, Sucker Punch y, sobre todo, Bronson, le convirtieron en un actor a tener en cuenta. Y solo dos años después, Christopher Nolan le dirigió en Origen y todo empezó a cambiar. Los productores se preguntaron quién era ese chico, y los directores de casting empezaron a llamar. Tom Hardy dejó MySpace probablemente porque empezó a estar ocupado de verdad por primera vez en su vida.

Desde entonces, ha tocado todos los palos. Cada vez en interpretaciones más ambiciosas, permitiéndose subir de nivel de dificultad casi en cada nuevo proyecto. Tom Hardy aguantó el tipo frente a lo más granado de la interpretación británica en El topo, se mostró más animal que nunca en Warrior, sobrevivió un subproducto romántico a mayor gloria de Reese Witherspoon en Esto es la guerra y fue villano de superhéroe en El caballero oscuro: la leyenda renace. Pero sus retos más importantes estaban por llegar. En Locke, Hardy es el único actor de una película que se consiste en verle conduciendo y hablando por teléfono. Probablemente sea la película con un solo actor que más ha hecho por la carrera de su protagonista desde el vídeo de Olvido Hormigos. Y en Legend, él interpreta a los dos mafiosos, gemelos pero contrapuestos, protagonistas. Dos duros exámenes de esos que definen a un actor. Y Hardy los pasó con matrícula. Y sin necesidad tan siquiera de aprender a vocalizar.

Tom Hardy habla por el móvil mientras reposta en la gasolinera. Y claro, luego pasa lo que pasa.
Tom Hardy habla por el móvil mientras reposta en la gasolinera. Y claro, luego pasa lo que pasa.

Tom Hardy dejó MySpace probablemente porque empezó a estar ocupado de verdad por primera vez en su vida

Y en esta temporada de premios, Tom Hardy ha estado presente en las dos películas con un rodaje más duro de todo el año. Por un lado, los seis meses en el desierto dando vida a Mad Max. Allá donde otros hubieran abusado del CGI, el pirado de George Miller cogió a su estrella y le ató, le expuso al fuego, le zarandeó y le magulló contra la carrocería de todo tipo de vehículos. Y luego estuvo lo de El renacido. Leonardo DiCaprio le escogió personalmente para interpretar un papel que estaba destinado a Sean Penn. Y Hardy tuvo que vivir varios meses a temperaturas bajo cero, cagar en agujeros en el suelo (hasta aquí nada distinto a cualquier día normal en Gran Bretaña), lidiar con la naturaleza y soportar el ego desmedido de un Alejandro González Iñárritu al que me imagino tocando el arpa, hablando de sí mismo en tercera persona y teniendo un asistente que le seguía a todas partes mientras le sostenía una corona de laurel y le susurraba “recuerda que eres humano” durante TODO EL PUTO RODAJE.

Tom Hardy ha sido nominado por su trabajo en El renacido, en parte por una interpretación muy física, esencialmente basada en miradas y trabajo gestual, y en parte beneficiado por el efecto arrastre de una película que ha gustado mucho. Una nominación que también sirve como presentación en sociedad, como gesto de bienvenida de un Hollywood necesitado de buenos actores, sí, pero también de auténticos machos. Hardy es ambas cosas. No le van a dejar escaparse fácilmente.

Si Tom Hardy Te VasSilaH Tu tE CaYah y Lo asiMiLäH
Si Tom Hardy Te VasSilaH Tu tE CaYah y Lo asiMiLäH

 En esta temporada de premios, Tom Hardy ha estado presente en las dos películas con un rodaje más duro de todo el año

Mark Ruffalo por Spotlight

Tras pasarse toda la década de los noventa alternando trabajos de camarero con roles secundarios en películas de poca monta, Mark Ruffalo se plantó en el año 2000 pensando en mandar todo al carajo y en volver a su Wisconsin natal. En caso de no haberse encontrado con Kenneth Lonergan, hoy solo recordarían a Ruffalo los aficionados al terror por su participación en la saga Mirror, mirror y por su papel secundario en El dentista, de Brian Yuzna, que ya es tener buena memoria. El actor también participó en papeles secundarios en películas con discreto recorrido internacional, como Studio 54 (la hermana tonta de The last days of disco y Velvet Goldmine) o Cabalga con el diablo (la hermana tonta de toda la carrera de Ang Lee). Pero apareció Lonergan, decíamos, y tras una breve experiencia teatral, que supuso su primer trabajo juntos, le ofreció un papel de entidad en su debut como director. La película se llamaba Puedes contar conmigo, y gustó tanto en aquel Hollywood de cambio de milenio que hasta arañó un par de nominaciones importantes al Oscar (Mejor Actriz y Mejor Guión).

