Malavita, amalgama de géneros

Malavita es la última película de Luc Besson, en la que la comedia, la violencia y la mafia se dan la mano en un ambiente familiar que no logra sorprender

Malavita es la clásica historia de pez fuera del agua donde la familia Manzoni, originaria de Brooklin, se ve obligada a encontrar su lugar en un pequeño pueblo de Normandía, en el que sorprendentemente todos hablan inglés, como parte del programa de protección de testigos. Los Manzoni están bajo la protección del FBI por delatar a otros miembros del clan mafioso al que pertenecían. Con una recompensa de 20 millones de dólares sobre la cabeza del padre de familia, Giovani, es fundamental que la familia se integre en la comunidad y consigan pasar desapercibidos, pero los hábitos son difíciles de olvidar.

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Giovani (Robert De Niro), ahora convertido en Fred Blake, sufre de ataques de ira cuando se encuentra con alguna molestia. Que le lleven la contraria, lo interrumpan al hablar o se cuestionen sus habilidades culinarias termina con el ofensor en el hospital . Pero ahora es fundamental mantener un perfil bajo, por ello, él está confinado en casa por imposición del agente asignado a su caso, Stansfield (Tommy Lee Jones), haciéndose pasar ante los vecinos por escritor.

Mientras Giovani desempolva una vieja máquina de escribir y teclea sus memorias, genial la secuencia en que intenta convencer al “lector” que no es un monstruo, el resto de la familia sale a realizar actividades cotidianas. Maggie (Michele Pfeiffer) en su primer viaje al supermercado escucha al cajero con unas clientas burlarse de las costumbres americanas y en un acto impulsivo vuela el establecimiento por lo aires. Belle (Dianna Agron, Glee) una chica dulce en el exterior pero de mente sádica va a moler a raquetazos a un chico del instituto cuando intenta ligar con ella de manera irrespetuosa. Y por último, Warren (Jhon D’Leo) pone en uso sus habilidades -extorsionar, manipular, mentir, etc. – para hacerse con el control del instituto. Todo esto ocurre en su primer día en el pueblo.

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Luc Besson dirige esta parodia familiar de películas de la mafia trayendo su peculiar miscelánea de cine de acción y comedia, que tan bien le funcionó en El quinto Elemento. Sin embargo, Malavita titubea entre el drama y la comedia oscilando en tonos; parece que no sabe por cual decantarse creando cierto desconcierto en el espectador. La comedia funciona a medias, no hay ningún momento de risa explosiva aunque sí que permea la película un divertimento cuando los personajes pierden el control y aparece el elemento gore. Otro de los mecanismos en los que se basa Besson para buscar la carcajada es la contraposición de culturas tirando de tópicos y malentendidos comunes que dan lugar a situaciones manidas. La secuencia más divertida sucede en un foro de escritores al que invitan a Giovani para comentar la película Uno de los nuestros, en la que sale el propio De Niro. Un ex-jefe de la mafia que da su punto de vista sobre una historia de mafiosos desde su propia experiencia, en la que a la vez el actor ha participado. Es casi la única secuencia en que Besson sabe aprovechar la parodia del género, el resto sigue el patrón de clichés cinematográficos sin ofrecer nada novedoso.

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Las tramas secundarias, principalmente la de los adolescentes, tampoco están bien construidas. A mitad de la película se olvidan de estas líneas narrativas precipitando unos finales que bien podían estar como que no. Desde luego, la estructura de la historia no es para nada su mejor baza, pues el giro que va a llevar al clan de Brooklyn a dar con la localización de los Manzoni es totalmente aleatorio. A partir de aquí, todo comienza a funcionar mejor cuando la comedia desaparece por completo y las cosas se ponen serias de verdad, es decir, cuando se decanta por un tono.

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¿Cuál es la baza de la película? Principalmente sus actores. Robert De Niro y Michel Pfeiffer desprenden una química imposible en las pocas secuencias en que se muestra el lado más cariñoso de la pareja. Estos dos grandes de la interpretación miran atrás a otros papeles anteriores en su carrera (Uno de los nuestros, Scarface o Casada con todos) pero los personajes que interpretan en Malavita se les quedan cortos. Lo mismo ocurre con los más jóvenes del reparto, Dianna Agron y Jhon D’Leo sobrepasan la dimensión de sus personajes.

La historia, basada en el libro de nombre hómonimo de Tony Benacquista, tiene elementos suficientes como para al menos conseguir un producto más redondo, si en lugar de quedarse en la anécdota, en lo más superficial, hubiera habido un verdadero trabajo de parodia de género.  

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