Los intérpretes de La bella y la bestia

Nos preguntamos quiénes son los intérpretes encargados de dar vida a los personajes Disney en la última adaptación a imagen real de sus clásicos.

El estreno de La bella y la bestia constituye el  último, y más ambicioso, paso en la estrategia de negocio de Disney de rodar en acción real sus clásicos de animación. El último, decíamos, por ser el más reciente (con Cruella de Vil y El rey león ya en la recámara) y el más ambicioso porque pocos de sus clásicos han sido más generacionales que La bella y la bestia, y ningún otro, por el momento, ha sido nominado al Oscar a mejor película.

La bella y la bestia ha sido una de las películas más esperadas para este 2017 desde el momento mismo del anuncio del proyecto. Y, con el paso de los meses, ha ido rebajando las altas expectativas hasta el punto de que muchos de los que la esperaban con los brazos abiertos hace apenas un año, hoy afilan las dagas vizcaínas en presencia de su tráiler. Lo único que parece claro es que La bella y la bestia va a superar la barrera de los mil millones de dólares de recaudación.

La bella y la bestia va a ser, por tanto, más un acontecimiento que una película. ¿Quiénes son los actores responsables de dar vida a personajes tan icónicos? Pues, más allá de dos de sus protagonistas (Emma Watson y Ewan McGregor) de los que ya hablamos en nuestros especiales sobre Harry Potter y Star Wars, aquí os ofrecemos los perfiles de los intérpretes que han asumido tan titánica tarea.

“¿Y qué es un libro? ¿Eso que ahora escriben los youtubers?”

La bella y la bestia va a ser, por tanto, más un acontecimiento que una película

Dan Stevens es Bestia

Daniel Jonathan Stevens nació en Londres, pero se crio en Gales, al sureste de Inglaterra, debido a que fue adoptado por unos profesores residentes en la zona. Teniendo en cuenta su físico privilegiado, es probable que sus padres biológicos fueran una pareja de modelos nórdicos demasiado ocupados con giras y bacanales interminables como para poder hacerse cargo de un niño. Porque Dan Stevens, con su mandíbula cuadrada, sus ojos azules y su pelo rubio, es una especie de Ryan Gosling con menos vis cómica pero muchas más horas de gimnasio.

Como viene siendo tradición en la última hornada de intérpretes británicos, la infancia de Dan Stevens transcurrió entre elitistas colegios privados (el Tonbridge School, donde recibió clases de interpretación del National Youth Theatre de Gran Bretaña) y una estancia en Cambridge donde estudió Literatura Inglesa y continuó con su formación teatral.

“¿¿¿Marie, las baguettes??? ¿¿¿QUÉ MIERDA ES ESTO???”

Es una especie de Ryan Gosling con menos vis cómica pero muchas más horas de gimnasio

Fue allí donde recibió sus primeros reconocimientos, tras interpretar el papel de Orlando en un montaje de Como gustéis, de William Shakespeare, dirigido por Peter Hall (padre de la actriz Rebecca Hall, gran amiga del actor y madrina de sus hija Willow). Con dicha obra pudo hacer una gira por Gran Bretaña y Estados Unidos, y fue la más exitosa de una carrera teatral que también incluyó montajes de Mucho ruido y pocas nueces, La vorágine y Orley Farm.

Sus inicios televisivos también estuvieron íntimamente ligados a la literatura. Pequeños papeles en adaptaciones de Frankenstein, Drácula, Miss Marple o Sentido y sensibilidad le convirtieron en un rostro conocido para los amantes de las adaptaciones catódicas de pequeños clásicos literarios.

“Y en mi libreta de cosas que me importan una mierda voy a anotar todos tus papeles anteriores a 2013”

Un rostro conocido para los amantes de las adaptaciones catódicas de pequeños clásicos literarios

No sería hasta 2013 cuando Stevens lograría su primer papel importante en el cine, sería en El quinto poder, el fallido biopic de Julian Assange dirigido por Bill Condon. Y sería un año después cuando su presencia se hizo notar por primera vez, protagonizando The guest, un entretenidísimo divertimento de Adam Wingard, tan minoritario como inolvidable. En ese mismo 2014, el actor aparecería en un puñado de películas mucho más populares, como Con la magia en los zapatos, Caminando entre las tumbas y Noche en el museo: El secreto del faraón. Desde entonces, y hasta el estreno de La bella y la bestia, Colossal, la nueva película de Nacho Vigalondo, protagonizada por Anne Hataway, es el proyecto cinematográfico más ambicioso que ha podido rodar el intérprete.

2017 está llamado a ser el gran año para su carrera: al estreno de La bella y la bestia hay que sumar su presencia en Legión, una de las series más potentes de esta temporada, así como en The man who invented Christmas, un biopic en el que dará vida a Charles Dickens que se estrenará a finales de año. Con él, Stevens parece querer volver a los orígenes de su carrera, recordemos, especialmente vinculados a la literatura decimonónica británica. Solo que, tras su participación en La bella y la bestia, lo hará siendo una estrella.

“Qué cachondo, Warren Beatty. Me ha dado este premio, pero aquí pone nosequé de Moonlight”

Stevens parece querer volver a los orígenes de su carrera, recordemos, especialmente vinculados a la literatura decimonónica británica

Luke Evans es Gaston

Luke Evans es un prototipo de actor atípico. Un caballero del teatro británico al que Hollywood ha encasillado como héroe de acción. Un poco como si Laurence Olivier se hubiera convertido en Charlton Heston, como si Kenneth Branagh hubiera mutado en Arnold Schwarzenegger.

Porque los orígenes interpretativos de Luke Evans se encuentran en el West End londinense. Evans llegó a la capital inglesa en 1997, procedente de su Gales natal. Y, una vez allí, estudió en el London Studio Centre y se preparó en canto bajo la supervisión de Louise Ryan. Entre 2000 y 2007, participó en montajes de La Cava, Taboo, Rent, Miss Saigon o Avenue Q. Pero fue en 2008 cuando llamó la atención de varios directores de casting tras sus interpretaciones como Vincent en Small Change y como Yves Montand en Piaf.

Un momento… este hombre no es más peludo que un oso polar… ES UN FARSANTE

Los orígenes interpretativos de Luke Evans se encuentran en el West End londinense

Así, en 2010 ya se encontraba en Hollywood, trabajando a las órdenes de Ridley Scott (Robin Hood), Stephen Frears (Tamara Drewe) e incluso teniendo un destacado papel en un blockbuster como Furia de titanes. El caso es que las sandalias le sentaron tan bien que, un año después, ya protagonizaba Inmortals, su propio peplum de fantasía, plagado de músculos, purpurina, torsos depilados y popper.

Y, a partir de ese momento, Hollywood no le dio otra opción que no pasara por las superproducciones de acción: Los tres mosqueteros, Fast & Furious 6 y 7, La desolación de Smaug, La batalla de los cinco ejércitos, Drácula: La leyenda jamás contada… Así, hasta que en 2015 participa, en un rol bastante físico, en la High Rise de Ben Wheatley, y, ya el año pasado, consigue un papel secundario en el sexythriller La chica del tren.

“Y cuando quiero que sean silenciosos, hago así y en un minutos estamos todos atufados…”

Un año después, ya protagonizaba Inmortals, su propio peplum de fantasía, plagado de músculos, purpurina, torsos depilados y popper

La bella y la bestia es la primera oportunidad que le da la industria del cine para que intente recuperar a ese actor teatral de carácter, especializado en musicales. Gastón es un personaje que le puede permitir compatibilizar un despliegue físico con otro interpretativo. Y puede suponer un salto de calidad en su carrera. Y es que vaya tiarrón es Gaston.

Kevin Kline es Maurice

Kevin Kline siempre ha sido actor en el sentido más estricto del término. Capaz de alternar comedia con tragedia, Shakespeare con westerns futuristas, el ser rabiosamente atractivo con tener un rostro anodino y el ser una estrella familiar con ser un desconocido para el gran público. Kevin Kline ha sido capaz de interpretar cualquier papel con el que le haya tocado lidiar. Y lo ha hecho, siempre, desde un respeto escrupuloso a la película en la que se encontrara, dignificando con su presencia, con su trabajo, cualquier título en el que haya aparecido.