Mark Ruffalo empezaba a ser conocido, y M. Night Shyamalan le llamó para coprotagonizar su próximo proyecto. Estamos hablando de Shyamalan de 2002, la gran esperanza india del cine americano. Y, entonces, como si de una película del director de El sexto sentido se tratase, la vida y la carrera de Ruffalo se encontraron ante un plot twist que podía ser definitivo: el actor sufría un tumor cerebral que requería de su paso por el quirófano. Ruffalo se operó, Señales se rodó con Joaquin Phoenix acompañando a Mel Gibson y la rueda de Hollywood siguió rodando. El tumor no era maligno, y el actor, poco a poco fue recuperando la movilidad de la cara, seriamente dañada tras la intervención, pero no dejó de trabajar: Windtalkers, Mi vida sin mí, En carne viva… En cinco años, Ruffalo pasó por un tumor, Nicolas Cage, John Woo, Meg Ryan e Isabel Coixet. Hay lustros en los que es mejor no levantarse de la cama.

El día en que Mark Ruffalo fingió tener la varicela para no ir al rodaje
El día en que Mark Ruffalo fingió tener la varicela para no ir al rodaje

La vida y la carrera de Ruffalo se encontraron ante un plot twist que podía ser definitivo: el actor sufría un tumor cerebral

Pero, en 2004, Mark Ruffalo empezó a levantar cabeza. Su agente hizo bien su trabajo y le colocó en dos películas tan estimulantes como ¡Olvídate de mí! y Collateral. El intérprete comenzaba a recuperar el prestigio perdido. Y, cuando, tres años después, coprotagonizó Zodiac, todos volvieron a recibirle con los brazos abiertos. Desde entonces, se ha instalado en una zona de confort que abarca todo tipo de papeles secundarios en películas de prestigio. Prestigio crítico (Donde viven los monstruos, Shutter Island, Margaret), pero también comercial. Su Hulk es uno de los personajes más queridos y reclamados por el público en la saga de Los vengadores a pesar de (o precisamente por) no contar con película propia. También su presencia resultaba fundamental en el sleeper que terminó siendo Ahora me ves…

Mark Ruffalo tiene, sin embargo, un borrón en su carrera: nunca le ha ido bien como protagonista. Dos veces lo ha intentado: en la comedia romántica, con Ojalá fuera cierto, y en el cine más rompedor e intelectual, con A ciegas. Tan solo en la televisión, en ese modélico telefilm para para la HBO que fue The normal heart, salió bien parado. Pero nunca en cine. No ha tenido el carisma, no ha tenido la presencia, no ha terminado de funcionar. De hecho, sus tres nominaciones al Oscar han sido como intérprete secundario: Los chicos están bien, Foxcatcher y Spotlight. Tres nominaciones en cinco años. Los Oscar le adoran. Siempre que han podido, le han incluido entre sus elegidos. Para la Academia, Ruffalo es como ese colega amable, que no habla demasiado y siempre sonríe, que huele bien y paga sus copas. Con Ruffalo siempre apetece contar.

Mark Ruffalo e Isabel Coixet en el rodaje de Mi vida sin mí
Mark Ruffalo e Isabel Coixet en el rodaje de Mi vida sin mí

Para la Academia, Ruffalo es como ese colega amable, que no habla demasiado y siempre sonríe, que huele bien y paga sus copas

Mark Ruffalo ya nunca será una estrella. Es demasiado mayor, tiene demasiados hijos (cuatro), no tiene demasiadas ganas y es demasiado cercano y fofisano como para deslumbrarnos. Pero las películas necesitan actores como él. Y los espectadores también. Porque con caras como la suya nos gusta empatizar. Porque el mundo sería mejor si todos luciéramos la bonhomía que tiene su rostro. Yo a Ruffalo le compraría un coche usado. Porque tiene pinta de ser de los que lo revisan, lo reparan y te lo dejan con el depósito lleno. Y, qué diablos, no todo el mundo podría llevar con tanta dignidad tener un falo en el apellido.

Mark Rylance por El puente de los espías

Mark Rylance tiene 56 años y hasta esta temporada de premios era prácticamente un desconocido en el mundo del cine. Porque a Rylance lo que siempre le ha gustado de verdad es el teatro. Nacido en Londres en 1960, en 1962 su familia se mudó a Estados Unidos, donde pasó toda su infancia. A pesar de ello, Rylance es un intérprete más británico que bajar a la piscina saltando desde el balcón del hotel.

Con Anne Leibovitz y Nelson Mandela en el biopic de Manu Chao
Con Anne Leibovitz y Nelson Mandela en el biopic de Manu Chao

Rylance es un intérprete más británico que bajar a la piscina saltando desde el balcón del hotel

Cuando, en 1987 recibió la llamada de Steven Spielberg para ofrecerle un papel en El imperio del sol, Mark Rylance contestó que gracias pero no, que él quería hacer teatro. Dos años después, interpretó en una misma temporada teatral a Hamlet y a Romeo para la Royal Shakespeare Company. Y luego le ofrecieron la alcaldía perpetua de Stratford –upon-Avon por mayoría absoluta sin necesidad de elecciones. Porque cuando haces eso es que directamente TE HAS PASADO EL PUTO TEATRO. Y si lo de la alcaldía no sucedió, prefiero no saberlo, porque el mundo sería un lugar mejor si las cosas funcionaran así.

Mark Rylance tiene tres premios Tony, dos Laurence Olivier, un premio del Círculo de Críticos de Londres, otro del London Evening Standard Theatre y fue director artístico del Shakespeare’s Globe Theatre de Londres durante diez años. Y este año, como bienvenida a Hollywood, le han puesto a competir y, en la mayor parte de las ocasiones a perder, con Sylvester Stallone en las entregas de premios. Porque Stallone es una leyenda de la interpretación, dicen. Algo parecido a cuando, con motivo de los Oscar de 2012, se llevaron a Michael Haneke a Hollywood para ponerle a compartir mesa con Brett Ratner. Así, de entrada. Para que supiera con quien se estaba jugando los cuartos. Ni que decir tiene que Haneke no ha vuelto a rodar desde entonces. Total, para qué.

Caracterizado como Rey Melchor en la última Cabalgata de Reyes de Madrid
Caracterizado como Rey Melchor en la última Cabalgata de Reyes de Madrid

Interpretó en una misma temporada teatral a Hamlet y a Romeo para la Royal Shakespeare Company

Decíamos que poco se ha prodigado Mark Rylance en el mundo del cine. En 1991 trabajó a las órdenes de Peter Greenaway en Prospero’s Books. En 1995 protagonizó Ángeles e insectos junto a Kristin Scott Thomas. En 2001 practicó sexo delante de las cámaras en Intimidad, a las órdenes de Patrice Chéreau. En 2008 compartió proyecto con Natalie Portman y Scarlett Johansson en Las hermanas Bolena. Y en 2011 participó en Anonymous, el intento de Roland Emmerich de contarnos la verdadera historia de Shakespeare.

2015 ha sido su año en cuanto a notoriedad. Sus interpretaciones como Rudolf Abel en El puente de los espías y como Thomas Cromwell en Wolf Hall le han otorgado premios, reconocimiento y popularidad. No así su participación en Caza al asesino, donde compartía plano con Sean Penn e Idris Elba. A corto plazo, parece que Mark Rylance quiere volcarse en el cine. Este 2016 repite a las órdenes de Spielberg en The BFG y en 2017 le veremos a las órdenes de Christopher Nolan en la ambiciosa Dunkirk. Todo parece indicar que el teatro ha perdido un gran actor que ha ganado el cine. Y que todos lo disfrutaremos. Al menos mientras Rylance quiera. Mientras no se aburra. Ya demostró en su momento que él solo hace lo que le guste, lo que le apetezca. Su talento, además de éxito, le proporciona esa libertad.

Mark Rylance, imitando a Tom Hardy
Mark Rylance, imitando a Tom Hardy

Ya demostró en su momento que él solo hace lo que le guste, lo que le apetezca

Sylvester Stallone por Creed

Más que un actor, Sylvester Stallone es un símbolo. Durante muchos años, el cine de Stallone olía a sudor y cerveza, a desinfectante de cuarto de baño de estación de servicio de carretera, a pelos negros enroscados en el desagüe de unas duchas comunitarias. Stallone fue una de las más grandes estrellas del Hollywood de los ochenta y primeros noventa. Un ideal masculino, una representación casi perfecta de lo que tenía que suponer ser un hombre de verdad durante esos años.

Sylvester Stallone nace en 1946. Su madre, Jackie, era trapecista y corista, y con los años se recicló en rumpóloga. ¿Que en qué consiste la rumpología? Pues en leer el futuro de una persona en las líneas, grietas, hoyuelos y pliegues de las nalgas. Según Jackie Stallone, la izquierda desvela el pasado y la derecha revela el futuro de una persona. Previendo la que se le venía encima con semejante madre, Sylvester se resistió a salir durante el parto, y un incorrecto uso de los fórceps conllevó el deterioro de determinados tendones de la cara del actor, que derivaron en la parálisis que le ha proporcionado ese rictus tan característico del labio colgandero al hablar.

