Marchlands y las dos caras de la distribución de series inglesas

Tras el estreno de Marchalnds en Antena 3 aprovechamos para hacer un repaso a la moda British que se ha establecido en España y Estados Unidos.

Anoche se estrenaba en el prime time de Antena 3 Marchlands, drama sobrenatural que narra la historia de tres familias, los Bowen, los Maynard y los Ashburn, que comparten una casa, Marchlands, en tres épocas distintas: los sesenta, en los ochenta y la actualidad, respectivamente. La historia, a cargo de Stephen Greenhorn (creador de la telenovela River City de la BBC escocesa), nos relata un misterio en torno a la muerte de una niña que progresivamente va adquiriendo matices de terror y suspense que sufren los habitantes de la casa en todas las épocas. La miniserie de cinco capítulos está protagonizada por Jodie Whittaker (Good), Jamie Thomas King (The Tudors), Alex Kingston (ER), Dean Andrews (Life on Mars), Shelley Conn (próximamente en Terra Nova) y Elliot Cowan (Alexander), reparto interesante y no completamente desconocido. Marchlands no es ninguna maravilla pero la combinación de drama, misterio y épocas en una misma producción funciona correctamente y cumple su cometido de entretener y asustar al espectador por partes iguales, aunque la miniserie no comience a coger ritmo hasta finales del segundo capítulo. No obstante, el diseño de cinco partes también cumple su tarea y el espectador español que pudo empezar a verla anoche en la cadena española (a la que dio un promedio de 12,6% de share) tuvo que sufrir los estragos de la programación española y ver, con suerte, tres capítulos de un tirón. La miniserie concluye esta noche pero no hace falta decir que un maratón no era, ni de lejos, lo más apropiado para Marchlands.La emisión de la miniserie en Antena 3 nace como consecuencia de una nueva estrategia de la cadena española para conseguir notoriedad y audiencia en su programación de series de ficción. Después de la emisión de la reputada Downton Abbey (de Julian Fellowes, Gosford Park , para ITV), serie de época que narra la historia de una familia aristocrática y sus sirvientes con el hundimiento del Titanic como punto de partida histórico y que se estrenó a mediados del mes de marzo liderando en audiencias la codiciada franja horaria del prime time, Antena 3 abrió las puertas a una nueva tendencia en la televisión española que busca repetir el éxito de la fórmula: ganar a la audiencia aprovechando la tan en boga ficción británica. Apenas dos semanas después de emitir la serie de Fellowes la cadena española programó Upstairs, Downstairs, remake británico de la mítica serie de la misma nacionalidad y similar estilo a Downton Abbey que igualó en un primer momento los datos de share de su predecesora pero que al final dejó unos resultados bastante pésimos. A partir de este otoño, Antena 3 busca reproducir la fórmula de éxito gracias a la compra de otras series inglesas diseñadas para grandes masas pero titulares de exitosas críticas y premios, como la propia Marchlands o próximamente la reputada Sherlock (BBC) ganadora del Bafta a la mejor serie dramática en 2011, Torchwood: Miracle Day (únicamente la coproducción BBC & Starz, las tres primeras temporadas no se emitirán) y, por supuesto, la segunda temporada de Downton Abbey, éstas últimas aún sin fechas de estreno. Junto a Antena 3 otras cadenas de emisión en abierto se han apuntado al éxito de las series inglesas como MTV España con Misfits (E4) o Boing con Doctor Who (BBC), sin contar las series que se emiten en la televisión de pago.Esta moda british, como es obvio, no ha nacido en este país sino en la primera potencia en producción y distribución de ficción televisiva: Estados Unidos. No obstante, la estructura de la industria televisiva estadounidense hace que el procedimiento que se está dando en España respecto al modo de programación de series británicas contraste llamativamente, especialmente por su humildad, con el que se lleva a cabo en el alma mater televisiva. Estados Unidos no solo se contenta con las ventajas que posee gracias a su gran número de canales y segmentación de audiencias para emitir todas estas series de un modo más o menos razonable (en Estados Unidos sería impensable un maratón de una serie de estreno en cualquier cadena), sino que ha encontrado su propia fórmula de éxito: el remake. Lo que se podría achacar como falta de creatividad o simplemente como un intento por reproducir el éxito de las series británicas en su país de origen se traduce en la televisión americana como una nueva tendencia que reparte éxitos y fracasos a partes iguales. Aunque desde hace décadas se intentan llevar adelante estos remakes, en los últimos años absolutos descalabros salvo excepciones como Queer as Folk (Showtime/Showcase), The Office (NBC) e innumberables reality shows (American Idol, Who Wants to Be a Millionaire?, Trading Spouses, The Apprentice, Hell’s Kitchen, etc), no ha sido hasta este año cuando ha habido un auténtico boom de este tipo de producciones: Shameless (BBC) en Showtime, Being Human (BBC) en Syfy, Skins (E4) en la MTV y próximamente Free Agents (Channel 4) y Prime Suspect (ITV) en la NBC, The Inbetweeners (E4) en la MTV e incluso Misfits (E4) podría ser adaptada el año que viene en la televisión estadounidense, sin contar la fallida Outnumbered (BBC) en la Fox. Pero no solo del Reino Unido bebe este furor reinventivo sino que este año se ha buscado repetir los triunfos de otras producciones internacionales como The Killing de AMC (de la danesa Forbrydelsen) o Wilfred en FX (de la australiana con el mismo nombre). Incluso la española Aquí no hay quien viva puede que tenga su remake en la ABC estadounidense bajo el nombre de I Hate This Place (curiosidad, Sofia Vergara de Modern Family está el frente del proyecto).Lo curioso de todo esto es que Marchlands es, de hecho, un remake de un proyecto de la televisión estadounidense que nunca vio la luz en su país, The Oaks, creación de David Schulner (Desperate Housewives) que se pensaba emitir en la Fox allá por el 2008 y que no consiguió la aprobación de la cadena como serie. La idea, inadecuada para la televisión estadounidense, encontró su lugar en la parrilla inglesa y nos deja una atractiva lección para los espectadores: no toda serie debería ser válida para los propósitos de una cadena con sus seguidores. Ni es correcto programar una maratón de una serie aprovechando su renombre y confundiendo al espectador (Marchlands es el caso más reciente, pero no el único), ni lo es realizar remakes ideados para repetir el éxito que tuvo el producto original obviando las diferencias culturales y sociales entre éste y el remake, razón que explica fracasos como el de Skins USA y, quién sabe, los remakes a la española que está preparando Telecinco de Cheers y Entre Fantasmas (que puede que se la peguen al igual que La Chica de Ayer, remake de Antena 3 de Life on Mars, la de Matrimonio con Hijos de Cuatro o el que se vio en La 1 Las Chicas de Oro). No obstante, el tema de los remakes daría para otro post al igual que sirve hasta para producir parodias sobre el tema (recomiendo encarecidamente Episodes, de Showtime, con Matt LeBlanc). Pero eso lo dejaremos para otra ocasión.

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