Interpretando a Rosa Villacastín en Wild Wild West.

Capaz de alternar comedia con tragedia, Shakespeare con westerns futuristas, el ser rabiosamente atractivo con tener un rostro anodino

Kevin Kline dio sus primeros pasos como intérprete en la escena teatral neoyorkina de los años 70. Tuvo tanto éxito en ese periplo que logró ganar dos premios Tony en apenas tres años. Así que, recién estrenados los 80, decidió dar el salto al cine. En 1983 coprotagonizó, al lado de Meryl Streep, La decisión de Sophie, y protagonizó la adaptación cinematográfica de The pirates of Penzance, la comedia que le proporcionó el segundo de sus Tony.

Tras semejante debut, participó en Reencuentro, película generacional que supuso la primera de sus colaboraciones con Lawrence Kasdan, del que se convertiría en uno de sus actores fetiche, con el que trabajaría a lo largo de más de dos décadas en películas como Silverado, Te amaré hasta que te mate, Grand Canyon, French Kiss y Por fin solos.

“-Te como una y cuento veinte…
-Kevin, ¿seguro que sabes jugar al ajedrez?”

Logró ganar dos premios Tony en apenas tres años

En 1987 protagonizó Grita libertad, una película grave, importante, de 157 minutos, dirigida por Richard Attenborough sobre el apartheid sudafricano. Y solo un año después gana el Oscar al mejor actor secundario (en su única nominación hasta la fecha) por su hilarante interpretación en Un pez llamado Wanda. Esos dos títulos consecutivos nos dicen mucho de la carrera de Kline. En primer lugar, vuelven a dejar en evidencia su versatilidad como intérprete. Pero también dejan claro lo sencillo que debe resultar compartir set con él. La troupe de Un pez llamado Wanda volvería a contar con Kline en Criaturas feroces, su secuela espiritual nueve años posterior. Y Attenborough le daría la oportunidad de interpretar a Douglas Fairbanks en Chaplin.

A medida que avanzaban los 90, Kline opta por centrar su carrera en papeles eminentemente cómicos. Así, por cada Dobles parejas, el actor estrenaba un Escándalo en el plató y un Dave, presidente por un día. Por cada La tormenta de hielo, un In and out y un El sueño de una noche de verano. Y, ya en 1996, pone por primera vez voz a un personaje animado, el Phoebus de El jorobado de Notre Dame, experiencia que repetiría en La ruta hacia el Dorado y El valiente Desperaux.

“¿Te acuerdas cuando tuviste que escoger a cuál de tus hijos matarían los nazis… JAJAJAJAJA… ¡Qué tiempos! ¿Verdad, Meryl?”

A medida que avanzaban los 90, Kline opta por centrar su carrera en papeles eminentemente cómicos

La decisión de coprotagonizar (la excelente) Wild Wild West marcaría el devenir de toda su carrera futura. La película fue un (injustísimo, desproporcionado e incomprensible) fracaso, senda que también seguirían La ruta hacia El Dorado y La casa de mi vida, sus siguientes trabajos.  Así que, para cuando Kline consiguió sus siguientes trabajos como protagonista, estos fueron en películas mucho menos ambiciosas, como The Emperor´s Club y De-lovely.

En los últimos años, la carrera de Kevin Kline se ha centrado en personajes secundarios en películas de tan poco fuste como La pantera rosa, Definitivamente, quizás, Sin compromiso o Plan en Las Vegas. Así, el actor que hace veinte años hubiera sido la primera opción para dar vida a Lumiere, hoy se tiene que conformar con ser Maurice. Tanto da. La bella y la bestia es la primera superproducción en contar con Kevin Kline desde Wild Wild West. Y solo por eso ya debería ser celebrada.

“¡Abran paso! ¡Abran paso! Voy como Alberto Contador recién salido de una carnicería”

La decisión de coprotagonizar (la excelente) Wild Wild West marcaría el devenir de toda su carrera futura

Ian McKellen es Ding Dong

Sir Ian McKellen debuta en la interpretación profesional en el año 1964, con una pequeña aparición en un capítulo de la televisiva The Indian tales os Rudyard Kipling. Hasta ese momento, se había limitado a ser un actor universitario amateur. Con el paso de los años, su prestigio como actor teatral va creciendo hasta el punto de fundar una compañía propia (la Actors Company, en 1972), desde la cual se convirtió en una especie de portavoz oficial de los actores británicos. En 1974 ingresó en la Royal Shakespeare Company, en 1979 fue nombrado Commander of the Order of the British Empire en 1979, en 1981 ganó el premio Tony por interpretar a Salieri en Amadeus y en 1991 fue nombrado Knight Bachelor  de nuevo por la reina Isabel II.

Pero el gran público no conoció a Ian McKellen hasta que en 1998 se estrenó Dioses y monstruos. Si bien es verdad que el intérprete había participado en películas más o menos comerciales como El torreón, El último gran héroe, Seis grados de separación o La sombra, no sería hasta su recreación de James Whale cuando todas las miradas recayeron sobre su trabajo. McKellen estuvo nominado al Oscar, al Globo de Oro, ganó la Concha de Plata en San Sebastián y fue el favorito de la carrera durante un par de meses. Finalmente, Roberto Begnini se llevaría la estatuilla, pero McKellen el premio gordo de iniciar, definitivamente, una carrera cinematográfica en Hollywood.

“Si se encontraban en una esquina.
O se encontraban en el café.
Siempre se oía, con voz muy fina,
el saludito de McKellen”

El gran público no conoció a Ian McKellen hasta que en 1998 se estrenó Dioses y monstruos

Precisamente ese mismo 1998, Ian McKellen se pondría a las órdenes de Bryan Singer en Verano de corrupción, una estupenda adaptación al cine del relato de Stephen King Alumno aplicado. Singer quedó tan satisfecho con el trabajo del intérprete que, dos años después, le ofrecería uno de los papeles más importantes de su carrera: el Magneto de X-Men, rol que le convertiría en un icono de la cultura popular y que interpretaría en hasta cinco ocasiones. Algo parecido al personaje de Gandalf, al que interpretó en seis películas, en las trilogías de El Hobbit y El señor de los anillos y que le proporcionó su segunda nominación al Oscar, dos SAG y un Globo de Oro.

Más allá de ambos personajes, Ian McKellen apenas se ha dejado ver en un par de películas con cierta ambición, y ambas, también translaciones al cine de obras y personajes literarios: El código Da Vinci y Mr. Holmes. Lo que sí que hemos podido hacer con más frecuencia es disfrutar de su trabajo vocal en producciones como Ratónpolis, La brújula dorada y Stardust.

“Pasad, pasad… estaba aquí, solo,…”

Singer quedó tan satisfecho con el trabajo del intérprete que, dos años después, le ofrecería uno de los papeles más importantes de su carrera

Y así es como un actor crecido en lo más solemne de la escena británica ha terminado por convertirse en un icono pop justo cuando muchos hubieran comenzado a pensar en la retirada. A sus 77 años, Ian McKellen está viviendo una segunda juventud, que le está permitiendo rodar cine, volver a las tablas cuando lo desea (hace ocho años su Esperando a Godot junto a su gran amigo Patrick Stewart logró agotar todas sus localidades) e, incluso, hablar públicamente de su sexualidad. Porque McKellen, ha venido desarrollando, en paralelo a su carrera profesional, una gran labor de activismo a favor de los derechos de los homosexuales, fundando su propia organización al efecto (Stonewall), pero también participando en multitud de actos organizados por otras como History Month o The Albert Kennedy Trust. Ian McKellen es el homosexual reconocido que ha logrado convertirse en una mayor estrella de Hollywood. Aunque solo fuera por eso, ya merecería ser un héroe popular de nuestro tiempo.

Emma Thompson es Mrs. Potts

Emma Thompson es hija de Phyllida Law y Eric Thompson, a la sazón, actriz y director teatral. Con semejantes antecedentes, no es de extrañar que, a pesar de graduarse con honores en Filología Inglesa, debutara como actriz en la televisión pública británica en 1980, el mismo año de su graduación. El primer programa en el que participó se titulaba Alfresco, y era un espectáculo satiríco en el que compartía cartel con Stephen Fry y Hugh Laurie (su novio por aquel entonces).

Imitando a Kruschev (por lo de los zapatos en la mano, no por lo del alcohol en sangre) (bueno, por las dos cosas).

El primer programa en el que participó se titulaba Alfresco, y era un espectáculo satiríco

A lo largo de la década de los 80 se convirtió en un rostro habitual de la televisión inglesa, hasta que, en 1989, dio el salto al cine. Salto que también ejecutaría de la mano de su pareja en aquel entonces, un jovencísimo Kenneth Branagh. La pareja se había conocido trabajando en la serie Fortune of war, donde ya había iniciado su relación. Relación que terminó de consolidarse cuando juntos protagonizaron en el West End un montaje de Mucho ruido y pocas nueces dirigido por Judi Dench. El caso es que Branagh debutó como director de cine con Enrique V, gracias a la cual obtendría las nominaciones al Oscar correspondientes a las categorías de mejor director y mejor actor. Y reservó a Thompson el papel de reina de Francia. Que un británico reserve para su pareja el papel de reina de Francia debería ser la primera señal de que aquello no termina de funcionar, pero lo cierto es que la pareja acababa de casarse. Cuentan que él se lo pidió a ella durante un paseo por Central Park, momento en el que varios testigos le oyeron pedirle, a voz en grito ¡Casémonos! ¡Casémonos!, algo que no resulta del todo creible porque todo aquel que conozca el ego de Branagh sabrá que la fórmula que él emplearía para semejante solicitud sería más bien la de ¡Cásate CONMIGO! ¡Cásate CONMIGO!.

Tras Enrique IV llegarían Morir todavía, Los amigos de Peter y Mucho ruido y pocas nueces. Cuatro películas juntos en cuatro años. Y, dos años después, el divorcio. En un momento en el que el matrimonio entre Carlos de Inglaterra y Diana de Gales hacía aguas, Emma Thompson y Kenneth Branagh fueron la pareja británica por excelencia. Y, para cuando su matrimonio llegó a su fin, Victoria y David Beckham les dieron el relevo como una versión más bella, más rica, más joven y con un 80% menos de graduado escolar.

“Sí, Emma, vamos a rodar una de dibujos en acción real. Pero no es un hentai, deja esas anguilas.”

Love Actually fue su último gran éxito como intérprete. La actriz solo tenía 44 años, pero ya daba voz al amor maduro

Llegaron, entonces, unos años, en los que Emma Thompson se especializó en cine de enaguas y tacitas: Lo que queda del día, Carrington, Regreso a Howard’s End y Sentido y sensibilidad (por estas dos últimas ganaría el Oscar a mejor actriz y mejor guión, respectivamente). También le dio tiempo a participar en una de las películas más importantes del cine británico de los 90, En el nombre del padre. Pero siempre se le resistió el salto a Hollywood: Junior fue el comienzo del fin de la carrera de Arnold Schwarzenegger, Primary Colors no funcionó todo lo bien que hubiera debido y, prestó su voz a El planeta del tesoro, uno de los mayores fracasos de Disney de la época (años después, Pixar le permitiría resarcirse poniendo voz a un personaje de Brave).

Love Actually fue su último gran éxito como intérprete. La actriz solo tenía 44 años, pero ya daba voz al amor maduro. Así que Thompson decidió diversificar su carrera. Dio el salto a la televisión con Angels in America, se hizo con un rol secundario en la saga Harry Potter e inició su propia franquicia con La niñera mágica. Estos trabajos le otorgaron la libertad de escoger con mayor detenimiento el resto de sus proyectos. Y, mayoritariamente, eligió bien, participando en películas tan interesantes como Más extraño que la ficción, Retorno a Brideshead, Nunca es tarde para enamorarse, An education, Radio encubierta o Men in black III. Así hasta que hace dos años volvió a estar presente en la temporada de premios gracias a su interpretación en Al encuentro de Mr. Banks. Al final no pudo ser, y no consiguió ni una nominación, pero, la película le permitió volver a estar en boca de todos y supuso el mayor éxito de su carrera en el cine americano. Éxito que va a superar con creces gracias a su presencia en La bella y la bestia. Nada más adecuado que un revival noventero para volver a traerla a la palestra.

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