Luces de París: parpadean pero no se apagan

Huppert y Darroussin caminan por la crisis de un matrimonio quasi-idílico, callejeando entre el amor, el adulterio, la infidelidad y el perdón con esa mezcla entre lo sutil y lo explícito, tan propia del cine francés

Las luces parisinas iluminan lo que podría ser otra comedia romántica más

4 Convencionalidad de su guion
6 "Sello" francés
7 Isabelle Hupert y Jean-Pierre Darroussin
6 Resto del reparto
7 Dos baldosas (secuencias) de gran cine
6

Con un Siempre nos quedará París, se despedían Rick Blaine (Humphrey Bogart) e Ilsa Lund (Ingrid Bergman) en el aeródromo de la obra maestra que es Casablanca (Michael Curtiz, 1942). Desde ese momento, la frase se convirtió en el símbolo absoluto del romanticismo mas idealista, de la pasión que no se aplaca, del fuego que no se extingue. Mejor es despedirse y congelar el amor vivido que arriesgarse e verlo marchitarse y, finalmente, a verlo morir. Mejor irse a París donde el amor alcanza la cota de eternidad y brillo de las luces que no se apagan. Esa parece la premisa de la última comedia romántica francesa que llega a nuestras carteleras, Luces de París.

En su quinto largometraje, el realizador francés Marc Fitoussi, decide ambientar esa etapa, en la que la bombilla del amor, otrora brillante, empieza a atenuarse y a parpadear, en la campiña normanda. Los protagonistas son un matrimonio ganadero, entrados ambos en los cincuenta, que disfruta de la rutina post-independencia de sus dos hijos. Él (Jean-Pierre Darroussin) vive arraigado a la tranquilidad del que acepta su vejez y a la cría de sus magníficas vacas charolesas. Ella (Isabelle Huppert), en cambio, mucho mas soñadora, se siente todavía joven y teme echar raíces en esa realidad que siente marchitar. Y por ello, y poniendo como excusa la visita a un dermatólogo especializado, viajará a París en busca de encontrar y vivir, durante dos días, la eternidad de lo que Rick e Ilsa tuvieron.

"La Ritournelle" de Marc Fitoussi

Luces de París  camina por un momento de crisis de un matrimonio, callejeando entre el amor, la infidelidad y el perdón con esa mezcla entre lo sutil y lo explícito, tan propia del cine francés

Luces de París es un peli, ante todo, muy francesa. Esto no es ni bueno, ni malo. A unos ante eso se les iluminarán los ojos y a otros se les quitará el apetito. Es una forma de hacer cine, un extraño talento o mácula que ha desarrollado la cinematografía gala y que impregna totalmente este filme. Luces de París parece andar constantemente por calles dignas del telefilm pero lo suficientemente iluminadas por farolas de tenue resplandor que evitan una y otra vez que la película se pierda en ellas, desembocando siempre en la amplia avenida del cine. Y todo ello como sin querer, pero queriendo. Callejea entre el amor, el adulterio, la infidelidad, la culpa y el perdón como quien pasa por allí, pareciendo que va hacia un lado y en realidad va hacia otro, rozando la grosería de quien pisa todos los lugares comunes pero lo hace con insultante ternura, forzando casualidades que parecen azarosas sin esfuerzo. Luces de París camina por la crisis de un matrimonio quasi-idílico con esa mezcla, tan francesa, de lo que es delicado y sutil pero perfectamente explícito, como si de un baile de Alizée se tratara.

Luces de París podría ser otra película de género más. Un nuevo foco que ilumina el glamuroso escenario de la potente industria cinematográfica francesa. Sin embargo, contiene dos filtros que la hacen destacar y nos obliga a fijar los ojos en ella. En primer lugar, su reparto rinde a nivel notable. Desde la principal protagonista, la eterna musa del cine francés, Isabelle Huppert, a la que parece que ocupará dicho estatus más pronto que tarde, una testimonial Anaïs Demoustier, pasando por un Jean-Pierre Darrousin, eterno secundario que vuelve a demostrar que brilla con luz propia como protagonista, un nuevo talento como Pio Marmaï o un nórdico incombustible como el gran Michael Nyqvist. Todos ellos dotan de humanidad y realismo a sus personajes, cualidad que parece estar perdiéndose en los últimos tiempos en pos de la imitación. Y en segundo lugar, dos secuencias que, casi sin quererlo y de casualidad, pisan las baldosas del gran cine: la escena final y, sobre todo, la del hijo haciendo acrobacias. En ella el espectador es partícipe tanto del orgullo del padre como del orgullo del hijo por el orgullo del padre. Esa escena brilla con luz propia.

"La Ritournelle" de Marc Fitoussi

Marc Fitoussi realiza la que seguramente sea la película más exitosa de su carrera. Una película que podría ser una mas dentro del género pero a la que elevan un notable reparto y dos escenas de gran cine

Marc Fitoussi lleva a cabo la que seguramente sea la película más exitosa de su carrera. Una comedia romántica sencilla, más allá de ciertas analogías simbólicas, que con escasas pretensiones busca profundizar (ligeramente) en la realidad del amor y del matrimonio, cuya eternidad, tal y como expresaron Rick Blaine e Ilsa Lund en Casablanca, se encuentra en París, pero de otra forma. De nosotros depende conservar y volver a encender las luces y estar dispuestos a pagar las facturas.

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