"Bienvenido al club de los pecho-palomo, hijo"
“Bienvenido al club de los pecho-palomo, hijo”

Más que un actor, Sylvester Stallone es un símbolo

Sylvester Stallone supo que quería dedicarse al mundo del cine y no paró hasta conseguirlo. Es el suyo el sueño americano por excelencia. Probó suerte en el cine erótico cuando se vio con veinte años en el cuerpo y veinte dólares en la cartera. Trabajó a las órdenes de Woody Allen en un cameo en Bananas, guión que entendemos que le ofrecieron debido a que su título se ajustaba a la perfección con el tipo de películas en las que trabajaba por aquel entonces. Y cuando, el 24 de marzo de 1975, vio el combate entre Muhammad Ali y Chuck Wepner, salió corriendo para su casa y, de una sentada y en tres días, escribió el guión de Rocky. Estaba tan convencido de que tenía un gran éxito entre manos que no ofreció otra posibilidad a las productoras que ser él el protagonista. Si querían la película, él iba en el combo.

Y el resto ya es historia. Triunfo en la taquilla, en los Oscar, y seis secuelas y un spin off, por el que vuelve a estar nominado. Seis años después, ya en plenos ochenta, llegaría Acorralado, y, con él, otro símbolo: Jonn Rambo. Y a partir de ahí dos carreras: una muy intermitente, como director, esencialmente centrada en secuelas de Rocky, Acorralado y Fiebre del sábado noche y últimamente revitalizada con el inicio de otra franquicia: Los mercenarios, algo así como el equivalente en el mundo del cine a lo que el Planet Hollywood supuso en el mundo de la alta gastronomía. Por otra parte, su carrera como actor le llevó a triunfar en la taquilla casi sin excepciones hasta 1996, cuando Pánico en el túnel se convirtió en su último éxito. Fue una carrera en paralelo, casi en espejo, a la de Arnold Schwarzenegger, pero siempre peor. Mientras que el protagonista de Terminator supo rodearse de buenos directores (John McTiernan o James Cameron) y dar el salto a la comedia con éxito en la taquilla (Los gemelos golpean dos veces o Poli de guardería), Sylvester Stallone no logró esa entente con ningún realizador (cuando más cerca estuvo fue con Walter Hill) y Oscar o ¡Alto!, o mi madre dispara fueron grandes fracasos críticos y económicos.

"Y aquí he dibujado un cipote"
“Y aquí he dibujado un cipote”

De una sentada y en tres días, escribió el guión de Rocky

Con vistas al cambio de siglo, e intuyendo un cambio en el paradigma de la masculinidad, Sylvester Stallone intentó reciclarse en actor de prestigio. Y, en parte, demostró que podía ser ese tipo de intérprete. Copland funcionó, pero no tan bien como él esperaba. Y, de pronto, no supo que hacer. Mientras que Schwarzenegger puso tierra de por medio y saltó a la política, Stallone empezó a comportarse como una mosca que se empeña en estrellarse una y otra vez contra el mismo cristal intentando atravesarlo. Driven, Get Carter, D-Tox… Stallone fracasó una y otra vez antes de percatarse de cuál era su única salida. Pero acabó dando con la tecla, porque de Stallone se podrán decir muchas cosas, pero nadie puede negar su olfato y persistencia.

Sylvester Stallone fue el primero en percatarse del poder de la nostalgia. Y así, en 2006, estrenó Rocky Balboa, en 2008, John Rambo, y en 2010, Los mercenarios. Él volvía a ser el hombre. El tipo de personaje que le hizo famoso. Pero ahora, de un modo posmoderno, con un tono entre crepuscular y paródico, incluso con cierto distanciamiento irónico. Y en eso ha basado su carrera desde entonces. Cuando se lo ha vuelto a tomar en serio, como en Una bala en la cabeza, ha vuelto a fracasar.

"Mi madre me cogió el culo y me dijo: vas a tener un gran futuro"
“Mi madre me cogió el culo y me dijo: vas a tener un gran futuro”

De Stallone se podrán decir muchas cosas, pero nadie puede negar su olfato y persistencia

En estos momentos, Sylvester Stallone se mueve por Hollywood en plan leyenda. Por primera vez, su carrera está un par de peldaños por encima de la de Schwarzenegger. Todo son aplausos y premios por el carisma tranquilo con el que se desenvuelve en Creed. El Oscar que puede ganar este año tiene mucho más de honorífico o nostálgico que de reconocimiento concreto y puntual. Es lo que tiene ser un símbolo, más que un actor.

Comentarios

comentarios

More from Daniel Lorenzo

Terminator Génesis, todo junto en un cubo

En una escena de El sentido de la vida, un personaje desproporcionadamente...
Leer más

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *