M. Night Shyamalan, haciendo el indio

¿Por qué Hollywood odia al que fue su niño prodigio? ¿Por qué el público le ha abandonado? ¿Logrará La visita revertir esta situación?

Si el próximo proyecto de M. Night Shyamalan consistiera en dejarse crecer el pelo, recogérselo dentro de un turbante y conseguir una licencia de taxi a pachas con Barkhad Abdi (Capitán Phillips) es probable que el mundo del cine mostrara más interés que el que ha demostrado en sus últimas películas.

El que en 1999 fuera la reina del baile, la jefa de las animadoras y el quaterback del equipo de fútbol americano de ese gran instituto que es Hollywood, estrena La visita, una película de terror de estilo found footage. El director de la planificación exquisita ha tenido que pagarse de su bolsillo un pequeño experimento de cinco millones de dólares en un formato que no permite lucir ni su extraordinario uso de la música ni su habilidad para el encuadre. Por no hablar de que está pasadísimo de moda: estrenar en 2015 una película de found footage es como abrir una tienda de música en 2000, un videoclub en 2005, un cibercafé en 2010 o una tienda de cigarrillos electrónicos este fin de semana: puede que en algún otro momento fuera buena idea, pero alguien debería avisarte de que llegas tarde, muy tarde.

Es, evidentemente, una maniobra desesperada. Un grito por la supervivencia de un tipo que se convirtió en un remake de una de sus obras allá por 2006, cuando su carrera estaba muerta, pero él no se daba cuenta. ¿Por qué mostraron tanta crueldad en apenas ocho años todos aquellos que le encumbraron? ¿Qué sucedió por el camino? ¿Cuáles fueron sus pecados? Intentemos poner negro sobre blanco la trayectoria de la M más odiada del cine tras el vampiro de Düsseldorf.

Shyamalan disfruta sorprendiendo hasta con la tapicería del sofá
Shyamalan disfruta sorprendiendo hasta con la tapicería del sofá

Shyamalan se convirtió en un remake de una de sus obras allá por 2006, cuando su carrera estaba muerta, pero él no se daba cuenta

El sexto sentido, llegando a la cima

El Hollywood de 1999 se convirtió en una especie de casting cinematográfico, lleno de jóvenes talentos que aspiraban presentar sus credenciales para dirigir el cine del siglo XXI. Puede que no fueran debutantes, pero estrenaban su película más ambiciosa hasta la fecha. Nos referimos a David Fincher (El club de la lucha), Brad Bird (El gigante de hierro), los hermanos Wachowski (Matrix), Paul Thomas Anderson (Magnolia), Stephen Sommers (La momia), Sam Mendes (American beauty), Sofia Coppola (Las vírgenes suicidas), Spike Jonze (Cómo ser John Malkovich), David O. Russell (Tres reyes) o Alexander Payne (Election).

Pues bien, en aquel Operación Triunfo, Shyamalan era Rosa de España. Ella era gorda; él, indio. Ambos poseían un talento escondido bajo un aspecto que parecía reñido con el estrellato y compartían humildes orígenes. Y ambos deslumbraron para, posteriormente ser sepultados por sus compañeros de academia, pero esa es otra historia. De momento, baste poner en perspectiva lo difícil que era triunfar en aquella cosecha.

Gusto, tacto, oído, olfato, vista... y apetito
Gusto, tacto, oído, olfato, vista… y apetito

En aquel Operación Triunfo que fue el Hollywood de 1999, Shyamalan era Rosa de España

Y Shyamalan no solo triunfó, Shyamalan arrasó. Shyamalan presentó la segunda película más taquillera del año, solo superada por una maquinaria Star Wars que volvía a funcionar a pleno rendimiento veinte años después. Pero no solo reventó las taquillas, también colocó una peli de terror en la temporada de premios (algo que solo El exorcista había logrado antes) y protagonizó TODAS las conversaciones en TODOS los ámbitos. El sexto sentido gustaba al crítico, al estudiante en el instituto, a tu madre y a tu cuñado, que supo cómo terminaba en cuanto vio la primera escena, porque es de pensar, y lo que pasa es que vosotros no os fijáis y luego pasa lo que pasa.

El protegido, decepción relativa

El problema de las pelis de culto es que uno no se da cuenta de que lo son hasta que el tiempo aporta perspectiva al fracaso. Y el problema de las expectativas es que rara vez se cumplen. El protegido no perdió dinero, pero se quedó muy lejos de lo esperado. Con un ambicioso estreno el fin de semana de Acción de Gracias, su recaudación final en Estados Unidos se quedó a cinco millones de los cien que marcaban el éxito a principios de siglo. Todo ello, unido al síndrome de la segunda película, que lleva a machacar inmisericordemente la siguiente obra de cualquier autor que haya logrado un gran éxito, llevó a que la sensación de fracaso se apoderase del propio Shyamalan.

Bruce Willis lo mismo te protagoniza una película que te aparca el coche por unos dólares
Bruce Willis lo mismo te protagoniza una película que te aparca el coche por unos dólares

El problema de las pelis de culto es que uno no se da cuenta de que lo son hasta que el tiempo aporta perspectiva al fracaso

El protegido funcionaba como un perfecto manual de lo que sería el estilo del director: narración pausada, encuadres trabajados, inteligente uso del fuera de campo, paleta cromática minuciosamente estudiada, una delicadísima banda sonora y personajes centrales en búsqueda de la trascendencia. El público se quedó con que el desenlace era una sorpresa. Y creyó que aquello era la norma. Empezaban los problemas: si Shyamalan no nos fríe las neuronas en el tercer acto, la peli será una mierda y él se estará quedando sin ideas.

Señales y El bosque, comienzan los problemas

Señales y El bosque fueron dos películas adultas, maduras y pausadas que compitieron en taquilla durante el mercado veraniego con blockbusters de acción. Y fueron rentables. E hicieron ganar mucho dinero a Buena Vista. Pero algo empezaba a ir mal.

¡Soy un unicornio retrasado!
¡Soy un unicornio retrasado!

Fueron rentables. E hicieron ganar mucho dinero a Buena Vista. Pero algo empezaba a ir mal

Cuando Frank Capra escribió su autobiografía, la tituló El nombre antes del título, porque dicha potestad (la de firmar con el nombre del director el título de la obra) daba a entender el poder que había tenido en Hollywood en sus mejores momentos. Pues bien, no se entendió precisamente como prueba de humildad el que un tipo de apenas 32 años presentase sus películas como M. Night Shyamalan’s Signs y M. Night Shyamalan’s The Village. Porque una cosa es que te digan que eres especial y otra que te lo creas.

Al mismo tiempo, el propio director incrementaba poco a poco su presencia como actor en sus propias películas. Los cameos realizados en El sexto sentido y El protegido, que muchos entendieron en un principio como un velado homenaje a Hitchcock, se le iban yendo de las manos a medida que sus personajes ganaban en diálogos y minutos en pantalla. Y a muchos eso les empezaba a molestar, y si consiguieron acabar con la carrera como actor de ese listillo llamado Quentin Tarantino (Pulp Fiction) no iban a ser menos con el indio este.

- Le repito que yo no badulaque, yo director de película -¡Cállate, Apu!
– Le repito que yo no badulaque, yo director de película
-¡Cállate, Apu!

Una cosa es que te digan que eres especial y otra que te lo creas

Es por ello por lo que determinados sectores de la crítica empezaron a cuestionar la verosimilitud (¿Por qué unos extraterrestres cuyo punto débil es el agua invadirían un planeta como el nuestro?) y el músculo narrativo de sus películas (¿Por qué es tan lenta El bosque?). Los mismos que le encumbraron cinco años atrás por una obra tan pausada e inverosímil como El sexto sentido se comportaban como niños caprichosos cansados de un juguete nada más abrir la caja.

Por su parte, el público empezaba a estar desconcertado. Ni el final de Señales era especialmente sorprendente, ni El bosque una película de terror al uso, como se habían empeñado en vender con una de las campañas de promoción más tramposas que se recuerdan. El terreno se iba abonando para la decepción sin que nadie pareciera poder evitarlo.

Y un aplauso fuerte para Joaquin, que fue el único que hizo su vestuario sin ayuda de sus padres
Y un aplauso fuerte para Joaquin , que fue el único que hizo su vestuario sin ayuda de sus padres

 Los mismos que le encumbraron cinco años atrás por una obra tan pausada e inverosímil como El sexto sentido se comportaban como niños caprichosos cansados de un juguete nada más abrir la caja

La joven del agua y El incidente, ruptura con crítica y público

La joven del agua era un cuento infantil lleno de magia y esperanza. Y un dardo envenenado dirigido a los críticos de cine. En el fondo, nos encontrábamos ante el farol de un autor que se creía más respaldado por el público de lo que realmente estaba, y buscaba protegerse tras este después de molestar a la prensa especializada.

Todo estaba pensado para incordiar a la crítica en La joven del agua: el nombre del director encabezando el cartel con el segundo cuerpo de letra más grande tras el del título, la incorporación de Shyamalan como un actor de reparto más, y un personaje odioso cuya profesión es la de ¿adivinan? crítico, al que se le proporcionaba la muerte más terrible de todo el metraje.

El Boyero americano
El Boyero americano

Nos encontrábamos ante el farol de un autor que se creía más respaldado por el público de lo que realmente estaba

En La joven del agua, Shyamalan se dejó caer hacia atrás esperando que los brazos del público le recogieran, y el costalazo fue monumental. Fue su primera película en perder dinero, y nadie entendió muy bien qué quería hacer. Demasiado oscura para ser infantil, demasiado naif para ser adulta. La joven del agua es, a pesar de todo ello, una magnífica película, llena de magia pero lastrada por las ganas de revancha de unos y otros en una batalla que solo podía tener una víctima, su director.

El incidente, en cambio, es a la carrera de Shyamalan lo que los ataques a la desesperada de un equipo que debe remontar un gol en la prórroga: lo hace porque no le queda otra opción, y, aunque sobre el papel (o sobre unos primeros quince minutos excelentes) no parezca del todo mala idea, lo cierto es que no va a ninguna parte porque esos intentos nunca salen bien. Intentar volver a ganarte a crítica y público con El incidente es como querer reconciliarte con tu ex tres años más tarde, llamándola, de madrugada, borracho y llorando: si lo consigues es que ella no merece la pena. Y ese verano, crítica y público se enamorarían de otro: Christopher Nolan estrenaba El caballero oscuro un mes después que El incidente. El nuevo niño mimado de Hollywood había llegado para quedarse.

Las reacciones de los primeros espectadores que vieron El incidente no fueron muy positivas
Las reacciones de los primeros espectadores que vieron El incidente no fueron muy positivas

 Intentar volver a ganarte a crítica y público con El incidente es como querer reconciliarte con tu ex tres años más tarde, llamándola, de madrugada, borracho y llorando

Airbender y After earth, proyectos de encargo

Cuando la carrera de Shyamalan parecía que no podía ir a peor, un directivo de Paramount le dio ciento cincuenta millones de dólares para rodar una superproducción basada en una serie de animación. En un principio iba a llamarse Avatar, pero cierto pequeño proyecto de James Cameron estrenado las anteriores navidades les obligó a cambiar de título y se estrenó como Airbender.

El resultado supuso la sima artística del director. La película fue tan mal recibida que a fecha de hoy se sigue considerando como deficitaria a pesar de que recaudó más del doble de lo que costó. No había nada en esta película, ni temática ni formalmente, que recordara que Shyamalan estaba detrás. Tan solo la especial inquina con la que fue recibida nos podía hacer pensar en anteriores proyectos del director.

Una bella película sobre bailes regionales
Una bella película sobre bailes regionales

Fue tan mal recibida que a fecha de hoy se sigue considerando como deficitaria a pesar de que recaudó más del doble de lo que costó

After earth es su última película hasta el momento, y un proyecto tan equivocado que cuesta creer que alguien le diera luz verde. En primer lugar, porque apenas existen certezas en lo que a cine se refiere, pero una de ellas es que Jaden Smith es insoportable. Un enchufado que, valiéndose del nepotismo fomentado por su padre, nos intentan colocar en proyectos completamente innecesarios. Solo hay algo peor que una estrella prefabricada, y es una estrella prefabricada que mira y se comporta como si, como espectadores, estuviéramos en permanente deuda con ella. Afeter earth solo podría resultar más desagradable si en lugar de estar protagonizada por Will y Jaden Smith lo estuviera por Miguel Carcaño y José Bretón.

Y es que, además, lejos de funcionar como un director capaz de dar un último empujón hacia la gloria a estrellas en ciernes, se ha dado la circunstancia de que las películas de Shyamalan nunca han dejado bien parados a sus actores. El protegido y Señales fueron las últimas películas de gran presupuesto de dos estrellas de la categoría de Bruce Willis (Looper) y Mel Gibson (Mad Max). Paul Giamatti (Templario) iba camino de ser el próximo gran actor de carácter con películas taquilleras cuando rodó La joven del agua. Dev Patel era el protagonista de la película del año cuando protagonizó Airbender y ahí terminó su intento de asaltar los cielos. Bryce Dallas Howard (Criadas y señoras) ha tardado diez años en volver a protagonizar un blockbuster tras La joven del agua. Haley Joel Osment no tuvo la carrera que todos esperábamos tras su recital interpretativo en El sexto sentido. Tan solo Joaquin Phoenix (I’m still here), presente en Señales y El bosque, ha sobrevivido a la maldición Shyamalan. Quizá su perfil medio (ni era una estrella ni una promesa) le salvó de la maldición que han sufrido tanto sus cabezas de cartel como sus descubrimientos.

El dientes de sable de Ice Age es más fotorrealista
El dientes de sable de Ice Age es más fotorrealista

After earth solo podría resultar más desagradable si en lugar de estar protagonizada por Will y Jaden Smith lo estuviera por Miguel Carcaño y José Bretón

Pues bien, tras After earth todos dan por finiquitada la carrera de Jaden Smith y Will Smith (no lo olvidemos, la estrella de cine más taquillera de la primera década del siglo) ha tenido que refugiarse en una cinta de presupuesto medio, como Focus, antes de formar parte de un reparto coral para volver a atreverse con la superproducción (bajo la licencia de DC) en Suicide Squad. Y pintan bastos para su carrera en solitario.

Shyamlan se justificó a la hora de escoger y desarrollar estos proyectos diciendo que eran películas que hacía para sus hijas, apenas preadolescentes por aquel entonces. Lo que pusieron presupuestos multimillonarios en manos de un director en un momento creativo y comercial tan precario debieron confiar en la legendaria fertilidad india e imaginar miles, e incluso cientos de miles de entradas vendidas. Y lo cierto es que After earth fue la segunda película de su carrera, tras La joven del agua, en perder dinero.

Eran dos tipos requetefinos Eran dos tipos medio chiflaos Eran dos tipos casi divinos Eran dos tipos desbarataos
Eran dos tipos requetefinos
Eran dos tipos medio chiflaos
Eran dos tipos casi divinos
Eran dos tipos desbarataos

Nos merecemos recuperar al mejor Shyamalan. Ojalá lo consigamos

Y ahora, tal y como decíamos, estrena La visita, su proyecto más barato desde Praying with Anger, su debut. Probablemente, tras mirarse en el espejo de James Wan, trata de hacer muy rentable una película de terror muy barata y volver a sus orígenes para pedir una segunda oportunidad. Es su estrategia más inteligente en años, y podrá funcionarle o no, pero al menos no es la huida hacia adelante que lleva practicando desde hace una década.

Es imposible determinar si La visita es una buena o una mala película sin tan siquiera haber podido verla, pero las primeras impresiones del público, que nos hablan de una experiencia terrorífica, inteligente, sorprendente y divertida contrastan con una recepción crítica gélida hasta el momento. Esperaremos para juzgarla, pero lo que sí es cierto es que el panorama cinematográfico actual no debería poder permitirse perder a un talento como el del Shyamalan del primer lustro de la década pasada. Un tipo que podía narrar en imágenes, que conocía la importancia del fuera de foco y del fuera de plano, aquel director que en una de las escenas cumbre de Señales oscurecía la pantalla durante más de un minuto porque sabía que podía jugar con el espectador. Y disfrutaba haciéndolo. Nos merecemos recuperar al mejor Shyamalan. Ojalá lo consigamos.

¿Has llegado hasta aquí? Échanos un cable y colabora con un clic. ¡Gracias!

Comentarios

comentarios

More from Daniel Lorenzo

Los actores de Star Wars (y III): El despertar de la fuerza

Terminamos el repaso a los actores del universo Star Wars (el resto...
Leer más

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *